4 buenos consejos para mejorar tus prácticas de reciclaje

Por suerte el reciclaje es una práctica cada vez más común alrededor del mundo, sin embargo hay formas de potenciar su impacto y hacerla más eficiente que la mayoría no conocemos.

 

El reciclaje, como concepto práctico, lleva ya cuatro décadas de haberse comenzado a implementar. Sin embargo, no fue hasta hace unos quince años que la cultura pop se vio impactada por él, y aún hoy encontramos varios aspectos de nuestras prácticas podrían, y deberían, de afinarse. Probadamente el reciclar contribuye de manera significativa a contrarrestar los nefastos efectos de una dinámica de consumo-desecho en la que nos vimos cultural y económicamente sumergidos –en buena medida por la construcción de una cultura a partir de las prioridades del mercado. 

Recordemos que la esencia del reciclaje es generar ciclos dinámicos alrededor de los materiales que utilizamos, con lo cual reducimos el desecho y nos ahorramos una buena porción de los materiales vírgenes (que generalmente proceden de recursos naturales, algunos de ellos no-renovables). 

Más allá de separar cuidadosamente nuestra basura de acuerdo a materiales, lo cual ya implica un loable proceso de materialización de conciencia mediante un poco de disciplina cotidiana, existen distintas acciones o nociones complementarias que pueden hacer de tu reciclaje una práctica aún más benéfica.

A continuación unos cuantos consejos que, te sugerimos, tomes en cuenta:

1. Antes de Reciclar (Reduce y Reutiliza)  

Antes de volcarte a reciclar debes recordar que hay dos pasos previos, de algún modo preventivos, a esa tarea: reducir y reutilizar. De algún modo el organizar tus desechos para reciclarse es una práctica que inicia cuando ya no hay más remedio, pero antes sería bueno que revisaras tus patrones de consumo, reduciéndolos al máximo sin que ello implique “precarizar” tu vida. Después, hay que considerar qué de lo que vamos a tirar a la basura podría reutilizarse y así evitar algunas futuras compras. Tras estos dos pasos entonces ya podemos aplicarnos en reciclar de la manera más inteligente posible. 

2. Compra cosas recicladas

Actualmente ya existe un mercado, aún pequeño pero cada vez más diverso, que utiliza empaques o materiales reciclados. En la medida en que favorezcas los productos incluidos en este circuito entonces los insumos reducirán sus costos (y por lo tanto los productos) lo cual fortalecerá el mercado de reciclados y, simultáneamente, la cultura en torno a esta práctica. 

3. Infórmate con las autoridades de tu ciudad

Es fundamental conocer cuáles son los materiales cuyo destino es el reciclaje a gran escala. Esto te permitirá priorizar en ellos a la hora de separar tu basura y, más allá de un grato sentimiento de responsabilidad ambiental, realmente estarás participando, de manera activa, en un gran ciclo dinámico de material. 

4. Composta

Si bien se nos enseña que la división principal de basura es entre orgánica e inorgánica, lo cierto es que no muchas ciudades aprovechan la primera. Generalmente, como no logran capitalizarla (por falta de conocimiento, tiempo o infraestructura), terminan reuniéndola con los materiales inorgánicos que no se destinan al reciclaje (aquello cuyos procedimientos de reciclaje son o muy complejos o muy costosos). En este sentido que mejor que crear tu propia compota casera, y eventualmente aprovecharla para crecer una hortaliza casera o, en su caso, para alimentar tus plantas ornamentales con tierra de primera calidad. 

 

 

 



Vivir sin generar basura: nada es un desperdicio, todo se transforma

En tiempos de desechos masivos, existe una comunidad que propone lo opuesto: nada se desperdicia.

Imagina que el mínimo de basura que puedes generar durante 1 año quepa en este frasco:

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Es posible, y de eso trata el Zero Waste (Cero desperdicio), una iniciativa que, más allá de acabar con el plástico, busca replantear el concepto de basura: nada es un desperdicio, todo se transforma. A partir de esta idea, cada vez son más aquellos que deciden replantearse su existencia y comenzar a reducir su basura a un pequeño frasco. Un verdadero logro para quienes buscan trascender desde dinámicas que impactan colectivamente. 

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En estos tiempos, en donde mucho de lo que se consume es desechable (servilletas de papel, móvil, envases de plástico, accesorios, entre otros), existe una comunidad que busca vivir a partir del principio opuesto: nada se desperdicia.

El movimiento Zero Waste cobra cada vez más fuerza y sentido en un mundo en el que, de acuerdo con el Banco Mundial, el nivel actual de residuos sólidos habrá aumentado en un 70% (de 1,300 millones de toneladas al año a 2,200 millones de toneladas) para el 2025.

