La invasión de Texcoco

El lago de Texcoco ha vuelto a convertirse en el refugio más importante para aves acuáticas migratorias en el Valle de México. Pero quizá no por mucho tiempo más.

Las naves vinieron de Texcoco, doce naves. Zarparon desde el oriente empujadas por el viento y la voz de Cortés, ahora firme y segura tras haberse recuperado de aquella noche triste. Cruzaron el lago y llegaron hasta el dique de Nezahualcoyótl que partía las aguas salobres de Texcoco y las aguas dulces de Xochimilco y Chalco. Ahí se reunieron todos juntos para decir que perforarían con disparos a los mexicas, y derrumbaron el muro para siempre. Los invasores habían regresado.

Casi cinco siglos después, el lago de Texcoco parece un lugar prístino, engalanado con el murmullo de sus parvadas y el resguardo cercano de dos volcanes, uno despierto y otro dormido. Pero el paisaje puede ser engañoso.

Alguna vez lo suficientemente grande y profundo como para que el navío español surcara sus aguas, Texcoco ahora sobrevive en forma de un extenso lecho desecado y humildes lagunas artificiales creadas desde 1971 en un intento por rescatarlo de la sobreexplotación y deforestación que con el tiempo lo habían enfermado. El Proyecto Lago Texcoco, encabezado por los ingenieros Nabor Carrillo y Gerardo Cruickshank, pretendía volver a alimentarlo mediante el tratamiento de aguas residuales.

“Cuando llegué, el área era una zona degradada –recuerda Cruickshank en una entrevista con El Universal–: se hacían tolvaneras, se tiraban desperdicios y no se podía ni pasar. En unos cuantos años mejoramos todo; se hizo un ambiente tolerable para la vida”.

El biólogo Daniel Muciñio ha documentado algunos de los beneficios de este ambicioso plan. En un documento elaborado en colaboración con organizaciones como el Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente, Muciñio reporta que el Proyecto Lago Texcoco ha ayudado a prevenir la erosión de los suelos, mejorar la salud de las poblaciones cercanas y disminuir las inundaciones en zonas urbanas de la Ciudad de México. Además, en palabras del propio Cruickshank, el lago de Texcoco ha vuelto a convertirse en el refugio más importante para aves acuáticas migratorias en el Valle de México. Pero quizá no por mucho tiempo más.

“El nuevo aeropuerto será el mayor proyecto de infraestructura de los últimos años en nuestro país, e incluso uno de los más grandes del mundo”. Así sentenció el presidente Enrique Peña Nieto el futuro del lago de Texcoco en septiembre de 2014. Planeada desde 2001, la construcción del nuevo aeropuerto internacional se concibió como una solución al aumento del tráfico aéreo en la Ciudad de México. Sin embargo, de acuerdo con varios especialistas, un mega aeropuerto no será la solución, más bien se debería impulsar una red funcional de aeropuertos en el país para descentralizar y evitar la saturación en un punto específico.

El impacto ambiental de este proyecto, si es que existe, seguramente será mínimo. Al menos eso opinó el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México en 2014 cuando aseguró ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) que el ex-lago de Texcoco no es más que un ecosistema alterado. “Un área desolada y abandonada, a pesar de los intentos por mejorar su imagen.”

No pocas voces difieren. Para los investigadores José Alcántara y Patricia Escalante, del Colegio de Postgraduados y el Instituto de Biología de la UNAM, la construcción del nuevo aeropuerto representa la amenaza más grande en el lago de Texcoco. Al igual que Muciñio, ambos defienden la importancia ecológica de esta zona. “Un ecosistema restaurado también posee un valor enorme tanto para la salud humana como ambiental, y el lago de Texcoco es un claro ejemplo de ello”, concluyeron en un estudio publicado en 2005.

Recientemente, en enero de 2015, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad presentó un análisis donde se descubren al menos nueve deficiencias en la aprobación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Entre estas se incluye la introducción de un nuevo tipo de invasores que, como flota española, amenaza la compleja red ecológica del lago de Texcoco.

Consciente de que la vegetación será desmontada en más del 56% del predio dedicado a la construcción del aeropuerto, el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México propuso compensar el daño con la introducción de casi 265 mil plantas. La mayoría de ellas serían pinos salados, o tamariscos, originarios del norte de África.

