México necesita un mercado saludable: consume responsablemente

Aún hoy, en este país se gasta más dinero en comida chatarra que en alimentos básicos

 

Que la comida sea tu alimento 
y el alimento tu medicina. 
Hipócrates 

Comer saludable es un tópico en boga, incluso existen tratamientos para enfermedades basados en la alimentación. Comer sano, como todo, tiene sus niveles de profundidad, desde elegir alimentos provenientes de procesos naturales hasta lo más básico: evitar la comida chatarra, un tipo de alimento prácticamente indefendible. Hace poco se dio a conocer que México es el lugar con mayor obesidad infantil del mundo y que en 2013 alcanzó el 1er lugar en obesidad adulta. La tradición de una mala alimentación en este país se aceleró en los últimos 50 años con la expansión de la publicidad y la industrialización de los alimentos, conjugadas con poca educación.

Siendo innegable que existe una pésima cultura alimenticia en México, quizá se considera menor a lo que realmente es ya que, si se hace un paseo por las cifras, estas pintan realmente alarmantes, aunque no irrevocables. Recientemente se incorporaron algunas medidas que buscan paliar la obesidad en este país, como nuevos impuestos o la salida de comerciales contra la comida chatarra en horarios infantiles (con algunos tajantes engaños). Estas nuevas reglas pretenden disminuir la abrupta ingesta de comida chatarra que, según cifras de la Secretaría de Salud, en años recientes sobrepasaba al gasto que hacían los mexicanos en alimentos básicos: “En México se gastan alrededor de 240 mil millones de pesos al año en la compra de comida chatarra y sólo 10 mil millones en la compra de alimentos básicos” (Milenio, 14 de abril de 2010).

Las cifras son perturbadoras: según el Instituto Nacional de Estadística, los mexicanos gastan entre 17 y 175% más en agua embotellada, jugos, refrescos, bebidas alcohólicas y cerveza de lo que gastan en tortillas, leche, huevo o frutas. Recordemos que México es el principal consumidor de refrescos en el mundo.

Mientras se aplican intentos por modificar la cultura chatarra en México, el tema de la alimentación saludable va haciendo eco al menos en estratos de la sociedad más informados; de hecho, el mercado de la alimentación saludable es considerado como uno de gran potencial. Actualmente este mercado está valuado en 22 mil 382 millones de dólares, con crecimientos del 10% anual, según cifras de Kay Tamillow de Euromonitor.

México necesita dimensionar el daño causado por ingerir alimentos chatarra, pero para ello se requiere una nueva ideología sobre la importancia de la alimentación en la calidad de vida. Sopesar el daño causado por consumir demasiada azúcar o harinas es un inicio. Las anteriores cifras develan un problema cultural alarmante que irá paliándose con la expansión, más que de las consecuencias de comer comida chatarra, quizá de la promoción de las virtudes de comer sano.

El mercado mexicano irá además conociendo los demás niveles de salud alimenticia, como elegir productos que provengan de procesos sanos y naturales. Un segundo grado, que tampoco parece tan lejano si la cultura se expande con firmeza desde el ejemplo de todos, iniciando en casa. Como cuando alguien te habla de un libro que le apasiona y no dudas que lo leerás, así también puede transmitirse un interés genuino por conocer aquello que ingerimos.

 Twitter del autor: @anapauladelatd



Dietas saludables por país: ¿cómo incluir sus beneficios en tus comidas?

No importa que no vivas en estos países, puedes retomar ingredientes de su cocina para cuidar tu salud.

La cultura culinaria de un país influye mucho en la salud de sus habitantes. Por eso, algunos países como Italia, Grecia o Japón tienen largas expectativas de vida para su población, de 80 años o más.

Además, estos países tienen menos índices de diabetes tipo 2 y otras enfermedades relacionadas a la mala alimentación, como la obesidad, misma que ya es toda una epidemia en algunos países, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

¿Qué hace diferentes a estos países?

La buena salud y condición física provienen no sólo de los ingredientes utilizados en la cocina de cada región, sino de otros hábitos, como comer despacio, comer poca cantidad y muchas porciones a lo largo del día, o acompañar la comida con bebidas saludables como el té o el vino.

