Los globos de cantolla: lindos, pero peligrosos para el medio ambiente

El uso indiscriminado de estas luces, sin considerar el riesgo asociado, ha dejado una serie de experiencias desastrosas para negocios, turistas, casas habitación y zonas ecológicas.

¿De dónde viene esta tradición? Contrario a la creencia popular, estos globos no provienen de Asia. Por el contrario, Don Joaquín de la Cantolla y Rico fue uno de los precursores de la aeronáutica nacional que inspirado por el trabajo de los hermanos Montgolfier y Wilson se dedicó a construir globos aerostáticos. Durante este proceso de aprendizaje diseñó modelos de estos globos a pequeña escala, los cuales empleaban materiales sencillos como el papel china y alcohol, lo que permitió que estos artefactos formaran parte de las fiestas populares mexicanas.  

c XIX, cuando Don Joaquín decidía probar alguno de sus globos, encontraba frente a él grandes extensiones de campo abierto, sin postes de luz ni anuncios espectaculares o rascacielos. Actualmente, en México se hace uso indiscriminado de estas luces sin considerar el riesgo asociado, lo cual ha dejado una serie de experiencias desastrosas para negocios, turistas, casas habitación y zonas ecológicas.

La máxima casa de estudios no está exenta de esta problemática. Recientemente, por medio de un evento en Facebook (Globos de Cantolla en la UNAM) se convocó a una reunión masiva el próximo mes de mayo para elevar globos de cantolla en “las islas” de Ciudad Universitaria con el fin de festejar el término del semestre. Esto resulta alarmante considerando que la distancia mínima entre “las islas” y la zona de amortiguamiento de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA) es de 500 metros y la distancia mínima a la zona núcleo es de sólo 1 kilómetro. Tomando en cuenta que los globos de cantolla pueden alcanzar una altura de hasta 1,000 metros y que su desplazamiento depende completamente de la fuerza y la dirección del viento, es evidente que los globos representan un riesgo gravísimo para la REPSA. 

 

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Globo de Cantolla dentro de la REPSA y fotografía del incendio de 2011 en el que se quemaron 5.1 hectáreas de la zona núcleo.

La vegetación característica de la REPSA (matorral xerófilo) es muy susceptible a incendiarse. De acuerdo con el Atlas de Riesgo de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, en los últimos 11 años se han registrado 164 incendios que han afectado 31.8 hectáreas. La mayor incidencia de incendios corresponde con la época de secas (entre enero y mayo). Además, el principal factor que los provoca es el descuido humano. Por ejemplo, se ha determinado que las colillas de cigarro son la principal causa de incendios en la reserva. Esto ejemplifica la altísima inflamabilidad de la vegetación, y así, cualquier chispa puede generar un incendio incontrolable. De estos incendios, el 95% han ocurrido en la zona de la reserva con mayor biodiversidad. Las estimaciones indican que por cada individuo de zacatón que se quema, se aniquila el hábitat de al menos 158 especies. 

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Registro del número de incendios y superficie afectada de acuerdo al mes. Atlas de Riesgo.

Por el momento, el evento de este semestre se ha suspendido, pero el riesgo sigue latente, pues el evento se realiza anualmente. Los globos de cantolla ponen en riesgo no sólo a la Reserva, sino a la zona urbana dentro y fuera de Ciudad Universitaria. Es fácil disfrutar un evento sin pensar en sus consecuencias, así como querer preservar la naturaleza siempre y cuando no intervenga con nuestras actividades. Es urgente impulsar una estricta regulación sobre su uso en territorio nacional. 

Si de entretenimiento se trata, sería mejor hacer un festival de papalotes fabricados con basura electoral.

Por cierto, de acuerdo con la Academia Mexicana de la Lengua, cantolla se escribe con “ll” y no con “y”.

Twitter de los autores: 

Cristina Ayala (@BarbiXochimilca)

 Fernando Córdova Tapia (@fercordovatapia)

Publicación original en: Animal Político

Cristina Ayala Azcárraga es maestra en ciencias por el Instituto de Biología de la UNAM y coordinadora de proyectos de restauración de Xochimilco en el Laboratorio de Restauración Ecológica del IBUNAM. 

Fernando Córdova Tapia es candidato a doctor por el Instituto de Biología de la UNAM, coordinador del Grupo de Análisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (GAMIA/UCCS) y coordinador académico del Laboratorio de Restauración Ecológica del IBUNAM.

Autor: Fernando Córdova Tapia


Una metáfora cuántica para entender el amor de nuestros tiempos

Amar a alguien es un acto tan violento como lo fue la creación del cosmos.

El Universo emergió cuando el vacío fue perturbado.

