Este es el camino a la dieta perfecta (Sí, existe)

Es mucho más sencillo de lo que podemos imaginar, pero curiosamente, está desfasado de la dinámica alimenticia actual.

Muchas evidencias corroboran cómo las personas que más comen verduras y frutas suelen ser más longevas y experimentan menos enfermedades cardiovasculares. También, en los últimos años las grasas y los carbohidratos fueron presentándose como enemigos de la salud pública (sobre todo con el auge de la obesidad). Sin embargo, aunque cada organismo es distinto y en realidad no existe una dieta universal que augure que causará el mismo efecto en la totalidad de las personas, sí existe un consejo universal eficaz. 

Según el Dr. David Katz, director del Centro de Investigación para la prevención de la Universidad de Yale, para encontrar la dieta perfecta hay que seguir un consejo sencillo y poderoso: evita los productos industrializados, con ello, prácticamente comerás bien.

Más allá de evadir los carbohidratos (aunque recuerda que todo exceso es nocivo) se trata de comer naturalmente. Sí, sabemos que muchas frutas y verduras en el mercado han sido crecidas con pesticidas; aún así, tú puedes ir escogiendo los lugares donde te asegures que el alimento es más natural (no se trata tampoco de comprar todo con certificación orgánica) recuerda que mientras más te percates de que los alimentos son de productores regionales, y que se producen a escala pequeña, más naturales serán. 

Uno de los grandes cambios que trajo el siglo pasado fueron los alimentos industrializados, repletos de conservadores, químicos dañinos, o una descomunal cantidad de azúcar (considerada por muchos como la verdadera droga contemporánea). Para mucho nutriólogos, estos son los verdaderos enemigos de tu dieta. 

Es muy sencillo, guarda un equilibrio entre tus nutrientes, come más verduras que todo lo demás (como lo indica el conocido método del plato) y sobre todo, evita los productos industriales.



¿Por qué esta es la mejor dieta del mundo?

Tal vez ya intuyas cuál es, pero, ¿sabes por qué es la más saludable? Aquí 3 portentosas razones.

Todas las tradiciones culinarias del mundo tienen algo que ofrecer. Ya sea que agasajen el paladar o que potencien nuestra salud. O ambas cosas a la vez, como sucede con la dieta mediterránea: esa que, según muchos expertos nutriólogos, es la mejor dieta del mundo. Pero, ¿por qué? ¿Son los ingredientes? ¿Las combinaciones? O, ¿no será más bien la forma de comer de los europeos?

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Eso no quiere decir que debamos renunciar a una de las ­―pocas― veleidades de la globalización, que es poder probar platillos e ingredientes de casi cualquier región del orbe, ni mucho menos que renunciemos a la dieta de nuestro propio país, que como todas, es un tesoro y parte de nuestra identidad. Más bien, comprobar por qué la dieta mediterránea es la mejor nos puede ayudar a convencernos de agregar sus beneficios a nuestra dieta, sacándoles el mayor provecho ―algo que es bueno hacer con todas las dietas del mundo―.

La razón que diversas investigaciones dan para que la dieta mediterránea sea la mejor es que funciona como una medicina preventiva para un abanico de padecimientos. Además, es capaz de cuidar mejor que otras dietas dos de nuestros órganos más importantes: el corazón y el cerebro. Esto promueve una mejor y más larga vida.

El secreto de la dieta mediterránea

Lo primero que salta a la vista de esta dieta, repleta de vegetales, cereales, pan, semillas y grasas de diversas fuentes, como pescado y aceite de olivo, es que no es precisamente “ligera”. De hecho, los habitantes de los países mediterráneos consumen más grasa que los estadounidenses, según un estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud Pública de Estados Unidos. No obstante, dicha ingesta proviene de grasas monoinsaturadas y polinsaturadas, presentes en los hábitos alimenticios que promueven una vida larga y sana.

Esta es una de las cosas que hacen a la dieta mediterránea la mejor, y más en estos tiempos donde mucha de la comida procesada está repleta de grasas saturadas que, en exceso, producen problemas cardiovasculares y hasta cognitivos. Esto ha provocado que muchos le teman a cualquier tipo de grasa y quieran omitirla por completo en su alimentación. No obstante, lo que hay que hacer es incluir grasas buenas, como las presentes en la dieta mediterránea.