Pero también —y quizás esto sea lo más importante— influye el hecho de que las dietas que se han probado como las más saludables, de acuerdo con estudios como el de la revista británica The Lancet Global Healthincluyen menos productos procesados en sus ingredientes.

Aquí te mostramos algunas de las dietas más saludables según dicho estudio, y cómo puedes incorporar lo que más te guste de cada una a tu menú.

 

Dieta mediterránea

Pertenece a la cultura magrebí, jordana, otomana, griega, italiana, provenzal (sur de Francia) y española. Incluye muchos granos enteros que se hallan en el pan, así como hortalizas, frutas y pescado, todo aderezado y preparado con aceite de olivo, la principal fuente de grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas que aumentan el colesterol bueno. Es común acompañar la comida mediterránea con una o dos copas de vino, un gran antioxidante natural.

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Puedes agregar los beneficios de la comida mediterránea a tu dieta optando por panes ricos en granos enteros y añadiendo aceite de olivo a tus comidas. Y como los italianos: debes disfrutar cada bocado y comer lentamente para cuidar tu sistema digestivo.

 

Dieta japonesa

Este pequeño país hizo de los elementos de la cocina asiática una específica cultura culinaria con sus propias y deliciosas características. Además, dentro de la comida del continente es de las más sanas y ligeras, pues está repleta de pescado fresco, alga marina, hongos y arroz, que es la principal fuente de carbohidratos complejos de los japoneses.

Si quieres añadir los beneficios de la dieta japonesa a tu menú pero ya consumes carbohidratos de otras fuentes, te recomendamos más el arroz integral. Pero puedes adoptar ingredientes de la cultura culinaria de este país, como el alga marina, un depurador natural que está lleno de minerales y vitaminas y que puedes usar en ensaladas o poner sobre arroz integral para comerlo con salsa de soya. Acompáñalo con una taza de té verde, bebida antienvejecimiento y depuradora.

 

África Occidental

La dieta de Chad, Mali y Sierra Leona está en los tres primeros lugares en los resultado de la investigación de The Lancet Global Health, y pertenece a África Occidental. Esto es porque la comida de esta región es una comida llena de fibra y ácidos grasos omega 3 que se encuentran en los granos enteros, pescados y carnes magras, así como en los cacahuates que utilizan los africanos en diversos guisados.

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Puedes hacer lo mismo y poner cacahuate a tus guisados o ensaladas, lo cual les da un toque delicioso y exótico. O puedes incluir el ñame a tu dieta, un tubérculo parecido a la papa pero con propiedades diuréticas y que fortalece las defensas, mismo que puedes usar en sopas y otros platillos.

 

¿Y en América Latina? 

América Latina no es considerada por el estudio de The Lancet Global Health como una región de dieta sana, pero se mantiene en la media. Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura  (FAO) realizó un estudio mediante el proyecto “Panorama de la Seguridad Alimentaria en América Latina y el Caribe” en el 2016, en el que se buscaba saber cuáles eran los problemas más graves a los que se enfrenta el continente en materia de dietas y salud; en él se destacó que el mayor obstáculo para tener una dieta sana es la economía, y no la cultura culinaria.

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Y es que países del continente como México, Costa Rica y Cuba basan sus dietas en el equilibrio que les brinda el frijol y el arroz como fuente de carbohidratos, el maíz como fuente de fibra, la fruta tropical como fuente de vitaminas y la carne e incluso los insectos como fuente proteica. En realidad, la alta ingesta de productos baratos y ultraprocesados, con alto contenido de azúcar, grasa y sal, son lo que vuelve nociva a la dieta latinoamericana, y no sus elementos primigenios, que son por demás saludables. 

Pero mientras mantengamos esos productos industrializados fuera de nuestro consumo cotidiano y tengamos una dieta equilibrada, abierta a incluir nuevos y sanos ingredientes naturales como los de la comida mediterránea, japonesa y africana, podemos estar seguros de que tendremos una salud óptima, acompañada de un menú variado y delicioso.

