Prueba estas ecogalletas hechas con el ingrediente de la temporada navideña: la avena

Existen múltiples maneras de integrar la avena a nuestras dietas, en especial en estas fechas de navideñas

La avena, deliciosa, saludable y accesible, es un ingrediente que cuenta con múltiples propiedades nutricionales, tales como fibra y beta-glucano, proteínas, grasas no-saturadas, Omega 6, vitaminas como B1, B2, B3, B5, B6 y E y minerales como sodio, potasio, calcio, fósforo, magnesio, hierro, cobre y zinc. Gracias a ello, la avena ayuda a reducir el colesterol perjudicial, regula el funcionamiento intestinal así como los ácidos biliares, y promueve los aminoácidos esenciales; tiene un efecto de saciedad y absorción lenta, por lo que es recomendada para dietas y en pacientes con diabetes.

Existen múltiples maneras de integrar la avena a nuestras dietas, en especial en estas fechas de navideñas. A la hora de compartir aperitivos, postres o simplemente un snack, puedes ofrecer unas deliciosas galletas de avena hechas con esta receta:

Ingredientes: 200gr de copos finos de avena (machacados), 200gr de harina integral, 200gr de azúcar de caña integral (u 8 cucharadas de jarabe de agave), 1 sobre de levadura (tipo Royal), 1 naranja (aprovecharemos el zumo y la piel), 120ml de aceite y 150gr de chocolate (o chocolate troceado).

Instrucciones: Precalienta el horno a unos 200°C. Mientras tanto mezcla la avena, la harina, la levadura, la rayadura de la naranja y el azúcar o agave. Después de lograr una mezcla homogénea, añade el zumo de la naranja y el aceite. A continuación incorpora el chocolate. Vuelve a mezclar todo.

Forma pequeñas bolitas del tamaño en que deseas las galletas, aplanándolas de manera uniforme. Conforme las vayamos formando, las depositamos en la bandeja anteriormente barnizada con aceite o mantequilla. Introduce las bandejas con las galletas en el horno, esperando a que se doren (alrededor de 15 minutos) y ¡listo!



Re-conoce tu organismo con la data sobre salud de la Web

En algún momento de la historia, la sociedad urbanizada perdimos los conocimientos básicos sobre la salud –el lenguaje de nuestro organismo–. La información compartida, tal vez sea un punto de retorno.

Conócete a ti mismo.

Aforismo griego

 

Con la llegada de internet y su extenso espacio de información disponible, las ciencias abrieron sus posibilidades de expansión. Hoy cualquier mente es una potencial productora de data, nueva o reinterpretada. Y aunque los especialistas juegan un papel relevante, millones de mentes están ahora en contacto con un compendio informativo, disponible para ser cotidianamente encausado. 

Históricamente, el mundo de la medicina, se ha construido con el análisis de información. ¿Qué fue lo que vivió un paciente, y qué pudo haberle causado tal reacción? los patrones, las semejanzas, son conjugadas para sugerir nuevos diagnósticos –y recordemos que la similitud de síntomas es el principal criterio para una prescripción médica. 

Los doctores han empleado por milenios el cruce analítico de datos para llegar a conclusiones sanitarias. Hoy que hay tanta información disponible en la web ¿cómo puede beneficiarse el mundo sanitario de ello? Sin duda, los doctores tienen acceso al análisis de millones de casos que podrían auxiliarlos en los suyos, pero, ¿y las personas comunes? 

Un problema originado por el estilo de vida, y también por la especialización, es que la mayoría de nosotros no tenemos siquiera los conocimientos básicos para entender cómo funciona nuestro organismo en un plano salud/enfermedad: síntomas básicos, reacciones, y tratamientos por molestias comunes.

Pero ahora con internet están disponibles bases de datos sobre miles de casos de personas que han pasado por tratamientos y enfermedades; ¿será que volveremos a familiarizarnos con la información básica de salud? Jonathann Bush, creador del libro Where Does it Hurt? An Enterpreneur’s Guide To Fixing Health Care, está convencido de que hay ahí una variedad de datos útiles para empresas de salud, y para millones de pacientes que pueden, con las preguntas necesarias, ayudar a sus médicos a que encuentren soluciones mucho más precisas y personalizadas.

El conocimiento de uno mismo está relacionado estrechamente no solo a la personalidad, sino a las características del cuerpo, a sus avisos sutiles de cuando algo está mal, o a ubicar sus agradecimientos cuando se encuentra en orden. La separación cultural entre nuestra mente y cuerpo se confirma justo en ese hueco cultural sobre el conocimiento de nuestro organismo. La información está ahí, lo que se requiere es la activación de un interés que nos devuelva la fascinación e inteligencia por comprender, una vez más, nuestro ser de manera integral.



Comer bien para evolucionar: sobre cómo las frutas y verduras podrían cambiar nuestro ADN

La oportunidad de hackear nuestro cuerpo (y realidad) se encuentra en tan sólo un bocado. 

Aunque no siempre lo llevamos a la práctica, sabemos bien que consumir productos orgánicos y balanceados tiene múltiples beneficios. Enterarse de cómo funciona esto en nuestro organismo a nivel molecular podría sorprender a cualquiera, y hacerle cuestionar radicalmente su dieta.

Diversos investigadores, como el doctor Milton Mills, así lo aseguran. Una dieta basada en frutas y verduras podría reducir significativamente el riesgo de enfermedades crónicas importantes, mismas que en la mayoría de los casos son hereditarias. Dicho de otra forma, estos alimentos podrían modificar nuestro ADN y darle una mejor calidad a nuestro cuerpo (y descendencia).

 

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La razón es que las verduras y frutas se caracterizan por poseer un alto contenido de fitonutrientes. Éstos son químicos producidos por las mismas plantas y frutas. El desarrollo de esta sustancia ayuda a protegerlas de los rayos UV e insectos. En el caso de los humanos, el consumo de los fitonutrientes es igual de beneficioso, e incluso más. Su ingesta contribuye a aumentar las defensas en las células, lo cual permite que éstas se recuperen de cualquier daño causado por un deterioro genético. De ahí que el doctor Mills afirme que una alimentación balanceada y rica en vegetales y frutas, ayuda a prevenir enfermedades mortales como el cáncer. 

Finalmente, Mills nos recuerda que la investigación científica ha demostrado en numerosas ocasiones que las dietas basadas en alimentos naturales favorecen que el sistema inmunológico funcione notablemente mejor, es decir, permiten a nuestro cuerpo estar más fortalecido frente a cualquier enfermedad.

Muchas veces creemos que estamos sentenciados por la herencia familiar (y la creencia, a veces, es más poderosa que cualquier síntoma), cuando en la mayoría de los casos, es nuestra elección de alimentación (y estilo de vida) lo que más nos afecta. Si el doctor Mills está en lo cierto, la oportunidad de hackear nuestra realidad se encuentra en tan sólo un bocado