Libérate del estrés con estas prácticas de la simplicidad voluntaria

El downshifting plantea la posibilidad de saber vivir, al darle valor a cada aspecto de nuestra vida

Simplicidad en el vivir, en el consumo, en nuestras relaciones, y en todas las esferas de nuestra vida diaria; el movimiento de la simplicidad voluntaria aboga por eliminar todo lo superfluo e innecesario en nuestras vidas, para liberar tiempo y recursos, para vivir un vida más consciente, libre y plena.

Duane Elgin

El downshifting, movimiento surgido a finales de la década de los ochenta, consiste en reducir tiempo de las labores a fin de disfrutar más de nuestro alrededor. El objetivo es aprender a ser dueños de nuestro propio tiempo, de modo que gocemos de una salud y vínculos afectivos que enriquezcan nuestras experiencias.

En su libro Voluntary Simplicity, Duane Elgin explica que este movimiento tiene un origen estoico, como Epicteto. El downshifting plantea la posibilidad de saber vivir, al darle valor a cada aspecto de nuestra vida:

El valor que damos al dinero, al estatus y a la competencia envenena nuestras relaciones personales. La vida feliz será imposible mientras no simplifiquemos nuestros hábitos y no moderemos nuestros deseos.

De modo que, al saber lo que es suficiente, uno disfruta de la simplicidad de la vida diaria. Inclusive, según la filosofía budista, basta el sendero del medio (sin pobreza ni riqueza). Así que el enfoque del downshifting es aprender a tener todo, incluyendo de nuestra bonanza interna. Esta conexión con la Totalidad del mundo abre la puerta a la felicidad del aquí y del ahora.

En caso de querer implementar poco a poco este movimiento a tu vida, estas son algunas de las actividades para iniciar:

Cancelar todas las tarjetas de crédito menos una, reservándola para las emergencias.

Tener una sola cuenta bancaria y pagar siempre en efectivo.

Llevar al día una libreta de gastos.

Hacer por uno mismo las reparaciones del hogar.

Renunciar al coche o comprar uno de segunda mano.

Usar el transporte público o compartir el vehículo con los compañeros de trabajo.

Vivir lo más cerca del trabajo, de forma que se pueda comer en casa e ir y venir andando.

Organizar el trabajo para hacer 30 horas o 4 días por semana.

Dejar de fumar.

Perder peso.

Reducir el estrés todo lo que se pueda.

No llevar reloj si uno no lo necesita.

Hacerse socio de la biblioteca para no tener que comprar, en lo posible, libros ni revistas.

Salir de compras sólo cuando sea necesario, y comparar los precios con otras tiendas.

Comprar ropa y muebles de segunda mano.

En general, renunciar a gastos superfluos.

Veranear en un camping mientras se alquila la casa propia.



Tu personalidad define cómo te llevas con el dinero (Estudio)

¿Harías lo que fuera para ayudar a un amigo en apuros económicos? Probablemente, ser una buena persona se refleje negativamente en tus finanzas.

Nuestra relación con el dinero no siempre es racional. El dinero es una herramienta y, como cualquier herramienta, sus efectos dependen del uso que hagamos de ella. Pero más allá de una herramienta de supervivencia para estar en un mundo civilizado, el dinero refleja nuestra personalidad: nuestra relación con las finanzas puede decir mucho de nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos, como demuestra un estudio publicado en la revista Journal of Personality and Social Psychology.

Un grupo de profesores del University College de Londres y la Escuela de Negocios de Columbia trataron de verificar la conexión entre las cuentas de banco y la personalidad, o dicho de otra forma, entre la salud financiera y el bienestar general. Para ello analizaron la información financiera de casi 3 millones de personas, mediante informes de bancos y un estudio longitudinal que incluyó a 2 mil individuos a lo largo de más de 20 años.

Esta información se contrastó con test de personalidad aplicados en línea para cuantificar cómo se relaciona la gente “simpática” con el dinero.

La doctora Sandra Matz encontró un patrón interesante. Durante las pruebas de personalidad, los investigadores notaron que la gente que tuvo mayor tendencia a ser calificada como “simpática” también era la que le daba menor importancia al dinero. En una entrevista, Matz afirmó que:

La gente piensa que lo que significa ser simpático es ser aquella persona que, cuando sale con sus amigos, dice: ‘No te preocupes, yo pago’. O si estás tratando de comprar un auto nuevo, vas a decir rápidamente que sí, porque quieres evitar el conflicto. Lo que vemos es que la gente simpática se preocupa menos por el dinero…

 

¿La gente buena onda está condenada a las deudas?

