La Ley de Transición Energética sigue detenida en el Senado: ¿Por qué México no apuesta por una reforma energética sustentable?

La única ley que aborda el cuidado al medio ambiente en la Reforma Energética continúa en el olvido por parte de los legisladores.

La reforma energética constitucional aprobada el 20 de diciembre de 2013, así como su primer paquete de leyes secundarias, publicadas el 11 de agosto de 2014, mantienen y priorizan la participación de los hidrocarburos en la matriz energética de México, sin considerar la participación de las energías renovables en el sector eléctrico nacional, en un contexto donde el consumo energético aumenta y las reservas totales de combustibles fósiles y su aprovechamiento energético son cada vez menores.  Adicionalmente, la reforma energética y el desarrollo de proyectos energéticos podrían tener  diversos impactos ambientales y sociales,  así como posibles violaciones a derechos humanos en todo el país (CEMDA, 2015).

El artículo décimo séptimo transitorio de la reforma energética constitucional establece que en el plazo de un año debieron hacerse las adecuaciones necesarias al marco jurídico para establecer las bases en las que el Estado procurará la protección y cuidado del medio ambiente en todos los procesos relacionados con el sector energético, mediante la incorporación de criterios y mejores prácticas en los siguientes temas:

  • Eficiencia en el uso de energía,
  • Disminución en la generación de gases y compuestos de efecto invernadero
  • Eficiencia en el uso de recursos naturales
  • Baja generación de residuos y emisiones, y
  • Atenuación de la huella de carbono en todos los procesos energéticos, el llamado Paquete Verde de la reforma energética no fue publicado en diciembre de 2014. Es por ello que resulta de vital importancia la aprobación de una ley que aproveche el amplio potencial de fuentes renovables de energía con el que cuenta el país, y promueva y facilite su incorporación en la generación de electricidad a nivel nacional.

En seguimiento al transitorio mencionado, la Ley de Transición Energética (LTE) es la última de las leyes secundarias de la reforma energética, la única que no ha sido aprobada por el Senado de la República. Acotada al sector eléctrico, esta ley busca regular el aprovechamiento sustentable de la energía, así como las obligaciones en materia de energías limpias y de reducción de emisiones contaminantes de la industria eléctrica, componentes no atendidos por la Ley de la Industria Eléctrica (LIE), publicada en el primer paquete de legislación secundaria.

Con esta ley, el Estado mexicano deberá implementar políticas y medidas para impulsar el aprovechamiento energético de recursos renovables y la sustitución de combustibles fósiles, garantizando que existan las condiciones legales, regulatorias y fiscales para facilitar el cumplimiento de las metas de energías limpias y de reducción de emisiones contenidas en la Ley General de Cambio Climático. Por ello, obliga a la Secretaría de Energía a fijar como meta una participación mínima de energías limpias en la generación de energía eléctrica del 25% para el año 2018, del 30% para 2021 y del 35% para 2024. Asimismo, en materia de eficiencia energética, busca facilitar el cumplimiento de metas indicativas, a establecerse en el Programa Nacional para el Aprovechamiento Sustentable de la Energía, determinadas por la Secretaría de Energía y la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE) a través de una hoja de ruta establecida en un plazo no mayor de 260 días posteriores a la entrada en vigor de la Ley; así como crear un proceso voluntario de certificación y reconocimiento en excelencia en eficiencia energética. 

Aunque no modifica la definición de energías limpias de LIE, la Ley contempla umbrales de poder calorífico (no menor de 70%) y de emisiones contaminantes (no mayor a 100 kg/MWh), con el fin de determinar y limitar qué otras tecnologías puedan ser consideraras energías limpias por la Secretaría de Energía y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en términos de lo establecido por la LIE, lo que excluiría la participación de los combustibles fósiles como energías limpias.

Otro punto destacado de la Ley es que impulsa la generación distribuida con la finalidad de cambiar el modelo centralizado del sector y democratizar la energía eléctrica, facilitando que los usuarios residenciales generen su electricidad y que eventualmente reciban pago por ello, abriendo la posibilidad de reducir la carga fiscal en los cobros de las tarifas eléctricas.  Asimismo, la Ley incorpora las externalidades en la evaluación de los costos asociados a la industria eléctrica, reconociendo y contabilizando los impactos que el proceso energético tiene en el medio ambiente, lo que hace más competitiva la generación de electricidad con fuentes renovables sobre los combustibles fósiles. 

Entre otras cosas, la Ley también crea un Programa de redes eléctricas inteligentes, apoyando la modernización de las redes de transmisión y distribución; regula facultades en materia de certificados de energías limpias; forma el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias y el Consejo Consultivo para la Transición Energética, y crea el Fondo para la Transición Energética y el Aprovechamiento Sustentable de la Energía, con el fin de captar y canalizar recursos financieros para instrumentar acciones que sirvan para contribuir al cumplimiento, diversificación y enriquecimiento de las opciones para el cumplimiento de las metas en materia de energías limpias y eficiencia energética.

