Crean una maceta inteligente que detecta las necesidades de cada planta

Sus sensores detectan si a la planta le hace falta agua, luz o fertilizante, y se encarga de regarla hasta por 1 mes

La tecnología está permeando cada aspecto de la vida humana, en ocasiones benéficamente y en otras con implicaciones nocivas. En el campo de la la jardinería, los avances tecnológicos han llegado a niveles insospechados, como lo prueba la nueva “maceta inteligente” desarrollada por la compañía francesa Parrot. 

La maceta fue expuesta recientemente en el Salón  Internacional de Electrónica de Las Vegas, y este año saldrá a la venta. Entre las facultades de esta maceta inteligente está el hecho de que cuenta con sensores que miden la luz, humedad, temperatura y el nivel de fertilizante para determinar si las plantas están recibiéndolos en cantidades adecuadas.

En caso de que la planta necesite mayores cantidades de las anteriores condiciones, la maceta envía al dueño notificaciones a través de una aplicación llamada Flower Power, disponible en aparatos móviles de Apple, Android y Windows.

La maceta también tiene la capacidad de almacenamiento de agua para regar la planta hasta por 1 mes; así, en este rubro, el dispositivo irriga automáticamente. 

La firma Parrot es conocida hasta hoy por la creación de drones y sistemas de comunicación que vigilan que los cultivos tengan suficiente fertilizante. La maceta inteligente es uno de los primeros avances tecnológicos de jardinería hechos para pequeña escala, en una búsqueda por también incentivar la creación de espacios verdes por parte de aquellas personas que no cuentan con el tiempo suficiente para cuidarlos. 



Sembrar nuevos hábitos es como el arte de la jardinería

Pareciera imposible lograr que un nuevo hábito florezca y perdure, pero con o sin inspiración, no te rindas; puedes utilizar la metáfora de la jardinería para empezar por sembrarlos.

Despiertas una mañana radiante con una motivación apasionada para empezar nuevas cosas, pero antes de que termine la semana decayó tu entusiasmo por completo. ¿Te ha pasado? A todos; por eso, no deberías rendirte. Inculcarnos nuevos hábitos es como el arte de la jardinería. No basta con tener la semilla: si no estás fijando un propósito en la colocación, perderás muchas semillas buenas; si sólo arrojas semillas en una pila aleatoria de tierra, estás dejando que la suerte te dé sólo un par de plantas decentes.

 

La motivación es voluble

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Fotografía: Sanja Marusic

A veces parece imposible lograr que un nuevo hábito perdure. Desanimarse puede ser una manera de justificarse; mantener la motivación propia es la verdadera “maña”, el arte que requiere este asunto.

Quieres evolucionar, ponerte aprueba, actualizarte, aprender… desaprender vicios o arrancarte malos hábitos; es decir, te mueve el propósito de crecer. Para ello te has inscrito en clases de idiomas nórdicos, un curso de cocina toscana, un taller de dibujo, un curso sobre historia del arte, un club de bici de montaña, o de plano, comenzar una nueva carrera en una universidad extranjera.

 

Momentos rutinarios de un hombre heroico o una mujer épica

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El día 1, en tu nuevo plan te sientes un hombre heroico, una mujer épica. A veces, antes de la segunda sesión, de la semana 3 de tu plan maestro de nuevos alcances, ya eres un náufrago a la deriva. ¿Qué se hace? ¿Cómo mantener el barco a flote? Bueno, lo primero: con o sin inspiración atiende a tu cita, tu clase, la pista para correr, vuelve al libro de 800 páginas que comenzaste.

Fácil de decir, difícil de llevar a cabo. Especialmente si no se acepta que, mal que bien, la mayoría de los días son algo rutinarios, incluso aburridos.

La motivación es voluble, temporal; si sólo te atienes a ella, tus metas quedan a merced del viento o un cambio de humor. Incluso en un mismo día los niveles de motivación se ganan, se pierden… El número de horas que dormimos, si comimos algo irritante o si bloquearon una avenida, entre miles de posibilidades o situaciones que a veces ni siquiera podemos controlar, afectarán la potencia de la motivación.

