Este hombre afirma que encontró la manera de preservar la biosfera comiendo carne

Sin embargo los estudios en que se basó Savory no contienen nombres ni han sido formalmente comprobados.

Hace un año, Allan Savory, pionero ecologista, dio a conocer al mundo su técnica milagrosa para reconciliar nuestra insaciable demanda de carne con la necesidad de salvar al planeta. En una plática en TED talk, él proponía que el consumo de carne podría realmente salvar a la biosfera. 

 

En su declaración, Savory expone apasionadamente imágenes del antes y después de la transformación de su técnica, reafirmando que él revirtió la desertificación del suelo al aumentar el número de ganado y cabras al 400 por ciento, haciéndolas pastar en pequeñas áreas para que vivan eventualmente ahí. De modo que, según él, las pezuñas de los animales rompen con el ciclo de la desertificación, estimulando a las plantas a crecer. Asimismo, el revestimiento de la vegetación produciría una manta que aseguraría la absorción acuífera del suelo. Por consiguiente, se eliminaría gran parte del carbono de la atmósfera, evitando el cambio climático y recreando numerosas áreas verdes para el bienestar de nuestros hijos, de sus hijos y de toda la humanidad… Todo esto con la posibilidad de consumir vastas cantidades de carne. 

¿O no?

Tras una investigación acerca de los estudios, pruebas y experimentos en relación con el Holistic management, la técnica de Savory, se encontró que desgraciadamente sus declaraciones no contaban con evidencia empírica ni apoyo experimental para afirmar su eficacia. Los estudios en que se basó Savory no contienen nombres ni han sido formalmente comprobados. 

De acuerdo con Agricultural Systems, International Journal of Biodiversity y RealClimate.org, las declaraciones de Savory son erróneas al afirmar que el holistic management puede reducir las emisiones de gas a niveles anteriores de la época industrial. Para RealClimate.org y la ciencia, “esto es irracional”. Además que realmente generan un efecto opuesto al declarado: en términos de emisiones de gases invernadero, el pastoreo intensivo del ganado puede empeorar la situación (que si se concentraran en áreas de engorda). 

Por consiguiente, necesitamos tomar atención a aquello en lo leemos en internet, en lo que creemos y consideramos cierto (aún cuando si hay base científica que lo compruebe). Por consiguiente, nuestra capacidad de razonar y actuar en pos a un bien común es la que podrá mejorar el transcurso de nuestra vida. 

 

 



¿La naturaleza tiene precio o valor?

¿Se puede valuar económicamente a la naturaleza?

* por: Francisco José Flores Ramos

 

¿Se puede valuar económicamente la naturaleza? La respuesta es sí/no, dependiendo desde qué línea base contestemos, y según la definición que demos a la palabra valor.

Existen definiciones académicas sobre qué es el costo, precio y valor. Tenemos las dadas por la sociedad hipotecaria federal, las normas internacionales de valuación. Otras definiciones que han trascendido generaciones como las de Karl Marx. En este caso usaremos una definición que ha trascendido milenios, me refiero a los conceptos planteados por Aristóteles (Aznar, 2012):

  • Valor de producción = coste de producción. Costo.
  • Valor de cambio = precio, relación cuantitativa. Precio.
  • Valor de uso = satisfacción que le brinda al consumidor. Valor.

Resumiendo, el costo es la cantidad necesaria para producirlo, el precio la cantidad que se intercambia de dinero por el bien y/o servicio, el valor es la cantidad de bienestar que le brinda al usuario final; esa es la parte más subjetiva.

Habiendo revisado estos conceptos, podemos decir que la naturaleza no tiene precio, pero sí valor. Es decir, no hay una cantidad de dinero por la cual podemos ir y comprar medioambiente, únicamente usamos el dinero como indicador de bienestar que representa para la sociedad la existencia de la naturaleza.

Diego Azqueta (1994) lo resume de la siguiente manera: “La valoración económica del medioambiente, significa poder contar con un indicador del bienestar de la sociedad que permita compararlo con otros componentes del mismo” y “sin embargo, el hecho de que exista un valor no necesariamente significa que exista un precio”.

Replanteamos la pregunta: ¿Se puede valuar económicamente la naturaleza? Sí, siempre y cuando entendamos que el dinero que se expresa es únicamente un indicador de bienestar.

