Te decimos porqué deberías evitar freír tus alimentos

En el primer bocado de alguno de este tipo de alimentos, uno se descubre gozándolo casi pecaminosamente: garnachas, pizza, papas, pollo frito, pescado frito, en fin…

Seamos sinceros: la comida frita es deliciosa y, en ocasiones, adictiva. En el primer bocado de alguno de este tipo de alimentos, uno se descubre gozándolo casi pecaminosamente: garnachas, pizza, papas, pollo frito, pescado frito, en fin…

Sabemos que ese placer culposo trae consecuencias ciertamente negativas a nuestro cuerpo, como la grasa acumulada. Sin embargo, ¿realmente conoces los efectos nocivos de la comida frita?

La comida frita bloquea las arterias y venas ocasionando infartos cardíacos, aneurismas y Alzheimer. Esto se debe a que el aceite de canola o de maíz, producto genéticamente modificado que contiene pesticidas, priva de oxígeno a las células, lo cual provoca enfisemas, problemas respiratorios e inclusive cáncer. Además los productos fritos cuentan con altos niveles de sal tóxica (MSG), la cual reduce la producción de enzimas naturales en el cuerpo y provoca una protección menor contra los parásitos e infecciones. En ocasiones, en vez de sal se hace uso de altas cantidades de azúcar y carbohidratos, los cuales incitan a desear más y más a pesar de contar con ningún nutriente saludable.  

Mientras tanto, la mayoría de la carne (roja o blanca) usada en estos productos se encuentra repleta de hormonas y antibióticos, los cuales pueden incrementar los niveles de toxicidad en el cuerpo, que se pueden acumular largos periodos en riñones, hígado, intestinos, próstata, colon y en otras áreas del cuerpo.

La buena noticia es que puedes desbloquear a las arterias sin la necesidad de cirugías ni drogas. Basta con desintoxicar tanto la sangre como los órganos con vitamina B en productos como la raíz del diente de león y el cardo de leche, además de empezar a comer alimentos más saludables según tu creatividad y salud. Remplaza los productos fritos con alcachofas, champiñones y aceite de oliva.



Documental denuncia el verdadero enemigo de la obesidad: las grandes corporaciones alimenticias

Su objetivo, al poner en evidencia el problema global de la obesidad y las enfermedades relacionadas con ésta, planea combatir contra décadas de mentiras acerca de las dietas y el ejercicio, de las buenas o malas calorías, de los genes y el estilo de vida.

Durante la década de los 60, incrementó alarmantemente la tasa de enfermedades cardíacas en habitantes de Europa occidental y EE.UU. Como respuesta de esta situación, los nutriólogos de la época se encargaron de descubrir la causa: el alto nivel de grasa en la comida diaria. Se recomendó que se empezara a ajustar a una “dieta mediterránea”.

Entonces, la gran industria de la comida se mostró entusiasta en presentar productos “saludables y bajos en grasa”, y con altos niveles de sacarosa. De la noche a la mañana, estos alimentos se popularizaron.

Hasta que, en 1972, John Yudkin, autor de Azúcar, pura, blanca y mortal, denunció los efectos nocivos de este ingrediente. De acuerdo con su rigurosa investigación, encontró que existía una fuerte correlación entre numerosas enfermedades y la elevada ingesta de azúcar. Por ello, en una ocasión sentenció que: “Si tan sólo una pequeña fracción de lo que conocemos acerca de los efectos del azúcar fuera revelado en relación a cualquier otro material usado como aditivo alimenticio, ese material se prohibiría de inmediato.”

A pesar de esta llamada de atención y del control de grasas en los alimentos, incrementó la incidencia de enfermedades relacionadas con el estilo de vida y la dieta. ¿Significa entonces que el problema no era la grasa sino el azúcar? ¿Quiénes fueron los responsables de la propagación de conceptos erróneos? ¿Cuál fue el resultado de esa situación?

El documental Fed Up, producido por Katie Couric, se atreve a responder esas preguntas. Su objetivo, al poner en evidencia el problema global de la obesidad y las enfermedades relacionadas con ésta, planea combatir contra décadas de mentiras acerca de las dietas y el ejercicio, de las buenas o malas calorías, de los genes y el estilo de vida.

5ytdI

Desde 1980, el índice de obesidad ha ido en aumento a nivel mundial. Alrededor de 1 400 millones de adultos viven en condición de sobrepeso; mientras que 200 millones de hombres y 300 millones de mujeres, son obesos. En 2010, la Organización Mundial de la Salud denunció que cerca de 40 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso.

