Esto es lo que necesitas saber antes de crear tu propio huerto urbano

Es importante traer a conciencia que fuimos educados en una cultura urbana, cuyas fortalezas se basan en conocimientos e intereses pragmáticos y mercantilistas

Los huertos urbanos han invadido las ciudades en los últimos años. Este fenómeno ha ayudado a complementar la lucha en favor del cuidado del medio ambiente, de la economía y de la salud tanto física como mental. Inclusive, varios estudios han demostrado que este tipo de terapia, la horticultura, trae múltiples micro y macro beneficios a corto, mediano y largo plazo.

No obstante es importante traer a conciencia que fuimos educados en una cultura urbana, cuyas fortalezas se basan en conocimientos e intereses pragmáticos y mercantilistas, por lo que nuestra intuición asociada al cuidado de la naturaleza (y a nuestra supervivencia básica) se encuentra oscurecida. En consecuencia, probablemente tengamos algunos problemas a la hora de lograr que funcionen nuestros huertos urbanos, como por ejemplo:

-Traer a conciencia que, sin quererlo, mataremos a algunos de los retoños a pesar de nuestros mayores esfuerzos.

-Del espacio que usarás, toma en consideración que entre en contacto con el Sol. Las plantas necesitan al menos 6 horas a fin de que germinen sus frutos. Busca información y escoge las plantas cuyas necesidades se adecúen a la cantidad de luz que el espacio ofrece.

-Recuerda que los contenedores necesitan hoyos para que haya una ruta de escape para el agua (y así evitar desastres).

-Revisa la calidad del suelo para tener en mente qué tipo de trabajo necesita durante la temporada (y el próximo año).

-¿Sabes qué tipo de bebedora es tu planta? Las hay más sedientas que otras. Por ejemplo, los jitomates necesitan muchísima agua, a diferencia de otras que requieren poco a la semana. 

-Las plantas también necesitan comer… Es decir que necesitan fertilizantes o compostas que les permitan equilibrar sus nutrientes.

-¿Sabes quiénes son los mejores amigos de tus plantas? Si tienes insectos, es mejor que te deshagas de ellos. Sin embargo, si tus plantas se encuentran rodeadas de abejas o de catarinas, entonces déjalas ser en su medio ambiente.

-Requieres de mucha paciencia hasta que disfrutes del germinado de tu esfuerzo.

-Aprende a cortar a tus plantas y por qué lo necesitan. 

-Empieza a enfocar tus esquemas horticulturistas para una temporada de largo plazo.



Sobre por qué hoy es más importante que nunca estar cerca de un jardín

Los jardines han sido siempre espacios para cultivar la imaginación y los sentidos; hoy, además, podrían ser un recurso de supervivencia.

Un jardín es el más puro de los placeres humanos. 

Francis Bacon

La digitalización de la realidad

Nadie niega que el mundo digital tiene sus mieles, ni siquiera considerando las agendas y conductas que terminarían rigiéndolo. De hecho, en una de sus facetas, Internet es esa biblioteca infinita con la que muchos soñamos alguna vez. El problema es que si este espacio, por cierto cada vez más demandante, reemplaza nuestro contacto con la “realidad” asible, estamos entonces alimentando una posibilidad aterradora: perder por completo nuestro lazo con eso que podríamos llamar el origen –todo aquello que estuvo antes que nosotros, y que seguro nos verá pasar–.

Por fortuna, ante la pérdida de corporalidad, el desconcierto de una temporalidad poco humana y el influjo determinante de algoritmos, tres de los ingredientes de la digitalización de nuestra realidad, existen espacios de refugio y contrapeso. Estos rincones alimentan nuestro vínculo con, dicho de forma literal pero también figurada, lo palpable. 

 

Los jardines antidigitales

Si lo digital (redes sociales, mensajería instantánea, voyeur electrónico, hiperacceso informativo, narcisismo binario, ultraconectividad, etc.) domina buena parte de la cultura actual, ¿podrías imaginar algo más contracultural, más “equilibrante”, que cultivar y disfrutar de un jardín?

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Un jardín es un sitio en esencia sensorial; su naturaleza es rítmica (y su ritmo natural), obliga paciencia; un jardín provee una experiencia estética, incluso erótica, pero también demanda interacción física y dedicación; es un lugar mundano pero que propulsa la imaginación, tan básico como trascendental, accesible y naturalmente sofisticado.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, por cierto una de las voces críticas más interesantes hoy, advierte que tener un “jardín secreto” es lo que le ha permitido, entre otras medidas, refugiarse:

…durante 3 años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… es la abolición de la realidad.

Bacon, Voltaire, Borges, Dickinson, Monet y Carroll son sólo algunos de los devotos de estos sitios; lo mismo que antiguos reyes árabes y los mayores maestros zen. Algo tienen los jardines que nos encandila desde siempre. Pero ahora no sólo figuran como proveedores de una exquisitez sensorial y una guarida estética; hoy los jardines se presentan como una suerte de bálsamo, como un generoso instrumento de supervivencia y re-humanización. De hecho, está comprobada una correspondencia entre la jardinería y estados como la relajación, la satisfacción y la calma.

 

Entre la información y la tierra

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“Si tienes un jardín y una biblioteca, tienes todo lo necesario”, decía Marco Tulio. Curiosamente, algo así es a lo que muchos podríamos aspirar hoy. A fin de cuentas no se trata de buscar un exilio digital, algo inviable para la mayoría. En cambio, se trata de simplemente ejercer una práctica arquetípica: la búsqueda consciente del equilibrio.

