¿Sabías que el rencor puede contribuir al desarrollo de cáncer?

Las emociones como miedo, tristeza y rencor pueden causar estragos en tu cuerpo si no las liberas

Existen muchos factores que influyen en el proceso necesario para que una enfermedad crónica se desarrolle. Incluso, esta puede gestarse entre unos 25 y 30 años antes de que se haga evidente, según Arturo Panduro Cerda, jefe del Servicio de Biología Molecular en Medicina del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, uno de los hospitales más importantes del occidente de México. 

Los ingredientes que intervienen en el desarrollo de una enfermedad crónica son muchos, como cuestiones genéticas, pero también algunas emociones que vamos dejando que se asienten en la vida diaria como el estrés, las depresiones e incluso el rencor que, según Panduro Cerda, ayudan por ejemplo a que se genere cáncer. 

No hay un gen del resentimiento, pero éste existe, como también el amor. En el desarrollo del cáncer pueden intervenir factores genéticos que se combinan con lo cualitativo como las emociones, entre otros factores. 

“Por ejemplo, en el cáncer de colon existe un gen asociado, y la persona que lo trae puede desarrollar poliposis adenomatosa familiar; el siguiente paso puede ser el cáncer de colon”, explicó Panduro para La Jornada.

Curiosamente, en otras enfermedades como la obesidad también puede influir la ausencia de genes ligados a la liberación de una hormona que avisa que el cuerpo ya se encuentra satisfecho. De esta manera, muchas personas que son obesas lo son porque su cuerpo carece de una especie de semáforo del que los demás sí disfrutan. 

Asimismo está comprobado que los genes interactúan con las emociones y las actitudes, y de esta manera la atmósfera del individuo también puede modificar su información genética. 

Según Lesbia Luzardo-Zschaeck, autora del libro Enfermedad emocional, existen tres emociones que enferman particularmente: el miedo, la rabia y la tristeza. 

Por su parte Julián Hernández, de la Universidad de California, dice que lo mejor que se puede hacer cuando enfrentamos sentimientos como los anteriores es liberarlos compartiéndolos con otros, y por lo tanto desahogarnos y expulsarlos. La meditación también es muy útil. 

No se trata de negar cualquier estímulo emocional difícil, pues la vida puede ser agridulce y esos sentimientos pueden incluso sacar cosas muy buenas de ti; de lo que se trata es de evitar que esos sentimientos se aniden en tu ser por mucho tiempo.



Lee las emociones de una persona por el color de su rostro (ESTUDIO)

El flujo sanguíneo genera colores en el rostro, los cuales son capaces de modificar la manera en la que percibes a los otros (y en la que te perciben a ti).

La sangre es un tejido cuya función es circular por todo el cuerpo para transportar nutrientes y defendernos ante las infecciones, entre otras cosas. También llega hasta nuestro rostro: ahí, y dependiendo su flujo, puede delatar nuestras emociones.

De acuerdo con un grupo de científicos cognitivos de la Universidad Estatal de Ohio, los cambios leves en el flujo sanguíneo son elementos clave para interpretar las emociones de otra persona: no es necesario fijarse en la expresión ni en ninguna otra modificación en el rostro, pues el color de éste es suficiente para saber el estado de ánimo de los otros con una precisión de hasta un 75%, según comprobaron en un estudio.

Esto ocurre porque cada emoción genera un patrón único de colores en el rostro, como probaron los investigadores a través del análisis por computadora en sujetos que experimentaban felicidad, tristeza o enojo. Luego, estos colores fueron sobrepuestos en fotos de rostros con expresiones neutrales y las fotos fueron presentadas a 20 participantes: la mayoría de éstos pudieron adivinar fácilmente las emociones de las personas fotografiadas.

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Foto: Universidad Estatal de Ohio

Más aún: cuando ciertos colores eran sobrepuestos a expresiones que no les correspondían, los participantes podían notar que algo no concordaba.

Según Aleix Martínez, profesor de ingeniería eléctrica y computacional:

Toques de rojo, verde, azul y amarillo caracterizan cada emoción, sólo que en distintas cantidades y diversas áreas alrededor del rostro.

Pareciera que esta es una reminiscencia moderna de la vieja teoría de los cuatro humores, adoptada por filósofos y médicos de antiguas civilizaciones occidentales. Para ellos, cuatro sustancias básicas conformaban las emociones humanas: una de ellas era la sangre. Y aunque estos antiguos médicos asociaban estos equilibrios líquidos entre cuerpo y mente sólo con la dieta y la actividad física, hoy podemos ver que efectivamente existe un equilibrio entre nuestro cuerpo y mente, similar en esencia al que ellos planteaban.

Sólo que, según las indagaciones de la ciencia cognitiva y la neurología, los cambios en las emociones corresponden a cambios en el sistema nervioso central, mismo que modifica el flujo sanguíneo que “colorea” nuestras emociones. Esto significa un vínculo de nuestro organismo con el cerebro más profundo de lo que jamás imaginaron los médicos de la antigüedad: una conexión que de hecho es saludable trabajar, pues es parte fundamental de nuestro equilibrio.

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Cabe mencionar que este flujo sanguíneo que colorea nuestro rostro implica una forma de comunicación que no ha sido estudiada a fondo, pero que podría haber sido esencial en algún momento de la evolución humana, antes de la lenta invención de las lenguas. Si no, se preguntan los científicos, ¿para que tendríamos todos esos vasos sanguíneos en la cara, tan cercanos a la superficie de la piel? Parece ser que una de sus funciones principales es transmitir nuestras emociones.

