¿Te falta apetito? Estos productos naturales te ayudarán

Para potencializar y ayudar a nuestro organismo a recuperarse, necesitamos una buena alimentación

Alguna vez en nuestra vida hemos experimentado lo que es el hambre, aquella sensación de vacío estomacal que, al no prestarle la debida atención, nos libera otras experiencias dolorosas, tales como dolor de estómago y cabeza, enojo o simple molestia, debilitamiento físico e incluso sensaciones de depresión.
Estos síntomas son sólo un llamado de nuestro organismo para recuperar el nivel de la línea basal, aquella homeostasis que nos ofrece una sensación de bienestar y comodidad. A través de los alimentos podemos obtener la energía necesaria para el óptimo funcionamiento fisiológico, cognitivo, conductual y hasta emocional.
Es vano mencionar entonces la importancia de los alimentos en nuestro cuerpo. No obstante, no siempre gozamos de un buen apetito, debido las presiones académicas o profesionales, las complicaciones relacionales o los estragos de alguna enfermedad. Por ello, para potencializar y ayudar a nuestro organismo a recuperarse, necesitamos una buena alimentación. Estos son algunos ingredientes que abrirán el apetito:

– Cardamomo

– Cúrcuma

– Lima

– Canela

– Azafrán

– Hinojo

Fotografía principal: Vicente Villamón



Hay mucha comida en el mundo… pero el hambre va al alza por tercer año consecutivo

Explicarnos esta paradoja es clave si queremos hacer algo al respecto.

Si existe una prueba irrefutable de nuestra involución como especie, esta sin duda tiene que ver con la cuestión de la alimentación a nivel mundial. Porque pocas cosas hay más asombrosas –y tristes– que esa extraña correlación entre hambruna y obesidad, o entre producción y desperdicio, que se ha vuelto tan común en el vital ámbito de la alimentación humana.

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Algunos datos bastan para confirmarlo de manera contundente: cada año se producen miles de millones de toneladas de comida, de la cual poco más de mil millones se desperdicia.

La comida que se desperdicia podría alimentar a 2 mil millones de personas.

Al mismo tiempo, el hambre aumenta exponencialmente en regiones del mundo como África y Sudamérica –desde el 2015, ha habido un incremento constante de la hambruna en estos países– y la obesidad se vuelve una epidemia en otros países, como México, Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Según el último reporte de la FAO, The State of Food Security and Nutrition in the World:

821 millones de personas –es decir, 1 de cada 9– padecen hambre.
673 millones de adultos –es decir, 1 de cada 8– tienen obesidad.

Esta situación parece ser una de las mayores paradojas de nuestro tiempo. No parece que ninguno de estos problemas alimentarios vayan a poder ser resueltos en el mediano plazo, aunque una de las metas de las Naciones Unidas es erradicar el hambre para el 2030.

 

Pero, ¿por qué sucede esto?

El diagnóstico de la FAO sobre la hambruna indica que esta paradoja alimentaria se debe, por un lado, a los conflictos violentos en algunas partes del mundo, y por el otro, al cambio climático. Se hace énfasis en las condiciones de cada nación, que incluyen qué tan sofisticados o anticuados son los sistemas de agricultura y cuánto se puede promover el cultivo de alimentos pese a las extremas condiciones climáticas.

No obstante, existe algo más importante a tomar en cuenta: las malas prácticas de países como Estados Unidos. En este país se producen tantas cosas –comida incluida– que si todos viviéramos como un estadounidense promedio harían falta cinco planetas que sustentaran tal despilfarre de recursos. Además, aunque Estados Unidos también está enfrentando una severa crisis, sigue siendo el país donde más comida se desperdicia: 150 mil toneladas al año.

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La paradoja, así, se vuelve aún más paradójica –si cabe–, ya que el hambre no es sólo consecuencia de no poder cultivar por las condiciones de violencia que imperan en algunos países o por cómo les afecta el cambio climático, y ni siquiera se debe a una “mala distribución” de la comida.

En realidad, la hambruna sólo podría ser erradicada si no se desperdiciara más del 40% de la comida a nivel mundial, como nos hizo saber Anthony Bourdain en una de sus últimas denuncias audiovisuales.

 

El problema es que esto no sólo depende de nosotros…

Desperdiciar comida es algo que podemos evitar, pero eso significa sólo una pequeña contribución individual a un problema que nos rebasa. Y es que lo realmente importante es que los alimentos dejen de verse como una mercancía. En ese sentido es urgente transformar las prácticas de las grandes empresas, así como los esquemas de producción y distribución de los alimentos.

