Estudiantes están boicoteando a Harvard para que deje de apoyar los hidrocarburos

Un pequeño grupo de estudiantes inició una demanda y ha crecido un movimiento para que las autoridades de la universidad paren de invertir en los nocivos hidrocarburos.

En todas partes se habla sobre el calentamiento global y la inminente necesidad de combatirlo. En este escenario, se sabe que la quema de hidrocarburos es el principal motivo de este fenómeno, sin embargo, las políticas de muchos países continúan alentando la explotación de hidrocarburos (recordemos los escalofriantes planes de explotación que ya comenzaron en la Artico). 

Las principales universidades en el mundo han convertido en edificios más verdes sus instalaciones y están desarrollado planes de estudios más amables con el medio ambiente. Sin embargo, si profundizamos, se trata de una incongruencia porque algunas de las universidades más poderosas del mundo continúan invirtiendo en empresas dedicadas a la explotación de los hidrocarburos. 

Harvard es un caso que embona en el anterior ejemplo. Esta universidad tiene uno de los endowment más altos del mundo (un fondo, muchas veces auspiciado por ex alumnos), que incluso llega a sobrepasar el PIB de algunos países con unos US$36.400 millones anuales. Mucho de este fondo va para fondear actividades de las industrias de hidrocarburos. 

Por lo anterior, un grupo de siete estudiantes ha iniciado un movimiento en la Universidad con una demanda para que la casa de estudios deje de invertir en estas áreas que comprometen el futuro de la humanidad. Hasta el momento la carta ha sido firmada hasta por 200 profesores y miembros de las facultades. Entre sus acciones están la desobediencia civil en el campus tomando, por ejemplo, los edificios donde se encuentran las autoridades educativas. 

Este movimiento es parte de otro que inició en 2011 en algunas universidades de Estados Unidos y luego se extendió hasta a 500 campañas a nivel mundial con el nombre de “US Fossil Free”, que ha alcanzado que al menos unas 837 instituciones o personas se deslinden de la inversión en hidrocarburos. 

La respuesta de Harvard hasta ahora ha sido negativa en cambiar estas inversiones y ha asegurado que prefiere modificar el esquema de los hidrocarburos con otro tipo de estrategias como la inversión en investigación, educación y el acoplamiento verde de sus instalaciones. Incluso, la Universidad ha intentado que la corte desestime la demanda interpuesta por los alumnos, aunque hasta ahora el juez en Massachusetts se negó a tomar una decisión final.

Talia Rothstein, una de las siete estudiantes que presentaron la demanda, y de descendencia mexicana, ha declarado a medios de comunicación que “La universidad de Harvard está respaldando este modelo de industria, que está extrayendo y quemando combustibles fósiles a niveles que descuidan de manera extrema el futuro del planeta y quienes viven en este planeta ahora”. 

En otras décadas movimientos de “divestment” habían logrado que Harvard dejara de invertir en el apartheid, así como en empresas tabacaleras en 1990. Aunque hasta hoy las autoridades de la Universidad han desestimado el movimiento, este puede cobrar una fuerza importante en la lucha por la congruencia de las instituciones más poderosas del mundo en su lucha contra el cambio climático.



La importancia de las comunidades indígenas como activistas en defensa de la naturaleza

Todos podemos aprender del activismo indígena, para cuidar de la naturaleza y las zonas culturalmente sagradas.

En el principio, era la tierra. Y lo sigue siendo; territorio y terruño van de la mano. Identidad, raíces y origen. Aproximadamente, 37 millones de personas están repartidas en 5 mil tribus del mundo y habitan 90 países. Muchas de estas comunidades indígenas se han convertido en comunidades activistas.

La importancia de preservar la cultura, las lenguas y los hábitats donde han subsistido diferentes grupos étnicos radica en que hay mucho que aprender de ellos; de su forma de organizarse, interrelacionarse, usar los materiales y recursos naturales, interactuar con la naturaleza, y en cuanto a su alimentación, sus símbolos, etcétera.

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Joven defensor ambiental en Honduras. Foto: Giles Clarke/Mongabay

Es un privilegio que, gracias a la información y los medios de comunicación, el conocimiento de los indígenas se haya extendido; es por eso que, ahora, su conocimiento sobre el medioambiente se ha difundido.

La naturaleza es parte de la vida diaria de estos pueblos, ya sea mediante las plantas medicinales, las fibras para hacer hamacas o cestas y artesanía, o al cultivar el campo y celebrar fiestas. Si los recursos básicos se agotan estas comunidades tendrían que desplazarse, y eso es más complejo que simplemente cambiar de geografía.

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Comunidades indígenas en Perú frente a su tierra invadida por la minería.

Para los indígenas, la conexión ancestral con su paisaje es vital, tanto que la amenaza de la industria minera, la extracción de petróleo, la contaminación de mantos acuíferos, y en general, las políticas económicas neoliberales los han llevado a una postura radical: defender con su propia vida las reservas naturales donde han vivido por generaciones.

