Mercado del 100

Primer mercado de pequeños productores locales y ecológicos en la Ciudad de México



Youtuber reseña unos tenis hechos a mano por esclavos

¿Sabías que una buena parte de tu ropa podría haber sido elaborada por personas que trabajan en condiciones de esclavitud?

El youtuber norteamericano Jacques Slade, acostumbrado a desenvolver artículos deportivos para reseñarlos frente al público, se quedó impresionado al ver el mensaje grabado en la cubierta de una misteriosa caja:

“Hecho a mano por esclavos”.

Slade leyó el resto del mensaje, que decía:

La esclavitud no fue abolida hace siglos. Hay gente que trabaja en todo el mundo por un salario inexistente o ínfimo, bajo amenazas, deudas o violencia. Podemos llamarlo de múltiples formas, pero todas equivalen a una misma cosa: la esclavitud moderna.

Según la información que estaba distribuida en cada parte de los tenis, el 71% de las empresas del sector de la moda señalan que existe esclavitud en sus cadenas de suministro y que los beneficios ilegales generados cada año gracias a la esclavitud moderna ascienden a 150.000 millones de dólares.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 40 millones de personas son víctimas de la esclavitud moderna y 152 millones de niños entre 5 y 17 años realizan trabajo infantil.

El trabajo infantil sigue concentrado principalmente en la agricultura (70,9%). Casi uno de cada cinco niños trabaja en el sector de los servicios (17,1%) mientras que el 11,9% lo hace en la industria.

 

Un consumo responsable sin esclavitud moderna

Aquello que tomas en cuenta a la hora de elegir un producto o servicio por sobre otro, envía un mensaje contundente para la industria y el mercado.

Por eso debes preguntarte: ¿de dónde viene y a dónde irá lo que estoy comprando o consumiendo?

Si millones de personas consumen una cierta marca porque garantiza que en sus procesos de producción se respeta el medioambiente, se cuidan los recursos naturales, se pagan sueldos justos y están garantizados ciertos estándares de calidad, entonces se obliga a que el resto de marcas de ese mercado comiencen a adoptar medidas similares, en el afán de lograr que se consuman sus productos.

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Reuters

La sociedad tiene que entender el poder que hay detrás de su decisión de consumo, y premiar con dinero a los productos y servicios que hacen las cosas bien es un motor fundamental para que las industrias y mercados adopten prácticas sanas.



Activismo digital (o la transformación del individuo a favor de la comunidad)

La oposición entre individuo y comunidad quizá se resuelva cuando se decide trabajar en beneficio de los otros; el ejemplo de Derrick Broze así parece mostrarlo.

Una de las premisas de las que parte la teoría liberal dicta que el individuo es esencialmente libre, que su libertad es la fuente de donde manan sus posibilidades de acción y desarrollo.

Desde otras perspectivas, sin embargo, se dice que dicha libertad es más limitada, cuando no francamente ficticia, y que más bien son las estructuras del mundo las que determinan el margen de decisión y de elección. “El hombre ha nacido libre pero por todos lados está encadenado”, escribió Rousseau al inicio de El contrato social, una sentencia célebre que de algún modo resume estas dos fuerzas que parecen tirar de la libertad en sentidos opuestos.

La vida de Derrick Broze es notablemente elocuente a este respecto. “La persona que soy ahora no es la persona que era hace 10 años”, dice en una entrevista realizada por Luke Rudkowski para Wechange.org.

¿A qué se refiere Broze?

Al hecho de que entonces era un consumidor de crystal meth, sustancia que incluso llegó a vender y la cual lo tuvo al borde de ese abismo que inevitablemente amenaza con desaparecer una existencia: una huida o un escape que, paradójicamente, lo condujo a ningún lado, el vacío donde la vida se reduce a nada.

O casi. Porque en medio de esa anulación Broze tuvo un instante de lucidez en el que se dio cuenta de que no era feliz, un reconocimiento profundamente sincero para consigo mismo que lo llevó a retomar el curso de la vida que de verdad deseaba. 

La decisión de dejar las drogas fue decisiva, pero no suficiente. Según dice él mismo, a pesar de seguir por el camino de la sobriedad, todavía se sentía perdido. Emprendió entonces un proceso de autorreflexión que lo llevó a descubrir parte de esa red que mantiene al individuo ocupado en otras cosas, en cierta forma alejado de sí mismo, en situaciones que no necesariamente corresponden a su realización como ser humano. “Decidí que quería llevar mi vida por una dirección diferente”, advierte Broze.

Y quizá entonces comenzó la verdad “lucha”, según la define Broze, quien comenzó con un proceso de reconfiguración de su existencia que lo llevó a fundar el The Houston Free Thinkers, un proyecto amplio que parte del activismo digital como plataforma de transformación individual y colectiva. El sitio ofrece información sobre censura, abusos policiacos, organismos genéticamente modificados, agricultura orgánica, datos contra las guerras y otros asuntos afines, un balance temático entre las situaciones que generan daño pero, por otro lado, algunas alternativas que pueden tomarse para solucionarlas.

Asimismo, The Houston Free Thinkers se ha expandido hacia otras vías más allá de Internet, con acciones como el mantenimiento de un jardín comunitario, la distribución de información en folletos y DVDs y la creación de una red de personas y organizaciones que coinciden en búsquedas similares.

Al final, la decisión de Broze parece mostrar que la aparente contradicción entre individuo y estructura, el terreno donde la verdadera libertad puede alcanzarse, es en el de la consecución auténtica del bien común.