Acampa ecoamigablemente con estos tips

Recuerda que la naturaleza es nuestro hogar, por lo que requiere de cuidados específicos para mantenerse lo más saludable posible

El estrés de la vida diaria puede afectar nuestra salud tanto física como emocional, por lo que es importante ofrecernos pequeños placeres que nos autorregulen interna y externamente. Desde la capacidad de disfrutar cada alimento o tener un lapso de tiempo para ejercitarse, meditar, realizar introspección, descansar y realizar actividades productivas hasta contar con acercamientos con una creencia cosmogónica, así como con la misma naturaleza.

Esta homeostasis podría lograrse en la medida en que respetemos tanto nuestro cuerpo y el de los demás como el de la naturaleza. Por ello, en los momentos en los que decidas acercarte a la naturaleza, es importante que conozcas los cuidados necesarios:

Primero, no dejes ningún rastro de tu presencia. Cuida el medio ambiente y la vida silvestre, para lo cual lleva contigo una bolsa para tirar los restos de la comida, envases y demás basura. Somos invitados de la naturaleza, por lo que habremos de comportarnos como tales.

Segundo, sigue los senderos. Al evitar entrar a zonas verdes, reducimos el riesgo de peligro tanto de la naturaleza como de nosotros mismos.

Tercero, evita fumar o hacer fogatas. Una colilla mal apagada puede provocar un incendio, originando una catástrofe ambiental (sin tomar en cuenta la contaminación ocasionada).

Recuerda que la naturaleza es nuestro hogar, por lo que requiere de cuidados específicos para mantenerse lo más saludable posible ya que, de ese modo, nuestro estilo de vida también gozará de sus beneficios.

 

Fotografía principal: Adrian Senn

 



¿Dónde están los lugares vírgenes del planeta? Sólo 5 países conservan el 70% de estos paraísos

Proteger lo que queda de nuestro ecosistema debe ser prioridad mundial.

El 70% de los ecosistemas intactos de nuestro planeta se distribuye en sólo 5 países. Cuidar la tierra virgen que nos queda, debe ser una prioridad global.

Los ecosistemas intactos son valiosos por una sencilla razón: amortiguan los efectos del cambio climático, que sigue en aumento. Aun con esto, su protección todavía no se considera un objetivo explícito en la política internacional, según la revista Nature.

5 países tierra virgen mundial
Mapa de los ecosistemas intactos restantes/Revista Nature

A nivel mundial, sólo un 23% de la naturaleza sigue intacta. La mayor parte de ese porcentaje se concentra en Brasil, Canadá, Estados Unidos, Rusia y Australia. El resto de los ecosistemas vírgenes se encuentran en los océanos y zonas del Ártico.

Hoy más que nunca, los estragos de la actividad humana en el medioambiente son imposibles de ignorar. La agricultura, la minería y el desarrollo urbano han arrasado con 3.3 millones de kilómetros cuadrados de zonas vírgenes. Esta cantidad exorbitante equivale a un área que supera el tamaño de la India.

5-paises-tierra-virgen-canada

El llamado a la acción es total. Científicos de la Universidad de Queensland insisten en que la protección de estas zonas se lleve a cabo en un 100%. Aunque los países involucrados tienen la mayor responsabilidad, la conservación de la naturaleza salvaje debe ser una prioridad mundial.

Las áreas vírgenes son un gran repositorio de material genético, pues en ellas se da la biodiversidad de manera natural y adaptada a los procesos evolutivos. Además, las zonas forestales intactas absorben mucho más dióxido de carbono que las áreas reforestadas. 

Así como las especies animales se extinguen, los hábitats en los que se desarrollan también se encuentran en constante peligro. Los daños siempre llegan, de una forma u otra, a las comunidades humanas. Junto a los esfuerzos de conservación internacionales, Nature resalta la importancia de defender los derechos de las comunidades indígenas que habitan gran parte de estas tierras.

El panorama es preocupante, pero todavía no es tarde: la Tierra nos está dando una oportunidad más para salvaguardar la naturaleza que nos queda. Queda en nosotros atender su llamado



¿Sabías que interactuar con la naturaleza combate nuestra sed de inmediatez?

Un estudio de VU University comprobó que las personas que tienen más contacto con la naturaleza, son más proclives a tomar decisiones pensando a largo plazo, y también a ser menos impulsivas.

Quizá una de las grandes facturas que ha cobrado la cultura del consumismo y el espectáculo, es que encontramos una gran satisfacción en placeres o sensaciones inmediatos. La rapidez que demanda el gusto por el instante, también permea nuestras decisiones, pues se vuelven más cortoplacistas. Incluso en nuestras relaciones amorosas, quizá, nos entregamos a aquello que parece atractivo, sin tomarnos un tiempo para conocer más a fondo a las personas.

¿Pero qué tiene qué ver lo anterior con la naturaleza? Considerando que actualmente más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, un grupo de investigadores holandeses de la VU University realizó una investigación para contrastar los efectos del contacto con la naturaleza. En los resultados encontraron, además de respuestas positivas como una mayor concentración y capacidad de autocontrol por parte de las personas en contacto con la naturaleza, una propensión a la proyección a largo plazo en la toma de las decisiones de los participantes.

Lo más sorprendente, es que estos cambios no los mostraron únicamente aquellos que estuvieron en contacto directo con la naturaleza, también aquellos que contemplaron una fotografía de esta, o bien, las personas que tras su ventana contemplaban un paisaje natural. Como si la misma naturaleza al contemplarla nos transmitiera un mensaje sobre el ritmo de la vida, que no necesariamente sincroniza con nuestros relojes, la interacción con lo natural refuerza en nosotros una especie de inteligencia biológica.

Hasta cierto punto, el tiempo, al menos en su faceta lineal, es un recurso cultural. Y quizá la noción que tenemos de la inmediatez, y la satisfacción de necesidades efímeras, responde a ese llamado artificial pero, consecuentemente, nos distancia de los ritmos que rigen al universo del que somos parte.

 

*Ilustraciones: Mali Fischer