Tercer golpe a los transgénicos en un año: invalidan argumentos de Monsanto en pro de comercialización de maíz transgénico en México

Hace unos meses se prohibió en dos estados la siembra de soya transgénica. Hoy, un tribunal ha descartado los argumentos de Monsanto para permitir la comercialización de maíz genéticamente modificado

Desde noviembre de 2013 en México se han alcanzado algunos logros colectivos contra los transgénicos. Hace más de 1 año, gracias a un amparo de algunos ciudadanos, el magistrado Jaime Manuel Marroquín Zavaleta ordenó una medida precautoria que imposibilita, al menos temporalmente, la venta comercial de maíz transgénico en este país.

En Marzo pasado, dos comunidades mayas del estado de Campeche consiguieron detener los permisos de siembra de soya transgénica en esa entidad. Unos meses más tarde, en Yucatán, otras comunidades alcanzaron también la revocación de permisos de cultivo de soya transgénica del repudiado consorcio Monsanto. Hace pocos días, otra noticia emocionó a los activistas en contra del maíz transgénico en México, pues el Tercer Tribunal Colegiado en materia civil invalidó los argumentos presentados por Monsanto para liberar la comercialización del maíz transgénico.

Las victorias anteriores son una esperanzadora inyección de optimismo, más aún, considerando los pocos escrúpulos de esta empresa y la corrupción que ha caracterizado al sistema judicial mexicano. Parece increíble que justo la vía legal en este país esté haciendo restricciones en el tema de los transgénicos. Lo cierto es que la carga simbólica de estas resoluciones es profundamente alentadora en la lucha contra los transgénicos en este país.

 



En México se permite el uso de 182 plaguicidas tóxicos prohibidos en otros países

Todas estas sustancias ya están prohibidas en decenas de países: ¿por qué en México todavía no?

Un plaguicida no tiene que ser tóxico. En granjas de Inglaterra, los agricultores utilizan flores para mantener a raya a los insectos y poder cultivar alimentos libres de químicos. Entonces, ¿cómo podemos explicarnos que en México se insista en el uso de plaguicidas sintéticos que, además, contienen sustancias tóxicas?

Según un reportaje de SinEmbargo, en México se utilizan 182 plaguicidas, fabricados con 111 sustancias tóxicas diferentes, los cuales ya están prohibidos en otros países. De hecho, el uso de estos agrotóxicos no ha hecho sino aumentar con los años, debido a que no existe una regulación que lo controle o lo evite. Y eso sin importar que muchas de estas sustancias son cancerígenas, ya que afectan el sistema endócrino, metabólico y hasta neurológico. Más aún: se trata de químicos que son capaces de contaminar la atmósfera, el agua y la tierra sin piedad alguna.

No existen cifras actualizadas sobre qué plaguicidas han sido utilizados

ni en qué concentraciones fueron utilizados.

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El químico tóxico más presente en el campo mexicano es el glifosato, del herbicida RoundUp, ya que se utiliza sobre todo en los cultivos transgénicos. Y éstos, como sabemos, han invadido todo el territorio nacional. Sin embargo, en todo el mundo existen más de 13 mil demandas contra Monsanto –ahora propiedad de la alemana Bayer– por parte de gente que ha desarrollado cáncer, cuyo padecimiento coincide con la exposición a dicho herbicida.

El glifosato ha probado ser tóxico –o por lo menos de alto riesgo– en una decena de estudios científicos, y la propia OMS lo ha comprobado también. De hecho, Monsanto sabía de esto desde hace más de 30 años, y aún así comercializó este producto al por mayor, como aún lo hace ahora sin importar sus antecedentes.

No obstante, y a diferencia de México, muchos países han prohibido el uso de glifosato y otros agrotóxicos. El hecho de que en nuestro país no haya regulación al respecto –ya no digamos prohibiciones– atenta contra nuestra soberanía alimentaria, contra el medioambiente y contra nuestro derecho a la salud. Así que urge que el nuevo gobierno encuentre soluciones rápidas a este problema. Una de las propuestas es que se cambie inmediatamente la normatividad y que ningún programa de fomento al campo promueva el uso de los plaguicidas tóxicos.

Lamentablemente estamos muy lejos de una política para el campo que sea resiliente y orgánica, como en otros países ya se aplica desde hace años. Con este atraso monumental, ¿cómo podemos invitar a nuestros jóvenes a que vuelvan al campo? Será necesario exigir que esta situación se transforme, ya que necesitamos revitalizar el campo, así como seguir revirtiéndola nosotros con las decisiones de consumo que tomamos cada día.

Compra local y orgánico. Si no te es posible optar por lo orgánico, por lo menos puedes evitar los transgénicos leyendo la etiqueta en frutas y verduras. Y si tienes un huerto urbano o jardín, utiliza plaguicidas naturales. Aquí tienes 11 muy efectivos y sin químicos.

