5 principios para simplificar tu vida (vive más sustentable y responsablemente)

Convertirte en una persona más saludable y amigable con el medio ambiente es más sencillo de lo que imaginas

 

En la última década afortunadamente se ha registrado una aceleración de la conciencia alrededor de nuestros hábitos y prácticas cotidianas, tanto de manera individual como colectiva. Y con esto nos hemos dado cuenta que muchos de estos son innecesarios, insostenibles, poco saludables y, en resumen, ridículos –sí, aunque suene un tanto radical.

Para transformar estos viejos vicios se necesitan básicamente dos cosas: información y voluntad. Esta última, sobra decir, depende de cada quién. Pero en cuanto a la primera, existe hoy mucha información disponible vía diversos medios; sin embargo, a veces parece ser demasiada, tanto que incluso puede resultar confusa. Y precisamente por eso decidimos compartirte este sencillo listado para guiar un proceso de simplificación de tu vida, orientado a una existencia más saludable, sustentable y responsable:

Reduce tu consumo: sin poner en jaque tus comodidades, o al menos la mayoría de ellas, lo cierto es que con dedicar unos minutos a reflexionar en las cosas que consumes es muy probable que logres detectar entre un 20 y 40% de esas cosas como innecesarias y completamente dispensables (aun guardándote esos pequeños “lujos” o premios que todos, de vez en cuando, nos merecemos).

Reduce tu desecho: obviamente va de la mano con el principio anterior, pero si además de disminuir tu consumo recurres a prácticas como el reciclaje, la composta y regalar cosas aún servibles en lugar de tirarlas a la basura, entonces ya tendrás garantizada una reducción sustancial de tu desecho. 

Crece tu alimento: ¿sabías que con unos pocos metros de terraza, e incluso en balcones o interiores, puedes autoabastecerte de entre un 10 y 20% de tu alimento? Además, si quieres crecer una porción relativamente considerable de tu alimento, esto te obligará a imponerte una dieta más saludable, basada en frutas y vegetales. 

Reduce tu consumo de electricidad y agua: aquí no sólo puedes seguir un protocolo básico para reducir tu consumo de luz y agua; también puedes recurrir, por ejemplo, a la recolección de lluvia o complementar tu consumo eléctrico con fuentes alternativas, por ejemplo paneles solares o biodigestores. 

Procura un transporte más inteligente: y aquí no decimos sólo sustentable, ya que desplazarte en bicicleta, a pie o, en todo caso, privilegiar el transporte público sobre el automóvil, no sólo es mucho más amigable con el medio ambiente; en muchas ocasiones también es más práctico e incluso rápido. 

 



Una dosis de inspiración urbana: 3 proyectos que recuperaron el espacio público abandonado

Compartiendo sus conocimientos y voluntades, grupos de ingenieros, arquitectos y diseñadores recuperan espacios públicos.

Desde el Renacimiento, la idea de la “ciudad ideal” persiguió a los hombres de ciencia. Ayudándose de la sección de oro y la sabiduría de la naturaleza, estos construyeron portentos arquitectónicos y urbanistas en toda Italia. Ahora, el espacio urbano debe ser rediseñado con cautela, aplicando herramientas que ayuden a preservar la vida atendiendo siempre a la máxima calidad, armonía y equidad posible. 

 

Movidos por el espíritu de la transformación, arquitectos, ingenieros y diseñadores han mezclado sus talentos para dar forma a proyectos asombrosos en Estados Unidos. Muestra de ello es el trabajo de Mags Harries y Lajos Héder que, por medio de  paneles solares y un bello diseño, ensamblaron quince flores de metal en Austin, Texas. Los girasoles metálicos invitan a reflexionar sobre la conexión que reposa entre las energías naturales que son vitales para la vida y el desarrollo tecnológico. 

Actualmente existen planchas de pavimento sin utilizar que cubren grandes extensiones de tierra fértil. Pero esto no impide que la vida se abra paso entre las grietas, formando pequeñas islas de pasto y plantas, fenómeno que bien puede representar un deleite estético o fuente de inspiración. Valiéndose de la premisa de que el concreto y el asfalto no deben ser permanentes, Stacy Levy, en conjunto con Biohabits Inc., desarrolló el proyecto Dendritic Decay Garden, una serie de parques ecológicos creados en espacios abandonados que se revitalizan como sitios de esparcimiento, orientados a mantener fresca la conexión con la naturaleza. 

High Line, fundado en Nueva York en el 2009. Un grupo de diseñadores y los vecinos de la zona utilizaron la infraestructura ferroviaria abandonada en Manhattan como un parque a desnivel. Un hermoso cruce peatonal lleno de plantas y flores que se mezclan con la construcción original, un espacio perfecto para realizar eventos culturales al aire libre y afianzar los lazos de la comunidad. Los mismos habitantes de la zona se encargan ahora de su preservación.

Las voluntades aglutinadas con el fin de rescatar la importante conexión del hombre con la naturaleza son un ejemplo de belleza artística y creativa que mantiene viva la esperanza de ciudades mejores.



Qué es la resiliencia (y por qué hoy más que nunca importa que lo entiendas)

Este concepto puede hacerte redefinir tu vida.

La resiliencia es la gran prosa que cuenta la historia de la vida en la Tierra. Es una historia que aún no ve su fin: un proceso de desarrollo ininterrumpido. Se trata, a grandes rasgos, del proceso por excelencia de la vida y las posibilidades de su evolución a partir de la adaptación a todo cambio.