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Porque el desperdicio en los hogares es sólo el último eslabón en una cadena de pérdidas que comienza desde el campo mismo, y que continúa en los almacenes, en los centros de embalaje y en los supermercados, hasta llegar a los restaurantes y a las alacenas de nuestras casas. Durante todo el proceso el desperdicio está implícito, y esto se debe a la dinámica que han impuesto los monopolios de los alimentos.

Por eso es importante propulsar la creación de economías locales donde se instaure una dinámica en pequeño que haga del proceso de producción, distribución y consumo de alimentos algo mucho menos complejo. Algo así es lo que propone el movimiento Slow Food, que marca la pauta hacia la cultura alimentaria del futuro.

Al mismo tiempo debe promoverse una ruralidad moderna y sostenible que haga atractivo para las nuevas generaciones regresar al campo, para así restablecer la soberanía alimentaria de las naciones –y que ya no dependan de Estados Unidos–.

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¿Y en las ciudades? Sin duda, podemos contribuir cultivando nuestra propia comida y no desperdiciando nada de nuestro plato –y cuando decimos nada, es nada: puedes hacer composta con cualquier resto de origen vegetal–. Además, es importante reducir el consumo de carne, pues con el mismo alimento que se engorda al ganado se podría alimentar a millones de personas, y la producción de carne implica un gasto monumental de recursos vitales que puede evitarse.

Sólo así será realista plantear la erradicación de la hambruna.

…quizá no para el 2030, como propone la FAO, pero sí lo antes posible. ¿O tú qué opinas?



Descubre las cantidades adecuadas de la canasta básica de alimentos

Con tan sólo un bocado, los alimentos brindan una sensación de confort y bienestar que es capaz de optimizar tanto el funcionamiento como el autocuidado del cuerpo.

La alimentación es tanto una de las necesidades básicas como uno de los grandes placeres de la vida. Con tan sólo un bocado, los alimentos brindan una sensación de confort y bienestar que es capaz de optimizar tanto el funcionamiento como el autocuidado del cuerpo.

Por lo que es indispensable prestar atención adecuada a aquellos productos que ingerimos a nuestro cuerpo. En especial si se trata de alimentos  rodeados de mitos y dudas. Tales como:

Mantequilla. Lo ideal es evitar la mantequilla y remplazarla con productos con baja grasa poliinsaturada. Puedes consumirla en pequeñas dosis, y así reducir los riesgos de incrementar los niveles de colesterol en la sangre.

Leche. Procura consumirla desnatada o semi-desnatada, una vez al día. Esto brindará un tercio de la cantidad de calcio que necesitas.

Huevos. Debido a su cantidad de colesterol, es recomendable limitar su consumo. Por otro lado, los huevos cuentan con toda clase de nutrientes, tales como las vitaminas y las proteínas. Ayudan a controlar la sensación del apetito. El consumo recomendado es de tres veces a la semana.

Aceite de oliva. Se trata del súper ingrediente para mejorar la salud. Su principal uso es en ensaladas. Por lo que la dosis recomendada es entre una y dos cucharadas al día.

Carbohidratos. Estos deberían ser alrededor del 50 por ciento del consumo de la comida en general. En especial si provienen de alimentos integrales. Sin embargo los carbohidratos simples incrementan el riesgo de sufrir de obesidad y otras enfermedades como diabetes y cáncer. Por lo que no es recomendable consumir grandes cantidades de pastas, arroz y pan blanco, ya que se digieren rápidamente liberando azúcar directamente en el flujo sanguíneo.

Carne procesada. Está bien si se consume con moderación, y así se evita riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares, cáncer en los intestinos y otros. Lo ideal es consumirlo sólo un par de veces a la semana si en verdad no hay otra opción (pero no más).

El vino tinto en pequeñas cantidades es bueno para la salud del corazón. Sin embargo, en grandes cantidades, se eleva el riesgo de desarrollar cáncer y otras enfermedades. Por lo que se recomienda consumir una copa de vino tinto al día, con un descanso de un par de días a la semana.

Yogurt. Siempre y cuando sea de sabor natural, el yogurt permite reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes; así como de ayudar a bajar el exceso de peso. Consúmelo regularmente.

Jugo de frutas natural. Los jugos comerciales tienden a tener grandes cantidades de azúcar (cerca de diez).

El pan es bueno para ti, siempre y cuando sea en proporciones moderadas. Por ejemplo, entre dos y cuatro rebanadas al día.

Cafeína. Entre dos y cuatro copas de café o té es bueno para tu salud; sin embargo, es indispensable revisar las calorías en caso de que incluyan otros productos como la leche.

Chocolate oscuro (sin azúcar) es bueno para el corazón, ya que disminuye la glucosa de la presión sanguínea.