¿Sabías que apenas hace 40 años no existía la educación ambiental?

No fue hasta 1977, que se asumió el compromiso de incorporar los principios básicos y los objetivos generales de la Educación Ambiental a los sistemas de educación.

Eran finales de la década de los años 60s y parecía que el mundo tomaba conciencia de las implicaciones y consecuencias de sus acciones en el medio ambiente. Sin embargo, no fue hasta 1975 que más de 70 países lograron establecer los principios que hoy rigen a la Educación Ambiental (EA) en el planeta, a través de la firma de la “Carta de Belgrado”.

Es entonces, cuando de manera formal se establecieron programas y políticas que promovieran la concienciación sobre las problemáticas ambientales, así como algunas acciones conservacionistas, que ayudarían a vincular de manera armónica, las actividades humanas y su entorno. Todo esto con el fin de garantizar el sostenimiento y calidad de las generaciones actuales y futuras hoy conocido como Desarrollo Sostenible.

La Educación Ambiental como un mecanismo pedagógico hacía la sostenibilidad, está basado en dos fundamentos; el primero que hace referencia a como interactúan entre sí los ciclos de la naturaleza y el segundo a la interacción e influencia de las actividades humanas con los ecosistemas.

Objetivos como la toma de conciencia , adquisición de conocimientos, actitudes, aptitudes, la capacidad de evaluación y la participación resonaban ligeramente hace 40 años en un planeta con más de 4.000 millones de habitantes. La urgencia de llevar a la práctica dichos objetivos y ligarlos con metas, era algo realmente complejo.

No fue hasta 1977, que se asumió el compromiso de incorporar los principios básicos y los objetivos generales de la Educación Ambiental a los sistemas de educación, estrategias, modalidades y la cooperación internacional. Pero no era la sensibilización o la educación para la conservación el fin último de la EA. El real desafío era modificar comportamientos entre los ciudadanos y la formación de una nueva ética universal que sentará las bases para la transformación de las políticas nacionales e internacionales.

Para los años 90´s, como resultado de un exhaustivo análisis de las principales causas de la problemática ambiental, concibiendo a la pobreza y al aumento de la población, como los detonadores de los problemas ambientales y sin tomar en cuenta que los modelos de económicos y de desarrollo adoptados y hoy vigentes, que generan una desigual e injusta distribución de los recursos , se concluyen documentos que serían parte de los insumos para el diseño de la AGENDA 21 en la Cumbre del a Tierra en 1992.

Durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro,1992), se retoma la estrategia internacional para la acción en el campo de la Educación y la Formación Ambiental y se toma como base para el capítulo 36 de la Agenda 21. Capítulo dedicado al fomento de la educación, capacitación, y la toma de conciencia, a través de tres áreas de programas: la reorientación de la educación hacia el desarrollo sostenible, el aumento de la conciencia del público, y el fomento a la capacitación.

En otras reuniones celebradas de manera paralela, se aprobaron 33 tratados entre los que destaca el Tratado de Educación Ambiental hacia Sociedades Sustentables y de Responsabilidad Global, el cual señala a la EA, como un acto de transformación social, estableciendo 16 principios de educación.

En Latinoamérica esta cultura medio ambientalista surgió hasta la década de los ochentas .Costa Rica, fue a finales de los 90´s como una de las primeras naciones en la región Centroamericana, que inicio esfuerzos en el campo de la educación ambiental.

En México, no fue hasta inicio de los noventas que se logró tener una mayor consolidación en la materia. Durante el Primer Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental (Guadalajara), donde se estableció que la EA no es una cuestión meramente ecológica, sino que debe incorporar múltiples dimensiones de la realidad de nuestro país. Se planteo el fomento a la participación social y la organizaciónn comunitaria como elementos del autodesarrollo de la persona.

Si bien, la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo, decía Nelson Mandela. Entonces la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS) sería la herramienta para la transición hacía la sostenibilidad.

La EDS, incorpora en la enseñanza y el aprendizaje cuestiones esenciales de desarrollo sostenible vinculando temas como la diversidad cultural, los derechos humanos, la reducción de la pobreza, cultura de paz, el uso de las tecnologías de la información, el cambio climático y la biodiversidad , así como el consumo sostenible.

Estos planteamientos se han venido discutiendo a raíz del la Declaración del Decenio de la Educación para Desarrollo Sostenible (DEDS), lanzado en el año 2005 y que llegó su culminación en noviembre del años pasado.

