Adidas utiliza corazones de vaca en su campaña publicitaria de Brasil 2014

Con motivo del Mundial de Futbol que se celebrará en Brasil, la marca deportiva Adidas lanzó esta polémica campaña en que jugadores sostienen corazones de vaca.

En tiempos recientes, la publicidad se ha empeñado en demostrar que la desmesura es uno de sus recursos predilectos. Con tal de llamar la atención del mayor número posible de personas (su primer y último propósito), los publicistas recurren a las estrategias más desaforadas, a veces con ingenio y otras, las más lamentables, sirviéndose del escándalo y el sensacionalismo.

Tal es el caso de la campaña que la marca deportiva Adidas lanzó con motivo del Mundial de futbol que comenzará en Brasil en un par de semanas. Bajo el lema “¿Hasta dónde quieres llegar? Daría mi corazón por mi país”, Adidas convocó a jugadores reconocidos internacionalmente para mostrarlos sosteniendo un corazón real.

Y si esto ya podría considerarse desagradable, la polémica se avivó cuando, en Alemania, organizaciones que velan por los derechos de los animales comenzaron a preguntar de dónde habían salido dichos corazones. La empresa respondió entonces que se trataba de órganos de vaca adquiridos legalmente.

Aun así, las imágenes generaron más aversión que simpatía, lo cual parece una recompensa justa para quienes hacen prevalecer sus intereses sin importar el daño que puedan provocar en ese intento.



En Tabasco ya existe una ley de protección animal, pero carece de reglamento: invitan a firmar

Miles han estado presionando al gobernador para que publique el reglamento que iniciaría la protección legal de los animales en el estado

En octubre de 2013 los legisladores del estado de Tabasco, en México, aprobaron por primera vez una ley de protección a los animales. La noticia fue celebrada por organizaciones ambientalistas y de derechos de los animales en todo el país pues Tabasco se convirtió, así, en uno de los primeros estados en elaborar una ley puntual para este tema. 

Sin embargo ha pasado más de 1 año y la ley continúa sin aplicarse porque carece de un reglamento, que debiera ser elaborado y publicado por el gobernador. El mandatario en turno, el gobernador Arturo Núñez Jiménez, ha guardado silencio al respecto, y mientras tanto ha crecido en el estado un movimiento pro animales sin precedentes que ha organizado marchas y manifestaciones e incluso una petición digital dirigida al gobernador, que ha conseguido más de 25 mil firmas en poco tiempo.

Cabe apuntar que el reglamento en cuestión debió haberse aprobado en abril de 2014 como fecha máxima; lo anterior, además de mostrar un país en el que los propios gobernantes rompen las leyes, también evidencia una simulación por el interés de los derechos de los animales una vez que la ley fue noticia y el boom mediático disminuyó. 

Organizaciones como la Asociación Protectora de Animales de México (APASDEM) están apoyando esta petición en línea y sumando personas para que también vía Twitter y Facebook exijan al gobernador y se genere así presión pública para que esta ley funcione. 

En México muchas tradiciones como las corridas de toros, las charreadas o las peleas de gallos, develan cómo en pocos años ha ido cambiando la cultura. Hace 50 años los anteriores eventos no eran siquiera cuestionados; hoy se suman cada vez más personas a movimientos en pro de la protección animal y la creación de leyes que velen por los derechos de cualquier forma de vida.

Si te suena, puedes apoyar la campaña aquí o contactar al gobernador en su Twitter o Facebook. 



¿Cambiaría algo si en los zoológicos los animales estuvieran libres y los seres humanos en cautiverio?

El proyecto Zootopía del arquitecto danés Bjarke Ingels propone una nueva idea de zoológico que, sin embargo, solo hace más evidente el peligro que amenaza a los animales del mundo.

La historia de los zoológicos es antigua y desde su origen está relacionada con cierto deseo de tener al alcance un fragmento de la naturaleza que nos sorprende. Un gesto sin duda egoísta que, por ejemplo, está simbolizado en el hecho de que los primeros zoológicos eran colecciones particulares de reyes, emperadores y en general personas de poder que tenían la capacidad de conservar ejemplares de animales exóticos.

En años recientes, sin embargo, los zoológicos han enfrentado serios cuestionamientos a su modelo y propósito. Mantener a los animales fuera de su hábitat, confinados y además en exhibición para entretenimiento se ha considerado una situación que va en detrimento de la naturaleza misma, por más que en no pocos casos los zoológicos cumplen también funciones de conservación ante los peligros que amenazan la biodiversidad del planeta como consecuencia de la actividad humana.

En este contexto, el arquitecto danés Bjarke Ingels ha presentado “Zootopía”, un proyecto que, grosso modo, tiene como característica principal la inversión de la situación común: los animales están en libertad mientras que los seres humanos se encuentran en cautiverio, creando una suerte de “artificialidad natural” para la fauna exhibida, disimulando tanto los sitios de observación como los edificios circundantes.

El resultado, como casi cualquier utopía, algo tiene de distópico, un proyecto que solo hace más evidente el exterminio tácito o franco al que la flora y la fauna del planeta se encuentra expuesta.