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¿Cuántas personas se necesitan para iniciar una revolución de conciencia? (Video)

¿Se necesita un número específico de personas para hacer una modificación de creencias y crear un cambio social? La ciencia dice que sí.

¿Cuántos activistas se necesitan para cambiar el mundo? Esta es una pregunta que, hasta hace poco, nadie podía responder. Sin embargo, en un estudio reciente, investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Londres encontraron que el número más probable es 25%.

 

El 25% de activistas, o uno de los requisitos para un cambio social

Últimamente se han visto cambios en las opiniones de la sociedad, desde los derechos de los homosexuales hasta la igualdad de género, las posturas han cambiado drásticamente alrededor del mundo.

No obstante, nunca se ha definido si existe un número específico de personas que se requieran para impulsar estos cambios desde los márgenes sociales y convertirlos en una tendencia mundial.

Gracias al estudio publicado en la revista Science, ahora se estima que la participación necesaria para detonar un cambio es del 25% de un grupo. Según dicha investigación, esta es la porción de participación que se necesita para adoptar una nueva norma social y crear un punto de inflexión que provoque que todos los integrantes del grupo la sigan.

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Sobre el origen del número mágico para el cambio 

Durante el estudio, los investigadores crearon una serie de pequeñas comunidades en línea, de 20 personas, y les pagaron para ponerse de acuerdo en torno a una norma social (en este caso, era el nombre de una persona en una imagen).

Una vez que cada grupo estuvo de acuerdo, le pagaron a unas pocas personas selectas de esos grupos para impulsar el cambio. Este grupo varió en tamaño, pero se dieron cuenta de que si el 25% de los individuos presionaba por una nueva etiqueta, ésta iba siendo aceptada más rápidamente y en masa.

El resultado más interesante que arrojó el estudio es que la presión social para cambiar era tan grande que incluso el 75% de los miembros restantes, a quienes les pagaron el doble y el triple de la cantidad de dinero, sucumbían a la presión de grupo.

En otras palabras, compartir esa historia con una perspectiva personal en Facebook, Twitter o la vida real puede impactar más de lo que piensas. Porque la presión social es, de hecho, mensurablemente significativa. Y tú puedes ser la única persona que se interpone entre lo que la industria quiere y el cambio real que necesita el mundo.

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Por supuesto, en el mundo no digital, muchas otras variables pueden afectar el éxito de la minoría comprometida; pero aun así, el conocimiento de que basta con el 25% de la población para tener un efecto en el cambio social podría ser alentador y, a la vez, ligeramente atemorizante.

Para los activistas, esta noticia probablemente sea positiva. No necesitan transformar a toda una población para que comprendan su punto de vista; el 25% lo hará, y una sola persona puede iniciar y marcar la diferencia.



Activismo digital (o la transformación del individuo a favor de la comunidad)

La oposición entre individuo y comunidad quizá se resuelva cuando se decide trabajar en beneficio de los otros; el ejemplo de Derrick Broze así parece mostrarlo.

Una de las premisas de las que parte la teoría liberal dicta que el individuo es esencialmente libre, que su libertad es la fuente de donde manan sus posibilidades de acción y desarrollo.

Desde otras perspectivas, sin embargo, se dice que dicha libertad es más limitada, cuando no francamente ficticia, y que más bien son las estructuras del mundo las que determinan el margen de decisión y de elección. “El hombre ha nacido libre pero por todos lados está encadenado”, escribió Rousseau al inicio de El contrato social, una sentencia célebre que de algún modo resume estas dos fuerzas que parecen tirar de la libertad en sentidos opuestos.

La vida de Derrick Broze es notablemente elocuente a este respecto. “La persona que soy ahora no es la persona que era hace 10 años”, dice en una entrevista realizada por Luke Rudkowski para Wechange.org.

¿A qué se refiere Broze?

Al hecho de que entonces era un consumidor de crystal meth, sustancia que incluso llegó a vender y la cual lo tuvo al borde de ese abismo que inevitablemente amenaza con desaparecer una existencia: una huida o un escape que, paradójicamente, lo condujo a ningún lado, el vacío donde la vida se reduce a nada.

O casi. Porque en medio de esa anulación Broze tuvo un instante de lucidez en el que se dio cuenta de que no era feliz, un reconocimiento profundamente sincero para consigo mismo que lo llevó a retomar el curso de la vida que de verdad deseaba. 

La decisión de dejar las drogas fue decisiva, pero no suficiente. Según dice él mismo, a pesar de seguir por el camino de la sobriedad, todavía se sentía perdido. Emprendió entonces un proceso de autorreflexión que lo llevó a descubrir parte de esa red que mantiene al individuo ocupado en otras cosas, en cierta forma alejado de sí mismo, en situaciones que no necesariamente corresponden a su realización como ser humano. “Decidí que quería llevar mi vida por una dirección diferente”, advierte Broze.

Y quizá entonces comenzó la verdad “lucha”, según la define Broze, quien comenzó con un proceso de reconfiguración de su existencia que lo llevó a fundar el The Houston Free Thinkers, un proyecto amplio que parte del activismo digital como plataforma de transformación individual y colectiva. El sitio ofrece información sobre censura, abusos policiacos, organismos genéticamente modificados, agricultura orgánica, datos contra las guerras y otros asuntos afines, un balance temático entre las situaciones que generan daño pero, por otro lado, algunas alternativas que pueden tomarse para solucionarlas.

Asimismo, The Houston Free Thinkers se ha expandido hacia otras vías más allá de Internet, con acciones como el mantenimiento de un jardín comunitario, la distribución de información en folletos y DVDs y la creación de una red de personas y organizaciones que coinciden en búsquedas similares.

Al final, la decisión de Broze parece mostrar que la aparente contradicción entre individuo y estructura, el terreno donde la verdadera libertad puede alcanzarse, es en el de la consecución auténtica del bien común.