 

* Fuente: Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe 2016, FAO.

 

* Imágenes: 1) y 2) Pxhere; 3) Pixabay 4) Istockphoto; 5) Flickr William Neuheisel



Estos alimentos son adictivos y te dañan a ti y al medio ambiente

Además te nutrirte poco, estos alimentos pueden resultar negativos para tu salud y poco o nada sustentables.

La alimentación es vital, y no sólo para nutrirnos y sobrevivir. Representa mucho más que eso. La comida nos sumerge en la experiencia del sabor. Es una práctica sofisticada, que ligamos a nuestras identidades, nuestras prácticas religiosas y a la ideología que rige nuestras subjetividades. El sabor es algo que buscamos, es una vivencia compleja y nos preocupa construirla de tal forma que toque los rincones más íntimos de la memoria, al mismo tiempo que estimula a nuestro cuerpo. La comida nos hace reaccionar de formas peculiares, mientras que lo picante nos acalora, lo dulce nos seduce y nos invita a seguirlo probando. Ante las bondades de la experiencia que es comer ¿qué tan conscientes somos de la manera en la que estamos nutriendo a nuestro cuerpo? Y, lo que comemos ¿en qué medida es realmente sustentable?

¿Por qué son adictivos algunos alimentos?

Es fácil aquí caer en la trampa del gusto, pero vale la pena pensar que el gusto siempre está contextualizado. Es subjetivo, pero sólo porque el gusto de cada quien está mediado y es definido por las particularidades que forman el contexto en que se inserta cada uno. Mientras que algunas de esas particularidades son culturales y sociales, otras tienen que ver con la biología y la genética.

En un estudio publicado por científicos de la Universidad de Michigan y el New York Obesity Research Center en la revista Plos One, se revelaron las 25 comidas más adictivas. Lo que casi todos tienen en común es el alto contenido de grasas, harinas blancas y azúcares refinados. Aunque algunos científicos no están de acuerdo en llamarlas adictivas, está claro que hay razones concretas y comprobadas por las cuales preferimos estos alimentos sobre otros. Definitivamente, el sabor de la pizza, los pasteles, el helado y el refresco es muy agradable, pero esto tiene razón de ser en nuestro cerebro.

La primera es que, cuando tenemos hambre, buscamos consumir los alimentos más calóricamente densos, es decir, los que tienen más calorías por gramo y estos suelen ser las grasas y carbohidratos. Por eso se nos antojan cosas como la comida chatarra, además de que esta suele estar disponible en cualquier lugar, por lo que es muy fácil de conseguir en poco tiempo. Por otro lado, la satisfacción que estos alimentos nos provocan es muy rápida, porque los procesamos rápidamente y nos dan un pico de energía muy alto en poco tiempo. Sin embargo, esa energía nos dura poco y nos obliga a consumir más del mismo alimento poco tiempo después. Los carbohidratos complejos, que no se han convertido industrialmente en harinas blancas, por otro lado, son digeridos más lentamente y nos mantienen satisfechos más tiempo.

Lo más grave es que los efectos de alimentos como el azúcar, actúan directamente en áreas del cerebro ligadas a la estimulación emocional y las adicciones. Aunque la investigación sobre esto aún se considera prematura, se piensa que el azúcar tiene influencia en la regulación de la liberación de dopamina, neurotransmisor ligado a las emociones placenteras. Mientras más azúcar consumimos más alteramos el proceso de liberación de dopamina (como pasa con drogas como la cocaína). Además, para alcanzar siempre el mismo nivel de satisfacción, debemos ir aumentando los niveles de azúcar. Si hay en el sujeto predisposición genética a la adicción, podría ser muy difícil dejar de consumir azúcar.

El verdadero problema está en lo que el alto consumo de azúcares y carbohidratos refinados provoca a largo y mediano plazo: obesidad, diabetes del tipo 2, problemas cardiovasculares e incluso la American Cancer  Society lo liga de forma indirecta con el riesgo de padecer cáncer. Por esto vale mucho la pena tratar de consumir menos de estos alimentos.

