Adecúa las macetas de tus plantas exteriores con estos útiles consejos

Recuerda que sólo se requiere un pequeño espacio para que las plantas se conviertan en un santuario de unidad con la naturaleza

Los jardines son pequeños espacios que representan esa relación afectiva que tenemos con la vida y la naturaleza, de modo que se requerirá un cuidado especial para el desarrollo óptimo de aquellas plantas, flores, frutos y vegetales de cuya perfección podemos disfrutar. Algunos de los cuidados indispensables son la ubicación física, el tamaño, la maceta y su profundidad, entre otros.

En la cuestión de la maceta es importante tener en cuenta varios factores, tales como el color de la pared, el tipo de construcción y el gusto de cada quién. De plástico, arcilla, talavera, cerámica, madera, las macetas permiten que el sustrato transpire y retenga un poco de agua para las raíces de las plantas (en especial si son de compuestos naturales, como granito o tierra cocida).

Para la trasplantación necesitas recordar que la maceta requiere un buen drenaje: realiza unos cuantos hoyos en su fondo para evitar encharcamientos, reduciendo el daño en las raíces de las plantas. Rellena los agujeros con pequeños trozos de ladrillo o teja y, eventualmente, cubre  la maceta con una capa de arena, continuando con tierra y composta.

Cuando se trata de macetas de un tamaño considerable, se requiere un método de drenaje muchísimo más eficaz para el tamaño de la planta. Además de los agujeros anteriormente mencionados, ahora coloca una primera capa de grava combinada con trozos de teja; después, una capa de arena. Rellena el resto con composta y tierra.

Recuerda que sólo se requiere un pequeño espacio para que las plantas se conviertan en un santuario de unidad con la naturaleza. Con un poco de paciencia y dedicación; lo anterior son sólo algunos ejemplos para lograrlo.

Fotografía principal: Guadalupe Cervilla



Esto hacen tus plantas cuando no las ves (🎥)

¿Te has preguntado qué hacen las plantas cuando no les prestas atención?

No olvidemos algo: las plantas son seres vivos. Tienen mecanismos de defensa ante el daño, y la capacidad de adaptación que es inherente a toda la naturaleza. Sabemos que se abren al sol para recibir energía y también cierran sus hojas, pero, ¿qué tanto se mueven en realidad?

Según un video publicado por houseplantjournal en Instagram, las plantas se mueven, y mucho. El clip muestra a dos ejemplares caseros -una oxalis y una marantra- grabados a lo largo de 1 día, y el resultado es fascinante. 

Sus hojas ondulan, vibran y se balancean como si quisieran hacer un llamado. Al observar su baile, no queda ninguna duda de que son seres llenos de vitalidad, aunque su ritmo difiera del nuestro.

Míralas moverse:

¿No te dan ganas de ponerle un poco de música a tus plantas?



Las plantas son inteligentes: no tienen cerebro, pero pueden recordar y escuchar

La insólita inteligencia silvestre te sumirá en reflexiones existencialistas.

El ser humano es psicocéntrico. Para nuestra especie todo gira alrededor del cerebro, órgano que aloja la inteligencia y que sofistica nuestros sentidos y percepciones. También es desde este órgano, por lo menos para la ciencia y la filosofía moderna, de donde surge la conciencia. Incluso, un estudio reciente plantea que existe una zona del cerebro que alberga la espiritualidad.

El cerebro es fascinante, no cabe duda. Pero esta concepción psicoéntrica ha justificado por siglos muchas ideas negativas y peyorativas: por ejemplo, que los animales son “inferiores” al ser humano, lo que nos ha hecho olvidar que aliviar el sufrimiento animal es un imperativo ético. Pero la ciencia contemporánea no sólo ha demostrado la lúcida inteligencia de muchos animales –y defendido que sí tienen conciencia–; también ha demostrado que las plantas, aunque no tengan cerebro, tienen grados de inteligencia –y por ende, un tipo de conciencia– realmente insólitos.

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Monica Gagliano, blogger de Scientific American, ha realizado muchos estudios, experimentos e investigaciones cuya única conclusión posible es que las plantas son inteligentes. De ellos habla en el podcast Smarty Plants, de Radiolab, y comprueba estas dos insólitas capacidades de la inteligencia silvestre:

 

Las plantas oyen

Gagliano hizo un experimento con reproductores de música, bocinas y una planta. Un reproductor tocaba un sonido de agua grabado previamente, y otro estaba en silencio, pero emitía ondas. Gagliano comprobó que la planta se movía lentamente hacia el reproductor que emitía el sonido de agua. Esto, según Gagliano, no significa que puedan escuchar, pero sí que sienten de alguna forma los sonidos a través de los pequeños pelos de sus raíces y reaccionan en consecuencia. Es por esto, quizá, que cuando le hablamos mal a una planta tiende a morir.

 

Las plantas recuerdan

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Utilizando un ejemplar de Mimosa púdica, una planta muy sensible, Gagliano comprobó la capacidad de esta planta de recordar y adaptarse. La Mimosa tiene un curioso mecanismo, que ha fascinado por años a los biólogos: la curiosa forma en la que cierra sus hojas para defenderse de los predadores. Gagliano construyó una caja con la cual podía aventar la planta desde una silla sin ocasionarle ningún daño. Cuando abría la caja, la planta tenía sus hojas plegadas, en defensa de lo que le estaba ocurriendo. Pero después de que Gagliano la tiró decenas de veces, la Mimosa dejó de plegar sus hojas: sabía que era una situación anormal, pero había comprobado que no implicaba peligro alguno.

 

¿Cómo es que las plantas son inteligentes si no tienen cerebro?

Existen muchos otros avances que han demostrado la inteligencia silvestre. Sólo que ésta funciona de una manera peculiar, y por eso ha sido tan difícil de comprender por nosotros. Porque el  tiempo-espacio es experimentado por las plantas de una manera diametralmente opuesta a la nuestra. Como dice Gagliano:

Las plantas no se mueven de A hacia B, sino que crecen de A hacia B.

Y su cerebro no está arriba, en sus hojas, sino abajo, en sus raíces.

En los bosques, los científicos han llamado Wood Wide Web, o el “Internet de los árboles” a la inteligencia colectiva de los árboles. Gracias a sus raíces, los árboles pueden comunicar un montón de cuestiones e intercambiar diversa información. Debajo de la tierra es el lugar en el cual las especies vegetales suelen concentrar sus funciones cognitivas, activadas gracias a los diminutos pelos que tiene cada una de sus raíces. Esto, a decir de muchos científicos, es el universo neuronal de las plantas.

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Según Gagliano, es también por las raíces que las plantas pueden “escuchar” y recordar. También se ha comprobado que tienen algo similar al sistema nervioso: un sistema que genera una luz fascinante y que funciona para comunicar. Pero aún queda mucho por averiguar sobre las principales funciones y capacidades de la inteligencia silvestre.

No cabe duda de que para comprender a las plantas y a cualquier otra especie, tenemos que hacer un ejercicio de “descentralización”. Dejar de pensar que la inteligencia sólo depende del cerebro y, más aún, dejar de pensar que la inteligencia sólo puede ser como nosotros la concebimos. Comprender el mundo natural depende, sobre todo, de nuestra imaginación.