La belleza interior de los árboles

El valor económico de algunos árboles hace que la gente se olvide de la importancia del resto de ellos, y la deforestación en el mundo es rampante.

Las palmeras, para muchos, son un elemento imprescindible en las fantasías tropicales y tienen un toque romántico en ellas, dado que son ornamentos no esenciales. Pero para los costeños de países en desarrollo, la belleza de las palmas va más allá de su forma. Los indonesios, por ejemplo, consideran que la palma de aceite es un ingreso magnífico. Usan las hojas como escobas, el tronco para construcción y el aceite para biocombustibles y exportación comercial; es decir: dinero.

'New Britain Oil Palm Limited' palm plantation, near Kimbe, West New Britain Island, Papua New Guinea, Wednesday 24th September 2008.El problema, como apunta Anna Clark en Hoffington Post, es que una vez que comenzamos a destilar la naturaleza en dólares, no nos queda más que buscar maneras de maximizar el valor de mercado o vender por completo.

Al día de hoy, el valor económico de las palmas de aceite sustituye aquél de los bosques tropicales que alguna vez cubrieron Malasia e Indonesia. Princeton University y el Swiss Federal Institute of Technology estiman que entre 1990 y 2005, 55-60% de la expansión de palmas de aceite en Malasia e Indonesia ocurrieron a expensas de bosques vírgenes.

 

La deforestación ocurre en todo el mundo y desaparece del planeta innumerables especies de árboles. ¿Pero podrá cambiar su curso antes de que sea demasiado tarde? Clarck nos recuerda que la reforestación urbana es crucial para mitigar este problema, ya que las ciudades se están calentando dos veces más rápido con el cambio climático y las implicaciones para la salud humana son graves.

palm20plants

“Muchos responsables de tomar decisiones aún no entienden por qué importan los árboles”, anota Clarck. “Después de todo, la manera en que valoramos a los árboles depende de los ojos que usemos para verlos. Para un promotor, un puñado de árboles podría parecer como una pila de madera. Para un consumidor ocupado, los árboles ofrecen un lugar sombreado para estacionarse. Pero el conocimiento magnifica la belleza más allá de lo superficial. Para aquellos con ojos, un bosque puede representar una fuente vital de carbono, un núcleo de biodiversidad, un refugio psicológico o un santuario espiritual”.

Clarck enfatiza que estamos perdiendo el sentido de asombro acerca de la naturaleza mientras maduramos. “Quizá la desviación de nuestra cultura hacia una iluminación basada en la razón nos fuerza a despojarnos de nuestras preocupaciones espirituales y nos roba de un léxico para articular el vacío que sentimos en un mar de concreto”. A esto, acertadamente, Clark lo llama “desorden de déficit de naturaleza”.

Afortunadamente el remedio no es complicado. Solo demanda que nos interesemos en cultivar una apreciación por la naturaleza, alimentada tanto de conocimiento como de experiencia.

Para los romanos, nos recuerda Clark, las palmas no se usaban para mejorar la vista ni para un propósito utilitario. Las ramas de palma eran sagradas. Simbolizaban victoria, triunfo, paz y vida eterna. No necesitamos romantizar las palmas o acordarnos de su pasado simbólico, pero sí podemos reintegrar los valores que hemos perdido con el tiempo para con la naturaleza.

“La belleza está en el ojo del observador. Para preservar la salud pública, el destino de nuestras ciudades y de nuestra propia sanidad mental, debemos aprender a ver la naturaleza como defensores, no como consumistas. Podemos comenzar plantando árboles”, concluye Clark.



¿Cuántos árboles hay en la Tierra?

El inventario forestal más ambicioso a la fecha nos dice que, aproximadamente, por cada ser humano existen unos 420 árboles.

Hacer un inventario confiable sobre la cantidad de árboles que pueblan el planeta no es una tarea sencilla. Hasta hace poco, se creía que en la Tierra existen unos 400 mil millones de árboles, pero en un nuevo sondeo, el más ambicioso a la fecha, las cifras han arrojado un aproximado de 3 billones (es decir, unos 3 millones de millones); 8 veces más grande que la cifra antes estimada.

Un equipo de la Universidad de Yale encabezado por Thomas Crowther llegó a esta aproximación que supone 420 tres árboles por persona en el mundo, gracias a las fotografías satelitales, a partir de las cuales los científicos pueden encontrar las zonas donde existe más densidad de ellos.

Luego entrecruzaron datos de Parques Nacionales y bosques, muchos de los cuales cuentan con inventarios individuales y así es posible conocer, por unidad, la cantidad de árboles en las zonas más pobladas.

