Crecen argumentos ambientalistas contra la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad de México

La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad ha hecho un análisis que pone en entredicho la “sustentabilidad” del proyecto

En México una iniciativa reciente, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, ha estado publicando posicionamientos y estudios en torno a distintos temas que causan polémica por sus repercusiones ambientales. Su tópico más recurrente ha sido la defensa del maíz endémico en la lucha contra el transgénico; sin embargo, su defensa por el medio ambiente se extiende significativamente a otros estudios. 

Para que el conocimiento científico no se quede únicamente en la esfera académica, la UCCS busca informar a la sociedad de los temas que afectan a partir de información científica confiable y no meramente con posicionamientos ideológicos; una iniciativa que hacía falta en México, justo por el notable distanciamiento existente entre la academia y la sociedad. 

Por todo lo anterior, un nuevo análisis de la UCCS ha advertido de los estragos que causaría el nuevo aeropuerto de la ciudad de México, que ha sido anunciado por el gobierno federal como una panacea al problema del tráfico aéreo, sobrepasado en el antiguo aeropuerto. Aunque el proyecto se ha anunciado como una idea completamente sustentable, el lugar donde sería ubicado el proyecto estaría situado en una Zona Protegida y las secuelas serían importantes. 

Cuando el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto anunció el proyecto, algunos especialistas habían señalado al menos seis adversidades para el medio ambiente; hoy se suman los argumentos publicados con la UCCS (por cierto, una agrupación que ha venido aumentando su legitimidad): 

1. El proyecto contempla la siembra de 264 mil 534 individuos de especies exóticas invasoras de árboles como una de las principales medidas de compensación. Las especies del género Tamarix (cedro salado) son consideradas por la CONANP como una de las principales amenazas para la flora y fauna a nivel nacional.

2. La construcción del proyecto viola el Plan Regional de Desarrollo Urbano del Valle Cuautitlán–Texcoco.

3. El proyecto se pretende construir en la zona con mayor vulnerabilidad y omite la presentación de Estudios de Riesgo Ambiental asociados a la posibilidad de inundaciones ante eventos hidrometeorológicos.

4. No existen elementos técnicos para asegurar que las obras hidráulicas que supuestamente desviarán los escurrimientos sean suficientes para evitar las inundaciones en la zona del proyecto y en las zonas aledañas.

5. El proyecto pretende duplicar y mejorar la cantidad y calidad de los humedales; sin embargo, no se presenta ningún tipo de información sobre cómo se crearán y mantendrán estos nuevos cuerpos de agua.

6. No existen escenarios hídricos que permitan evaluar la factibilidad del recurso dentro de la red municipal de agua potable en cada una de las etapas del proyecto.

7. El proyecto omite por completo la estimación del uso de agua de la Aerotrópolis, una zona urbanizable en la que trabajarán de manera regular 180 mil personas. Esto supone un gasto adicional de 23.6 millones de metros cúbicos de agua al año, lo cual sería una enorme presión para el recurso hídrico de la región.

8. Los elementos técnicos para evaluar el impacto que sufrirán las aves son completamente deficientes: omiten información deliberadamente, no se cuenta con un programa adecuado para el manejo de la ornitofauna, se minimiza el riesgo por colisión entre las aves y las aeronaves y se proponen acciones incorrectas e injustificadas.

9. El estudio de riesgo referente al resguardo y manipulación de los combustibles subestima los riesgos asociados con eventos catastróficos.



Impacto del programa de compensación de flora en NAICM

Algunas de las especies que se plantarán en la zona de construcción del NAICM podrían afectar el ecosistema de forma irreversible.

*Por: Kyria Alexa Valladares Rodríguez

El ex-Lago de Texcoco pertenece a un sistema de lagos localizados en la Cuenca de México.  El ex-Lago de Texcoco representa una parte fundamental del sistema y funcionamiento hidrológico de la región, sobre el cual se fundó Tenochtitlan, para posteriormente ser la Ciudad de México (Cruickshank, 2010). Los suelos del ex-Lago de Texcoco son de origen aluvial-lacustre, los cuales se formaron a partir de la alteración de rocas ígneas (Gutiérrez, 1987). La vegetación de la microcuenca del ex-Lago de Texcoco está compuesta en su mayoría por pastizal inducido (12,809.46 hectáreas), bosque de pino (5,901.94 hectáreas) y encino (7,252.66 hectáreas), agricultura temporal (52,209.74 hectáreas), de riego (26,363.70 hectáreas), y matorral Crasicaule (3,398.46 hectáreas).

