Los insecticidas ponen en riesgo los suplementos alimenticios y vitaminas del mundo

El factor clave del impacto de estos químicos es la disminución de estos polinizadores, así como de los hábitats vegetales.

De acuerdo a una investigación publicada en el Environmental Science and Pollution Research, los pesticidas no sólo han logrado contaminar casi todos los hábitats, sino también a la producción alimentaria del mundo entero.  

Miles de millones de dólares se gastan anualmente en químicos para controlar las plagas de insectos o plantas. Sin embargo, las regularizaciones de estos insecticidas fallaron en prevenir el envenenamiento de otras criaturas esenciales para la producción global de los alimentos, como las abejas y lombrices.  

El profesor Dave Goulson, de la Universidad de Sussex, se sorprende de lo poco que el humano ha aprendido con la experiencia de los químicos sobre el medio ambiente: 

Después de que Silent Spring reveló los efectos secundarios negativos de esos químicos, hubo una gran reacción. Pero parece que hemos retrocedido en el tiempo a hacer exactamente lo que hacíamos en la década de los 50. Es la historia repitiéndose. La naturaleza penetrante de estos químicos implica que se encuentran en cualquier lado. Si todos nuestros suelos son tóxicos, entonces deberíamos de preocuparnos ya que el suelo es crucial para la producción de la comida.

Por consiguiente, la investigación se encargó de analizar los riesgos asociados con el neonicotinoide, un insecticida que se aplica regularmente en vez de usarse como reacción en contra de las plagas. 

Según Jean-Marc Bonmatin, del Centre National de Recherche Scientifique, en Francia: “La evidencia es clara. Estamos siendo testigos de la amenaza en la productividad de nuestros recursos naturales y estamos cultivando un ambiente equivalente impuesto por los organofosfatos o el DDT. En vez de proteger la producción de la comida, el uso de los insecticidas neonicotinoide está amenazando a la infraestructura que lo permite existir.” ¿De qué manera? Los químicos ponen en peligro a la comida al intoxicar tanto a las abejas y otros polinizadores, encargados de fertilizar tres cuartos de los cultivos, así como a los organismos que fomentan la salubridad del terreno para el crecimiento de las plantas. 

El factor clave del impacto de estos químicos es la disminución de estos polinizadores, así como de los hábitats vegetales: los insecticidas incapacitan a las abejas a volar ya que su sistema inmunológico está dañado, matando poco a poco a la colonia entera; las lombrices pierden su habilidad para cavar por los químicos en el suelo; las libélulas y otras criaturas que viven en el agua, sufren al estar expuestas directamente a los pesticidas; la disminución de los insectos se relaciona con la merma de aves que se alimentan de ellos; y así continúa deteriorándose la cadena alimenticia.  

De ese modo, hay suficiente evidencia que demuestra el impacto crónico que estos químicos han tenido en la biodiversidad mundial, empeorando los servicios del ecosistema (como la polinización) para continuar la producción saludable de los alimentos. 

De acuerdo con The Guardian, el gobierno de EE.UU. impuso una moratoria temporal de tres años respecto al uso de algunos neonicotinoides sobre los cultivos. Barack Obama, presidente de ese país, ordenó un acuerdo urgente relacionado con el impacto de los neonicotinoides en las abejas, en los cultivos y en el tratamiento contra las pulgas para perros y gatos. 

Sin embargo, Nick von Westenholz, jefe ejecutivo del Crop Protection Association (CPA), considera que “es una revisión selectiva de los estudios existentes, los cuales ponen en evidencia los peores escenarios reproducidos bajo condiciones de laboratorio. La publicación no representa un acuerdo vigoroso para la seguridad del sistema de pesticidas bajo condiciones realistas. […] Y más importante, fueron negligentes en observar los beneficios que brindadas por la tecnología y el hecho que, al maximizar los cultivos de las tierras fértiles, habría más espacios vírgenes a preservar para la biodiversidad.”

De hecho, la nueva investigación, llamada Worldwide Integrated Assessment on Systemic Pesticides, explica que los neonicotinoides y el fipronil son usados usualmente como tratamiento para las semillas; es decir que forman parte de cada proceso de la planta (incluyendo las raíces, hojas, polen y nectar), y así exponiendo a numerosas criaturas, incluyendo a los seres vivos que se nutren del agua.

Es importante que las personas estén conscientes de esta situación ya que, al poner su grano de arena, se impide y previene el deterioro del medio ambiente.



Así de fácil puedes distinguir si la fruta y verdura que compras es transgénica u orgánica

Es mucho más fácil de lo que podrías creer, y haciéndolo te ahorrarás un coctel de transgénicos y pesticidas.

Las efectos de los transgénicos sobre la salud humana no son todavía del todo claros. Apenas dos generaciones han estado expuestas a esta ingeniería genética en los alimentos. Pero lo cierto es que la multinacional Monsanto comenzó a usar discrecionalmente esta tecnología, sin molestarse en verificar antes sus consecuencias.

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Aunque está comprobado que nuestro sistema digestivo descompone el ADN mutante de los transgénicos como si se tratase de cualquier otro alimento, lo cierto es que evitar consumir alimentos modificados es lo mejor que podemos hacer ante la incertidumbre que generan.

Además, lo que sí se sabe con certeza es el efecto nocivo que el herbicida de Monsanto, RounUp, tiene sobre la salud humana. Este herbicida, que provoca cáncer y malformaciones en recién nacidos, es usado sobre los cultivos cuyas semillas han sido modificadas para ser resistentes al glisofato. El objetivo es optimizar la producción y poder usar herbicidas y pesticidas a mansalva sin dañar los cultivos. Pero todo esto, otra vez, en detrimento de nuestra salud y del ambiente.

Otra buena razón para evitar los transgénicos es porque están poniendo en riesgo la diversidad natural de cultivos como el maíz, que en países como México es más que un alimento: es un cohesionador cultural. Por si fuera poco, el “monopolio” de los cultivos queda en manos de Monsanto y otras cinco empresas, lo que está desgastando los ciclos naturales y a las culturas que viven de la agricultura, así como atentando contra la soberanía alimentaria de naciones en vías de desarrollo.

Por eso esta vez te hablaremos de cómo eludir a toda costa las frutas transgénicas.

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Mark Lobo

La cuestión no es dejar de consumir frutas. Al contrario, porque se ha demostrado lo importantes que son sus aportes nutricionales para nuestra evolución. Pero si quieres obtener todos sus beneficios sin ningún efecto secundario de por medio, tienes que saber escogerlas.

Esa etiqueta que siempre remueves de la fruta sin ver… ¡es la clave!

De entre los alimentos, las frutas son las que más fácilmente podemos diferenciar entre orgánicas, modificadas o convencionales. Esto es gracias a las etiquetas que suelen estar pegadas en ellas y que a veces solo removamos sin siquiera echar un vistazo. Estas etiquetas han sido usadas desde 1990, y son una forma de hacer más fácil la clasificación de la fruta por precios.

Por eso en inglés esta etiqueta se conoce como PLU Code: Price Look Up. Y se le llama “código” porque consta de 4 ó 5 dígitos que forman un sistema de clasificación más claro de lo que podrías creer. A través de él puedes saber cómo fue sembrado el producto, si fue rociado con herbicidas o pesticidas y si contiene preservativos.

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Es orgánica:

Cuando consta de 5 dígitos que comienzan con el número 9, querrá decir que tienes en tus manos una fruta 100% orgánica.

Es convencional:

Cuando el código consta de 4 dígitos, sin importar con qué numero comience, querrá decir que tienes en tus manos una fruta cultivada de manera convencional. Esto quiere decir que no es orgánica pero, en teoría, tampoco modificada. Eso sí: sin duda fue rociada con pesticidas (aunque no con RoundUp)

Es modificada:

En cambio, si consta de 5 dígitos que comienzan con el número 8, querrá decir que tienes en tus manos una fruta modificada genéticamente con ingeniería, y que seguramente fue rociada con RoundUp y muchos pesticidas.

¡Pero cuidado…!

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Lo malo es que cada vez hay menos frutas cuya etiqueta comience con el dígito 8.

Y no porque no sean modificadas, sino porque las multinacionales evitan ponérselo a propósito, a sabiendas que los consumidores no queremos comprar alimentos modificados. Y como el etiquetado no es ninguna medida obligatoria sino meramente técnica, pueden hacerlo sin que nadie haga nada.

Por ello es mejor que evites también las frutas que están marcadas como “convencionales”, pues son éstas los que pueden ser “modificadas encubiertas”. En ese sentido es importante no comprar cultivos exportados que empiecen con el dígito 4. Porque en frutas como las manzanas, por ejemplo, casi siempre que se lee USA su etiqueta empiezan con 4 (es decir, rara vez son libres de transgénicos). Así que mejor intenta comprar fruta orgánica que sea de tu país.

Si por alguna razón es inevitable que compres la fruta de cultivo convencional, es importante que sepas cuales frutas y verduras tienen menos pesticidas, para que en caso de no poder comprar orgánicos te expongas lo menos posible a estos tóxicos químicos. Y ten en cuenta que siempre hay manera de remover los pesticidas de manera rápida y natural.