Sobre la deforestación, el mismo equipo calcula que cada año estamos cortando unos 15 mil millones de árboles y únicamente reforestando unos 5 mil millones. La frase sobre plantar un árbol como una manera de trascender el mundo es quizá una de las más atinadas ahora; aunque tres billones parecieran una descomunal cifra para imaginar, lo cierto es que hace unos once mil años, un par de miles antes de que existiese la agricultura, se cree que el número doblaba al de hoy.

[BBC News]



Conoce los mitos sobre la deforestación en México

Creencias comunes que empañan una problemática más profunda: el abandono, por parte del Estado, a los dueños de las tierras forestales

Hace unos días publicamos lo que asociaciones de campesinos e indígenas apuntan como los enemigos de los bosques en México. Suele haber algunos supuestos motivos que explican la causa de la disminución de los recursos forestales, casi siempre ligados al cambio de uso de suelo, la tala clandestina o al crimen organizado. Pero hay un férreo enemigo, el más poderoso de todos, que explicaría, de hecho, la existencia de las demás amenazas a los bosques y selvas mexicanas.

Paloma Neumann, coordinadora de la Campaña de Bosques de Greenpeace, quien conoce notablemente el tema forestal en México, desmitifica los usuales motivos que suelen asociarse a la disminución de bosques y selvas del país y nos da un atisbo de la verdadera máscara que se esconde tras el descuido de estos ecosistemas:

Mito 1. Existe información sobre el estado de los bosques y selvas: Neumann aclara con indignación que la misma Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) ha aceptado que no existe información actualizada y confiable sobre el área forestal en México. Acusa que la dependencia, cómodamente, reporta ante la FAO de las Naciones Unidas un parámetro a nivel global que no mide toda la diversidad de ecosistemas forestales que tenemos en México. Prácticamente no conocemos el estado de los bosques y selvas; de hecho, para Neumann la información más confiable la ha realizado la Universidad Autónoma de México (UNAM) en su documento de 2009 llamado El capital natural de México.

Mito 2. La tala ilegal es la principal causa de la disminución forestal: Tampoco existe en México un estudio serio sobre la cantidad de madera ilegal en el país. Neumann advierte que quizá más de 50% de la materia prima de las madererías viene de tala ilegal, pero en realidad, esto sucede por un problema mucho más profundo, pues si el gobierno protegiera a 60% de los propietarios de los bosques, que suelen ser indígenas o ejidatarios, estos no tendrían que migrar y abandonar sus tierras a merced de los taladores, o bien no tendrían que volverse, como ocurre en algunos casos, contra sus propios recursos, por desesperación, haciendo ellos mismos una tala ilegal. En este sentido el Estado es el responsable del abandono de los bosques porque no otorga los apoyos suficientes, como las mismas organizaciones lo han denunciado y de hecho, según los monitores de Greenpeace, el presupuesto se ha usado con fines electorales: “La CONAFOR no ha comprobado que los recursos que se destinan a los programas realmente tienen un impacto directo en reducir la deforestación”. 

Mito 3. El cambio de uso de suelo es el gran culpable: Si uno busca en internet se encontrarán declaraciones, principalmente de funcionarios, que recalcan que el cambio de uso de suelo es la principal amenaza de la degradación de los bosques y selvas. Pero en realidad, esto es un distractor para atenuar la responsabilidad del gobierno. Es un juego político para llevar la discusión lejos del principal enemigo de los bosques, que es la falta de prioridad en las políticas públicas, pues se privilegian otros sectores como la agricultura, la ganadería, el desarrollo urbano o el turístico: “El cambio de uso de suelo ocurre debido a que las políticas públicas de este país están enfocadas en promover e incentivar otro tipo de actividades que tienen que ver con agricultura, ganadería,  desarrollo urbano, desarrollo turístico…”.

¿Qué hacer para cuidar los bosque y selvas?

Neumann aconseja:

Para empezar, difundiendo, porque hay mucha desinformación sobre qué es lo que pasa en los bosques en México. La mayoría de los medios de comunicación difunden la idea de que el cambio de uso de suelo y la tala ilegal son los principales obstáculos. (…) Que cuando vayamos a comprar papel, por ejemplo, nos fijemos si es de reúso o certificado. Cuando sean muebles preguntar si es madera certificada de las comunidades mexicanas que hacen un manejo sostenible de sus bosques, que sí hay varios sitios donde se pueden conseguir, desde tiendas como Palacio de Hierro, Home Depot, etcétera.

Twitter de la autora: @anapauladelatd

Autor: Ana Paula de la Torre
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional