Un estudio comprueba que comemos peor que nuestros abuelos

Los alimentos procesados con alto contenido de azúcar, grasa y almidón están impulsando el aumento de comidas poco saludables.

La globalización ha traído cosas muy positivas, como la expansión en las tecnologías de la información que diversifican las plataformas para la libertad de expresión. También la comunicación antes casi impensable, y en tiempo real, de personas que se encuentran en distintas partes del mundo. 

Sin embargo, como casi todo, la parte oscura de la globalización está presente y está estrechamente relacionada con la expansión en el poder de las corporaciones, que han alienado ideologías y creencias, además de hábitos de consumo, entre ellos, el del alimento. Es común escuchar que la dieta de nuestros abuelos solía ser mucho más sana que las de las nuevas generaciones, ¿pero qué tanto es verdadero? 

Según uno de los nutriólogos más importantes del mundo, Dariush Mozaffarian, el decano de la Escuela Friedman de Ciencias y Políticas de Nutrición de la Universidad Tufts, y citando un estudio que coescribió para le edición de marzo de la publicación especializada The Lancet Global Health:  “La globalización” de las dietas occidentales, en las que un pequeño grupo de compañías de alimentos y agricultura tienen un poder desproporcionado para decidir lo que se produce, está causando parcialmente el cambio hacia una alimentación no saludable” “Los alimentos procesados con alto contenido de azúcar, grasa y almidón están impulsando el aumento de comidas poco saludables.”

Los países que han empeorado su dieta 

Según Mozaffarian, los países pobres en el África subsahariana y Asia han visto el aumento más rápido en el consumo de alimentos poco saludables. China y la India registraron los aumentos más altos en consumo de alimentos poco saludables.

Países que mejoraron su alimentación

La situación mejoró levemente en Europa Occidental y América del Norte.

“La mayoría de los esfuerzos globales de nutrición se han enfocado en las calorías”, dijo Mozaffarian a la Fundación Thomson Reuters. “Necesitamos enfocarnos en la calidad de las calorías para los países pobres, no solo en la cantidad”(…)“Los jóvenes están creciendo con dietas mucho peores que sus padres o abuelos”.



¿Qué hay en el refrigerador de 10 familias de alrededor el mundo? (📸)

Las diferencias son sustanciales (y nos ponen a pensar sobre la alimentación mundial).

¿No te ha pasado que vas a una casa y quieres abrir el refrigerador? Es una especie de morbo, ¿no es así? Pero como todo morbo, esta curiosidad sucede porque queremos conocer de manera más íntima a las personas. Y sí: saber qué hay en un refrigerador nos puede decir mucho de una persona o de una familia, pues somos, en gran medida, lo que nuestros hábitos hacen de nosotros –y quizá no existe hábito más cotidiano y al mismo tiempo vital que comer–.

Por supuesto, hay que evitar que el morbo nos lleve a espiar o a llevar a cabo otras conductas indeseables o inoportunas. Lo bueno es que ahora podemos saciar nuestra curiosidad por saber qué hay en el refrigerador ajeno con la serie de fotografías It’s a Cool World, de Admiral Home Insurance.

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En este caso, el vistazo nos permite conocer más sobre los hábitos alimenticios de 10 familias del mundo. Y nos hace conscientes de la gran brecha alimentaria que existe. Porque en la misma serie podemos apreciar refrigeradores rebosantes –¿cuánta comida no se desperdicia?– y refrigeradores muy desprovistos. En algunos podemos ver mucha comida sana y orgánica y, en otros, gran cantidad de comida chatarra e industrial.

Pocas cosas son culturalmente más exquisitas que la diversidad culinaria. Pero una cosa es eso y otra que haya tanta desigualdad en lo que a alimentación se refiere. No por nada vivimos en un mundo donde conviven por igual la obesidad y la desnutrición pero en el cual, paradójicamente, los niños ricos adelgazan y los pobres engordan.

Así que, sin duda, estas fotografías son para reflexionar (y no sólo para saciar nuestro morbo): ¿cómo solucionar el problema de la alimentación a nivel mundial? Quizá regresar al campo sea un elemento clave, así como repensar la manera como nos relacionamos con la comida.

Compártenos lo que te hagan reflexionar a ti estas fotografías: ¿quizá algo sobre tus propios hábitos alimenticios? ¿o los de tu familia? O más aún, ¿dicen algo sobre tu propia cultura?

México
Vanessa:

Siempre tengo leche vegetal, pan, vegetales y alguna salsa picante. No me compro muchos “gustos”, sólo crema de almendra. 

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Estados Unidos
Meghan:

Siempre tenemos una buena cantidad de productos de temporada a la mano (nuestras dietas son principalmente vegetarianas). Tenemos bolsas de tela donde ponemos las compras. En nuestro pueblo cobran por las bolsas de papel y de plástico, así que nos hicimos del hábito.

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Venezuela
Rene:

Sólo desperdicio un poco de comida en la preparación, pero las sobras siempre se comen. En el refrigerador siempre tengo carne, huevos, pollo, vegetales, queso y jugos. Mi gusto especial son las mermeladas.

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Rusia
Anastasija:

Los vegetales van en los cajones de abajo, luego el queso y las salsas. La leche y las bebidas están en la puerta. Un gusto especial son el yogurt y las salchichas.

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Pakistán
Asif:

Para nosotros un “gusto” podría ser un plátano o una manzana, a veces pastel. Quizá desperdiciamos un 5% de la comida.

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Kenia
Nicholas:

En el refrigerador tenemos frutas y vegetales de temporada, como naranjas, mangos, piñas, uvas, calabazas, zanahoria, kale. También tenemos refresco, jugo de fruta, yogurt y leche. Para obtener nuestra comida usamos transporte público (conocidos localmente como matatus).

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Rumania
Daniel:

Los “gustos” en nuestro refrigerador son crema de maní, chocolate y miel. Somos muy cuidadosos en no desperdiciar comida, así que normalmente no compramos más de lo que necesitamos para algunos días.

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Bangladesh
Bashanti:

Los guisados están en la parte más fría del refrigerador, junto con la carne y el pescado. La leche, el queso, los yogurts y la mantequilla están todos en partes menos frías.

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Argentina
Miguel:

Tratamos de no desechar mucha comida. Si algo sobra, lo recalentamos al día siguiente, y cualquier sobra va para el perro. Como “gustos” tenemos dulce de leche, y a veces dulce de papa.

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Finlandia
Laurene:

Amamos los condimentos y elementos como la mostaza, la soya, la salsa de chile, de pescado, la cátsup, la Tabasco, el jugo de limón, el jengibre, los pepinos y huevos.

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El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

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Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

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Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

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Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.