Según las teorías de la cuántica de campos, el “falso vacío” es una zona en el espacio que está “vacía” y cuyo estado de energía está en el punto cero, es decir: el nivel de energía más bajo que puede existir.  No obstante, el vacío nunca puede estar del todo desprovisto de materia. Según la cuántica, en su interior contiene formas de energía; fluctuaciones cuánticas.

Podría decirse, entonces, que un vacío es al Universo lo que el corazón al cuerpo humano. El corazón nunca puede estar del todo desprovisto de fluctuaciones emocionales.

El “falso vacío” cuántico contiene energía cuántica: ondas electromagnéticas que fluctúan de manera permanente, así como partículas que saltan dentro y fuera de él. Se trata de un estado peculiar en el espacio cargado positivamente y sumamente inestable. Cuando es perturbado por un desbalance, el vacío se desintegra, dando lugar a la creación del cosmos.

El vacío deja de ser vacío y da paso a la expansión de la materia.

De esta forma, para la física cuántica la creación es producto de un desbalance cósmico: del azar y las circunstancias cuánticas. ¿Acaso no lo es también el amor? Por lo menos eso es lo que plantea Slavoj Žižek.

Quizá no hemos entendido lo que el filósofo esloveno quiere decir –no sería raro–. Pero probablemente su punto sea este: que lo primordial surge del azar y del caos. De las grandes explosiones.

El corazón humano –como eufemismo de amor– es inestable, pero jamás puede estar vacío. Cuando sucede un choque circunstancial y azaroso con otro ser, cuando un encuentro inesperado se convierte en una relación amorosa que transforma la vida de las dos personas implicadas, es cuando podemos decir que el amor es como un fenómeno cuántico.

El amor surge de un desbalance cósmico: de una perturbación.

En ese sentido, el amor tiene siempre algo de violento, como el propio cosmos. Amar es un riesgo latente, un miedo constante. La extinción de la pasión es inminente, como la de un astro, y cuando muere se produce una masiva supernova que deja restos estelares.

Pero tal y como, pese a todo, el Universo se empecinó en existir… nosotros insistimos en amar.

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Quizá el problema del amor en nuestros tiempos es que vemos esto como un problema. Ya no nos atrevemos a aceptar que el amor es entregarse, afirmarse, comprometerse, al tiempo que implica aceptar que todo lo que conocemos pueda desaparecer de un momento a otro. Tememos tanto a que algo perturbe nuestro sagrado vacío –en realidad inexistente–, que ya no dejamos fluir en él la energía ni a las azarosas partículas cuánticas.

Estamos deteniendo el proceso de creación caótica que desata el verdadero amor. Y eso puede tener graves consecuencias para la existencia, a niveles cósmicos.

Pero el propio Universo y la física cuántica nos demuestran que el vacío no está en realidad vacío, y que el amor no es sólo amar, en abstracto. En ese sentido, debemos volver a atrevernos a amar, pese –e incluso debido a– los riesgos y la violencia implícita. Como dice Žižek, el amor es malvado.

 

 

*Imágenes: 1) imgur; 3) plástica graphic artist / øjeRum

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


Globos flotantes solares podrían proveernos de energía muy pronto

Poco a poco la ciencia se ha dedicado a investigar nuevas maneras de desarrollar fuentes energéticas sin abusar de los recursos de la naturaleza

La Tierra, única entre todos los planetas del Sistema Solar, goza de una increíble biodiversidad que la ha caracterizado desde hace milenios. Su suelo, vegetación y fauna, cambiantes con el paso del tiempo, forman ecosistemas únicos que aún no terminan de descubrirse.

Desgraciadamente la Tierra es un planeta finito y, por lo tanto, sus recursos son limitados. Y a pesar de que el mundo no se está quedando sin recursos energéticos, se acumulan riesgos relacionados con la producción expansiva de petróleo y gas natural provenientes de fuentes naturales; por ejemplo la extinción de numerosas especies, así como la erosión gradual de los suelos causados por la deforestación e industrialización masivas, la contaminación en exceso y el abuso de las fuentes naturales.

Por ello, poco a poco la ciencia se ha dedicado a investigar nuevas maneras de desarrollar fuentes energéticas sin abusar de los recursos de la naturaleza. En este caso, Zéphyr, proyecto energético puesto en marcha por Cédric Tomissi, Karen Assaraf y Julie Dautel, ha logrado fusionar los avances de la ingeniería solar y la creatividad infantil. Se trata de un generador de energía solar encima de un globo, el cual funciona con tan sólo apretar un botón para inflarlo y puede proveer electricidad a más de 50 personas (incluyendo a un hospital).

Aunque actualmente se trata de un prototipo, este proyecto pretende convertirse en un mecanismo redituable a mitades de este año. Te compartimos un video de esta interesante declaración proambiental:


Zéphyr©, Photovoltaic balloon, por zephyr-solaire