Todo indica que SeaWorld está próximo a desaparecer

De acuerdo con un análisis en la revista digital “The Dodo”, tanto las finanzas como la reputación de esta institución están en picada

En varias ocasiones Ecoosfera ha alzado la voz en contra del maltrato animal, en especial aquel que se lleva a cabo dentro de instituciones que buscan lucrar a través de espectáculos cuyos actores principales son los animales en cautiverio. Uno de estos casos, que se ha hecho de una pésima reputación en los últimos años, es el de SeaWorld, cuyo show de orcas “domesticadas” fue expuesto en el documental Black Fish (2013).

De acuerdo a un análisis en la revista digital The Dodo, tanto las finanzas como la reputación de esta institución están en picada en gran parte porque estos parques acuáticos, y en especial su espectáculo más famoso —el de orcas—, se han convertido en un sinónimo de crueldad animal. Este maltrato se refleja en el estado emocional de las orcas, que presentan síntomas de depresión y un comportamiento agresivo que ha derivado en la muerte de varios entrenadores (como muestra, el documental de Gabriela Cowperthwaite).

De acuerdo con la revista digital el valor de las acciones del parque se ha visto reducido al 50% de su valor en relación al año pasado y sus acciones bajaron 34% en sólo un día. La cantidad de visitantes también ha disminuido; aparentemente, en lo que va del año, el parque ha recibido menos visitantes que durante el mismo periodo el año pasado, prueba de que la publicidad negativa causada por el documental logró impactar al menos a un porcentaje de la audiencia de SeaWorld.

En general, para el reino animal esto representa excelentes noticias. Significa que, aunque sea poco a poco, estos hechos —el maltrato animal como consecuencia del entretenimiento— están siendo revelados y que muchos ya no están dispuestos a tolerar la explotación animal a cambio de risas. Hay mejores maneras de exponer a nuestros hijos a la naturaleza; mantener a los animales apresados en espacios mínimos no es una buena alternativa. Todos somos parte del ecosistema y está en nuestras manos garantizar un trato justo para las demás especies. 



La trascendencia de nuestros actos: deshechos químicos de hace 40 años están matando a las orcas

Y lo peor es que podría conducirlas a su extinción si no hacemos algo…

La revolución tecnológica que impulsó la electricidad tuvo un precursor clave: un compuesto llamado policloruro de bifenilo (PCB), cuyas propiedades físicas –como su baja polaridad y su estabilidad térmica– eran ideales para construir todo tipo de aparatos eléctricos. Este compuesto se usó desde los años 30 del siglo pasado para producir motores, condensadores y hasta pinturas, sin que se supiera que los daños que ocasionaría trascenderían en el tiempo.

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Aunque la producción y uso de este compuesto fueron prohibidos hace más de 4 décadas (en 1977 en Estados Unidos y en 1983 en Alemania), el PCB sigue causando estragos en los ecosistemas. En el mar está matando a las orcas, quienes heredan y consumen altas concentraciones de este tóxico sigiloso.

La primera síntesis de PCB fue realizada en Alemania en 1881.

La empresa Monsanto comenzó su producción a nivel industrial en 1929.

Así es: Monsanto tiene casi 1 siglo propagando la muerte, debido a sus malas prácticas y a la negligencia con la cual utiliza y comercializa químicos cuyos efectos se desconocen. Y es que la toxicidad del PCB no quedó al descubierto sino cuando el daño ya estaba hecho.

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Ahora las orcas siguen padeciendo las consecuencias del cinismo de Monsanto y de la irresponsabilidad de las sociedades, ya que las concentraciones de PCB en los océanos se han mantenido relativamente constantes, alterando los ecosistemas y la genética de las orcas.

Según una reciente investigación, publicada en la revista Science y en la cual se estudió a 350 orcas de las 19 grandes poblaciones que quedan, muchos de estos mamíferos tienen altas concentraciones de PCB en sus cuerpos. Por lo menos nueve grupos de orcas tienen suficiente PCB en su organismo como para que esta sustancia dañe gravemente su sistema reproductor, su sistema endocrino y su sistema inmunitario.