Históricamente, el ex-Lago de Texcoco ha estado relacionado íntimamente con las actividades diarias de los habitantes de la zona, que si bien, el agua no fue utilizada para consumo humano por su salinidad, sí fue aprovechada para el desarrollo de diversas actividades económicas, lo que ha provocado que el estado del lago se transforme drásticamente por las malas técnicas de aprovechamiento de recursos. Un claro ejemplo de esto, es la desecación del lago y el aumento de la salinidad, lo que provocó la disminución y pérdida de un gran número de especies vegetales y animales nativas. Al reducirse la extensión del lago, la fauna acuática y vegetación nativa (después de sufrir una reducción  poblacional) pasaron por un proceso de sustitución de especies a tal punto que los árboles de la familia Salix sp. (sauce) han sido desplazadas para dar paso a otras especies como Eucaliptus sp. (eucalipto), Schinus molle (pirul) y Pinus sp. (pino) (Matamoros y Cervantes, 1992), lo cual puede traer desequilibrios ecológicos que provocarán problemas a la larga los cuales pueden resultar difíciles o imposibles de revertir.

Por ejemplo, el eucalipto es una especie invasora que secreta metabolitos secundarios que impiden el desarrollo óptimo de especies vegetales aledañas, tienen una gran capacidad de absorción de agua. Además, las ramas se quiebran con facilidad, aumentando el riesgo de que ocurran accidentes.

En la Manifestación de Impacto Ambiental del NAICM realizada por los encargados del proyecto, se encontraron aproximadamente 24 especies vegetales, entre las cuales están: Distichlis spicata (pasto salado), Sporobolus pyramidatus (liendrilla o cola de zorro), Paspalum vigatum (cebadilla), Tamarix chinesis y Thamarix aphylla, Eragrostis  obtusiflora (zacahuixtle), algunas  herbáceas  anuales  como  Sonchus  oleraceus  (lechuguilla espinosa) y Kochia scoparia (artemisa roja) (Córdova-Tapia et al., 2015).

Thamarix es una planta proveniente de Asia, del noroeste y norte de India.  Tiende a posicionarse de forma densa y de manera casi mono-específica, desplazando a especies nativas. Las semillas son papiláceas y se dispersan muy fácilmente con el viento, pero son viables solamente durante algunas semanas, lo cual, aunado a algunas ventajas fisiológicas, eleva el potencial invasivo (Griffin et al., 1989). Además, sus raíces crecen a gran profundidad, incluso pueden llegar a niveles freáticos y en los bosques maduros, Thamarix sp. tiene una alta tasa de evapotranspiración, lo que impide que otras especies accedan al agua. Sus hojas almacenan un excedente de sal hasta que caen, al acumularse en el suelo, aumenta por consiguiente su salinidad, impidiendo la germinación y crecimiento de especies vegetales nativas. Las hojas muertas acumuladas en el suelo son muy inflamables, aumentando la probabilidad de incendios. En general, la invasión de Thamarix sp. provoca cambios profundos en la dinámica del agua y en la dinámica biológica (Conanp, 2009).

El programa de mitigación de daño ambiental del NAICM plantea sembrar 134,011.22 individuos de Tamarix aphylla, 125,290.09 individuos de Tamarix chinensis, 4,070.17 individuos de Lycium sp., 1,163.13 individuos de Casuarina equisetifolia y 290.13 individuos de Opuntia streptacantha (UCCS, 2015) en las inmediaciones de la construcción. Las especies vegetales mencionadas resultarían plantas exóticas en los ecosistemas de la microcuenca del ex-Lago de Texcoco. El establecimiento de plantas exóticas puede provocar perturbaciones en el sistema biológico, pero al no ser sistemas cerrados y contar con vectores que conectan ecosistemas no contiguos, hay un riesgo de perturbación a otros ecosistemas con los que pareciera no tener relación, pudiendo tener consecuencias más grandes a las imaginadas y en ocasiones, hasta irreversibles.

Por lo anterior, considero que el programa de compensación ambiental no está bien planificado, no se realizó por expertos en el tema y no se realizaron los análisis correspondientes, ni con el tiempo ni la precisión necesarios.  Se planea la siembra de especies exóticas como principal medida al daño a la flora, lo cual, es altamente alarmante por las posibles consecuencias a mediano y largo plazo en la dinámica de los diversos ecosistemas en los que se piensa aplicar el programa, además de las posibles afecciones a los ecosistemas aledaños.

El proyecto NAICM es un ejemplo de los signos de la crisis ambiental en la que vivimos, el proyecto responde a formas específicas de desarrollo socioeconómico, las cuales son fundadas en la apropiación de la naturaleza con una racionalidad económica y tecnológica (Anta et al., 2006) que beneficia intereses particulares a corto plazo y dañino e irremediable a corto, mediano y largo plazo para la sociedad y los ecosistemas.