Pero, antes de cerrar este artículo, pongamos sobre la mesa la idea opuesta, aplicando la dialéctica. Si hay una corriente económica que defiende la monetización del medioambiente, debe haber alguien que diga lo opuesto. ¿Quién dice lo opuesto? La respuesta la tenemos en el catedrático mexicano Enrique Leff (1980):

No existe un instrumento económico, ecológico o tecnológico de evaluación con el cual pueda calcularse el “valor real” de la naturaleza en la economía. Contra la pretensión de reducir los valores diversos del ambiente a una unidad homogénea de medida, William Kapp (1983) advirtió ya desde 1970 que en la evaluación comparativa de la racionalidad económica, energética y ambiental intervienen procesos heterogéneos, para los cuales no puede haber un denominador común. Más allá de la imposibilidad de unificar esos procesos materiales heterogéneos, la economía misma se ha quedado sin una teoría objetiva del valor.

Conclusión: se puede valorar económicamente la naturaleza si entendemos que no hay ninguna aproximación a la totalidad del valor, son sólo modelos parciales. Por otro lado, resulta absurdo pensar que se puede valorar la naturaleza o la vida. La frase publicada en un semanario inglés de más de 100 años de antigüedad lo refleja a la perfección: “Asignar valor monetario a los servicios ambientales sigue siendo una especia de magia negra” (The Economist, 18 de abril de 1998).

             

Fuentes:

Aznar J. (2012). Valoración de Activos Ambientales. Universitat Politécnica de Valencia.

Azqueta, D. (1994). Valoración Económica del Medioambiente. Mc Graw Hill, 2da edición.

Loza M. (2017). Valuación del impacto ambiental por cambio de uso del suelo: Cerro de Patamban, Tangancícuaro, Michoacán. Universidad Autónoma de Querétaro.

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.


Por qué comer menos carne verdaderamente salva especies y ecosistemas

Comer menos carne puede ser la acción más certera contra la crisis ecológica, según la WWF.

Las especies animales están tan amenazadas actualmente (por cuestiones como la producción y consumo de carne), que por primera vez una era geólogica ha sido conceptualizada por el impacto específico de una especie, y no por el desarrollo natural de la biósfera en su conjunto.

Se trata de la era del Antropoceno, la era del hombre, que aunque aún no es oficialmente admitida por la comunidad científica, pareciera bastante certera. Sobre todo cuando pensamos en los daños mayores que ha implicado el desarrollo del sistema capitalista, el cual ha transformado nuestras formas de habitar el mundo de tal manera que incluso ha modificado nuestra dieta.

La dieta proteica y la extinción de especies

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(Foto: Institute for Critical Animal Studies)

No es casual que desde hace varias décadas la industria de la carne haya repuntado, volviéndose enorme y colocando las proteínas como el alimento indispensable en las dietas de muchísimos países. Según el Instituto Heinrich Böll:

Las clases medias en el mundo consumen demasiada carne. No solo en Estados Unidos y Europa, sino que cada vez más en China, India y otras naciones emergentes.

Por eso, varias organizaciones y académicos alrededor del mundo están alertando sobre esta cuestión, no sólo por sus impáctos en la salud, sino por sus radicales consecuencias en el medio ambiente. En un nuevo informe publicado el mes de octubre de 2017 por el WWF del Reino Unido, se asegura que los cultivos para alimentar al ganado dañan el ecosistema y esto ha ocasionado la extinción de más de 30 especies en el mundo (por lo cual algunos hablan que en la era del Antropoceno habrá una probable extinción masiva).

Esto porque la producción de carne es la más demandante de las industrias alimentarias. En torno a ella gira la agricultura e incluso la pesca, pues los cultivos (cereales y semillas), así como el pescado, son usados para la engorda del ganado, lo que amenaza la biodiversidad y los ecosistemas.

La carne, mucho más que un alimento

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Sin embargo, según la WWF, si la gente redujera el consumo de proteínas a las cantidades recomendadas, los granjeros necesitarían un trece por ciento menos de tierra para producir alimento para el ganado y las piscifactorías, área equivalente a 1.5 veces el tamaño de la Unión Europea. Esa es la principal razón por la cual se promueven campañas para reducir el consumo de este alimento, pues en la decisión de comer carne están implicadas cuestiones de interés global

No obstante, también debe tomarse en cuenta que alimentarse de carne es algo incluso tradicional, como puede verse en cientos de festividades que giran alrededor de cocinar este alimento (por ejemplo, en las “pampas” del Cono Sur). Así que la discusión es mucho más amplia, pero requiere de acciones y pensamientos colectivos, y no de herméticas posturas en torno al problema o de unilaterales soluciones al mismo.

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