*Imágenes: 1) Proexpansion; 2) Telesur



Este mapa muestra el avance del cultivo de transgénicos en México (te explicamos por qué urge frenarlo)

La tecnología genética está apostando por dominar las bases vitales de la naturaleza: ¿lo permitiremos?

Los transgénicos son, quizá, el límite más distópico al que nos ha llevado hasta ahora la experimentación hecha con los alimentos. Va mucho más allá de la ya de por sí nociva comida procesada (algo que ha dejado saldos desastrosos en todo el mundo, incluyendo pandemias de obesidad y diabetes).

Ahora nos enfrentamos a la modificación genética de los alimentos primigenios: una intrusión en las bases genéticas de las semillas, con la cual el dominio de la naturaleza por el hombre a llegado a límites tan insospechados como peligrosos. En la actualidad estamos alimentándonos de cultivos modificados, cuyos genes son alterados al punto de trascender las barreras reproductivas que existen entre distintas especies. ¿Qué podría provocar este fenómeno? En realidad, se trata de cambios cuyas consecuencias para nuestro organismo a largo plazo aún no se saben, como tampoco se sabía en su momento lo que la industria de la comida procesada podía generar.

La pregunta más importante sería: ¿cuándo se les ocurrió a unos pocos que el planeta podía ser su laboratorio, y nosotros sus sujetos de experimentación?

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No obstante, los transgénicos ya tienen un lado oscuro conocido: la modificación de la reproducción de los cultivos ha implicado el desgaste paulatino de las culturas indígenas, cuyas vidas giran en torno a los ciclos agrícolas naturales. Además, los transgénicos son una sentencia de muerte para las 64 de razas de maíz en México, pues se están creando híbridos antes inexistentes que podrían llegar a sustituir permanentemente a las razas nativas. Por si fuera poco, el monopolio de algunas trasnacionales sobre los productores locales (pues ellas ostentan la patente de las semillas) deja a los campesinos en más incertidumbre que nunca respecto a su futuro.

Más del 90% de los las tortillas consumidas en México tienen secuencias de maíz transgénico.

Lo peor es que los cultivos transgénicos han avanzado mucho en el territorio mexicano, pese a la resistencia de campesinos e indígenas, pues el país está siendo repartido entre unas pocas trasnacionales, como Monsanto y Bayer. Entre el 2005 –año en que se publicó en México la Ley Monsanto– y el 2017, sólo la Ciudad de México, Guerrero, Oaxaca y Tabasco han permanecido “libres” de esta embestida genética, aunque el cultivo ilegal sí ha llegado hasta estos territorios. Por su parte, el cultivo “legal” que se ha concesionado gracias a esta ley ha beneficiado expresamente a Monsanto y otras trasnacionales.

Desde el 2005, se le ha dado a las trasnacionales una extensión territorial equivalente a más de 20 mil veces el tamaño del Bosque de Chapultepec.

Este mapa del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (CECCAM) y cuya difusión agradecemos al portal Sin Embargo, muestra la evolución de los transgénicos en el territorio y sus diversas fases:

 

¿Qué se está proponiendo contra la distopía genética?

Cabe destacar que durante el proceso electoral en marcha, pocos ecos se han escuchado respecto a la problemática de los transgénicos y el campo. Una voz colectiva con fuerza es la de la comunidad académica y de alumnos de la Universidad Autónoma de Chapingo, quienes han llamado a los candidatos presidenciales a que se apoyen en las nuevas generaciones de agrónomos para implementar políticas públicas que doten de nueva vida al campo, sin abusar del uso de tecnologías nocivas como los transgénicos.

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¿Y qué podemos hacer nosotros?

Son momentos en los que deberíamos estar regresando al campo y a la siembra, para combatir pandemias como la obesidad y para revitalizar la soberanía alimentaria. Sin embargo, las trasnacionales como Monstanto proponen erigir a la tecnología por encima de la naturaleza: tal soberbia es algo que no podemos permitir, ni siquiera si se hace en aras de generar “alternativas” de cultivo ante el cambio climático y las plagas. En lugar de eso hay que hacer cambios en las bases de nuestros insostenibles modos de vida, acercándonos a la naturaleza con humildad y con saberes ancestrales que han demostrado ser mucho más viables que nuestra fastuosa tecnología.

No podemos seguir dependiendo de las decisiones que tome la comunidad científica especializada y las grandes trasnacionales, si es que queremos volver a las bases resilientes que caracterizaban a la vida en el planeta antes de que el hombre irrumpiera bruscamente en su equilibrio. Para ello hacen falta nuevas filosofías y pensamientos: nuevas propuestas para reaprender a habitar este mundo y trabajar el campo. Y que la tecnología –sobre todo la tecnología genética– no se vuelva nuestra condena inminente, como sucede en las distopías de ciencia ficción.

 

* Imágenes: 1) Enrico Becker; 2) Marco Polo Guzmán Hernández; 3) CC