¿Por qué procurar que tu hijo tenga contacto con la naturaleza y se desapegue de la tecnología?

Desgraciadamente los niños están alejándose cada vez más de la naturaleza, perdiendo esa conexión básica con su instinto

En los últimos años el estrés, la famosa “enfermedad del siglo XXI”, ha impactado en gran parte de la población mundial. Tanto adultos como infantes se encuentran afectados por los síntomas del ir y venir de los caminos de concreto de las ciudades, de sus ruidos y temperamentos, de la tensión y frustración. Pareciera casi imposible escapársele a estas rutinas.

No obstante, la educación (ambiental) es una de las herramientas básicas para revertir los efectos del sedentarismo tecnológico y laboral. Pues esta disciplina aborda no sólo métodos para el mejoramiento en la salud física y emocional de las personas en contacto con la naturaleza, sino también alternativas para contribuir a la solución de problemas ambientales y ecológicos.

De modo que, al permitir que nuestro cuerpo regrese a su nostra mater, se empieza a valorar el medio ambiente, a cuidarlo y a respetarlo. Inclusive, se habla de un vínculo emocional directamente relacionado con la vida de cada uno, incluyendo la del planeta.

Desgraciadamente los niños están alejándose cada vez más de la naturaleza, perdiendo esa conexión básica con su instinto, la cual no se logra al leerlo en la computadora o en revistas, sino a través de conductas que generen consciencia y salud ambiental tanto en adultos como en niños. Un reciente estudio demostró que los niños que veían más televisión de pequeños (hábito comparable con el uso actual de iPads y dispositivos) tienen una salud notablemente peor cuando son adultos, en comparación con aquellos que en su infancia pasaron mayor tiempo al aire libre. También se probó que, generalmente, los hábitos adquiridos desde niños son patrones que se repiten en la edad madura.

El tiempo que los niños pasan afuera, al aire libre, puede ser renovador, ya que fomenta el estado de exploración a fin de que se generen habilidades físicas y emocionales para el mundo. El contacto con la naturaleza es la oportunidad para descubrir parte de uno mismo, formando un vínculo único con el medio ambiente.



La naturaleza y sus cicatrices de guerra (📷✨)

Pasado y presente se funden en estas imágenes del fotógrafo Jonathan Beamish.

Algunos parajes de esta Tierra están repletos de fantasmas. Estos espectros se manifiestan en las cicatrices que las guerras han dejado plasmadas en la naturaleza. Algunas marcas son prácticamente invisibles a la vista humana, pero no a la luz infrarroja. Jonathan Beamish utiliza esta técnica para fotografiar los rastros de la primera guerra mundial en los mayores campos de batalla. 

En las fotografías, la belleza de los paisajes franceses y belgas cobra un matiz lúgubre. A través de la oscura luz, las fisuras del conflicto se aprecian todavía en varios sitios después de 200 años. Dice Beamish: 

La fotografía infrarroja siempre me ha interesado, pues te permite ir más allá de la visión común, apreciar colores normalmente invisibles, e incluso te da la habilidad de ver en la oscuridad.

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¿Por qué asomarse a este vacío? ¿Para qué ver a los ojos las heridas de la guerra? 

Hay algo de sanación en estos paisajes arrasados, un poco de la tranquilidad que llega únicamente tras enfrentarse a los recuerdos más dolorosos. Los tonos grises, cruzados de súbito por trazos de rojo profundo, traen los eventos del pasado al presente de forma vívida. 

Pasado y presente se funden en estas imágenes. Los miles de soldados heridos, los caídos y las aldeas derruidas queman su huella para siempre en la historia. Por encima de todo, la naturaleza queda invicta: su resiliencia trasciende todos los conflictos. 

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Esculturas de niebla en parques y bosques (Fotos)

¿Hay algo más hermoso que cuerpos de niebla acariciándose con árboles y espejos de agua?

Algo tiene la niebla que a pesar de ser en esencia inasible, también es profundamente corpórea. Su corporalidad, aunque elusiva, tiene una presencia contundente. Tal vez por eso es que Fujiko Nakaya recurre a la niebla como materia prima para sus esculturas.

Llama la atención que la artista japonesa presente sus piezas como esculturas, y no como performance o algún formato de arte efímero. Pero Nakaya lleva décadas esculpiendo los flujos de niebla y su obra surge, en parte, en respuesta al materialismo occidental que predomina en la noción de escultura; por eso aborda la materia desde una perspectiva más pasajera, menos franca (como quizá es, en realidad, el ADN de nuestro universo y nuestras respectivas realidades).

Existe el concepto occidental de sólido y eterno, pero en el pensamiento budista la naturaleza siempre te responde de acuerdo a sus reglas.   

Con el nombre de Fog x FLO: Fujiko Nakaya on the Emerald Necklace, esta serie interviene cinco parques en Boston con “esculturas de niebla”. Para “enneblinar” estos escenarios, la artista sitúa inyectores en árboles, piedras y otros elementos naturales, los cuales están programados para emitir vapor de agua cada hora. Así, los cuerpos neblinosos desfilan a través del espacio –con dirección y espesor planeados– de manera coreográfica. La repetición permanente de sus flujos hace que, aunque dinámicos, adquieran una presencia casi material.

¿Hay algo más hermoso que cuerpos de niebla acariciándose con árboles y espejos de agua? (la respuesta no importa).