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Además de la iniciativa global, existe en cada país una necesidad de actuar para un futuro sustentable.

¿En qué consiste el Cero desperdicio?

Según la revista National Geographic, no se trata de que logres guardar toda tu basura en frascos, sino de que un frasco de máximo 500 mililitros sea suficiente para guardar toda la basura anual que no se pudo reutilizar, reciclar o renovar.

Muchas de las soluciones que propone el Cero Desperdicioson prácticas que eran comunes antes de la era de los plásticos y los productos desechables.

Ser Cero Desperdicio es pensar en servilletas de tela y pañuelos, vinagre y agua para limpiar, recipientes de vidrio o acero inoxidable para guardar las sobras y bolsas de tela para guardar alimentos.

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Soluciones similares de la vieja escuela, que no producen desperdicios y son más baratas a largo plazo.

Bolsas de tela

La revista Yorokobu pone un ejemplo: tu abuela seguro iba a la tienda con su bolsa de tela. Además, en lugar de comprarla, es probable que se la hubiera hecho ella misma con retales de tela.

 

Comprar a granel

Las legumbres se compraban a granel, al peso y presentadas en grandes sacos de arpillera. En este caso, los sacos incluso pueden ser de plástico porque, como se reutilizan y generan menos residuos que los paquetes pequeños, el costo ecológico no es tan grande.

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Comercio justo y responsable

Cada vez son más las tiendas que se suman al movimiento Cero Desperdicio. En la Ciudad de México, existe una tienda que busca “fomentar una vida más sana y más responsable con el medioambiente (…) trayendo sus propios recipientes y bolsas reutilizables”.

Suena difícil, pero puede lograrse, mediante cambios en los hábitos cotidianos. Es así como la comunidad Cero Desperdicio está reduciendo radicalmente su producción de desechos, mientras viven vidas más plenas.

 

Agentes de cambio

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Laura Singer

Blogueras como Kathryn Kellogg y Laura Singer, son un ejemplo de personas que, en pocos años, han logrado reducir su basura de tal manera que sus desperdicios sólidos quepan en un frasco de 500 mililitros por año o dos años.

Kellogg aprendió de Lauren Singer de Nueva York, autora del blog Trash is for Tossers. Singer comenzó a reducir su huella de desechos cuando era una estudiante de estudios ambientales en el 2012 y ha convertido el Cero Desperdicio en una carrera que le permite compartir su experiencia a través de conferencias y consultorías.

 

Principios Cero desperdicio (en orden de importancia)

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  • Rehusar. No compres cosas envueltas o con muchas envolturas.
  • Reducir. No compres cosas que no necesitas.
  • Reutilizar. No dejes de usar los artículos desgastados, o compra productos usados.
  • CompostaCasi el 80% de los desperdicios son orgánicos.
  • ReciclarRequiere un mayor esfuerzo, pero es mejor que permitir que las cosas se conviertan en basura.


Este ingenioso proyecto convierte los desechos de botellas en juguetes

Botellas se convierten en bloques para aprender números o deletrear palabras, en camiones o lienzos en blanco para que los niños dibujen.

Botes de leche, botellas de agua, empaques de comida, son sólo algunos de los envases que más desechamos una vez que se termina el producto. Los mandamos al bote de la basura y, de ahí, a que cumplan un destino en el basurero de la ciudad o municipio. Sin embargo, ¿qué pasaría si alargáramos el tiempo de vida de estos empaques mientras ayudamos a la educación de niños en condiciones devastadoras?

Después de que Maurizio Bricola cayera en cuenta que en pueblos rurales en Kenya y Malawi no hay ni una sola tienda de juguetes, empezó a divagar y a idear un proyecto donde los desechos de empaque se convirtieran en juguetes educativos para niños. Fue así que se creó IDEO.org, el cual realiza una serie de diseños ecosustentables donde los envases viejos se convierten en herramientas educacionales. Esto pretende brindar un acceso mínimo a nivel preescolar a aquellos niños que no tienen los recursos para ir a la escuela (y por tanto a aprender a contar y a leer).

 

Botellas se convierten en bloques para aprender números o deletrear palabras, en camiones o lienzos en blanco para que los niños dibujen, en una historia donde  se les invita a los niños a escribir cualquier historia. “Se trata realmente de la creatividad”, afirma Bricola.

Aunque el diseño sólo ha lanzado el prototipo en Malawi, pretenden desarrollar la idea para asociarse con compañías de comida. El diseño requiere entre 50 000 y 100 000 dólares para traerlo a vida.