Referencias

Anta F. S., M.A.V. Arreola y O.M.A. González. 2006. Ordenamiento ecológico territorial comunitario: un debate de la sociedad civil hacia la construcción de políticas públicas. Instituto Nacional de Ecología y Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Ciudad de México, México.

Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. 2009. Diagnóstico de especies invasoras (EI) y sus efectos en las Áreas Naturales Protegidas de competencia federal.

Córdova-Tapia, F., A. Straffon-Díaz, G.A. Ortiz-Haro, K. Levy-Gálvez, O. Arellano-Aguilar, C. Ayala-Azcárraga, L. Zambrano, D.J. Sánchez-Ochoa y S.D. Acosta-Sinencio. 2015. Análisis del resolutivo SGPA/DGIRA/DG/09965 del proyecto “Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, S. A. de C. V.” MIA-15EM2014V0044. Grupo de Análisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad. México, 25 pp.

Cruickshank, G. 2010. Restauración en el Lago de Texcoco. Recuperado desde: http://www.biodiversidad.gob.mx/pais/cien_casos/pdf/cap63.pdf

Griffin G., S. Stafford y N. Preece. 1989. Status and implications of the invasion of Tamarisk (Tamarix aphylla) on the Finke River, Northern Territory, Australia. Journal of Environmental Management, 29(4): 297-315.

Gutiérrez, C.M. 1987. Los suelos de la ribera del ex-Lago de Texcoco. Macro y micromorfología. Tesis de Doctorado. Colegio de Postgraduados, Montecillo, México.

Matamoros, T.J. y F.A. Cervantes. 1992. Alimentos de los roedores Microtus mexicanusReithrodontomys megalotis y Peromyscus maniculatus del ex-Lago de Texcoco, México. Anales del Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, 63(1): 135-144.

Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad 2015. Análisis del resolutivo SGPA/DGIRA/DG/09965 del proyecto “Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, S. A. de C. V.” MIA- 15EM2014V0044, México.

 

*Fotografías: 1) Naturalista.mx; 4) RT

 

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


Despojo de nuestro pasado: una razón más para cuestionar la construcción del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México

El patrimonio arqueológico del ex lago de Texcoco peligra con la implementación de este megaproyecto.

*Por: Sofía Enrigue

 

Durante la época de la conquista, en México se construyeron iglesias sobre edificaciones prehispánicas que tenían un carácter sagrado para las antiguas civilizaciones, como parte de la labor evangelizadora de la religión católica hacia los mexicas. Hoy en día sucede algo similar, esta vez bajo el estandarte del desarrollo: se devastan ecosistemas, se desplazan comunidades y se destruyen zonas arqueológicas. Esta palabra, desarrollo, parece haber permeado en todos los discursos políticos sin ningún tipo de cuestionamiento sobre lo que realmente significa. Nos limitamos a pensarla como un crecimiento meramente económico dejando de lado el principio de equilibrio entre economía, sociedad y medioambiente. Bajo esta idea de desarrollo económico se aprobó la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), que se está edificando sobre una región del ex lago de Texcoco que abarca los municipios de Texcoco, Atenco y Ecatepec, un área llena de riqueza ecológica, cultural y arqueológica. Los argumentos presentados en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) por los promoventes del aeropuerto, contienen una serie de deficiencias que ponen en tela de juicio la resolución favorable otorgada para la implementación de dicho megaproyecto.

INAH                                                                                                                                                                                                 

Sobre lo que concierne a nuestro patrimonio arqueológico, en la MIA se establece que habrá afectación de dicho acervo en la región, pero que se están llevando a cabo las medidas necesarias para contener esos riesgos a través de estudios prospectivos y de rescate de vestigios arqueológicos por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Los promoventes del megaproyecto afirman que “por tratarse de un punto que antiguamente fue un lago, no se espera que en el sitio del Proyecto se encuentren monumentos o construcciones de importancia”. Sin embargo, Luis Morett, investigador de la Universidad Autónoma Chapingo, junto con Jeffrey Parsons, de la Universidad de Chicago, asegura que:

es una de las regiones menos estudiadas de la cuenca de México, pero una de las que mayor potencial arqueológico y paleontológico tiene, ya que se han identificado 28 sitios arqueológicos y 270 puntos con vestigios prehispánicos.

(Parsons y Morett, 2004)

En un reporte de la Universidad Autónoma de Nuevo León se mencionan los siguientes criterios detectados en la zona del proyecto del NAICM, por los cuales se le define como zona de interés arqueológico:

  • Existe concentración de materiales arqueológicos en áreas reducidas.

  • Existen elevaciones naturales utilizadas como campamentos estacionales donde se efectuaban diversas actividades relacionadas con la caza, pesca y producción de sal.