De acuerdo con Robert Lustig, neuroendrocrinólogo y presidente del Institute for Responsible Nutrition, señala que el enemigo non plus ultra de la obesidad no es la grasa, sino el azúcar:

El verdadero problema no es la obesidad ni la grasa. [Es] la industria de la comida que quiere que nos enfoquemos en tres mentiras, las cuales nos mantienen en un estado de culpa. La primera, es la obesidad. La segunda, una caloría es una caloría. La tercera, todo es acerca de una responsabilidad personal. Es decir que, si la obesidad hubiera sido el problema desde un principio, las enfermedades relacionadas con el metabolismo no hubieran aumentado en los últimos años. Si fuera sólo un problema conductual, más de la mitad de la población no tendría problemas. Entonces debe ser la presencia de otro factor. Y ése es el azúcar.

En la década de los 60, proliferaron las cadenas de comida rápida y los alimentos procesados. En ambos casos, era característica la presencia de “comida baja en grasa”, la cual contenía más azúcar de lo normal.

De acuerdo con el profesor Yudkin, el azúcar no sólo es un aliciente del sobrepeso y la caries, sino también la causa de otras enfermedades crónicas: como el cáncer, el Alzheimer, asterosclerosis, hipertrigliceridemia  la diabetes y padecimientos cardiacos. Dado que no contiene vitaminas, minerales ni proteínas, el azúcar aporta energía de “calorías vacías”; en consecuencia, absorbe las reservas orgánicas que el cuerpo contiene para el proceso de digestión, como los minerales, la vitamina B, aminoácidos, etcétera. Además, al ser un elemento adictivo, interfiere con el apetito creando una urgencia irresistible a seguir comiendo.

Entonces, las grandes corporaciones alimenticias no se enfocaron en un bienestar común de la población, sino en el dinero. El negocio es envenenar a la población con comida procesada bajo el disfraz de ser un producto saludable. Los productores de la película explican que no existe un interés en el mejorar la calidad de la comida, ya que es un mercado rentable: “La industria de la comida crea una enfermedad y la industria farmacéutica la cura. Lo logran como si fueran bandidos, mientras que llevan a la población a purificarse.”

¿La solución?

De acuerdo con los productores del documental, apoyado por el Dr. Lustig, es necesario no sólo tomar consciencia de lo que está sucediendo, sino también es importante controlar el consumo de los productos.

A partir de un modelo de leyes y de regularización, es posible romper con la mafia de las corporaciones alimenticias. Una de las propuestas es informar y motivar a la población a reducir el consumo de azúcar. De lo contrario, en un futuro, las generaciones que vienen vivirán en un estado de inmovilidad y enfermedad.

Con el fin de tomar consciencia de la situación, les compartimos un video resumiendo la película de Fed Up



Los azúcares del agave tequilero pueden proteger contra la obesidad y diabetes

De acuerdo con la investigadora mexicana, Mercedes G. López, estos azúcares actúan como fibra dietética, por lo que no son absorbidos por el flujo sanguíneo; y en consecuencia, es un endulzante natural que no afecta los niveles de glucosa en el cuerpo.

El tequila es famoso por ser aquella bebida favorita cuando estás “cantando malas rancheras” y tienes el corazón roto. Sin embargo, estudios recientes señalan que la planta del tequila, el agave, podría convertirse en el nuevo endulzante nutritivo para las personas con diabetes tipo dos y con obesidad.

De acuerdo con la investigadora mexicana, Mercedes G. López, del Centro de investigación de Estudios Avanzados en Biotecnología y Bioquímica de Irapuato, estos azúcares actúan como fibra dietética, por lo que no son absorbidos por el flujo sanguíneo; y en consecuencia, es un endulzante que no afecta los niveles de glucosa en el cuerpo.

Este estudio se realizó con ratones machos, los cuales fueron distribuidos entre siete grupos de cuatro integrantes. Mientras que uno de ellos recibió una dieta estándar con agua simple, los otros obtuvieron dietas con agua suplementada con: glucosa, fructosa, sacarosa, jarabe de agave, derivado de agave y aspartamo. Los ratones que consumieron el agave, redujeron el consumo de su comida, perdieron peso y mostraron una reducción considerable en los niveles de glucosa en la sangre.

La investigadora explicó para MedPage Today que: “Creemos que el agave tiene un gran potencial como un endulzante ligero. Es un tipo de azúcar, altamente soluble, con un bajo índice glucémico y un sabor neutral. Eso coloca al agave en una posición tremenda para su consumo por personas con diabetes y obesidad.”

Esto se da debido a que el agave, al reducir los niveles de glucosa, incrementa el péptido similar al glucagón tipo uno, el cual es una hormona que ralentiza la sensación del estómago vacío y estimula la producción de insulina.

De acuerdo con la Dra. López, hay una diferencia significativa entre el agave, el jarabe de agave y el néctar que son vendidos como una alternativa del azúcar. Aquellos productos del agave están hechos con fructantes, que similares a un jarabe de maíz con altos niveles de fructosa.

Sin embargo, ¿es la solución remplazar los endulzantes calóricos con endulzantes no nutritivos? La American Heart Association y la American Diabetes Association afirman que utilizar alternativas de azúcar son la solución al problema.