7 exquisitos jardines-laberinto en el norte de Europa

Un trayecto por cualquiera de estos hermosos laberintos de plantas es una invitación a la contemplación y la paciencia

Cuando pensamos en un jardín-laberinto imaginamos quizá tiempos renacentistas en Europa central, castillos que tenían laberintos de plantas para el divertimento de la corte o mujeres con sombrillas recorriéndolos en pares. Los laberintos de plantas pueden representar diversión casi metafísica para algunos y ataques de pánico para otros, pero son preciosos.

Estos son siete laberintos-jardín de la actualidad están abiertos al público. Casi todos se encuentran en Inglaterra, el país del gran laberinto por excelencia.



Sobre por qué hoy es más importante que nunca estar cerca de un jardín

Los jardines han sido siempre espacios para cultivar la imaginación y los sentidos; hoy, además, podrían ser un recurso de supervivencia.

Un jardín es el más puro de los placeres humanos. 

Francis Bacon

La digitalización de la realidad

Nadie niega que el mundo digital tiene sus mieles, ni siquiera considerando las agendas y conductas que terminarían rigiéndolo. De hecho, en una de sus facetas, Internet es esa biblioteca infinita con la que muchos soñamos alguna vez. El problema es que si este espacio, por cierto cada vez más demandante, reemplaza nuestro contacto con la “realidad” asible, estamos entonces alimentando una posibilidad aterradora: perder por completo nuestro lazo con eso que podríamos llamar el origen –todo aquello que estuvo antes que nosotros, y que seguro nos verá pasar–.

Por fortuna, ante la pérdida de corporalidad, el desconcierto de una temporalidad poco humana y el influjo determinante de algoritmos, tres de los ingredientes de la digitalización de nuestra realidad, existen espacios de refugio y contrapeso. Estos rincones alimentan nuestro vínculo con, dicho de forma literal pero también figurada, lo palpable. 

 

Los jardines antidigitales

Si lo digital (redes sociales, mensajería instantánea, voyeur electrónico, hiperacceso informativo, narcisismo binario, ultraconectividad, etc.) domina buena parte de la cultura actual, ¿podrías imaginar algo más contracultural, más “equilibrante”, que cultivar y disfrutar de un jardín?

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Un jardín es un sitio en esencia sensorial; su naturaleza es rítmica (y su ritmo natural), obliga paciencia; un jardín provee una experiencia estética, incluso erótica, pero también demanda interacción física y dedicación; es un lugar mundano pero que propulsa la imaginación, tan básico como trascendental, accesible y naturalmente sofisticado.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, por cierto una de las voces críticas más interesantes hoy, advierte que tener un “jardín secreto” es lo que le ha permitido, entre otras medidas, refugiarse:

…durante 3 años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… es la abolición de la realidad.

Bacon, Voltaire, Borges, Dickinson, Monet y Carroll son sólo algunos de los devotos de estos sitios; lo mismo que antiguos reyes árabes y los mayores maestros zen. Algo tienen los jardines que nos encandila desde siempre. Pero ahora no sólo figuran como proveedores de una exquisitez sensorial y una guarida estética; hoy los jardines se presentan como una suerte de bálsamo, como un generoso instrumento de supervivencia y re-humanización. De hecho, está comprobada una correspondencia entre la jardinería y estados como la relajación, la satisfacción y la calma.

 

Entre la información y la tierra

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“Si tienes un jardín y una biblioteca, tienes todo lo necesario”, decía Marco Tulio. Curiosamente, algo así es a lo que muchos podríamos aspirar hoy. A fin de cuentas no se trata de buscar un exilio digital, algo inviable para la mayoría. En cambio, se trata de simplemente ejercer una práctica arquetípica: la búsqueda consciente del equilibrio.

Tal vez si logramos envolver nuestro “yo digital”, con sus proyecciones narcisistas, sus ritmos antibiológicos y sus caudales de información, en flores de lavanda, helechos y contemplación de hormigas, entonces aprovecharemos lo mejor de dos mundos. Tal vez buena parte de las respuestas que estás buscando en este instante te estén esperando ahí, en un jardín. Y en ese caso, sería una tristeza no acudir a esa cita.

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té y vive parte del tiempo en las montañas.


5 consejos para que tu jardín ayude a combatir al cambio climático (aún más)

La proliferación de bacterias y microorganismos de la tierra es esencial para que tu jardín absorba más Co2.

Todos sabemos que las plantas limpian el aire absorbiendo el bióxido de carbono, y aunque por las noches expiran este mismo compuesto, es mayor su contribución para regenerar el ambiente. También conocemos los beneficios de crecer el número de espacios verdes, sobre todo en las ciudades, los cual mejora las temperaturas y la calidad del aire circundante. Sin embargo, hay ciertos consejos que pueden hacer que tú jardín o espacio verde contribuyan aún más a limpiar el aire,  y con ello reducir el cambio climático; recordemos que los cambios individuales, en suma, pueden hacer grandes diferencias. 

Sami Grover, experto en jardines, ha desarrollado en un artículo reciente una serie de consejos para que tu jardín pueda absorber mayor cantidad de CO2. Los siguientes tips pueden ser un paso notable en la contribución individual por el medio ambiente (también aumentarán tus conocimientos básicos sobre jardinería). 

1. Aplica siempre composta a tu jardín.

La composta no solo alimenta tus plantas, también crea un magnífico mundo de microorganismos y bacterias que absorben mucho más Co2 que el cultivo mismo.

2. No excaves.

En el mismo sentido que el anterior consejo, al cavar, haces que aquél submundo microscópico quede al descubierto y a expensas del oxígeno y la luz del sol, lo que merma la cantidad de Co2 que absorbería de no haber quedado al descubierto. 

3. Usa cubiertas de abonos naturales.

Si cubres el suelo con abonos naturales, como con una especie de cubierta, harás que los microorganismos y los nutrientes de la tierra se multipliquen. Además, esas capas pueden ser retiradas cuando el crecimiento de la planta lo necesite. 

4. Diversifica tus cultivos

Es muy curioso, pero en la naturaleza los cultivos nunca son homogéneos. Aún así, las personas parecemos empeñarnos en hacer de nuestros jardines un lienzo estético de pocas especies. Mientas más diversidad de alimentos y plantas cultives, mayor será tu aporte al consumo de Co2 y el mejoramiento de la temperatura. 

5. El césped no es tan buena idea

Los jardines de césped perfectamente podado son de hecho una invención criticada por los expertos. No suelen ser muy ecoamigables, por el gran uso de agua que requieren, y su contribución para limpiar el aire no es si quiera cercana a la de un jardín diversificado.