“Existen dos opiniones distintas sobre el tamarisco”, aclara Mike Scott, investigador del Servicio Geológico de Estados Unidos, durante una entrevista para la revista High Country News. Una lo presenta como un conquistador sediento y agresivo que desplaza especies nativas y debe ser erradicado. La otra argumenta que es una especie oportunista que ha sabido sacar ventaja de los nichos desocupados en ecosistemas previamente alterados por el ser humano. 

Sin embargo, en México los estudios han documentado el efecto de esta planta en la naturaleza. Una investigación impulsada por el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), entre otros, sugirió que los tamariscos desecan humedales y cuerpos de agua, como los pocos que integran el lago de Texcoco. Por su parte, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) también ha advertido que “la invasión de tamariscos provoca cambios profundos en la dinámica del agua y en la comunidad biótica”. Incluso la cataloga como una de las principales amenazas para la flora y fauna nativa de las Áreas Naturales Protegidas a nivel nacional. 

Igual de preocupante resulta la llegada del pino australiano, o casuarina. Los habitantes de las islas Bahamas tienen una larga historia de lucha contra esta especie desde que comenzó a reproducirse con rapidez en sus playas. The Bahamas National Trust, una organización que administra los 27 parques nacionales en este país, declaró en 2010 que la casuarina es uno de los principales factores de pérdida de biodiversidad en las Bahamas.

Es evidente que la siembra masiva de estas especies no compensará el daño ocasionado por la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Su siembra, más bien, esconde la promesa de un futuro indeseado para el lago de Texcoco y los ecosistemas mexicanos. ¿Qué opciones tendremos una vez que los invasores hayan regresado?

Twitter de los autores: Emiliano Rodríguez ( @ )

 Fernando Córdova Tapia ( @fercordovatpia)

Publicación original en: Animal Político

Emiliano Rodríguez Mega () es biólogo de la Facultad de Ciencias de la UNAM y divulgador de la ciencia en Historias Cienciacionales.

Fernando Córdova Tapia (@fercordovatpia) es candidato a doctor por el Instituto de Biología de la UNAM, coordinador del Grupo de Análisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y coordinador académico del Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM.

Autor: Fernando Córdova Tapia


Impacto del programa de compensación de flora en el NAICM

Algunas de las especies que se plantarán en la zona de construcción del NAICM podrían afectar el ecosistema de forma irreversible.

* Por: Kyria Alexa Valladares Rodríguez

 

El ex lago de Texcoco pertenece a un sistema de lagos localizados en la Cuenca de México. El ex lago de Texcoco representa una parte fundamental del sistema y funcionamiento hidrológico de la región, sobre el cual se fundó Tenochtitlan, para posteriormente ser la Ciudad de México (Cruickshank, 2010). Los suelos del ex lago de Texcoco son de origen aluvial-lacustre, los cuales se formaron a partir de la alteración de rocas ígneas (Gutiérrez, 1987). La vegetación de la microcuenca del ex lago de Texcoco está compuesta en su mayoría por pastizal inducido (12,809.46 hectáreas), bosque de pino (5,901.94 hectáreas) y encino (7,252.66 hectáreas), agricultura temporal (52,209.74 hectáreas), de riego (26,363.70 hectáreas), y matorral crasicaule (3,398.46 hectáreas).

Históricamente, el ex lago de Texcoco ha estado relacionado íntimamente con las actividades diarias de los habitantes de la zona, que si bien, el agua no fue utilizada para consumo humano por su salinidad, sí fue aprovechada para el desarrollo de diversas actividades económicas, lo que ha provocado que el estado del lago se transforme drásticamente por las malas técnicas de aprovechamiento de recursos. Un claro ejemplo de esto es la desecación del lago y el aumento de la salinidad, lo que provocó la disminución y pérdida de un gran número de especies vegetales y animales nativas. Al reducirse la extensión del lago, la fauna acuática y vegetación nativa (después de sufrir una reducción  poblacional) pasaron por un proceso de sustitución de especies, a tal punto que los árboles de la familia Salix sp. (sauce) han sido desplazados para dar paso a otras especies como Eucaliptus sp. (eucalipto), Schinus molle (pirul) y Pinus sp. (pino) (Matamoros y Cervantes, 1992), lo cual puede traer desequilibrios ecológicos que provocarán problemas a la larga, los cuales pueden resultar difíciles o imposibles de revertir.

