70% de los bosques de México pertenece a indígenas y campesinos

El ejido podría ser la clave para salvar la naturaleza forestal del país

Desde hace unos años organizaciones campesinas e indígenas han denunciado cómo los incentivos para el cuidado sustentable de los bosques en México son casi nulos. Los trámites son engorrosos y, según afirman, las políticas públicas son incongruentes porque por un lado se promueve el manejo sustentable de los bosques y, por otro, se fomenta la agricultura que acaba con los bosques y selvas.

Para estas organizaciones de campesinos en realidad se está desaprovechando una gran oportunidad, pues México tiene un sistema de propiedad de la tierra único en el mundo que podría, de hecho, ser la clave para salvar los bosques y selvas: el ejido. El ejido es un modelo que da derechos agrarios a las comunidades con respecto a una parcela; de este modo no hay un dueño específico, sino que un grupo de personas puede explotar estas tierras. Es precisamente esta organización la que puede generar cohesión para el cuidado forestal. 

Las cifras confirman lo anterior: en este país más de 5 millones de personas son dueños de los bosques y selvas, un 70% de estos ecosistemas pertenecen a campesinos e indígenas, y son ellos mismos los que se enfrentan a la tala clandestina del crimen organizado, el cambio climático o incluso la premura de la supervivencia, que prácticamente los obliga a usar sus propios recursos de manera ilegal por la falta de estímulos del gobierno.

Aunque supuestamente la CONAFOR (Comisión Nacional Forestal) ya ha emprendido algunos incentivos para que las comunidades cuiden los bosques, como el pago por árbol reforestado (que ha sido calificado como muy precario), las críticas a estos han sido fuertes pues, finalmente, la complejidad de los trámites hace que muchas personas desaprovechen estos programas. 

Hace pocos días la Red de Organizaciones para el Manejo Forestal Comunitario propuso una “Alianza para la Legalidad” para que las autoridades verdaderamente faciliten el cuidado de los bosques. Los ejidos pueden ser, por más que hayan sido criticados por su falta de productividad, el centro de cohesión faltante para cuidar los bosques y selvas. Finalmente, los campesinos e indígenas que poseen el 70% de estos ecosistemas serán los más preocupados en preservarlos si es que pueden vivir de ellos dignamente.



Mientras el Amazonas arde en llamas, Bolsonaro culpa a activistas y ONGs

El presidente de ultraderecha ironizó la gravedad de los incendios forestales llamándose a sí mismo “Nerón”.

De enero a agosto de este año, el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INIE) de Brasil detectó un aumento del 84% en los incendios forestales en el Amazonas, con respecto al mismo periodo del año anterior. Pero lo que debería levantar las alarmas para proteger el hogar de tres millones de especies, plantas y animales, se ve envuelto en la bruma política entre el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y los intereses que convergen en la mayor selva del mundo. 

Por un lado, sus políticas ambientales han sido criticadas internacionalmente desde su campaña presidencial hasta sus primeras acciones de gobierno, pues prometía “desarrollar” económicamente áreas del Amazonas que otras administraciones habían protegido mediante leyes. La resistencia de las comunidades indígenas en defensa de su territorio ha seguido los primeros meses de Bolsonaro en el poder como una sombra.

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Imagen de satélite que muestra las zonas afectadas por incendios forestales en América del Sur (INIE, Brasil)

 

Por otro lado, Bolsonaro ha desestimado la información del INIE, incluso burlándose públicamente del hecho de que los incendios forestales en la Amazonia se han duplicado desde 2013 (cuando ya era un problema grave). Incluso sugirió que organizaciones no gubernamentales podrían estar detrás del aumento de los incendios forestales, sin reconocer el papel de la deforestación y la permisividad de su administración en la tala ilegal.

“Solían llamarme ‘Capitán Motosierra’. Ahora soy Nerón, prendiendo en llamas el Amazonas”, según la agencia Reuters.

El Nerón del Amazonas

El ultraderechista Jair Bolsonaro ha recibido numerosos apodos, no precisamente halagadores: en el ejército y durante la dictadura lo llamaban “caballón”, mientras que en su campaña presidencial, varios medios se refirieron a él como “Trump tropical”. 

Ahora Bolsonaro se llamó a sí mismo “Nerón”, en referencia al último de los emperadores de los Julio, Nerón Claudio César Augusto Germánico, en el primer siglo de nuestra era. A pesar de las ambiciones comerciales de Nerón, su legado es de ejecuciones masivas de cristianos, además de la leyenda que dice que, durante el gran incendio de Roma la noche del 19 de julio del año 64, Nerón componía canciones en su lira.

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El actor Peter Ustinov en su papel de Nerón, en “Quo Vadis”.