En Telar Social México promovemos procesos culturales dirigidos a lograr un futuro sostenible. Desde hace cerca de 4 años en conjunto con Reforestamos México y por su gran experiencia en temas de educación ambiental (viveros escolares, concursos de fotografía, certámenes para maestros ambientalistas) hemos decidido impulsar acciones que eleven el debate de la Educación Ambiental a profundo cambio social sostenible. Es decir un cambio cultural, enfocado a no educar para conservar, si no en educar para cambiar a la sociedad, favoreciendo en el proceso las habilidades, talentos y competencias de las personas.

Entendemos que la cultura se ha vinculado a los sistemas de creencias, los valores, las relaciones sociales y las instituciones que se generan de los grupos sociales así sus modelos educativos. La cultura como centro de la práctica educativa, debe propiciar diálogos transculturales y cambios en los valores que estén intrínsecamente ligados a las dinámicas socioambientales locales dentro de un contexto de globalización.

Por lo tanto, el enfoque de la cultura de la sostenibilidad, deja de ser un elemento relevante en el proceso de desarrollo sostenible, y se convierte en la dimensión que lo subyace, en la dimensión sobre la cual y a través de la cual se construirán los cambios necesarios (UNESCO, 1997, 2004), confiriéndole nuevas posibilidades a los procesos educativos.

La crisis ambiental es un reflejo de la crisis sociocultural que vivimos actualmente. ¿Cómo puede abordar la educación y los procesos de cambio cultural de tal manera que contribuyan a generar cambios hacia la sostenibilidad?

En Latinoamérica, la EA no se ha visto la necesidad de abordar la cultura en términos de cambio, sino más bien en los de permanencia. ¿Podríamos pensar en los problemas de la insostenibilidad no solo en términos de conservación de la cultura, sino también en términos de cambios, de procesos y de dinámicas culturales?

Estos planteamientos se han venido discutiendo a raíz del la Declaración del Decenio de la Educación para Desarrollo Sostenible (DEDS), lanzado en el año 2005 y que llegó su culminación en noviembre del años pasado.

Es decir, diseñar procesos culturales dirigidos a lograr un cambio social sostenible, que exigen una revolución de mentalidades, transformar los modelos mentales de escasez como fuente de incentivación. Elevar el nivel de pensamiento, al paradigma de prosperidad y abundancia, podrá romper el aislamiento e individualismo como respuesta intrínseca a nuestro entorno.

El desafió mundial en la educación actual , esta en que la gran mayoría de los modelos educativos están diseñados para dejar a la sociedad tal cual está. La evolución culturalpartirá de la transformación.

Durante las últimas décadas creímos que, siendo sustentables y amigables con el medio ambiente íbamos a estar bien. El reto está en no hacer el antiguo modelo de desarrollo sustentable, si no más bien inventar un modelo que en su centro sea la sostenibilidad.

Discutir sobre sostenibilidad /sustentabilidad no es la dilema, si no bien más cuestionar el desarrollo para poder provocar cambios realmente profundos. Los cambios en la tecnología históricamente han propiciado cambios sociales. Dichas transformaciones han sobrevivido gracias a la capacidad de reproducirse y sobrevivir en un entorno específico. ¿Cómo las modificaciones tecnológicas, educativas, políticas – económicas nos deben impulsar hacía un cambio social sostenible?

La educación para la Sostenibilidad persigue, en definitiva, lograr una profunda revolución de las mentalidades, a través de la generación de actitudes y comportamientos responsables que preparé a las y los jóvenes para la toma de decisiones fundamentadas dirigidas al logro de un desarrollo culturalmente plural y físicamente sostenible.

La precariedad de la transversalización de la sostenibilidad en la Agenda Nacional, invita a la sociedad civil proponer una estrategia que complemente el desarrollo de programas federales   con acciones estatales y municipales , a través de la formación de una ciudadanía consciente que participe en el desarrollo sostenible del nuestro país.

La transformación sostenible de nuestras prácticas educativas actuales, exige 3 planteamientos importantes: pensamiento holístico, interdisciplinariedad y transversalidad, que gesten el autogobierno responsable de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, que garanticen su calidad de vida.

Los más de 23.5 millones niños y niñas que hoy inician la educación básica, serán millones de adolescentes y jóvenes mexicanos demandando para el 2030, una economía sostenible que les garantice un mercado laboral que les asegure la prosperidad que hoy en día proponemos en discursos.

En los 70´s la Tierra tenía la mitad de la población de lo que actualmente somos, 7.200 millones y se estima que para finales del siglo habrá más de 11.000 millones de personas de las cuales el 20% vive y vivirá en condiciones de pobreza absoluta. Se han declarado los limites planetarios cuyo traspaso supone un riesgo para las posibilidades del desarrollo.