  • Se han detectado zonas especiales donde se hacían ritos y ceremonias practicados por los habitantes de las poblaciones prehispánicas cercanas a los cerros que rodean el lago de Texcoco.

  • Se han encontrado por lo menos dos asentamientos con presencia de ofrendas.

En diversos artículos se ha hecho referencia a Morett, quien afirma que de ser profundamente explorada, en esta región se puede encontrar información sobre la antigua explotación de sal y restos arqueológicos del sistema hidráulico que regula los niveles de agua en toda la zona lacustre y gracias al cual, afirma, fue posible la construcción y el uso del cultivo en chinampas en el lago Chalco-Xochimilco. Por otro lado, la vasija de obsidiana con forma de mono, una de las piezas más emblemáticas del Museo Nacional de Antropología e Historia, fue encontrada en Texcoco, y aunque no sé conoce el sitio exacto, representa una muestra más de la riqueza de vestigios arqueológicos de dicha región (Walsh, 2004). Y no sólo eso, se han encontrado restos de fauna y esqueletos humanos prehistóricos, entre ellos los restos de cinco mamuts, y “El hombre de Tepexpan”, esqueleto de 7,000 años de antigüedad, considerado el más antiguo de América Latina en la fecha de su descubrimiento (De Terra, 1947).

Estos vestigios representan hallazgos de gran interés para realizar estudios de paleontología y evolución.

Por otro lado, arqueólogos que se dedican a hacer proyectos de salvamento con el INAH, mencionaron en una entrevista con Contralínea (Mendoza, 2015) que los estudios de prospección arqueológica descritos en los reportes de las excavaciones fueron realizados de forma muy superficial. Por lo tanto, reprochan que no se hayan utilizado herramientas geofísicas con las que cuenta el INAH, gracias a las cuales se puede explorar a profundidades de 12 a 20 metros sin necesidad de hacer excavaciones. El artículo 2o de la Ley Orgánica del Instituto Nacional de Antropología e Historia, establece que:

Son objetivos generales del Instituto Nacional de Antropología e Historia la investigación científica sobre antropología e historia relacionada principalmente con la población del país y con la conservación y restauración del patrimonio cultural arqueológico e histórico, así como el paleontológico; la protección, conservación, restauración y recuperación de ese patrimonio y la promoción y difusión de las materias y actividades que son de la competencia del instituto.

Es preocupante que los estudios de prospección no se hayan realizado de manera exhaustiva, ya que los arqueólogos prevén que la mayoría de los vestigios arqueológicos aparezcan mientras se lleven a cabo las excavaciones, haciendo imposible su recuperación y salvamento. Para dicho caso se debería tomar en cuenta que el artículo 52 de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas establece que a “quien por cualquier medio dañe, altere o destruya un monumento arqueológico, artístico o histórico, se le impondrá prisión de 3 a 10 años y multa hasta por el valor del daño causado”.

                             El País                                                                                                                                                                                        

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, ha resaltado la importancia de preservar tanto el patrimonio natural como el patrimonio cultural, señalando a este último como una pieza fundamental para el desarrollo sostenible de los países, comunidades y pueblos. No es responsable mirar hacia el futuro sin tener conocimiento y aprendizaje del pasado. La construcción del NAICM no es el único caso de la constante devastación y despojo que ha sufrido México de su patrimonio cultural autóctono. Centros comerciales, viviendas, carreteras y obras de transporte público son otros de los ejemplos de megaproyectos que han hecho de nuestro acervo arqueológico y paleontológico un acervo vulnerable y poco protegido. La destrucción de los restos de nuestro pasado se traduce en la imposibilidad de poder apreciar y difundir nuestro patrimonio cultural a futuras generaciones.

Por lo tanto, la aprobación del proyecto del NAICM, a pesar de la destrucción deliberada de nuestro patrimonio arqueológico, y de los gravísimos daños sociales y ambientales que provoca, representa una razón más para cuestionar, enfrentar y debatir las decisiones de nuestros gobernantes.

 

Referencias

De Terra, H. (1947). New evidence for the antiquity of early man in Mexico. Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, 8: 69–88.

Mendoza, E. (2015). Nuevo aeropuerto arrasará zona arqueológica. Contralínea, 427. Recuperado el 20 de junio de 2017 de: http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2015/03/08/nuevo-aeropuerto-arrasara-zona-arqueologica/.

Parsons, J. R. y Morett L. (2004). Recursos acuáticos en la subsistencia azteca: Cazadores, pescadores, y recolectores. Arqueología Mexicana, 12(8):38–43.

Walsh, J. M. (2004). La vasija de obsidiana de Texcoco. Arqueología Mexicana, 70: 66-67.

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.