Esta Ley fue aprobada por la Cámara de Diputados el 15 de noviembre de 2014, y posteriormente fue turnada a las Comisiones de Energía y de Estudios Legislativos en el Senado de la República, donde debe ser discutida y pasada al Pleno para finalmente ser aprobada antes del 30 de abril de 2015, fecha en que finaliza el periodo de sesiones ordinarias del Congreso. En caso de que la Ley sea modificada por el Senado, ésta debe regresar a la Cámara de origen, donde debido a la coyuntura electoral, no existen condiciones políticas para ser nuevamente aprobada, por lo que sería discutida por los diputados electos en el siguiente periodo de sesiones, del 1° de septiembre al 15 de diciembre de 2015.

En ese contexto, es necesario cuestionar por qué las comisiones en el Senado, así como sus respectivos presidentes, no han colocado la discusión de la LTE en su agenda a menos de tres semanas de finalizar el presente periodo de sesiones. ¿Cuál es la razón por la que todas las leyes secundarias de la reforma energética ya fueron aprobadas, pero la ley referente a las energías renovables y transición energética, la que garantiza una reforma energética sustentable a largo plazo, continúa detenida en la Cámara alta? Ello muestra la ausencia de voluntad política y la falta de prioridad de los legisladores por la protección al medio ambiente. ¿Qué intereses están realmente defendiendo los senadores: los de grupos selectos empresariales que buscan incrementar sus ganancias con la explotación de hidrocarburos o los de 130 millones de mexicanos que nos veríamos beneficiados por el contenido de la LTE?

 

 

Potencial de energías renovables en México

Fuente: Climate Works Foundation, Pricewaterhouse Coopers, WWF, IMERE, Plan integral para el desarrollo de las energies renovables en México 2013-2018.

México tiene recursos de energía renovable económicamente competitivos a lo largo de todo el territorio nacional que no están siendo aprovechados. Ese potencial permitiría cubrir el 35% de generación de electricidad a través de fuentes de energía limpia para 2024, generando entre setenta y ochenta mil empleos directos e, incluso, eliminar paulatinamente hasta la mitad del subsidio eléctrico nacional mediante el impulso a la generación distribuida, es decir, más de 40 mil millones de pesos anualmente. 

El desarrollo de las energías renovables permitiría diversificar la matriz energética nacional, descentralizar la generación de electricidad y democratizar la energía, reducir la dependencia de combustibles fósiles, las emisiones contaminantes y  los impactos negativos que la generación de energía eléctrica y el sector energético en general tienen en el medio ambiente y en la salud de todos los mexicanos. Mientras otras economías en el resto del mundo ya tienen metas obligatorias y bastante ambiciosas, México da pasos hacia atrás en la tendencia hacia la transición energética. Con el alto potencial renovable con el que cuenta nuestro país, México podría avanzar a grandes pasos y garantizar una seguridad energética sustentable a largo plazo, convirtiéndose en un líder en la transición energética y el cambio climático.

Elaborado por Ana Mendívil del Área de Políticas Públicas del Centro Mexicano de Derecho Ambiental A.C.

Twitter del autor: 

Autor: Red Ambiental Mexicana


Mientras EE.UU. se retira del Acuerdo de París, Asia aumenta presupuesto en energías verdes

Para Mark Malloch-Brown, un antiguo diputado de las Naciones Unidas y ahora presidente de la BSDC, considera que si las ciudades asiáticas se enfocan en esta transición verán beneficios tanto económicos como de salud.

Ante la salida de EE.UU. del Acuerdo de París, países de diferentes regiones del mundo decidieron enfrentar el cambio climático desde sus posibilidades. Por ejemplo, los líderes tanto de Francia como de Alemania realizaron una invitación global a cada especialista en el medio ambiente para continuar sus investigaciones y trabajos en sus territorios. Ahora, numerosas ciudades asiáticas han decidido en aumentar la inversión en energías limpias y verdes.

De acuerdo con un reporte realizado por Business and Sustainable Development Commission –BDSC–, ciudades asiáticas han decidido cumplir con los objetivos de desarrollo sustentable establecidos en el Acuerdo de París, previendo una ganancia de 1.5 billones de dólares para el año 2030, con millones de nuevos empleos así como una mejor calidad tanto de vida como de salud. De modo que la inversión del gobierno y del sector privado deberán enfocarse hacia el crecimiento verde y la reducción de la infraestructura de carbón, y así resultar entre los mayores beneficiarios de esta transición hacia energías ecológicas. 

Para Mark Malloch-Brown, un antiguo diputado de las Naciones Unidas y ahora presidente de la BSDC, considera que si las ciudades asiáticas se enfocan en esta transición verán beneficios tanto económicos como de salud. Inclusive Malloch-Brown explica que “Sospecho que [Presidente Trump] estará sorprendido sobre el impacto negativo que tendrá esta decisión en los negocios. Esta retirada no sólo será disrruptivo para los negocios, también será potencialmente peligroso para los ciudadanos. Por tanto él estará cada vez más sorprendido al encontrar que pocos le seguirán con esta decisión.”