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Las familias de orcas que habitan los mares más próximos a las ciudades industrializadas –como Japón y el Reino Unido– son las que presentan mayores concentraciones de PCB en su grasa. Y es que el PCB, aún presente en los desechos, entra a los tejidos de las orcas a través de la alimentación: aquellas que se alimentan no sólo de arenques sino de otros animales más grandes –como delfines, ballenas o tiburones– presentaron una concentración de hasta 20 veces más PCB.

9 de las 19 poblaciones de orcas estudiadas están en grave riesgo, y podrían sufrir un colapso en los próximos 50 años.

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Otro factor de riesgo para las orcas es la lactancia, pues las crías se envenenan con PCB a través de la grasa de la leche materna. Incluso pueden heredar el PCB en su organismo, también por vía materna.

Las orcas son seres altamente emocionales, que están sufriendo lo indecible por esta situación. Desde principios del año 2000 y hasta ahora, se han registrado muchos problemas entre las poblaciones de orcas. Entre ellos, una alta tasa de embarazos fallidos (70%, según un estudio reciente), así como depresiones y hasta suicidios.

Por eso será esencial que los países neutralicen el PCB definitivamente y que se hagan responsables, junto con Monsanto, de lo que han creado. Algo en lo que nosotros podemos contribuir es exigiéndolo, aprovechando las redes sociales –como algunas iniciativas ya lo hacen– y manteniéndonos al tanto de lo que hacen los gobiernos y las instancias internacionales respecto de este problema.



¿Por qué cuatro civiles decidieron liberar a tiburones gato a mitad de la noche?

De forma anónima y a las primeras horas de la madrugada, cuatro tiburones gata que vivían en cautiverio en Playa Tiburón, en Isla Mujeres –Quintana Roo– fueron liberados después de sufrir condiciones paupérrimas en las que eran sometidos.

Hay ocasiones en que el pueblo necesita gritar un “¡Basta!” ante las injusticias a minorías que no poseen los recursos para defenderse; minorías que pueden ser de índole humana, animal o vegetal, pero que no pueden salvarse del acoso y abuso que alguna mayoría de poder ejerce sobre ellos. Un ejemplo de este acto heróico es el de la liberación de los tiburones nodriza en la Isla Mujeres el pasado 4 de mayo del 2017.

De forma anónima y a las primeras horas de la madrugada, cuatro tiburones gata que vivían en cautiverio en Playa Tiburón, en Isla Mujeres –Quintana Roo– fueron liberados después de sufrir condiciones paupérrimas en las que eran sometidos. De acuerdo con el Frente de Liberación Animal México y algunos activistas, los tiburones eran sometidos a posar bajo el rayo del sol y durante varias horas para ser fotografiado con decenas de turistas. Un tiburón recibía decenas de turistas al día durante seis horas; y por tan sólo 100 pesos, el animal podía ser manipulado, fotografiado, sacado del estanque de 150 cm de profundidad y 5 metros cuadrados. 

Los encargados de tal acto fueron habitantes de la comunidad en Isla Mujeres, pues notaron que los animales “Se encontraban en un corral dentro del mar, sólo abrieron la jaula para que salieran.”

En palabras de la activista Xane Vázques, la liberación “es un ejemplo del hartazgo de una sociedad consciente e informada que llena el vacío y la omisión de funciones de autoridades, quienes sólo ocupan un espacio en oficinas a costos altísimos para los contribuyentes.” Además que, según Víctor Hirales, presidente y fundador de Derecho Sin Fronteras, “Este tipo de acciones esquivan todos los obstáculos burocráticos y políticos para atender inmediatamente situaciones en las que las autoridades impiden hacer valer los derechos de alguien, en este caso esos alguien son los tiburones. Esa acción quizá era la única esperanza para esos tiburones de no morir encerrados siendo explotados.”

Previa a la liberación directa, según la presidenta de la asociación civil Grupo Ecologista del Mayab, Araceli Domínguez Rodríguez, se habían presentado ya diversas denuncias ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente –Profepa– por el caso de los tiburones gata; no obstante, la dependencia no actuó para resolver la situación: “La Profepa aquí no existe. Los animales silvestres en Quintana Roo sufren maltrato constante.” Por su lado, Hirales agrega que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales –Semarnat– “se encuentra secuestrado por administradores no aptos para esta materia, con opacidad e ineficiencia en la distribución de recursos. No es un error, incurren en responsabilidad administrativa y penal como servidores públicos por su negligencia y omisión.”