 

Honestidad = comienzo sólido

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Conviene preguntarse lo siguiente: ¿en qué momento de tu rutina diaria estás tratando de plantar un nuevo hábito? Si te descuidas sobre este punto, puedes desperdiciar muchas semillas y volver a quedar atrapado en el círculo vicioso de los “nuevos propósitos que nunca se cumplen”. Las semillas germinan en una tierra robusta, nutrida; igualmente influye lo que haces antes y después de ese nuevo aprendizaje que has comenzado. Si puedes reconocer y administrar los momentos del día en que tienes más energía y en los que sientes fatiga, vas por buen camino; si quieres un nuevo comienzo sólido, sé honesto y algo intuitivo para encontrar cuál es el mejor momento para que ese hábito prospere.

Una vez definido el dónde y cuándo, pasemos a las recompensas. Completar una tarea requiere celebrarse. Sé creativo con el tipo de recompensa; esto no va ligado a hacer gastos. Ve tu serie favorita hasta que regreses del gimnasio, o invierte en una app donde puedas practicar con alguien, en tiempo real, el nuevo idioma que estás aprendiendo. La recompensa tiene que ser planeada, descrita, específica, no improvises cada día alguna ocurrencia.

Los ciclos motivacionales requieren un disparador, o más de uno. Recompensarte por cumplir tu nuevo esquema y atender al nuevo horario es estratégico. Entonces, escoge un hábito bien arraigado; por ejemplo, si disfrutas muchísimo tomar una taza de café al despertar y te has propuesto escribir y empezar un blog, proponte no dar un trago al café hasta no tener un primer renglón de algo escrito. Este sistema parece algo mínimo, pero te sorprenderá lo bien que funciona. Crear asociaciones positivas es simple, pero hay que empezar por algún lado.

 

Los cambios tienen un propósito: endulzarte el alma

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Algo que ya haces de forma habitual y disfrutas será un recordatorio garantizado. Afianza tu propósito a un disparador, a un estímulo… a partir de ahí, que tu nuevo hábito forme parte de tu rutina no estará demasiado lejos.

Haz un plan y síguelo, pero si no lo sigues al pie de la letra no te recrimines. Haz un pacto: si no pudiste ir a la clase de yoga, haz al menos 10 minutos de algunas posturas en tu casa; si vas a romper la dieta come sólo un poco de helado, no 1 litro entero. Esto entrena, aunque no lo creas; te hace ser más consecuente y realista con tus metas, en vez de permanecer en el tren mental de “Todo o nada… Blanco o negro”.

Para plantar un nuevo hábito necesitas las condiciones y el ecosistema correctos. Encuentra el rinconcito ideal donde verlo crecer, las horas óptimas, el “punto de turrón” de un logro que no sólo te discipline, sino que te endulce el alma.



¿Cuánto, cuándo y cómo regar tus suculentas? Descúbrelo con estos pasos

Piden poca agua pero aprende a conocer las tuyas para que las mantengas magníficas y sanas.

Las plantas suculentas, estas especies que almacenan en sus hojas y tallos grandes cantidades de agua, y que por  tanto dan la sensación de ser plantas en 3D o alconchonadas bondades para la vista, son muy populares. Sobre todo los cactus pero también las de hojas gruesas que parecieran de cuentos de hadas son cada vez más comunes.

Son excelentes por que por sus mismas propiedades de almacenamiento de agua son muy duraderas y requieren poco cuidado, dándote además de una estética muy especial. Puedes cultivarlas en sitios donde les de mucho el sol y no habrá problema, o bien en interiores.

El sitio especializado en plantas suculentas Suculentasandshunshine nos hace algunas recomendaciones para regar este tipo de especies de la mejor manera posible.

Aquí sus consejos:

 

¿Cuán seguido y con cuánta agua debo regar mis suculentas?

Si tus suculentas están en interiores puedes regarlas todos los días humedeciendo el agua hasta el tope. Puedes notar que a tus suculentas les hace falta agua cuando sus tallos parecen débiles.Recuerda que sus tallos deben estar regordetes, al igual que sus hojas.

Si tus suculentas están en el exterior riégalas cada 3 o 4 días en una maceta que tenga agujeros para drenarse. En realidad cada suculenta necesita agua dependiendo su ambiente.

Si por ejemplo en el aire de una zona geográfica hay más humedad que en otra, entonces necesitará mucho menos agua. Revisa tus suculentas cada dos días y tú mismo ve decidiendo el agua que necesitan conforme las veas; la clave está en que una suculenta sana siempre se verá pachoncita tanto sus hojas como tallos serán tus indicadores.

 

Así se ve tu suculenta cuando tiene demasiada agua

Las hojas y tallo se hacen aguados. Las hojas se van haciendo también más traslúcidas.

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Así se ve cuando le hace falta agua

Hojas secas y con como moretones.

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