Lo fascinante es que actualmente este curioso mecanismo parece seguir determinando mucho de cómo percibimos a los demás, pues aunque podamos fingir una expresión, no podemos controlar el color que nuestro flujo sanguíneo le da a nuestro rostro, algo que es perceptible y habla de cómo nos sentimos.

 

*Imagen principal:  Heitor Magno



Miles de personas podrían evitar el cáncer con sólo cambiar sus hábitos, según nuevo estudio

Antes que vernos obligados a afrontar el cáncer, podríamos evitarlo. Un estudio reciente, publicado en el ‘International Journal of Cancer’, recomienda cómo hacerlo.

El cáncer es la peste moderna. Ha ocasionado millones de muertes y, se espera, causará muchas más en los años próximos. Debido a que se trata de un padecimiento que tiene diferentes tipos, en muchos casos resulta difícil desarrollar curas eficaces. De ahí que este fenómeno de la modernidad haya llevado a la comunidad científica a pensar en la necesidad de encontrar cómo prevenirlo, algo que podría funcionar mucho mejor, en vez de sentarse a observar cómo incrementa la tasa de personas que lidian con la enfermedad para sobrevivir.

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Científicos del Berghofer Medical Research Institute realizaron una investigación en Australia, con la cual determinaron que el  40% de las personas que fueron invadidas por diversos tipos de cáncer y fallecieron lo pudieron haber evitado con sólo cambiar algunos hábitos.

Más aún, esta investigación —publicada en el International Journal of Cancer— explicita también cómo muchos casos de cáncer podrían evitarse. No obstante, antes de cambiar de hábitos para prevenir esta enfermedad, hay que saber bajo qué condiciones se encuentra nuestro estilo de vida, pero sobre todo, qué es lo que ocasiona el cáncer.

 

El fenómeno del cáncer

En América Latina, 550,000 personas murieron tan sólo en el 2012 a causa de esta enfermedad. Esta cifra ha seguido en aumento, a tal grado que se espera que para el 2030 aumente el número de pacientes en 106%Así lo indicó un estudio de la Unidad de Inteligencia de The Economist, el cual también da un panorama sobre la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran los habitantes del continente, debido a los recursos insuficientes para dar seguimiento al tratamiento del cáncer.

En esta investigación se señala que la desigualdad es “la pesadilla del control del cáncer en América Latina”. Ello hace aún más importante evitar la enfermedad, antes que sólo combatirla.

 

Pero, ¿qué factores nos ponen en riesgo de desarrollar cáncer?

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Según la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC):

Un 40% de los cánceres se deben a la acción de agentes externos que actúan sobre el organismo.

Fumar, tomar alcohol y tener una mala dieta son factores determinantes. Pero según el National Cancer Institute, otro factor de riesgo son los celulares y las ondas producidas por tecnologías como los rayos X y los microondas. Dependiendo su frecuencia, este tipo de aparatos pueden alterar nuestro organismo, ya que el cuerpo la absorbe.

No obstante, el vínculo entre las ondas de radio y el cáncer aún no ha sido comprendido por completo. Pero arroja una hipótesis interesante: que los objetos con los que convivimos a diario puedan acrecentar la posibilidad de desarrollar cáncer.

Hasta hace unas pocas décadas no nos relacionábamos como hoy con tantos tipos de productos, muchos de los cuales, con el tiempo, han demostrado su toxicidad. El asbesto es un buen ejemplo de ello; un material que fue usado para construir cañerías y que ahora se sabe que es cancerígeno.

El llamado de estudios de gran importancia como el publicado por el International Journal of Cancer es claro: si la enfermedad es cada vez más invasiva en las sociedades contemporáneas, hay que prevenirse.

 

¿Cómo? Algunos de estos consejos son obvios. Otros pueden sorprenderte:

  1. Evita fumar.
  2. No tomes en exceso.
  3. Evita las bebidas muy calientes.
  4. ¡Medita! O haz yoga. El estrés produce cáncer. Te compartimos aquí los beneficios de la meditación según la ciencia.
  5. Toma vino moderadamente, adereza con jengibre e ingiere estos otros cinco alimentos.
  6. Evita alimentos como harinas refinadas, azúcar artificial, productos transgénicos, carnes procesadas y una lista de muchos más que puedes checar en este enlace.
  7. Asegúrate de vivir en un lugar que no esté rodeado de actividades tóxicas, como el fracking.
  8. Investiga si estás expuesto a altos niveles de radiación en tu casa. En caso de que así sea, haz algo para evitarlo.
  9. También evita el abuso del celular y otras tecnologías. Quizás aún no está comprobado que éstas propicien el cáncer, pero será menos riesgoso y más provechoso leer un libro o utilizar tu tiempo libre en otros pasatiempos.
  10. Protégete del Sol y evita exponerte a él por tiempo prolongado.
  11. Vacuna a tus hijos contra la hepatitis B y, especialmente a las niñas, contra el virus de papiloma humano.
  12. Consume maíz nativo (y aléjate de los transgénicos, cuyo sinónimo es “cancerígeno”).
  13. Y lo más importante: vive con una dieta balanceada, así evitarás llevar esta y otras enfermedades más en tu ADN.