A partir de desechos orgánicos, un mexicano crea electricidad

Es la primera vez que se hacen biodigestores accesibles para generar energía desde los hogares

La generación de electricidad puede darse desde casi cualquier fuente de energía. Como si ella misma, la energía, nos recordara que no se crea ni se destruye, cada día se aplican más alternativas de generación de electricidad a partir de fuentes como el excremento de vaca o la radiación del Sol.

Un inventor mexicano, Daniel Bouchbinder Aurum, ha desarrollado biodigestores para proveer a casas rurales de escasos recursos de fuentes de energía. Elaboró por primera vez un biodigestor a pequeña escala, y económico, que produce electricidad a partir de desechos orgánicos. Anteriormente, sólo grandes las empresas se hacían de estos aparatos para generar electricidad.

Su invento alberga contenedores herméticos que descomponen algunos desechos orgánicos, como el estiércol o residuos de vegetales, a partir de cuatro bacterias anaerobias que generan gas metano que después es convertido en energía eléctrica. Además de que es la primera vez que se elaboran biodigestores al alcance de personas de escasos recursos, se abre la oportunidad para que los hogares puedan acceder a este tipo de prototipos.

El inventor mexicano, miembro de la Red de Talentos Mexicanos en el Exterior también está generando hornos de leña que ahorran hasta 60% de esta materia en los hogares rurales, para que estos espacios estén menos contaminados y sean más saludables. Hasta hoy, sus biodigestores han sido instalados en pequeños hogares rurales de Quetzaltenango, Guatemala.



Científico mexicano propone a la NASA proyecto de “huertos espaciales”

Porque el futuro, en el espacio y en la Tierra, reside en que cultivemos nuestros propios alimentos.

Los científicos mexicanos han estado a la orden del día en muy diversos campos de la innovación, y muchos de sus proyectos tienen en común el uso de elementos naturales. Ahí tenemos, por ejemplo, la reciente creación de anticonceptivos a base de una planta común, así como la experimentación con el nopal en un sinfín de inventos.

Ahora, un mexicano vislumbra la posibilidad
de crear huertos en el espacio exterior.

Ernesto Olvera es un investigador del Tecnológico Nacional de México que presentó recientemente a la NASA un proyecto de cultivo de plantas. Así se inaugura la posibilidad de crear huertos espaciales, los cuales ayudarán a cultivar alimentos –tales como lechuga y espinaca– durante las misiones espaciales. Esto no es nada fácil, pues el espacio ofrece condiciones disímiles para el cultivo en comparación a las de la Tierra. Estas condiciones, por supuesto, no son ni mucho menos las idóneas para la producción de plantas con potencial nutritivo.

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No obstante, Olvera cree que estas barreras al cultivo espacial pueden superarse. ¿Cómo? Mediante el uso preciso de la luz artificial, la cual ha estudiado a profundidad durante 2 años en el Laboratorio de Iluminación Artificial.

De avanzar en este proyecto, que por ahora sólo fue presentado a un grupo de investigadores encargados de la producción de plantas en el espacio –a cargo de Gioia Massa–, es posible que se puedan cultivar suficientes alimentos como para saciar casi todas las necesidades nutrimentales de los astronautas. El amaranto sería uno de esos alimentos factibles de ser cultivados en el espacio y la NASA ya sabe, gracias al astronauta mexicano Rodolfo Neri Vela, cuántos beneficios tiene esta proteína vegetal para la dieta espacial.

Habrá que seguir al tanto de este portentoso proyecto, mismo que promete revolucionar la manera en la que los astronautas se alimentan en el espacio –así como la forma en la que se relacionan con sus alimentos durante sus viajes estelares–. Quizá así nos demuestren que el futuro, sea en el espacio o en la Tierra, está en que cultivemos nuestros propios alimentos.

Y si los astronautas llegan a tener huertos espaciales, ¿qué nos impediría a nosotros tener huertos urbanos?



Torres de microalgas que purifican el aire: un ecoinvento desde México

Cada una de estas torres de microalgas puede generar el oxígeno equivalente a 400 árboles.

En México, las mentes jóvenes son brillantes. No sólo porque se gradúan de Harvard antes de cumplir los 18 años o tienen doctorados a los 21, sino porque con la luz que irradian están iluminando el camino a seguir para la comunidad global, reinventando así nuestras formas de vivir y reconciliándolas con lo resiliente y lo sustentable.

Los ecoinventos que las mentes más brillantes y frescas en México han creado se cuentan por decenas. Entre ellos están los filtros para reciclar miles de litros de agua y el sofisticado concreto que purifica el aire, creado por jóvenes ingenieros de la UNAM.

Ahora, y con el fin de disminuir el dióxido de carbono en la atmósfera y la contaminación del aire en las urbes, un estudiante del Tecnológico de Monterrey, Carlos Monroy Sampieri, creó una torre con filtros de microalgas que genera aire puro en medio de las ciudades.

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El proyecto de este joven mexicano, BIOURBAN, nació a partir de la experimentación con la biofiltración –cuyo principio es el de aprovechar las capacidades orgánicas de diversos organismos–, mismo que comenzó en 2016 gracias a los cursos que tomó en el MIT.

El elemento biológico de este ecoinvento son las algas, mismas que atrapan y transforman gran cantidad de dióxido de carbono durante su fotosíntesis. Cada torre de microalgas tiene un sistema de biofiltración de agentes contaminantes atmosféricos, que mejora la calidad del aire, como si se tratara de árboles artificiales.

Cada torre de microalgas equivale a 360 árboles.
Algunas pueden generar el mismo oxígeno que 400 árboles.

La startup BiomiTech fue la ganadora del reto Heineken Green Challenge durante el festival de emprendimiento INCMtY 2018, organizado por el Tec de Monterrey.

Ahora este ecoinvento podría poblar varias ciudades del mundo, según los planes de Monroy Sampieri, quien piensa promover su tecnología en el continente americano. Incluso buscará llegar hasta Inglaterra, Suiza, Turquía e incluso el continente asiático.