Por ejemplo, el eucalipto es una especie invasora que secreta metabolitos secundarios que impiden el desarrollo óptimo de especies vegetales aledañas, pues tienen una gran capacidad de absorción de agua. Además, las ramas se quiebran con facilidad, aumentando el riesgo de que ocurran accidentes.

En la Manifestación de Impacto Ambiental del NAICM realizada por los encargados del proyecto, se encontraron aproximadamente 24 especies vegetales, entre las cuales están: Distichlis spicata (pasto salado), Sporobolus pyramidatus (liendrilla o cola de zorro), Paspalum vigatum (cebadilla), Tamarix chinesis y Thamarix aphylla, Eragrostis obtusiflora (zacahuixtle), algunas herbáceas anuales como  Sonchus oleraceus (lechuguilla espinosa) y Kochia scoparia (artemisa roja) (Córdova-Tapia et al., 2015).

Thamarix es una planta proveniente de Asia, del noroeste y norte de la India. Tiende a posicionarse de forma densa y de manera casi monoespecífica, desplazando a especies nativas. Las semillas son papiláceas y se dispersan muy fácilmente con el viento, pero son viables solamente durante algunas semanas, lo cual, aunado a algunas ventajas fisiológicas, eleva el potencial invasivo (Griffin et al., 1989). Además, sus raíces crecen a gran profundidad, incluso pueden llegar a niveles freáticos y en los bosques maduros, Thamarix sp. tiene una alta tasa de evapotranspiración, lo que impide que otras especies accedan al agua. Sus hojas almacenan un excedente de sal hasta que caen, y al acumularse en el suelo, aumenta por consiguiente su salinidad, impidiendo la germinación y crecimiento de especies vegetales nativas. Las hojas muertas acumuladas en el suelo son muy inflamables, incrementándose la probabilidad de incendios. En general, la invasión de Thamarix sp. provoca cambios profundos en la dinámica del agua y en la dinámica biológica (CONANP, 2009).

El programa de mitigación de daño ambiental del NAICM plantea sembrar 134,011.22 individuos de Tamarix aphylla, 125,290.09 individuos de Tamarix chinensis, 4,070.17 individuos de Lycium sp., 1,163.13 individuos de Casuarina equisetifolia y 290.13 individuos de Opuntia streptacantha (UCCS, 2015) en las inmediaciones de la construcción. Las especies vegetales mencionadas resultarían plantas exóticas en los ecosistemas de la microcuenca del ex lago de Texcoco. El establecimiento de plantas exóticas puede provocar perturbaciones en el sistema biológico, pero al no ser sistemas cerrados y contar con vectores que conectan ecosistemas no contiguos, hay un riesgo de perturbación a otros ecosistemas con los que pareciera no tener relación, pudiendo tener consecuencias más grandes a las imaginadas y en ocasiones, hasta irreversibles.

Por lo anterior, considero que el programa de compensación ambiental no está bien planificado, no se realizó por expertos en el tema y no se realizaron los análisis correspondientes, ni con el tiempo ni la precisión necesarios.  Se planea la siembra de especies exóticas como principal medida al daño a la flora, lo cual es altamente alarmante por las posibles consecuencias a mediano y largo plazo en la dinámica de los diversos ecosistemas en los que se piensa aplicar el programa, además de las posibles afecciones a los ecosistemas aledaños.

El proyecto NAICM es un ejemplo de los signos de la crisis ambiental en la que vivimos; el proyecto responde a formas específicas de desarrollo socioeconómico, las cuales son fundadas en la apropiación de la naturaleza con una racionalidad económica y tecnológica (Anta et al., 2006) que beneficia intereses particulares a corto plazo, y resulta dañino e irremediable a corto, mediano y largo plazo para la sociedad y los ecosistemas.

 

Referencias

Anta F. S., M.A.V. Arreola y O.M.A. González. (2006). Ordenamiento ecológico territorial comunitario: un debate de la sociedad civil hacia la construcción de políticas públicas. Instituto Nacional de Ecología y Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Ciudad de México, México.

Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. (2009). Diagnóstico de especies invasoras (EI) y sus efectos en las Áreas Naturales Protegidas de competencia federal.

Córdova-Tapia, F., A. Straffon-Díaz et. al. (2015). Análisis del resolutivo SGPA/DGIRA/DG/09965 del proyecto “Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, S. A. de C. V.”. MIA-15EM2014V0044. Grupo de Análisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad. México.

