Tips para hacer tu propio jardín en una botella de vidrio

Existen numerosas opciones para generar esta atmósfera de equilibrio dentro de nuestro hogar, y una de ellas es el cultivo dentro de botellas de vidrio

La naturaleza cuenta con características sorprendentes, como el equilibrio y la adaptabilidad. Gracias al balance de sus procesos, la naturaleza entra en perfecta armonía con el fin de asegurar su supervivencia.

Diario somos testigos de este tipo de pruebas al admirar árboles en las calles, plantar huertosy cuidar ciertos cultivos o flores, entre otros, e inclusive al enterarnos de la existencia de jardines embotellados desde 1960.

Existen numerosas opciones para generar esta atmósfera de equilibrio dentro de nuestro hogar, y una de ellas es el cultivo dentro de botellas de vidrio. La manera de hacerlo es sencilla, ya que sólo se requieren accesorios que se consiguen con facilidad.

Ingredientes: botella de vidrio, bolitas de arcilla (arena húmeda, mármol, piedra o grava), carbón activo u horticultural, tierra, semillas, musgo de turbera y cuchara (o pinzas).

Instrucciones: primero vierte 3cm de bolitas de arcilla dentro de la botella. Estos materiales fungirán como drenaje, absorbiendo el exceso de agua. Después agrega un poco de carbón activo u horticultural, el cual ayudará a mantener la tierra fresca. Cubre estas capas con 6cm de tierra y musgo de turbera. En caso de que la tierra se amontone en una parte, remuévela con una cuchara. Finalmente, planta las semillas desde afuera hacia adentro, esparciéndolas a 3cm de distancia; de ese modo las raíces cubrirán la tierra, estableciéndose.

Recomendaciones:

  • Para regar el jardín de botella, deja gotear un vaso de agua al interior de la botella, humedeciendo la tierra y zonas desnudas (sin musgo) para evitar que se reseque.
  • Los jardines de botella requieren un alto grado de humedad.
  • Evita mezclar plantas que necesitan diferentes tipos de cuidado y de riego.

Fotografía principal: Top Emprendedoras

 

 



Sobre por qué hoy es más importante que nunca estar cerca de un jardín

Los jardines han sido siempre espacios para cultivar la imaginación y los sentidos; hoy, además, podrían ser un recurso de supervivencia.

Un jardín es el más puro de los placeres humanos. 

Francis Bacon

La digitalización de la realidad

Nadie niega que el mundo digital tiene sus mieles. De hecho, en una de sus facetas, Internet es esa biblioteca infinita con la que muchos soñamos alguna vez. El problema es que si este espacio, por cierto cada vez más demandante, reemplaza nuestro contacto con la “realidad” asible, estamos entonces alimentando una posibilidad aterradora: perder por completo nuestro lazo con eso que podríamos llamar el origen, es decir aquello que estuvo antes que nosotros, y que seguro nos verá pasar.

Por fortuna, ante la pérdida de corporalidad y la atemporalidad contra-biológica, dos de los ingredientes de la digitalización de nuestra realidad, existen espacios de refugio y contrapeso. Estos rincones alimentan nuestro vínculo con, dicho de forma literal pero también figurada, lo palpable. 

 

Los jardines antidigitales

Si lo digital (redes sociales, mensajería instantánea, voyeur electrónico, hiperacceso informativo, narcisismo binario, ultraconectividad, etc.) domina buena parte de la cultura actual, ¿podrías imaginar algo más contracultural, más “equilibrante”, que cultivar y disfrutar de un jardín?

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Un jardín es un sitio en esencia sensorial; su naturaleza es rítmica (y su ritmo natural), obliga paciencia; un jardín provee una experiencia estética, incluso erótica, pero también demanda interacción física y dedicación; es un lugar mundano pero que propulsa la imaginación, tan básico como trascendental, accesible y naturalmente sofisticado.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, por cierto una de las voces críticas más inquietas de la actualidad, advierte que tener un “jardín secreto” es lo que le ha permitido, entre otras medidas, refugiarse:

…durante 3 años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… es la abolición de la realidad.

Bacon, Voltaire, Borges, Dickinson, Monet y Carroll son sólo algunos de los devotos de estos sitios; lo mismo que antiguos reyes árabes y los mayores maestros zen. Algo tienen los jardines que nos encandila desde siempre. Pero ahora no sólo figuran como proveedores de una exquisitez sensorial y una guarida estética; hoy los jardines se presentan como una suerte de bálsamo, como un generoso instrumento de supervivencia y re-humanización. De hecho, está comprobada una correspondencia entre la jardinería y estados como la relajación, la satisfacción y la calma.

Entre la información y la tierra

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“Si tienes un jardín y una biblioteca, tienes todo lo necesario”, decía Marco Tulio. Curiosamente, algo así es a lo que muchos podríamos aspirar hoy. A fin de cuentas no se trata de buscar un exilio digital, algo inviable para la mayoría. En cambio, se trata de simplemente ejercer una práctica arquetípica: la búsqueda consciente del equilibrio.

Tal vez si logramos envolver nuestro “yo digital”, con sus proyecciones narcisistas, sus ritmos antibiológicos y sus caudales de información, en flores de lavanda, helechos y contemplación de hormigas, entonces aprovecharemos lo mejor de dos mundos. Tal vez buena parte de las respuestas que estás buscando en este instante te estén esperando ahí, en un jardín. Y en ese caso, sería una tristeza no acudir a esa cita.

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té y vive parte del tiempo en las montañas.