Es por ello la urgencia de permear en la generación que a mediados del XXI será adulta y que enfrentará los valores críticos en la disponibilidad de fuentes de energía y de otros recursos en el planeta nos desafía a proponer un modelo de educativo que transforme sociedades. Prácticas educativas como herramientas gestoras del cambio cultural hacía la sosteniblidad. La sostenibilidad no es una palabra, es un objetivo, es un valor, es un estado del ser, es una experiencia.

El 2015, ha sido declarado el años del Desarrollo Sostenible, se formularan las reformas al sistema financiero mundial, se podrá punto y final a los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), para dar paso a los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible y se aprobará un nuevo acuerdo mundial encaminado a evitar los peligros en aumento del cambio climático inducido por el hombre. De nuevo el planeta estará en manos de lideres mundiales con modelos de desarrollo que poco han salvarguardado al sistema-tierra.

Hace 40 años poco ciudadanos opinaron, hoy el planeta físicamente ha cambiado, pero también la sociedad ha cambiado, la comunicación y la difusión hoy no nos limita. Hoy es tiempo de pasar del discurso a la acción en materia de Educación para el Desarrollo Sostenible.

Hoy no puede existir una sociedad sostenible sin modelo educativo que provoque una profunda revolución de mentalidades e impulse el empoderamiento ciudadano. Sin un nivel alto de nuestra consciencia colectiva, de empoderamiento interno y externo, será imposible llegar a la sociedad sostenible.

Y tú ¿Cómo participas en el diseño de un #MéxicoSostenible?

Sí quieres conocer más de lo que Telar Social México y otras organizaciones sociales, están realizando entorno a la Educación para el Desarrollo Sostenible visita la sección de Aliados Clave y Redes y Colectivos.

#EDSMx #MéxicoSostenible

Autor: Montserrat Salazar.

Organización: Telar Social México A.C.

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Fuentes:

www.unsdn.org

www.unesco.org

http://www.unesco.org/new/es/education/themes/leading-the-international-agenda/education-for-sustainable-development/education-for-sustainable-development/

http://www.oei.es/divulgacioncientifica/?La-transicion-a-la-sostenibilidad

http://www.revistahumanum.org/revista/alfredo-sfeir-desarrollo-empoderado/#sthash.gz5I393p.dpuf

Revista de Educación (2009), Trayectorias (2009),

Revista Eureka (2010),

Investigación en la Escue- la (2010),

School Science Review (2010),

Research in Science Education (2012),

Gamband, J.L. “El Mito del Desarrollo Sustentable.”

monografia.com,

siempre-verde-venezuela.blogspot.com,

jmarcano.com

www.edsmx.org



Por qué una educación sin conciencia ecológica tiene ya poco sentido

Por estas razones, toda pedagogía puede (y debe ser) una ecopedagogía.

Construir sociedades más conscientes de la crisis ambiental a la que nos enfrentamos es un reto. Sin embargo, no es imposible, pues hoy en día gozamos de múltiples herramientas de comunicación y conocimiento para lograrlo; por ejemplo, la educación, ya sea como institución o como una formación de valores adquiridos en casa. 

Decía el pedagogo Paulo Freire que “la cabeza piensa donde los pies pisan”, y en este sentido, podríamos pensar que si una cabeza piensa, con conciencia, en dónde está parada, probablemente lo primero que perciba será la tierra, su entorno natural. Por el contrario, una pedagogía que no genera conciencia ecológica sobre el medio en que se desenvuelve la sociedad carece de todo sentido. La conciencia de este hecho es lo único que puede salvarnos de una catástrofe, y la conciencia, sin duda alguna, sólo puede cultivarse a partir de la educación.

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Es ahí donde surge la necesidad de hacer las preguntas correctas y cambiar nuestros paradigmas educativos. Pero, para ello, la  sustentabilidad, la sensibilidad ecológica y el llamado a la acción deben estar asociados a los programas educativos y a las formaciones familiares (la Tierra como un nuevo paradigma). De estos parámetros fue que nació la ecopedagogía que, según la epistemología de Freire, busca que tanto las personas responsables de la formación educativa como los alumnos contemplen: 

1. La diversidad e interdependencia de la vida
2. La preocupación por todos los seres del planeta
3. El respeto a los derechos humanos
4. El desarrollo sustentable
5. La justicia, equidad y comunidad
6. La prevención de lo que puede causar daño

Una opción que se encontró en Venezuela para llevar estos puntos adelante fue la de crear Escuelas Ecológicas Alternativas, que se han articulado desde el 2009 a los planes de estudio de todos los niveles y que han generado una respuesta reflexiva, crítica y ética en los alumnos, respecto al medioambiente. Por otro lado, existen loables ejemplos que han tenido éxito en estos objetivos, como la escuela en Bali, Indonesia, un modelo de sustentabilidad integral que está formando agentes de cambio conscientes del entorno ambiental y social.