Cruickshank, G. (2010). Restauración en el Lago de Texcoco. Recuperado de: http://www.biodiversidad.gob.mx/pais/cien_casos/pdf/cap63.pdf.

Griffin G., S. Stafford y N. Preece. (1989). Status and implications of the invasion of Tamarisk (Tamarix aphylla) on the Finke River, Northern Territory, Australia. Journal of Environmental Management, 29(4): 297-315.

Gutiérrez, C. M. (1987). Los suelos de la ribera del ex-Lago de Texcoco. Macro y micromorfología. Tesis de Doctorado. Colegio de Postgraduados, Montecillo, México.

Matamoros, T. J. y F. A. Cervantes. (1992). Alimentos de los roedores Microtus mexicanusReithrodontomys megalotis y Peromyscus maniculatus del ex-Lago de Texcoco, México. Anales del Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, 63(1): 135-144.

Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad. (2015). Análisis del resolutivo SGPA/DGIRA/DG/09965 del proyecto “Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, S. A. de C. V.”. MIA- 15EM2014V0044, México.

 

* Fotografías: 1) Naturalista.mx; 4) RT

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


Despojo de nuestro pasado: una razón más para cuestionar la construcción del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México

El patrimonio arqueológico del ex lago de Texcoco peligra con la implementación de este megaproyecto.

*Por: Sofía Enrigue

 

Durante la época de la conquista, en México se construyeron iglesias sobre edificaciones prehispánicas que tenían un carácter sagrado para las antiguas civilizaciones, como parte de la labor evangelizadora de la religión católica hacia los mexicas. Hoy en día sucede algo similar, esta vez bajo el estandarte del desarrollo: se devastan ecosistemas, se desplazan comunidades y se destruyen zonas arqueológicas. Esta palabra, desarrollo, parece haber permeado en todos los discursos políticos sin ningún tipo de cuestionamiento sobre lo que realmente significa. Nos limitamos a pensarla como un crecimiento meramente económico dejando de lado el principio de equilibrio entre economía, sociedad y medioambiente. Bajo esta idea de desarrollo económico se aprobó la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), que se está edificando sobre una región del ex lago de Texcoco que abarca los municipios de Texcoco, Atenco y Ecatepec, un área llena de riqueza ecológica, cultural y arqueológica. Los argumentos presentados en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) por los promoventes del aeropuerto, contienen una serie de deficiencias que ponen en tela de juicio la resolución favorable otorgada para la implementación de dicho megaproyecto.

INAH                                                                                                                                                                                                 

Sobre lo que concierne a nuestro patrimonio arqueológico, en la MIA se establece que habrá afectación de dicho acervo en la región, pero que se están llevando a cabo las medidas necesarias para contener esos riesgos a través de estudios prospectivos y de rescate de vestigios arqueológicos por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Los promoventes del megaproyecto afirman que “por tratarse de un punto que antiguamente fue un lago, no se espera que en el sitio del Proyecto se encuentren monumentos o construcciones de importancia”. Sin embargo, Luis Morett, investigador de la Universidad Autónoma Chapingo, junto con Jeffrey Parsons, de la Universidad de Chicago, asegura que:

es una de las regiones menos estudiadas de la cuenca de México, pero una de las que mayor potencial arqueológico y paleontológico tiene, ya que se han identificado 28 sitios arqueológicos y 270 puntos con vestigios prehispánicos.

(Parsons y Morett, 2004)

En un reporte de la Universidad Autónoma de Nuevo León se mencionan los siguientes criterios detectados en la zona del proyecto del NAICM, por los cuales se le define como zona de interés arqueológico:

  • Existe concentración de materiales arqueológicos en áreas reducidas.

  • Existen elevaciones naturales utilizadas como campamentos estacionales donde se efectuaban diversas actividades relacionadas con la caza, pesca y producción de sal.

  • Se han detectado zonas especiales donde se hacían ritos y ceremonias practicados por los habitantes de las poblaciones prehispánicas cercanas a los cerros que rodean el lago de Texcoco.

  • Se han encontrado por lo menos dos asentamientos con presencia de ofrendas.