La resiliencia es una categoría científica y un concepto vivo (literalmente) hoy día, pues se encuentra asociada a la autorregulación, la supervivencia, la evolución y el equilibrio, palabras que acaso resuenan en el proceso de desarrollo de todo ser vivo.

 

Es decir que en cualquier forma de vida existe resiliencia, sólo que ésta puede variar en su magnitud y velocidad. No todos los organismos son iguales (por ejemplo una ciudad o una comunidad), pero todos tienen un cierto grado de resiliencia. 

Ejemplos de resiliencia en la naturaleza los tenemos también en:

  • La tierra, la cual vive procesos de erosión natural de los cuales se recupera.

Pero sólo el paso de la actividad humana la deja infértil para siempre.

  • Los manglares que proveen un flujo de recursos que sostienen la integridad del hábitat costero.

No obstante, su adaptación al agua y sus sales no será posible si el nivel del mar sigue creciendo como está creciendo.

  • La genética, que hace posible la diversidad faunística mediante la evolución.

Pero la caza de animales para confección de ropa y producción de alimentos, así como la invasión a sus hábitat, está promoviendo la extinción de muchos de ellos. 

¿De qué nos sirve saber esto?

La resiliencia es parte intrínseca de la vida y su desarrollo. Es también cuna de la biosidversidad y de sus ciclos:

 

Pero el concepto de resiliencia debe ser adaptado a las condiciones actuales. Hoy en día no se puede comprender el mundo sin entender sus alteraciones. La más grande de esas alteraciones… nosotros mismos. Los ecosistemas ya son, en gran medida, organismos socioecológicos, y viceversa: la sociedad es primigeniamente una suerte de ecosistema hiper-modificado.

Esta interacción entre humanos y ecosistemas es una relación compleja repleta de lazos, cual si fuera un tejido compacto. En ella, lo que predominan son los impactos humanos a factores muy sensibles de la naturaleza, es decir: a su resiliencia.

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Si la resiliencia es la posibilidad de aprender a vivir con el cambio y la incertidumbre, y es algo innato en todas las formas de vida, significa que nosotros también lo debemos poner en práctica, de manera consciente. Si lo hacemos, podemos evitar las principales consecuencias que tiene nuestro paso por la Tierra:

  • Reducción de la biodiversidad

  • Extinción de la fauna

  • Secamiento de lagunas

  • Erosión de la tierra

  • Cambio climático

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Debemos concentrar nuestros esfuerzos, entonces, a generar una vida lo más sustentable posible. Las actividades económicas son sostenibles solamente si los ecosistemas que soporten la vida (y de los cuales somos dependientes), tienen un adecuado nivel de resiliencia y no los perturbamos. Por eso, la resiliencia, la sustentabilidad y la vida van de la mano.

 

¿Por qué es importante?

Ser resilientes es volver a los principios de autorregulación y evolución naturales de la biósfera. Debemos entender que hay recursos finitos, o que pueden ser fácilmente perturbados, y que por ende debemos mimetizarnos con los patrones de la naturaleza, de otro modo. Nuestras sociedades deben ser más cercanas a los ecosistemas en su regulación, y menos disruptivos de la armonía de la Tierra; deben ser capaces de volcar su atención a las capacidades, valores y atributos positivos que como ser humano o sociedad poseen, y dejar las debilidades solo como objeto de estudio. 

Por eso el concepto de resiliencia es aplicable también en la psique; a los procesos a través de los cuales afrontamos los eventos traumáticos, como la muerte de un cercano. Esa resiliencia espiritual es difícil de obtener: puede llegarse a ella, por ejemplo, a través de la meditación. Pero también debe ir acompañada de un enfoque resiliente ecológico, pues de éste depende nuestra supervivencia. Ya que, si seguimos tomando de la naturaleza lo que no podemos restituir, será imposible llegar a cualquier grado de resiliencia, llámese espiritual o material.

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Es urgente comprender este concepto tan orgánico como vital, y sobre todo aplicarlo en nuestra praxis cotidiana. De ello depende la supervivencia de todas las especies del mundo, incluidos nosotros. Aprender algunas lecciones desde quienes se enfrentan constantemente a situaciones adversas, incluso a riesgos de extinción podría ser una buena forma de contribuir a fortalecernos como seres resilientes.

Es el caso de las comunidades indígenas, cuyas prácticas y forma de organización comunitaria son esencialmente resilientes y han logrado introducir su cultura primigenia en la vida contemporánea, que cada vez se aleja de esta riqueza y se acerca a una suerte de cultura global de poca profundidad, donde los valores y los hábitos esenciales para la supervivencia se ven diluidos por la capacidad de poder, y en suma se obtienen organismos sociales que desconocen su origen y el cómo se ha ido construyendo, teniendo por resultado que su capacidad de sobrevivir se reduzca al mínimo. 

Los seres resilientes deben tomar en cuenta a toda costa lo anterior: establecer sus propias reglas para no diluir los ingredientes que están reforzando su pervivencia (por ejemplo la cultura y la tradición para una sociedad), y entender que esta necesidad, la de entablar una conexión con el origen, debe obedecer a las necesidades mismas de la naturaleza, a sus ritmos. 

 

*Referencias: Al mal tiempo, buena resiliencia