 

Los historiadores Suetonio y Dion Casio llegaron a afirmar que Nerón mismo había provocado el incendio que duró 5 días y redujo a cenizas cuatro de los 14 distritos de la ciudad, con el objetivo de reconstruir Roma a su gusto. Estas leyendas se propagaron por la ciudad, aún en tiempos de Nerón, por lo que el emperador comenzó a culpar a los cristianos, ofreciéndolos como chivos expiatorios en el Circo. Sin embargo, muchos historiadores han disputado y tratado de desmentir estas leyendas.

De vuelta en nuestra época, Bolsonaro dijo que los incendios se deben a “la época de la queimada”, cuando los campesinos realizan incendios controlados para limpiar la tierra. Sin embargo, existen evidencias de que las queimadas están ocurriendo en territorios de naciones indígenas, como los Pataxó de Minas Gerais. Según el relato de una testigo, “llegaron personas con botes de petróleo en la madrugada y le prendieron fuego a los lados de la selva que rodean las casas de la tribu Naô Xohâ”,

 

 

¿Cómo ayudar al Amazonas?

Algunas iniciativas para apoyar organizaciones que luchan por defender el Amazonas (además de muchas más opciones contenidas en este hilo de Twitter) llaman a utilizar servicios como el navegador Ecosia.org, el cual se compromete a plantar árboles a cambio de usar su servicio de búsqueda.

También puedes comentar el último post de TenTree (la marca que planta 10 árboles por cada prenda de ropa que les compres) en Instagram, pues por cada comentario se comprometen a donar $0.10 centavos hasta llegar a la meta de $20 mil dólares para asociaciones de respuesta a incendios forestales. 

 
 
 
 
 
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Mientras tanto, a pesar de la ceguera de Bolsonaro, el humo de los incendios forestales se dejó sentir en San Pablo, a casi 3,000 kilómetros de la selva. Los meteorólogos creen que puede tratarse de humo proveniente de Paraguay, lo cual tampoco constituye una buena noticia para las selvas del cono sur.



¿Qué son los productos agroforestales certificados y por qué es bueno saberlo?

Conocer su relevancia es asegurar una cultura más responsable y una conservación del medio ambiente de largo plazo

La demanda de productos pareciera infinitamente ascendente (entre otros motivos) porque cada vez somos más habitantes en la Tierra. Necesitamos de la agricultura pues es imprescindible comer; simultáneamente, esta suele darse en los sitios más fértiles, que a su vez son los que están poblados de recursos madereros como bosques y selvas, y que también proveen de el oxígeno. 

Es difícil priorizar. Debemos cuidar la Tierra y por lo tanto mantener sus temperaturas, y en ello los ecosistemas forestales son cruciales. Al mismo tiempo, debemos generar cada vez mayores alimentos. Sin embargo, no cualquier producción es dañina si se hace bajo un filtro inteligente y responsable. Imagina un bosque donde se pueden hacer actividades simultáneas como agricultura, ganadería y maderería, sin que ello implique la degradación del equilibrio en ese ecosistema. Para lograrlo se requiere del minucioso estudio del sitio y, sobre todo, un respeto por la manera correcta de llevar las actividades agroforestales: a este equilibrio posible se le llama agroforestería.

En países en desarrollo la agroforestería podría ser una opción muy importante, pero es prácticamente desaprovechada por la laxitud de las leyes y las trabas impuestas para que los habitantes de los bosques y selvas los manejen de manera sustentable. De esta forma (y como una desesperada manera de supervivencia), los mismos habitantes suelen abandonar o vandalizar sus propios recursos. 

En muchos países se han comenzado a emitir certificados agroforestales, e incluso hay algunos válidos a nivel global: una especie de garantía de que el manejo de los ecosistemas forestales se está haciendo sustentablemente. La gran ventaja es que, de alguna manera, esta es una medida no radical: recordemos que entre los enemigos que damos por sentado en el manejo de bosques y selvas sustentable está la agricultura, aunque no necesariamente es nociva si se lleva a cabo responsablemente.

Aunque los recursos naturales son teóricamente de todos, muchas de estas tierras tienen un propietario y ello, así como podría ser una gran desventaja, también es una enorme virtud si ellos cuentan con incentivos para cuidar sus recursos. Es decir vivir de ellos y, de paso, cuidar el patrimonio natural de todos.

Cuando compres algún producto que venga de un bosque o selva, asegúrate de que tenga su certificado de sustentabilidad; estarás, generalmente, ayudando a personas que están cuidando los recursos naturales y también apoyarás al comercio justo. En este tipo de iniciativas, las ganancias suelen ser justas para los trabajadores y propietarios de las tierras.

Algunos certificados a nivel internacional de productos agroforestales sustentables son:

Forest Stewardship Council

Rainforest Alliance Certified 

Green Seal