Tal vez si logramos envolver nuestro “yo digital”, con sus proyecciones narcisistas, sus ritmos antibiológicos y sus caudales de información, en flores de lavanda, helechos y contemplación de hormigas, entonces aprovecharemos lo mejor de dos mundos. Tal vez buena parte de las respuestas que estás buscando en este instante te estén esperando ahí, en un jardín. Y en ese caso, sería una tristeza no acudir a esa cita.

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té y vive parte del tiempo en las montañas.


¿Cómo hacer tu propio huerto urbano?

Una guía definitiva con materiales y algunos hacks que te ayudarán a dejar de postergar esta importante tarea.

Acertadamente, la palabra cultivar tiene la misma raíz etimológica que cultura y, unida a la palabra en latín hortus (huerto), nos da un aproximado de lo que es textualmente la horticultura, una práctica milenaria que se ha popularizado en las ciudades de forma creativa e ingeniosa, dando lugar a los huertos urbanos. A grandes rasgos, la horticultura es, literalmente, un arte. 

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De ahí que decidirnos a hacer nuestro propio huerto urbano sea un acto procreativo, a partir del cual estamos generando una nueva cultura autosustentable y sin duda más resiliente. Los beneficios de tener un huerto en casa son muchos; no sólo nos provee de una dieta más sana y más orgánica, libre de agroquímicos y sustancias tóxicas, sino que puede fungir como una terapia para equilibrar nuestro ritmo de vida y aprender a disfrutar de los instantes con la naturaleza.  

Además es mucho más sencillo de lo que suele pensarse. En breve, te compartimos una guía completa sobre cómo realizar fácilmente un huerto urbano, verás que en muy poco tiempo tu casa o departamento crecerá fácilmente alimentos:

Primero, elige un lugar

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Lo mejor es una zona iluminada orientada hacia el sur, donde tus cultivos puedan tener un promedio de 6 horas o más de luz solar. Puede ser en un jardín, o si vives en departamento en un balcón, en la azotea o en una habitación iluminada.

¿Qué necesito?

  • Recipientes

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Macetas o huacales (cajas de verdura). El barro y la madera mantienen la temperatura de la tierra. Ten en cuenta la profundidad y el sistema de drenaje: entre 7 y 15 centímetros serán suficientes para que las raíces de tu cultivo puedan expandirse sin problemas. En el caso de los huacales, puedes forrarlos con plástico de una bolsa de basura grande, o ponerles una base si te preocupa el exceso de agua.

Incluso puedes ponerte creativo y reciclar cualquier recipiente, envase u objeto cóncavo. 

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¿Qué cultivo?

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Lo mejor es empezar con cultivos fáciles. Aquellos que no se vean afectados por plagas y que se puedan cultivar todo el año son los mejores. Esta guía tiene 10 cultivos que además sirven para tu cocina.
Plus: Puedes también cultivar algunas plantas y flores útiles para hacer té, perfecto para darle un toque extra de beneficios a tu cuerpo.

¿Cómo siembro?

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En las guías que te compartimos están incluidas las diferencias. Puedes sembrar en contenedores pequeños o comprar directamente las plántulas en cualquier tienda especializada, para trasplantar tu cultivo al huerto. También puedes germinar tú mismo algunas semillas (de la zanahoria, por ejemplo), o comprar las semillas. En el caso del trasplante, sólo debes cuidar las raíces de la planta y enterrarlas a una buena profundidad, presionando la tierra levemente y proceder a regar.

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Zanahoria germinada
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Plántula

¿Y el abono?

El abono o composta son nutrientes y minerales. Fósforo, nitrógeno, potasio, magnesio y hierro, entre otros. Estos se hallan naturalmente en la tierra, pero el abono ayudará a tus plantas a crecer más sanas. Pero por lo mismo, sólo debes abonar dos o cuatro veces al año, colocándolo en la superficie de la tierra para que sea absorbido por las raíces. Puedes ocupar casi cualquier material orgánico para hacerlo, desde cáscaras hasta palillos de dientes; sólo cuida de no usar restos de carne o huesos.

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El regado preciso

Dentro de la horticultura el riego es también un arte. Antes que nada, se recomienda utilizar regadera, pues un chorro directo puede ahogar tu planta, además de que no te permite calcular con precisión. Cada planta tiene sus medidas de riego, pero la mayoría ocupan un riego abundante cada tercer día. No obstante, en verano se recomienda regar a diario, o incluso dos veces al día.
Plus: Apunta las medidas de riego adecuadas para cada cultivo que tengas en un pizarrón o cuaderno, en el cual puedas llevar además un calendario del riego. 

 

Control de plagas

Dependiendo lo que cultives, tu huerto será proclive a las plagas. Algunas de las plagas más habituales son: los pulgones, las larvas defoliadoras o el oidio.

Se recomienda utilizar insecticidas naturales contra estas plagas, los cuales te tomará tres minutos hacer. Un rociador con ajo es una opción. O incluso cultivar plantas como el ajenjo, que con la absintia que genera repele naturalmente a los insectos de tu huerto. Aquí puedes consultar estas y otras opciones.

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Ajenjo, un insecticida natural que aleja las plagas

Esto, y un poco de voluntad, te harán poder tener, por fin, tu propio huerto urbano. Ahora sólo ponte un límite de tiempo para poner manos a la obra y concluir esta importante tarea.

/ Plus: Recuerda cuidar tu huerto urbano de algunos factores externos. Por ejemplo, la lluvia acida y el aire contaminado, en caso de que esté en un balcón. Aquí puedes ver el arte de cuidar tu huerto. También es viable hablarle o cantarle a tus plantas: según un estudio realizado por Royal Horticultural Society, sugiere que esto las hace crecer más rápido.

*También en Ecoosfera: En dos minutos un video te dice cómo hacer tu propio huerto urbano