Algunos beneficios de caminar descalzo en el pasto

Conforme se acostumbre el pie a estar en contacto directo con el suelo a través del ejercicio, la planta del pie se hará resistente

Los pies, considerados como la base de una persona, son el contacto directo que tenemos con la Madre Tierra. Este apego a lo natural fue disminuyendo conforme los estándares sociales impusieron una demanda de la conglomeración urbana. Así, el éxito, la fama y el dinero se volvieron el centro de atención, convirtiendo a la indumentaria más costosa en la clave para llegar al cielo (y “perder los pies del suelo”). Un ejemplo evidente son los zapatos con tacones inmensos.

Ahora, con esta interrumpida cercanía a la naturaleza, las personas resienten este cambio a través de dolores o enfermedades emocionales que, en cierta medida, afectan también a su salud física. Para revertir este cambio, una solución viable es caminar o ejercitarse sin zapatos. De este modo se permite desarrollar más fuerza muscular en pies, piernas y caderas al favorecer la circulación sanguínea y la musculatura de la zona.

Además,caminar descalzo permite reajustar la posición más adecuada para el restablecimiento del equilibrio y la agilidad. En especial si se trata de una superficie natural (pasto), ya que se fomenta bienestar, relajación, entusiasmo, fuerza y equilibrio.

Conforme se acostumbre el pie a estar en contacto directo con el suelo a través del ejercicio, la planta del pie se hará resistente. Así, se podrán realizar más actividades sin la contención de zapatos, estimulando las terminaciones nerviosas encargadas de generar endorfinas (los neurotransmisores del placer y recompensa).

Fotografía principal: Suzi Duke

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La naturaleza y sus cicatrices de guerra (📷✨)

Pasado y presente se funden en estas imágenes del fotógrafo Jonathan Beamish.

Algunos parajes de esta Tierra están repletos de fantasmas. Estos espectros se manifiestan en las cicatrices que las guerras han dejado plasmadas en la naturaleza. Algunas marcas son prácticamente invisibles a la vista humana, pero no a la luz infrarroja. Jonathan Beamish utiliza esta técnica para fotografiar los rastros de la primera guerra mundial en los mayores campos de batalla. 

En las fotografías, la belleza de los paisajes franceses y belgas cobra un matiz lúgubre. A través de la oscura luz, las fisuras del conflicto se aprecian todavía en varios sitios después de 200 años. Dice Beamish: 

La fotografía infrarroja siempre me ha interesado, pues te permite ir más allá de la visión común, apreciar colores normalmente invisibles, e incluso te da la habilidad de ver en la oscuridad.

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¿Por qué asomarse a este vacío? ¿Para qué ver a los ojos las heridas de la guerra? 

Hay algo de sanación en estos paisajes arrasados, un poco de la tranquilidad que llega únicamente tras enfrentarse a los recuerdos más dolorosos. Los tonos grises, cruzados de súbito por trazos de rojo profundo, traen los eventos del pasado al presente de forma vívida. 

Pasado y presente se funden en estas imágenes. Los miles de soldados heridos, los caídos y las aldeas derruidas queman su huella para siempre en la historia. Por encima de todo, la naturaleza queda invicta: su resiliencia trasciende todos los conflictos. 

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