Los indígenas no sólo son los guardianes de la naturaleza, sino que sus conceptos son un paradigma que poco tiene que ver con el indiviadualismo global; para ellos “hogar” no sólo es una casa de concreto, barda y garaje, sino todo lo que hace posible su cultura, es decir, sus ríos, costas, bosques, cordilleras, selvas, animales, etc. Hogar es el territorio y el hábitat completo que les permite sembrar y cosechar desde hace siglos.

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Una mujer camina por una carretera sobre la presa Aurora, uno de los dos proyectos de presas hidroeléctricas en el oeste de Honduras. Foto: Giles Clarke/Mongabay

A raíz de la tala inmoderada, la contaminación de ríos, la extinción de selvas y bosques, el fracking y el cambio climático, los indígenas se han asumido como activistas partiendo del “derecho colectivo a la autodeterminación, entendida como una mayor participación y autonomía en el contexto del estado nacional”, según explica la especialista Claudia García.

Algunos de los triunfos del activismo indígena:

  • Wirikuta, región sagrada huichol (México), que logró que la minera canadiense First Majestic Silver cediera la concesión de los terrenos y la minera no se construyera.
  • TIPNIS, 2,000 indígenas que durante más de 2 meses realizaron una marcha entre las ciudades de Trinidad y La Paz, Bolivia, para manifestar su rechazo a una carretera que atravesaba del territorio entre los Andes tropicales a 3,000m sobre el nivel del mar y la llanura amazónica, a 180m.
  • En Colombia, los indígenas han luchado contra la fumigación áerea, logrando que la sociedad civil los apoye y se organice.
  • La guatemalteca Rigoberta Menchú recibió el Premio Nobel de la Paz en 1992 y el Premio Príncepe de Asturias en 1998 por su liderazgo social.
  • En Brasil, principal productor de azúcar, los indígenas luchan contra una marca de refresco de cola que los ha despojado de sus tierras y ha contaminado sus ríos.
  • En Perú, un grupo de mujeres indígenas se organizan para recuperar semillas ancestrales, ante la catástrofe del cambio climático.
  • El Laboratorio de Paz y Grupo de Trabajo sobre Asuntos indígenas de la Universidad de los Andes, realizó un foro para que “el Gobierno no promueva proyectos de minería sin realizar procesos de consulta con las comunidades indígenas”, para denunciar las consecuencias negativas de las políticas minera y energética, asumidas por el gobierno venezolano.
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Defensor ambiental Tarahumara Isidro Baldenegro, del Municipio Guadalupe y Calvo, Chihuahua, México. Fue asesinado en el 2017.

Desgraciadamente, esta es una postura que implica riesgos en muchos países, incluido México. Desde el 2016, en el mundo se ha asesinado a 200 activistas indígenas por defender sus derechos y los de sus ecosistemas.

Las comunidades indígenas son

la puesta en marcha de una democracia étnica real.

(C. G.)

 

* Fotografía principal: CIFOR



Colombia otorga a su selva los mismos derechos que a una persona (y hay que celebrarlo)

Anuncian una decisión histórica de la Suprema Corte de Justicia de Colombia: a partir de ahora, la selva tendrá los mismos derechos que un ser humano.

La máxima autoridad judicial de Colombia ha tomado una decisión histórica y ejemplar. Hoy la Amazonia colombiana se ha reconocido como una “entidad sujeta a derechos”, lo cual, en otras palabras, quiere decir que esta selva tropical tiene ya los mismos derechos que una persona. 

La decisión forma parte de una loable cruzada para tomar medidas urgentes en favor de la conservación de esta superficie y así, no sólo preservar el territorio para las comunidades y demás especies que lo habitan, sino también contribuir a desacelerar el cambio climático (una de las amenazas más contundentes que hoy se ciernen sobre nuestra supervivencia).  

Esta medida, según informa la Thomas Reuters Foundation, es una respuesta de la Corte Suprema de Justicia de Colombia ante la falta de una estrategia efectiva por parte del gobierno de ese país para proteger la selva. “Está claro, a pesar de los numerosos compromisos internacionales, el Estado colombiano no ha abordado eficientemente el problema de la deforestación en el Amazonas”, advirtió esta autoridad. Por esta razón lo obliga –tanto a nivel federales como local– a presentar un plan efectivo, en un plazo de 4 meses, para frenar de manera urgente la deforestación en este territorio. Para sustentar la sentencia la máxima autoridad citó, entre otros factores, el hecho de que las tasas de deforestación se elevaron en un 44% tan sólo entre el 2015 y el 2016. 

Por cierto, uno de los aspectos más emotivos de este fallo histórico es que todo se originó a partir de una demanda de un grupo de 25 jóvenes, de entre 7 y 26 años, que a principios de año exigieron a la autoridad garantizar su derecho constitucional a un ambiente saludable, así como a la vida, el alimento y el agua.  

“Esta decisión de la Suprema Corte marca un precedente histórico en materia de litigación de cambio climático“, advirtió Camila Bustos, una de las jóvenes demandantes.  

Superficie forestal de la Amazonia (antes y después)