El primer pueblo mexicano orgullosamente bicicletero podría ser Cholula

Un proyecto promueve que la bicicleta sea el medio de transporte más importante en este pueblo mágico, lo cual implicaría cambiar las reglas de tránsito y, paulatinamente, la cultura

En México se conoce irónicamente a un pueblo bicicletero como aquel que, carente de “desarrollo”, prescinde de autos y grandes medios de transporte: el pueblo bicicletero es sinónimo de atraso. Sin embargo, un grupo de ciudadanos de Cholula, Puebla, un pueblo mágico característico por tener 45 iglesias en pocos kilómetros y albergar la pirámide más antigua de Mesoamérica, quiere reivindicar la cualidad de pueblo bicicletero como una verdaderamente progresista, sinónimo de vanguardia y de una comunidad incluso más sana e informada.

El proyecto se llama Cholula 30 y es el primero sobre pacificación de tránsito en México. El programa quiere dar prioridad a la bicicleta a partir de límites de velocidad y un rediseño urbano. Con el slogan “Un pueblo mágico es un pueblo bicicletero” buscan “crear una zona 30 que significa que, empezando por dos calles principales y después de un análisis en San Andrés Cholula, se logre hacer que las dos calles vuelquen la preferencia en el ciclista”.

El principal viraje sería que las dos principales calles de Cholula priorizarían el uso de la bicicleta, con reglas muy concretas como circular en la calle sin ser rebasado, una velocidad máxima de 30 hm/h, reductores de velocidad, circulación en zigzag, isletas y fajas separadoras, glorieta, etc. Cabe señalar que hasta ahora el programa ha tenido problemas de implementación por negligencia política, pero el proyecto sigue en pie.

Cholula 30 es parte de la Red Nacional de Ciclismo Urbano (BICIRED) que empuja cambios en muchas ciudades desde las políticas públicas y las reglas viales e, incluso, gestiona recursos para que en el presupuesto nacional sean etiquetados medios para promover el uso de la bicicleta. Si quieres conocer los planes que BICIRED tiene en tu ciudad, da clic aquí.

 

 



Explorador recorre en bicicleta uno de los sitios más remotos del mundo (VIDEO)

La bicicleta se posiciona como un vehículo para recorrer los parajes más insólitos como Kirguistán.

La república de Kirguistán es uno de los paisajes más remotos y alejados de la Tierra. Compartiendo fronteras con China, Kazajstán, Tayikistán y Uzbekistán, esta pequeña república fue el escenario de un épico viaje hacia lo desconocido por parte del aventurero Kyle Dempster.

“¿Cómo llegué aquí?”, se pregunta Dempster en una de las primeras escenas del documental The road to Karakol, donde podemos ver a Dempster atravesando las remotas llanuras de Asia a bordo de su bicicleta, atravesando ríos casi congelados en plena desnudez y dándose a entender con los pobladores de los lugares más escondidos del planeta.

El viaje estuvo patrocinado por Outdoor Research, una compañía de equipo para expediciones, los cuales pensaron que el viaje de 1,200 kilómetros de Dempster podría servir como un video corto; no imaginaron que el material que Dempster filmó durante su odisea serviría para que los cineastas Fitz Cahall y Austin Siadak dieran forma a un proyecto mucho más grande y ambicioso.

La soledad se vuelve apremiante entre la inmensidad: cada lugar donde el ojo se posa reviste una inusitada belleza, una complejidad, un problema al que nunca nos hemos enfrentado. Estamos viajando realmente hacia lo desconocido, con Dempster, solamente armados con una cámara de video, utensilios de sobrevivencia y un viejo mapa de Kirguistán.

Se trata de la experiencia de lo desconocido en grado sumo: de ponerse en un lugar de riesgo, que es el antiguo lugar de la aventura. Los exploradores del mar en los siglos XVI y XVII subían a los barcos sin una idea clara de lo que habrían de encontrar al otro lado del mundo. En nuestros días es fácil buscar “Kirguistán” en Google y hacernos una idea aproximada de ese lugar, pero visitarlo –incluso a través de los ojos de un explorador como Dempster– es una experiencia que compete solamente a nuestros sentidos, que modifica nuestras expectativas y que nos da un nuevo acercamiento a lo desconocido en nuestro mundo. Recorrerlo en bicicleta, además, confiere a este vehículo un valor que lo sitúa como uno de los inventos que más empata con la naturaleza.