Por qué una educación sin conciencia ecológica tiene ya poco sentido

Pero, ¿cómo involucrarse?

Estamos ante un reto que no sólo involucra a los diversos Estados sino a los individuos de todos los países, pues la educación empieza en casa. Así que debemos empezar por involucrar, de entrada, a los más pequeños, pues en las edades más tempranas es cuando se puede “moldear” la conciencia del individuo, al mismo tiempo que va adquiriendo conocimientos que le serán útiles de por vida. Por otro lado, las personas que queremos involucrarnos activamente y no sabemos cómo, podemos comenzar de la siguiente manera:

 

Leer al respecto

No podemos combatir el problema si no conocemos sus pormenores. Encontrar material para autoeducarnos o para educar a los niños es fundamental, pues sólo así podremos empezar desde la raíz, que es discutir las causas que generan, por ejemplo, el cambio climático (y reconocer el impacto que tenemos como individuos), las medidas que cada persona puede tomar en su calidad de ciudadano o individuo y desarrollar la sensibilidad ecológica en la familia, lo que puede comenzar por hacer conscientes a los más pequeños del cuidado que requieren tanto las plantas como los animales. Estas medidas también pueden llevarse más lejos e impulsarse en las escuelas, algo que los padres de familia deben buscar que suceda.

 

Ligarlo con nuestra vida cotidiana

A veces, una palabra como “crisis climática” resulta demasiado abstracta y suena lejana a nosotros. Pero si nos detenemos un segundo, veremos que los impactos de dicha crisis se hacen presentes y nos perjudican día a día. Un ejemplo es la polución en las ciudades, por la cual sufrimos de alergias e irritaciones y, en el peor de los casos, enfermedades pulmonares. Asimismo, los fenómenos naturales se han transformado y resultan más constantes y cada vez más mortíferos, como los tsunamis, huracanes y terremotos.

En ese sentido, la conciencia se activará cuando veamos que somos también afectados por la crisis ambiental, lo que puede disparar procesos no sólo de toma de conciencia sino de acción, tanto individual como colectiva.

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Acercarnos a organizaciones locales

Nos referimos a locales porque, existen organizaciones internacionales ambientalistas que surgieron desde los años 50 del siglo XX con el fin de proteger reservas naturales, pero que en realidad usan el discurso ecológico para privatizar y extraer recursos de grandes áreas naturales como la Amazonía. A eso se le llama “capitalismo verde”, y es sumamente peligroso por su doble moral.

Así que lo mejor que puedes hacer es buscar en tu país organizaciones independientes que puedas conocer de primera mano y que se dediquen al cuidado de la naturaleza, a su defensa y a la educación ecológica. Por ejemplo, las organizaciones que llevan a cabo programas de reforestación, las que defienden las semillas autóctonas (como el caso del maíz en México), las que se dedican a la defensa del agua contra la privatización o a denunciar grandes proyectos de infraestructura que contribuyen a romper el equilibrio ecológico y despojar a comunidades originarias.

 

Jamás dejar de poner el ejemplo

Indudablemente esto es básico: sólo la congruencia puede hacernos dignos educadores y alumnos de otros. Así que siempre debes intentar llevar a tu vida cotidiana hábitos ético-ecológicos, como el reciclaje, el cuidado del agua o incluso cuidar lo que consumes, pues la producción de muchos productos contribuye a la debacle ambiental. También, sembrar una planta y acompañar su crecimiento puede vincularnos afectivamente con la naturaleza.

Sólo así podremos arribar a lo que el director del Instituto Paulo Freire de Brasil, Moacir Gadotti, llama la “pedagogía de la tierra”, y que destaca como la única educación que puede salvar nuestro futuro.

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Bibliografía

Pedagogía de la Tierra y cultura de la sustentabilidad
Proyecto de escuelas alternativas, escuelas ecológicas



¿Por qué todas las escuelas del futuro deberían ser como esta?

Esta increíble escuela es un proyecto único, sustentable en todos los sentidos posibles, y debería inspirar a las escuelas del futuro.

