¿Sabías que reducir el uso del automóvil también mejora la economía local?

Esta medida es ciertamente benéfica tanto para los peatones como para los comerciantes locales.

Desde la introducción de los automóviles de combustión interna (en 1886), el mundo se ha fascinado por estos medios de transporte. Sin embargo, el exceso y abuso de ellos provocó un desbalance en los recursos naturales del planeta, y por tanto, su destrucción; es decir que, al consumir exorbitantemente estos bienes de la naturaleza, se olvidó de regresar la misma cantidad de lo acaparado, provocando serios problemas de supervivencia en el mundo.

Como un método de contención y prevención de futuras crisis ecológicas, se han propuesto varias medidas que fomentan el cuidado en varios aspectos tanto del medio ambiente como del estilo de vida de los individuos. Una de ellas es la reducción del uso de los automóviles, derivado a leyes locales según el país o la ciudad.

Un ejemplo es la prohibición de este medio de transporte en las calles centrales de Roma (Italia). Esta medida fue ciertamente benéfica tanto para los peatones como para los comerciantes locales. De acuerdo con las referencias de los ciudadanos, ha habido un aumento del 30 por ciento de ingresos: “Antes, con los automóviles estacionados y el miedo a ser asaltado, las personas no veían las tiendas. Ahora, lo hacen.” Parece ser que las personas tienden a invertir más en productos que pueden ver casi directamente, en vez de hacerlo desde la ventanilla de un automóvil.

Otro ejemplo es la ciudad de México, donde las calles del Centro Histórico están enfocándose en el circuito del peatón. Con la reestructuración vial, el gobierno federal permitió encontrar un balance entre el ingreso de los locales, la reducción del uso de los automóviles y el aumento del ejercicio a través de la caminata. Es decir que existe la posibilidad de encontrar una relación más saludable con este medio de transporte.



Caminar para estimular la creatividad: el secreto de estos escritores

La ciencia ha comprobado que este viejo método es infalible.

Desde el furtivo paso de nuestros ancestros nómadas hace milenios hasta el día de hoy, que cada individuo realizó una caminata para llegar hasta donde se encuentra en este preciso momento, no cabe duda de que caminar es un acto más poderoso de lo que solemos imaginar. Caminar es arte.

Las mentes más lúcidas de la historia lo han sabido. La sabiduría antigua está repleta de registros sobre las veleidades de caminar, que algunas de las plumas más insólitas del siglo XX supieron recoger y adaptar. Más aún, caminar ha sido el hábito favorito de escritores y filósofos por igual: una forma de explorar la mente y desatar la creatividad, sin leyes establecidas. Porque Ernest Hemingway podía relatar que, en un momento dado:

Era más fácil pensar si estaba caminando.

Simplemente porque caminar es una tarea sencilla, cotidiana y casi imperceptible que nos sumerge en una especie de trance –que la psicología llama flujo­–. Es como meditar en movimiento. Sin embargo, cada uno tiene su ritmo; por eso, alguna vez Charles Dickens dijo:

Si no pudiese caminar lejos y rápido, creo que sólo debería explotar y perecer.

A su vez, no podríamos olvidar lo que dijo Henry Thoreau:

Cada caminata es una suerte de cruzada.

Y es que uno se encuentra consigo mismo en esos momentos. Más si caminamos rodeados de naturaleza –sin duda, un templo de bienestar–. Una actividad que, por cierto, baja el estrés; sobre todo si caminamos bajo los árboles. Aunque habrá a quien le funcione hacerlo en una ciudad.

caminar-estimula-creatividad-estudios-literatura copia
Ferdinand Hodler

Pero el escritor escocés Kenneth Grahame también intuía que lo mejor es hacerlo en parajes naturales. En su ensayo The Fellow that Goes Alone se encuentra quizá la prosa más bella dedicada al acto de caminar.

El regalo particular de la naturaleza para el caminante, a través del semimecánico acto de caminar ­–un regalo que, por cierto, ningún otro tipo de ejercicio puede transmitir al mismo nivel– es poner a la mente a correr, hacerla locuaz, exaltada, quizás un poco chiflada, ciertamente creativa y suprasensible.

¿Te suena familiar? Quizá al caminar tú también has experimentado lo que estos escritores mencionan. Pero si te queda duda…

 

La ciencia lo ha confirmado

Varios experimentos hechos por los investigadores Marily Oppezzo y Daniel Schwartz han concluido que caminar desata la creatividad. Luego de estudiar a 200 estudiantes mientras caminaban, pudieron observar que éstos mostraban una marcada tendencia al aumento de habilidades creativas.

La investigación de Oppezzo y Schwartz incluyó cuatro experimentos con 176 estudiantes universitarios que completaron tareas utilizadas para evaluar el pensamiento creativo. Tres de los experimentos se basaron en una prueba de creatividad de “pensamiento divergente”.

El pensamiento divergente es un proceso de pensamiento o método utilizado para generar ideas creativas al explorar muchas soluciones posibles. En estos experimentos, los participantes tenían que pensar en usos alternativos para un objeto dado. Se les dieron varios conjuntos de tres objetos y tuvieron 4 minutos para obtener la mayor cantidad posible de respuestas para cada conjunto. Una respuesta se consideró novedosa si ningún otro participante del grupo la usó.

Se encontró que la gran mayoría de los participantes en estos tres experimentos fueron más creativos al caminar que al sentarse. De acuerdo con los resultados del estudio, la producción creativa aumentó en un promedio de 60% cuando la persona caminaba.

Además, también se ha comprobado que caminar nos hace más inteligentes… Así que razones sobran para salir a dar un paseo ya.

 

* Imagen principal: Ernest Hemingway practicando su caminata “lambeth”, popularizada por el musical Me and My Girl