¿Pero por qué la gente simpática se preocupa menos por el dinero? Una de las hipótesis es que a la gente simpática le cuesta trabajo elegir entre su propio bienestar financiero y el mantenimiento de sus relaciones sociales. Pero darle poca importancia al dinero puede ser un factor de riesgo cuando se trata de manejar las finanzas personales.

Si la persona es rica, entonces no hay conflicto: puede convertirse en filántropo y ayudar a quien mejor le parezca; pero el estudio tomó en cuenta la salud financiera de personas cuyos ingresos no son tan altos –o en términos más precisos, que no pueden compensar su predisposición a ayudar a los demás con dinero, porque simplemente no lo tienen–.

En otras palabras, mientras más simpática es una persona, mayor será su tendencia a tratar de ayudar a otros, lo cual provocará que no ahorre. Una forma de evitar esto y conservar la salud financiera, según los planteamientos de la investigación, es cambiar las ideas en relación al dinero para no verlo como una herramienta egoísta, sino como una herramienta para ayudar a otros.

Nuestros descubrimientos sugieren que ser amable y confiable puede tener costos financieros, especialmente para aquellos que no tienen los medios financieros para compensar las predisposiciones de su personalidad y las actitudes hacia el dinero asociadas a ella.

Los investigadores advierten que este estudio es limitado, y que cada caso en particular puede encontrarse con variables particulares; sin embargo, analizar la relación entre la psicología de una persona y sus finanzas es importante para proponer comportamientos que generen tanto bienestar social como económico en las personas.



Felicidad a la baja: los indicativos de felicidad colectiva son los peores en 10 años

Al parecer el mundo está más estresado, preocupado y triste de lo que jamás se había visto.

La felicidad no es una métrica. Pero a partir de ciertas herramientas estadísticas es posible calcular la joie de vivre colectiva, lo que se convierte en un parámetro muy útil para reflexionar sobre la sociedad contemporánea. Y es que estas estadísticas de la felicidad se basan realmente en los sentires de las personas, lo que las hace bastante precisas y confiables.

Tal es el caso del último estudio al respecto que, por cierto, parece haber hecho un hallazgo desalentador: los niveles de felicidad colectiva están a la baja. En palabras de Mohamed Younis, el editor en jefe del grupo Gallup:

Colectivamente, el mundo está más estresado, preocupado y triste de lo que jamás se había visto.

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El estado anímico global es el peor desde 2006

Los encuestadores encargados del estudio, realizado por la compañía Gallup, están asombrados. Tras una encuesta con más de 150 mil participantes de 146 países, el resultado es contundente: el estado anímico global es el peor desde 2006, lo que empata con las crisis de tristeza que se están viviendo en países como México.

Según Gallup, África subsahariana es la zona donde más drástica ha sido la caída de la felicidad, que ha sido imparable en 10 años. Esta situación, análoga a la de otros países, podría ser producto de que mucha gente ha visto descender su calidad de vida, teniendo que luchar por obtener lo básico.

No obstante, la felicidad no es algo ajeno sólo a los países en vías de desarrollo. La mitad de los habitantes de Estados Unidos encuestados dijeron sentirse estresados. ¿Culpa de Donald Trump? Quizá. Pero lo cierto es que en Estados Unidos también están sucediendo convulsiones sociales que bien podrían estar interfiriendo con la felicidad colectiva.

Y sin duda todos, más allá de pobreza o riqueza, somos presa de cientos de situaciones que nos hacen proclives a la tristeza. Somos prisioneros de ciudades sobrepobladas y contaminadas, estamos desconectados de la naturaleza –a la cual estamos destruyendo–, y trabajamos tanto que apenas podemos dormir.

 

¿Cómo cultivar felicidad?

No parece muy difícil de creer, entonces, que la felicidad se encuentra en crisis. Pero quizá no sólo por nuestras condiciones objetivas, sino porque necesitamos replantearnos la felicidad –que, sin duda, no se halla en consumir lo más posible, ni en otros placeres mundanos–. Probablemente la solución se encuentra, como un brillante neurólogo señaló hace poco, en tener un mayor contacto humano. Y también, en saber que la felicidad es relativa, una conclusión de Einstein que resulta muy útil para navegar esta crisis de felicidad –pues, así, no buscaremos tanto eternizar la felicidad como gozarla en el aquí y el ahora–.

Sea como sea, siempre hay hábitos de los cuales nos podemos hacer para incentivar la felicidad. Una práctica de yoga por la mañana, pasar tiempo con nuestra mascota, leer un libro estimulante, pasear por el parque –porque las áreas verdes generan felicidad– o dar un regalo espontáneamente: todas son formas de procurar la felicidad, no sólo individual sino colectiva.

Y tal parece que ahora alcanzar la felicidad no es un objetivo nihilista, sino una lucha por la humanidad. ¿Estás dispuesto a darla?

 

* Ilustración principal: Chelsea Beck