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Beneficios para el corazón y el cerebro

Según contó la dietista Victoria Taylor, de la British Heart Foundation, para la BBC, existe una gran cantidad de investigación hecha sobre la dieta mediterránea que ha demostrado que ésta previene todo tipo de condiciones: desde diabetes tipo 2, hasta presión arterial alta y colesterol alto. Todos estos son factores de riesgo para el corazón, así que sin duda, una dieta mediterránea ayuda a evolucionar este órgano vital.

A medida que avanza la investigación sobre los beneficios de este tipo de dieta, es posible que se devele cada vez más que ciertos alimentos tienen mayor importancia para la salud. Por ahora, sin embargo, parece que es el enfoque de la dieta general y la combinación de alimentos, en lugar de los “superalimentos” por sí solos, lo que hace que esta sea una forma saludable de comer.

No obstante, esta especialista resalta que es bueno agregar elementos de la dieta mediterránea a nuestros hábitos alimenticios. Tan sólo hacer la transición de grasas saturadas a grasas mono y polinsaturadas ya es bastante benéfico, aunque nuestra dieta no sea completamente mediterránea. Así que agregar pescado, nueces y aceite de olivo a tus platillos es algo que puedes probar poco a poco para fortalecer el corazón… y también el cerebro.

Como comprobó un grupo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, si bien las grasas saturadas son adictivas y pueden llegar a interferir con el funcionamiento de la corteza prefrontal, las grasas buenas, presentes en los alimentos mencionados, ayudan a prevenir el deterioro de las funciones cognitivas e incluso pueden reducir el riesgo de padecer Alzheimer.

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Añade estos ingredientes a tu rutina alimenticia:

  • Almendras
  • Aceite de olivo
  • Ajo
  • Bayas
  • Pan artesanal (o de mesa)
  • Salmón
  • Pescado azul
  • Quinoa
  • Y muchas verduras (pero muchas)

Ahora sabes por qué la dieta mediterránea es la mejor. ¿Qué otra cuida del corazón, el cerebro, y aumenta tu calidad de vida mientras la alarga?

 

*Imagen pricipal: Aysha Zack



Comer bien para evolucionar: sobre cómo las frutas y verduras podrían cambiar nuestro ADN

La oportunidad de hackear nuestro cuerpo (y realidad) se encuentra en tan sólo un bocado. 

Aunque no siempre lo llevamos a la práctica, sabemos bien que consumir productos orgánicos y balanceados tiene múltiples beneficios. Enterarse de cómo funciona esto en nuestro organismo a nivel molecular podría sorprender a cualquiera, y hacerle cuestionar radicalmente su dieta.

Diversos investigadores, como el doctor Milton Mills, así lo aseguran. Una dieta basada en frutas y verduras podría reducir significativamente el riesgo de enfermedades crónicas importantes, mismas que en la mayoría de los casos son hereditarias. Dicho de otra forma, estos alimentos podrían modificar nuestro ADN y darle una mejor calidad a nuestro cuerpo (y descendencia).

 

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La razón es que las verduras y frutas se caracterizan por poseer un alto contenido de fitonutrientes. Éstos son químicos producidos por las mismas plantas y frutas. El desarrollo de esta sustancia ayuda a protegerlas de los rayos UV e insectos. En el caso de los humanos, el consumo de los fitonutrientes es igual de beneficioso, e incluso más. Su ingesta contribuye a aumentar las defensas en las células, lo cual permite que éstas se recuperen de cualquier daño causado por un deterioro genético. De ahí que el doctor Mills afirme que una alimentación balanceada y rica en vegetales y frutas, ayuda a prevenir enfermedades mortales como el cáncer. 

Finalmente, Mills nos recuerda que la investigación científica ha demostrado en numerosas ocasiones que las dietas basadas en alimentos naturales favorecen que el sistema inmunológico funcione notablemente mejor, es decir, permiten a nuestro cuerpo estar más fortalecido frente a cualquier enfermedad.

Muchas veces creemos que estamos sentenciados por la herencia familiar (y la creencia, a veces, es más poderosa que cualquier síntoma), cuando en la mayoría de los casos, es nuestra elección de alimentación (y estilo de vida) lo que más nos afecta. Si el doctor Mills está en lo cierto, la oportunidad de hackear nuestra realidad se encuentra en tan sólo un bocado