¿De qué manera afectamos al medio ambiente al consumir comida “chatarra”?

La expresión no viene en vano. Y, aunque probablemente se refiera a estos alimentos como “chatarra”, porque nutren poco y por poco tiempo, también deberíamos considerar que mucha contaminación está ligada a estos productos. Los consumimos, porque parecen convenientes, están a la mano y casi siempre ya están preparados. Esto también significa que están empacados, a diferencia de los alimentos frescos, en los que podemos evitar el uso extra de plásticos, unicel y cartón. Consumir comida chatarra produce mucha basura. Por otro lado, casi toda esta comida se produce de forma industrializada, lo que quiere decir que hacerla y consumirla es una forma de contribuir a las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta clase de alimentos no son sustentables y posiblemente los distribuya una empresa internacional, que utilice materia prima muy barata y de mala calidad y que puede no estar muy al pendiente de su responsabilidad ambiental. Sería nuestra responsabilidad descubrirlo, antes de comprar sus productos.

¿Cuáles son los alimentos más adictivos y cómo podemos sustituirlos?

La creciente tendencia de comer más saludable y de forma sustentable está seguida de una ola de recetas y tips que pueden ayudarte a cambiar las opciones chatarra por comida igualmente deliciosa, pero mucho más nutritiva, satisfactoria y no empaquetada. Se trata de asumir responsabilidad sobre la forma en que te alimentas y esto significa en muchos sentidos poner atención y meter las manos en la masa. Preparar tus propias versiones de la comida chatarra que más te gusta te permite cambiar las harinas refinadas por versiones integrales; los azúcares refinados por endulzantes más complejos al ser digeridos que no resulten adictivos y las grasas por opciones que no te pongan en riesgo. Además, dejar de comprar tantos productos empaquetados contribuye significativamente a que generes menos basura, día con día.

Estos son algunos de los alimentos más adictivos y algunas sugerencias para sustituirlos:

Pizza: la pizza lo tiene todo, harina refinada, grasas, alimentos altos en sodio y azúcares ocultos en muchos de sus ingredientes. Prepara tu propia pizza con masa de harina integral, salsa casera y queso de buena calidad.

Chocolate: el chocolate barato está hecho con ingredientes de muy mala calidad, azúcares refinados y grasa vegetal que no es de cacao. De chocolate, en realidad, tiene poco. Vale la pena invertir en un chocolate con alto porcentaje de cacao (arriba de 70%) y endulzado con stevia, jarabe de agave o sin endulzar. Es amargo, pero muy agradable y lo puedes usar para sustituir el chocolate de cualquier receta. También puedes conseguir cocoa en polvo sin endulzar.

Pan blanco: El pan blanco es fácil de sustituir por pan integral. Pero hay que tener cuidado, porque el pan integral comercial es en realidad pan blanco con salvado. Además el pan integral tiene mucho azúcar refinada. Vale la pena hacer el propio pan. Puedes mejorar la calidad nutritiva de un pan blanco si lo haces con masa reposada. Consiste en mezclar harina, agua y sal con una masilla hecha con harina y agua, pero reposada al aire libre por varios días. Cuando la dejas al aire, levaduras vivas la utilizan para alimentarse de ella y estas son muy nutritivas para nosotros y funcionan como agente leudante.

Galletas: Las galletas son deliciosas porque están hechas con harina, mantequilla y azúcar. Sustituye el azúcar por un endulzante complejo y el harina por opciones como harina de avena, que puedes comprar o hacer en casa, licuando avena cruda y seca muy rápido, hasta que se convierta en un polvo fino.

Cereal: Puedes cambiar el cereal comercial por una mezcla casera de hojuelas de avena tostadas, semillas, nueces, frutos secos sin azúcar añadido, endulzado con miel. Es delicioso, tiene una consistencia deliciosa y satisfactoria.

Pollo frito: En lugar de freír el pollo, puedes hornearlo y en lugar de empanizarlo, puedes cubrirlo con una mezcla de almendras o cacahuates molidos finamente, parmesano y orégano o albahaca seca. La cubierta quedará crujiente y deliciosa en el horno.