En diversos artículos se ha hecho referencia a Morett, quien afirma que de ser profundamente explorada, en esta región se puede encontrar información sobre la antigua explotación de sal y restos arqueológicos del sistema hidráulico que regula los niveles de agua en toda la zona lacustre y gracias al cual, afirma, fue posible la construcción y el uso del cultivo en chinampas en el lago Chalco-Xochimilco. Por otro lado, la vasija de obsidiana con forma de mono, una de las piezas más emblemáticas del Museo Nacional de Antropología e Historia, fue encontrada en Texcoco, y aunque no sé conoce el sitio exacto, representa una muestra más de la riqueza de vestigios arqueológicos de dicha región (Walsh, 2004). Y no sólo eso, se han encontrado restos de fauna y esqueletos humanos prehistóricos, entre ellos los restos de cinco mamuts, y “El hombre de Tepexpan”, esqueleto de 7,000 años de antigüedad, considerado el más antiguo de América Latina en la fecha de su descubrimiento (De Terra, 1947).

Estos vestigios representan hallazgos de gran interés para realizar estudios de paleontología y evolución.

Por otro lado, arqueólogos que se dedican a hacer proyectos de salvamento con el INAH, mencionaron en una entrevista con Contralínea (Mendoza, 2015) que los estudios de prospección arqueológica descritos en los reportes de las excavaciones fueron realizados de forma muy superficial. Por lo tanto, reprochan que no se hayan utilizado herramientas geofísicas con las que cuenta el INAH, gracias a las cuales se puede explorar a profundidades de 12 a 20 metros sin necesidad de hacer excavaciones. El artículo 2o de la Ley Orgánica del Instituto Nacional de Antropología e Historia, establece que:

Son objetivos generales del Instituto Nacional de Antropología e Historia la investigación científica sobre antropología e historia relacionada principalmente con la población del país y con la conservación y restauración del patrimonio cultural arqueológico e histórico, así como el paleontológico; la protección, conservación, restauración y recuperación de ese patrimonio y la promoción y difusión de las materias y actividades que son de la competencia del instituto.

Es preocupante que los estudios de prospección no se hayan realizado de manera exhaustiva, ya que los arqueólogos prevén que la mayoría de los vestigios arqueológicos aparezcan mientras se lleven a cabo las excavaciones, haciendo imposible su recuperación y salvamento. Para dicho caso se debería tomar en cuenta que el artículo 52 de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas establece que a “quien por cualquier medio dañe, altere o destruya un monumento arqueológico, artístico o histórico, se le impondrá prisión de 3 a 10 años y multa hasta por el valor del daño causado”.

                             El País                                                                                                                                                                                        

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, ha resaltado la importancia de preservar tanto el patrimonio natural como el patrimonio cultural, señalando a este último como una pieza fundamental para el desarrollo sostenible de los países, comunidades y pueblos. No es responsable mirar hacia el futuro sin tener conocimiento y aprendizaje del pasado. La construcción del NAICM no es el único caso de la constante devastación y despojo que ha sufrido México de su patrimonio cultural autóctono. Centros comerciales, viviendas, carreteras y obras de transporte público son otros de los ejemplos de megaproyectos que han hecho de nuestro acervo arqueológico y paleontológico un acervo vulnerable y poco protegido. La destrucción de los restos de nuestro pasado se traduce en la imposibilidad de poder apreciar y difundir nuestro patrimonio cultural a futuras generaciones.

Por lo tanto, la aprobación del proyecto del NAICM, a pesar de la destrucción deliberada de nuestro patrimonio arqueológico, y de los gravísimos daños sociales y ambientales que provoca, representa una razón más para cuestionar, enfrentar y debatir las decisiones de nuestros gobernantes.

 

Referencias

De Terra, H. (1947). New evidence for the antiquity of early man in Mexico. Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, 8: 69–88.

Mendoza, E. (2015). Nuevo aeropuerto arrasará zona arqueológica. Contralínea, 427. Recuperado el 20 de junio de 2017 de: http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2015/03/08/nuevo-aeropuerto-arrasara-zona-arqueologica/.

Parsons, J. R. y Morett L. (2004). Recursos acuáticos en la subsistencia azteca: Cazadores, pescadores, y recolectores. Arqueología Mexicana, 12(8):38–43.

Walsh, J. M. (2004). La vasija de obsidiana de Texcoco. Arqueología Mexicana, 70: 66-67.

México Sostenible
Autor: México Sostenible
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