La Green School de Bali, en Indonesia, es un proyecto verdaderamente único que desde el 2008 se ha planteado como un modelo de sustentabilidad integral. Mientras que ya existen visiones ecológicas en otras escuelas, la de Bali posee un modelo de educación innovador, integral y con un enfoque completamente verde. Sus características podrían ser replicadas en otras partes del mundo, y también pueden funcionar como un referente para las escuelas del futuro.

En este espacio se imparte educación para niños desde maternal, hasta jóvenes de preparatoria. Es una escuela ecológica que funciona como institución sin fines de lucro y las ganancias sirven para la mejora y mantenimiento del proyecto. Se trata de una institución ejemplar que nos cuestiona, a los demás países, si nuestra disciplina escolar está bien orientada.

La construcción es responsiva con el medioambiente

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La conciencia ambiental está tomando cada vez más peso, y uno de sus pilares es la idea de la sustentabilidad. Ésta implica ser capaz de aprovechar el medioambiente sin sobreexplotarlo, con vistas a que los recursos no se extingan y de forma equitativa entre todos los seres vivos que lo necesitan, incluidos los seres humanos. La sustentabilidad llama al consumo de lo local y lo orgánico. En este sentido la construcción, el diseño arquitectónico y el urbanismo deben contemplar un equilibrio con el entorno y el uso de materiales ecológicos.

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En el caso de la escuela ecológica de Bali, la impresionante estructura que la alberga está hecha de bambú, lodo y plantas locales y está situada en plena selva; esto es importante porque es muy beneficioso para los niños tener mucho contacto con áreas verdes. Como núcleo del diseño está el concepto de “permacultura”, es decir, construir a través de la simulación o la continuación de las formas y patrones encontrados en el entorno natural.

La permacultura permite a las edificaciones funcionar armoniosamente con el entorno y no ser disruptivas para las vidas de la flora y fauna o para los ciclos naturales. Esto significa también producir la energía necesaria para sobrevivir y tratar los desechos que produce la vida cotidiana dentro de un esquema ecológico. La Green School de Bali cuenta con paneles solares, captación de agua de lluvias, centro de manejo de desechos, filtración de aguas residuales y elaboración de composta, entre otras tecnologías y procesos mediante los cuales sus integrantes se aseguran de mantener verdes todas sus acciones.

 

Están educando para la autosuficiencia

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Sustentabilidad también significa procurar la autosuficiencia; es decir, poder producir lo que uno necesita para sobrevivir, sin depender de agentes externos. Mientras que en países como México se está abandonando el campo y no parece haber estrategias para reactivarlo, la respuesta de la escuela ecológica de Bali es administrar y trabajar, con ayuda de todos los alumnos, un huerto interno que sirva como método de aprendizaje y que, efectivamente, provea de ciertos productos a los miembros de la comunidad escolar.

 

Forman agentes de cambio conscientes del entorno ambiental y social

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Para luchar por el entorno, debemos regresar al imaginario un reconocimiento fuerte de que la vida social es comunitaria y que los movimientos de una sola de las partes afectan al todo. Y sólo confiando en que todos nos vamos a cuidar unos a otros, podemos reintegrar lo comunitario al centro de nuestras vidas cotidianas. Cada uno de nosotros debe incentivar esta reflexión entre los miembros de nuestras comunidades.

 

Están conscientes del contexto actual y actúan en presente

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Es muy importante para las iniciativas como la de esta escuela ecológica reconocer el contexto actual; especialmente, sus dificultades. Se trata de dejar de enunciar los grandes problemas planteando las soluciones evidentes y, en su lugar, reconocer que a cada uno le toca resolver un pequeño fragmento de lo que ocurre globalmente. Sólo podemos hacer un cambio a la vez, y no podemos llevarlo a cabo si ignoramos que en el mundo entero se están gestando conflictos sociales y catástrofes ambientales.

Además, hay que actuar en presente. Hay que actuar ya. Este principio se manifiesta en la Green School constantemente, pues les preocupa mucho que sus alumnos realicen prácticas y los incentivan a proponer y llevar a cabo proyectos e investigaciones útiles constantemente. Por otro lado, el proyecto es holístico e integra la misma visión verde en todas sus partes, desde el diseño ecológico del edificio hasta el constante cuidado a la salud de todos los miembros de la comunidad.

 

Se saben plurales

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Por último es importante recordar que nuestras comunidades son cada vez más plurales, más diversas, pero que si nos articulamos desde lo comunitario, podemos generar cambios sin ignorar las necesidades y potencialidades de cada sujeto. Abrirse a la multiculturalidad es sólo el primer paso.

Puedes consultar más sobre esta iniciativa aquí.