7 remedios naturales para la depresión

Alicientes cotidianos que están al alcance para hacerte sentir mejor

La depresión va de la mano con los tiempos que vivimos. Aunque es una enfermedad que siempre ha existido, los valores promovidos, por ejemplo, desde la publicidad o desde el mismo sistema capitalista, han hecho que cada vez más personas padezcan este mal, pues hay un inagotable sentimiento de insatisfacción.

Aspectos como el éxito o la premura de la vida citadina han provocado que las personas carguen pesos psicológicos en aumento; el estrés y la constante insatisfacción que busca saciarse con el reconocimiento social o con el infinito consumismo, van mermando la calidad de vida en pro de supuestos que darán la felicidad. Curiosamente, según los más sabios místicos de todos los tiempos, en realidad la felicidad va de la mano con el desapego y el disfrute del momento presente, es decir, aprender a valorar lo que se tiene.

Algunos otros remedios naturales y milenarios, como los que enlistamos a continuación, también podrán ayudarte si crees tener indicios de depresión, aunque siempre será recomendable ver a un especialista si consideras que se ha salido de tus manos:

Vitamina D: está presente en alimentos como el huevo y las setas, y puedes obtenerla también a través del Sol.

Hierba de San Juan: esta planta trepadora se emplea en el tratamiento de afecciones nerviosas como la melancolía y la tristeza. Eleva el ánimo y combate la depresión leve a moderada. 

Ejercicio: ejercitarte genera un cúmulo de increíbles reacciones en tu cerebro que te harán producir serotonina.

Selenio: lo encontrarás en alimentos como las lentejas, los cacahuates, las semillas de girasol, los frijoles, el huevo, el té negro, los plátanos, las bayas, el aguacate, el kiwi, la sandía, las uvas y las fresas.

Ácido fólico: este tipo de vitamina la encontrarás en alimentos como las espinacas, las acelgas, la lechuga romana, las lentejas, los frijoles, los espárragos, el brócoli y la naranja.

Evita aislarte: uno de los impulsos más usuales cuando se tiene depresión es el aislamiento social; sin embargo, esto te llenará de sentimientos con los que te apabullarás y dejarás de escuchar otros puntos de vista sobre la vida que, en realidad, podrían ayudarte.

Luz solarestar expuesto a ella te brinda vitamina D que, como mencionábamos antes, es vital para el estado de ánimo.

 

*También en Ecoosfera: Maneras sencillas, rápidas y alternativas para bajar la presión alta



Alterar tus ritmos circadianos podría ser la gran causa de tu depresión

Respetar los tiempos del cuerpo puede ser clave para evitar la depresión y otros trastornos psíquicos, como demuestra un estudio reciente.

Nuestro cuerpo tiene una agenda muy puntual para poder regular todas sus funciones a lo largo del día. A esto se le conoce como “reloj biológico”, pero en realidad tal reloj comprende una serie de variaciones llamadas en biología ritmos circadianos. Éstos son vitales y, por lo tanto, no deben ser interrumpidos, pues de ser así se desencadenan una serie de reacciones muy negativas para el organismo e incluso para la psique.

No obstante, es tan difícil ahondar en las consecuencias que tiene la interrupción de los ritmos circadianos –ya que pueden ser afectados de formas tan diversas como diferentes pueden ser las reacciones consecuentes– que los biólogos, psicólogos, neurólogos y todo tipo de especialistas siguen investigando al respecto para poder elaborar tratamientos cada vez más sofisticados contra algunos padecimientos.

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El campo de investigación es todavía tan vasto que los especialistas aún se preguntan si, en el caso de la depresión, es ésta la que desencadena interrupciones en los ritmos circadianos o, por el contrario, es la interrupción de dichos ritmos lo que provoca depresión.

En un estudio reciente, realizado en el Reino Unido, se comprobó que las interrupciones del ritmo circadiano podrían estar detrás de las peores depresiones.

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En esta investigación, se siguió durante 1 semana a 91 mil participantes de entre 37 y 73 años que no reportaban desórdenes de sueño, y a quienes se les colocó un acelerómetro en la muñeca para registrar cuán activos o pasivos eran durante las 24 horas del día. Adicionalmente se les dio un cuestionario de salud cuyos datos, junto con los recabados por los acelerómetros, permitieron a los investigadores comprobar que aquellos que son más activos de noche tienen mayor tendencia a la depresión u otros trastornos. También son notablemente más infelices, más neuróticos y más propensos a inestabilidad emocional.

Además, quienes presentaron depresión eran en su mayoría hombres, con un nivel educativo bajo y con experiencias traumáticas en la niñez, lo que podría explicar qué ocasiona la interrupción de los ritmos circadianos, que a su vez llevan a la depresión –o por lo menos a su profundización–, lo que después se vuelve un círculo vicioso.