En China se ha considerado que esta situación promete ser una oportunidad económica única e irrepetible; pues la transición a energías limpias reducirá el consumo de carbón, beneficiará a la salud, reducirá los gases de efecto invertadero y disminuirán las consecuencias del cambio climático. En especial en áreas como construcción de inmuebles, pues “Mejorar el diseño y las construcciones de los hogares reducirá los costos de operación y brindará una nueva visión al consumo energético del mundo así como a las condiciones ambientales en los próximos años.” Así como en el desarrollo de vehículos eléctricos que ayudarán a transformar las ciudades y a reducir la contaminación del aire. 

La idea es convertir las ciudades de Asia en espacios con “características activas de una economía robusta y oportunidades de una buena vida para los ciudadanos; un ambiente hermoso con comunidades inclusivas y cohesivas; y un sitio limpio, con aire fresco y libre de polución, aguas limpias, y medidas que combatan al cambio climático.” Para ello, los comisionados de la BSDC explican que tanto gobiernos como empresas privadas deberán invertir alrededor de 1.7tn al año para potencializar los beneficios de las energías verdes y alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. 



Senado de México rechaza ley a favor de energías renovables

El Senado de México no aprobó la Ley de Transición Energética, la cual contiene la ruta para impulsar las energías renovables y así reducir el nivel de gases contaminantes.

Fotografía: http://www.pan.senado.gob.mx/

Pese a que representantes de la Organización de las Naciones Unidas –ONU– y del sector privado llegaron a destacar a México por sus “importantes avances en materia ambiental”, y el compromiso firmado en la Cumbre de Negocios y Cambio Climático en París, Francia, México le ha dado la espalda a la Ley de Transición Energética. 

El Senado de México no aprobó la Ley de Transición Energética, la cual contiene la ruta para impulsar las energías renovables y así reducir el nivel de gases contaminantes. De hecho, se trataba de la única ley del paquete de la reforma energética que establecía que los institutos y mecanismos incentivaran la producción de electricidad a través de energías renovables. ¿El gobierno podrá cumplir con sus metas de reducción de energías fósiles al 65 por ciento para el 2024?

De acuerdo con los datos de la ONU, México ha invertido más de 2 100 millones de dólares en proyectos de energías renovables;  los cuales han sido proyectos independientes a la praxis del gobierno mexicano. Esto ha convertido a México en una de las economías emergentes, junto con Indonesia, Turquía, Chile y Kenia. Inclusive, en 2014, México superó sus propios registros en capacidad de producción de energía en el rubro eólico y fotovoltaico, a través de proyectos como el parque eólico en Sierra Juárez, Baja California, con una capacidad de 155 MW y una inversión de IEnova e InterGen International de 318 millones de dólares; o la planta en La Paz, Baja California, de 25 MW de una inversión de 80 millones de dólares por Grupotec.  

http://oronegro.mx/
http://oronegro.mx/

No obstante, y en palabras de Miriam Grunstein, profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León –UANL– e investigadora asociada del Centro de Energía del Instituto Tecnológico Autónomo de México –ITAM–, sin la Ley de Transición Energética, tanto el mercado como los inversionistas dispuestos a aprovechar el potencial de las energías renovables habitan en incertidumbre: 

Es un complemento muy importante para los incentivos de financiamiento que se mencionan de manera muy sucinta en la Ley de Industria Eléctrica. Sin esta pieza, la renovación de la industria eléctrica queda fincada en lo que son las energías convencionales, y las energías renovables quedan en suspenso.

Actualmente en México se cuentan energías renovables como la solar fotovoltaica, eólica, geotérmica, biomasa e hidráulica renovable. Y en caso que se generaran 10 000 gigavatios por hora (GWh) al año con estas energías, se notaría un incremento anual del PIB de 346 000 millones de pesos, 150 000 empleos –trabajadores activos y jubilados de la Comisión Federal de Electricidad– y 23 000 millones de pesos recaudación fiscal por año. Sin mencionar que el sector eléctrico reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero entre 30 y 50 millones de toneladas de bióxido de carbono equivalente (MtCO2e) por año. Dale click aquí para conocer el estudio Plan integral para el desarrollo de las energías renovables en México 2013-2018, por PwC. 

La reforma energética de Enrique Peña Nieto priorizó los hidrocarburos y relegó a una sola ley de energías renovables. Para Grunstein, las metas del gobierno en materia energético no se han cumplido en muchos rubros: “En este punto deberíamos estar produciendo 3.5 millones de barriles diarios, y tenemos una tasa de declinación cada vez más pronunciada. Y ¿quién le está diciendo algo? Nadie. Si en materia de petróleo no nos lo tomamos con más seriedad, quiero ver en un tema que parece menor, aunque no lo es.”

[Forbes]