Estudio demuestra que tu perro percibe si estás alegre o colérico

De acuerdo con la investigación, los perros pueden discriminar las expresiones humanas de enojo y felicidad.

Alegres y entusiastas, los perros se han ganado el apodo de ser “el mejor amigo del humano”. Inclusive, su presencia en un hogar altera la dinámica de una familia, ya que la vuelve más cercana, empática y apegada. Este hecho se vuelve a confirmar con los estudios realizados en la Universidad de Medicina Veterinaria de Vienna, por el veterinario Ludwig Huber.

De acuerdo con la investigación, los perros pueden discriminar las expresiones humanas de enojo y felicidad: “[P]ueden darse cuenta que estas dos expresiones tienen dos significados diferentes, y no sólo puedes distinguirlo de las personas que conocen bien, también de rostros que nunca han visto con anterioridad.”

A través de condicionamientos operantes, los perros lograron aplicar su conocimiento de las expresiones emocionales en humanos: “Parece que los perros asociaron un rostro sonriendo con un significado positivo, y una expresión facial colérica con un significado negativo.” Para descubrirlo, los investigadores les mostraron a los perros unas imágenes donde, tras haber sido entrenados en discriminar ambas expresiones, tenían que elegir según su criterio. Los canes fueron capaces de seleccionar acertadamente más seguido de lo que los investigadores creyeron.

Este estudio logró enfatizar la empatía de estos animales en relación con las emociones humanas: “Tenemos la esperanza de obtener insights importantes en el vínculo extraordinario entre humanos y uno de sus mascotas favoritas, y en la vida emocional de los animales en general.”

De modo que las conclusiones de este estudio abre la puerta a una vasta investigación en el tema de la terapia asistida con animales (TAA), la cual se encarga de desarrollar empatía en pacientes con alguna psicopatología grave o algún trastorno neurológico.



¿Se creen la pareja perfecta? Respondan este quiz y descubran la verdad 🤯

6 preguntas para reflexionar sobre tu relación actual (o las pasadas)…

 

Para ti, ¿cómo sería un día perfecto? ¿Cómo sería el día perfecto para él/ella? ¿Se parecen? ¿Eso los convierte en una pareja perfecta? 

Quién no se lo ha preguntado: ¿Hasta dónde llegaremos juntos? ¿Qué clase de amor nos representa? ¿Nuestra relación será tóxica? ¿Se trata de una poderosa relación, de esas que parecen perdurar entre la vida y las vidas? Ok, no, pero podemos dejar de hacernos tantas preguntas cósmicas y pasar a responder el siguiente quiz: averigua si tú y ese ser que adoras le dan a la pareja perfecta: 

¿Que no tienes pareja? Entonces tal vez deberías intentarlo; aunque no pase nada, tendrá un impacto positivo en tu bienestar (te lo aseguramos).



¿Es posible reconectar la empatía en el cerebro y sentir al otro?

La empatía es saber lo que siente el otro. Y se puede estimular.

Es posible sentir al otro en nosotros mismos, transportar sus sentimientos a nuestro organismo y comprenderlo. Eso es la empatía, y es mucho más que sólo una sustancia moral que nos conduce por el mundo.

La empatía es un estado emocional sumamente profundo, que se origina en el cerebro. Es tan misteriosa que existen profesionales de la empatía, llamados “empáticos”, como David Sauvage, quien se dedica a llevar a otros por las vías intuitivas del comprender a los otros.

Pero lo cierto es que la empatía, si bien es una especie de arte cognitivo que no todos tienen de manera innata, se puede desarrollar por cuenta propia. Su origen está en regiones específicas del cerebro que pueden ser más sensibles en unos que en otros, pero también existen estimulantes externos cotidianos que van forjando nuestros sentimientos y que moldean nuestras reacciones para con todo lo ajeno.

 

La empatía: innata pero, también, producida por tu cerebro

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Fotografía: Adeline Mai

Un estudio publicado en el Journal of Neuroscience identificó que el egocentrismo es una parte innata del ser humano: una programática que, durante milenios, nos ha ayudado a sobrevivir. Pero cuando el área del cerebro donde se activan las reacciones ególatras percibe una falta de empatía, se autocorrige. Se trata del giro supramarginal, que sólo suprime la empatía en momentos de adrenalina, y que en una persona normal debe funcionar siempre segregando las dosis correctas de empatía. 

Fuera de toda disertación filosófica, lo cierto es que en el plano material nuestras neuronas nos hacen, en buena medida, lo que somos: moldean nuestras emociones y la manera en la que nos conducimos. Somos seres altamente determinados por nuestras neuronas, y por el funcionamiento de nuestro cerebro en general.

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Fotografía Adeline Mai

Así que, si sabemos que la empatía se reduce sólo en los momentos de adrenalina o cuando buscamos sobrevivir, quizá un método para volvernos más empáticos sería buscar formas más solidarias e intuitivas de experimentar la vida en colectividad, para reconectar los cables empáticos de nuestro complejo sistema neuronal.

Algunos estudios han demostrado que estando en situaciones cómodas, nos cuesta más ser empáticos. Pero no necesitamos buscar sufrimiento para promover la empatía en nuestro giro supramarginal. Sólo valdría la pena reflexionar sobre qué tanto aceptamos el sufrimiento, ya que huir de él –a través de lujos o toda suerte de autoengaños– bloquea nuestra capacidad empática.

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Fotografía: Adeline Mai

Para estimular la empatía hay que ponerla en práctica, procurando una vida sin artificios superficiales ni zonas de confort. Ayudar a otros, aunque ello implique ver cosas que quizá no quisiéramos ver, es de lo mejor que podemos hacer. Y también intentar no pensar la vida como una eterna competencia con los otros, pues eso precisamente activa nuestra egolatría y anula nuestra empatía

También debemos ser capaces de entablar un diálogo interno con nuestros propios sentimientos. Para eso se puede abrir camino con un poco de meditación diaria, o con algo de ejercicio que implique ciertos retos y algo de sufrimiento momentáneo.

Por ahora, sólo pregúntate: ¿cuándo fue la última vez que sentiste a otro? Y si ni siquiera lo recuerdas, ponte en acción de inmediato y reconecta con tu empatía; es más valiosa de lo que crees.