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Así que estamos ante un problema multidimensional, no sólo de acción y reacción, sino de interrelación entre los ritmos circadianos y la salud de nuestra psique. Por eso, y partiendo de este tipo de investigaciones, se podrían plantear en un futuro tratamientos mucho más integrales contra la depresión y otros desórdenes; para funcionar de manera óptima, estos tratamientos deben incluir la regulación de nuestros vitales ritmos biológicos, junto con remedios alternativos para combatir la depresión.

Para regular nuestros ritmos circadianos más allá de los tratamientos, sin duda es necesario echar un vistazo pormenorizado a nuestros hábitos y, de ser necesario, cambiarlos; sobre todo aquellos que tengan que ver con el dormir, pues esta actividad debe llevarse a cabo en un horario nocturno pues, de otra manera, no obtenemos todos sus beneficios.

Hay que añadir también que debemos abrir nuestra mente a prácticas que quizá desconocemos, pero que pueden servirnos de mucho para modificar los malos hábitos (por ejemplo, la meditación), y que debemos prestar atención a aquello que podría estar siendo nocivo para nosotros (por ejemplo, el ruido en las ciudades, al cual hay que anteponer necesarios espacios de silencio que son como un masaje para el cerebro).

De esas formas alternativas, y mientras la ciencia encuentra nuevas respuestas y tratamientos, quizá recuperemos el ritmo y logremos ponernos en sintonía con el día a día.



Si tus antidepresivos no funcionan, puede que padezcas un nuevo tipo de depresión

Neurocientíficos han encontrado que la depresión podría tener más de una forma de manifestarse (y por tanto, de tratarse).

La depresión es un estado que forma parte de la esencia del ser humano. No obstante, en los últimos tiempos se ha intensificado tanto en magnitud –pues afecta ya a más de 300 millones de personas en el mundo– como en la profundidad de sus síntomas en la psique colectiva.

No cabe duda de que muchos elementos externos, provenientes de las formas de vida actual, promueven la depresión; pero esta condición es también, y fundamentalmente, un desbalance químico en nuestro organismo. Por eso no se puede hablar de un solo tipo de depresión, pues el delicado equilibrio entre neurotransmisores y hormonas es lo que puede romperse y jugarnos a favor o en contra.

Pero la manera en la que eso suceda, no es igual en todos.

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El desbalance químico que más se le atribuye a la depresión es cuando nuestro cerebro no produce suficiente serotonina y noradrenalina, dos neurotransmisores cuya concentración en el cerebro es clave para la regulación del organismo (los ciclos de sueño y de la actividad sexual, por ejemplo). Pero por supuesto, eso no es todo. Muchas personas tienen una predisposición genética, pues algunos genes transportadores de aminoácidos, hormonas y neurotransmisores funcionan de manera distinta en cada individuo, debido principalmente a la herencia.

 

Las proteínas también cuentan

Más aún: las proteínas podrían tener un importante papel en los cuadros depresivos. Un grupo de neurocientíficos de HU’S Graduate School of Integrated Arts and Sciences encontró que una proteína llamada RGS8 está involucrada en la regulación del humor en los ratones, pues está encargada de controlar una hormona llamada MCHR1 que, cuando está activa, regula el sueño, el apetito y las respuestas emocionales.

Por ello, los niveles bajos de esta proteína pueden volver aún más grave cualquier cuadro depresivo; faltaría comprobar esto en seres humanos, pero según los investigadores, este fenómeno podría funcionar de manera análoga. Es por eso que estos neurocientíficos llaman a buscar nuevas soluciones contra la depresión, por lo menos en lo que respecta a la farmacología.

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No obstante, las nuevas manifestaciones de la depresión contemporánea necesitan de algo más que viejas soluciones, algo que ha sido parte del debate mundial desde hace más de 10 años. En ese sentido hacen falta nuevas aproximaciones a la depresión, empezando por entender que no sólo se trata de que la curemos con fármacos, sino de que encontremos remedios naturales y tratamientos alternativos más holísticos e integrales.

Afortunadamente, a partir de estudios como el mencionado podría ser que la ciencia comience a abrir sus fronteras y desarrolle fármacos tan complejos e integrales como lo son nuestro organismo y nuestra psique, aunque siempre será necesario tomar en cuenta que, para librarnos de la depresión, debemos cambiar también nuestros hábitos e incluir nuevas prácticas, como puede ser la meditación tao o una nueva dieta que deje atras los ingredientes tóxicos para nuestro estado emocional.

Todo esto tendrá que formar parte de nuevas aproximaciones a la salud de la psique colectiva.

 

* Imágenes: 1) Avalvas; 2) y 3) CC