Si cuidas espacios verdes obtendrás descuentos en el Distrito Federal

A quien crezca azoteas verdes, cuide banquetas, espacios verdes aledaños a su hogar, o cuide espacios naturales en su casa, el gobierno del Distrito Federal le otorgará descuentos en el pago de impuestos.

Además de las bondades que te da el contacto con la naturaleza y la pertinencia de la  agricultura urbana hay otros tipos de beneficios en cultivar los espacios naturales. Parte de nuestra labor como comunidad es cuidar nuestro entorno. Si afuera de tu casa hay un gran árbol, de alguna forma te pertenece, y su cuidado es una labor con benéficos efectos sociales.

En la Ciudad de México, siguiendo con una tendencia para generar espacios verdes (hasta hoy los edificios públicos acoplaron azoteas verdes, y se planea la verdificación del acueducto, una de las avenidas más grandes la Ciudad), también se quiere fomentar la cultura de la agricultura urbana en los hogares. El gobierno otorgará descuentos en los pagos del predial (impuesto sobre las propiedades) a aquellas personas que cuiden en sus hogares o calles, espacios verdes con árboles adultos y vivos, o áreas verdes que ocupen cuando menos la tercera parte de la superficie del predio.

También se darán descuentos a las personas que cuiden sus banquetas aledañas. La  deducción puede llegar hasta el cien por ciento. Se quiere además incentivar la incubación de azoteas verdes, y a quien acredite tener una, recibirá un 10% en el pago de predial anual.

Las personas interesadas en obtener este descuento deberán llamar al teléfono 072 de la Agencia de Gestión Urbana (AGU) para registrar su solicitud. A los ciudadanos que reconstruyan o mantengan banquetas se les emitirá una constancia anual, a los que atiendan áreas verdes, de momento, les será expedida una provisional cada dos meses, pues  la definitiva se otorgará los primeros tres días hábiles de diciembre del año en curso.

Estas medidas son pioneras en un país como México, que ha ido perdiendo su arraigo con la naturaleza. Hoy que vivimos agrupados en las ciudades, los respiros de naturaleza son más urgentes que nunca: la tendencia de la preservación y generación de espacios verdes viene para quedarse, recordemos que incluso solo ver  una foto de la naturaleza nos vuelve, increíblemente, más felices.



¿Por qué se comen los fraccionamientos a las Áreas Naturales Protegidas?

Las áreas naturales son el pulmón de las zonas urbanas. En este artículo de EcoMaxei, conoce por qué es importante preservarlas.

* Por: Claudia Elvira Romero Herrera

 

Porque no los conocen… Aquí te vendo, te dicen, y tú dices qué padre, sin saber. Queremos que más gente sepa, que salgan de la ignorancia, porque sólo se cuida lo que se conoce.  

Cuando en 2012 un tlacuache llegó a su vivienda, Minerva subió su fotografía a las redes sociales para saber qué hacer con él. El incidente la llevó a conocer al gigante verde frente a su condominio, del otro lado de la gran avenida, el Parque Nacional El Cimatario. Al enterarse de la cantidad de servicios que el que tenía por “sólo un cerro” le proporcionaba a ella y a su familia, decidió junto con su vecina Sindy darlos a conocer. Fue así como dos mujeres profesionistas y amas de casa emprendieron la creación de Cimatario Yo Soy A.C.

Fue como darte cuenta de pronto de que alguien ha estado cuidándote y protegiéndote toda la vida y tú nunca te habías dado cuenta, mucho menos hecho algo por contribuir de vuelta.

Sobre el camino me explica con elocuencia y destreza las características del Área de Conservación del parque. Me comparte datos que ha ido conociendo a partir de su interés, sin los cuales es difícil entender por qué está prohibida la entrada con mascotas o alimentos, hacer fogatas o fumar. Reglas ante las que los visitantes reaccionan con enfado, pensando que al ser un lugar público debería ser por fuerza recreativo, sin reparar en las consecuencia de, por ejemplo, los orines de perro para la fauna del lugar.

Volverse consciente del desconocimiento sobre su silencioso anfitrión provocó en Minerva el deseo de hacer promoción y difusión de su valor simbólico, histórico, cultural y ecológico, aspectos que considera clave para su protección. Conocido por sus condóminos como “cerro de la antenas”, el Cimatario es en realidad el segundo bastión ecológico más importante del estado de Querétaro, después de la Reserva de la Biósfera; hogar de deidades prehispánicas, área protegida desde el virreinato y hoy uno de los epicentros ecológicos tanto más codiciados como más arduamente defendidos de la ciudad.  

Los ciudadanos, cuando reconocemos el valor de algo somos capaces de preservarlo.

La preservación de este pulmón de la ciudad, hogar de numerosas especies endémicas de la región semidesértica, refugio de fauna desplazada, escala de mariposas monarcas, filtro de agua, estabilizador de suelos y retén de ventorales no es cosa sencilla; tanto porque vive en acecho constante como por la ambigüedad en sus políticas de protección y la disputa sobre su delimitación. Aunque lo ampara un decreto de protección, en los últimos 20 años se han autorizado múltiples obras de urbanización en sus alrededores y hace no más de 2 fueron retirados todos los rótulos que lo identificaban como parque nacional.

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Fotografía tomada del sitio de Facebook de la asociación

En sus 7 años de existencia, Cimatario Yo Soy se ha sumado a distintas iniciativas de defensa y preservación, creando también estrategias propias. En 2015 la campaña #ElParqueCimatarioImportaPorQue logró llamar la atención sobre la pretensión de eliminar la protección federal. Más recientemente empezaron el curso básico de manejo de fauna silvestre periurbana y publicaron uno de los pocos cuentos ambientales locales existentes dirigidos a público infantil.

Inéditamente editado por las secretarías de Cultura y de Desarrollo Sustentable, “Gumberto el tlacuache y la fábrica de estrellas en el Cimatario” llega como un legado de conciencia ecológica hacia generaciones futuras, pero también una herramienta de educación ambiental para el presente.

En un mundo que empieza a considerar a los árboles como infraestructura de salud pública, a plantar uno por el nacimiento de cada bebé, a alentar el cultivo de alimentos en espacios públicos, a pugnar por el saneamiento de los ríos, los huertos escolares y en general el retorno a modos de vida menos depredadores, los residentes de espacios edificados en reservas ecológicas promovidas bajo el eslogan de “vivir en la naturaleza” comienzan a cuestionar su presencia ahí como un atentado en contra de ésta.

Empieza a ponerse a discusión, no sólo “allá” en los foros internacionales sino en el filo de nuestras cotidianidades, el entendimiento contemporáneo posmoderno sobre el significado de la calidad de vida. Si ésta deviene con la preservación de la naturaleza o con las “amenidades” ofrecidas a costa de la vida misma.

Algo que aprendí del contacto con la naturaleza es que ahí no tienes que pretender nada, no tienes que comprar nada y basta sentir la brisa para sentir que lo tienes todo. 

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Fotografía tomada del sitio de Facebook de la asociación

 

* Entrevista a Minerva Almazán, fundadora de Cimatario Yo Soy A. C.

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.


Otra forma de civilización es posible: lecciones de democracia, cortesía de las hormigas

Otra forma de civilización es posible: las hormigas utilizan la memoria colectiva para sobrevivir y, aunque tienen reina, no necesitan de nada semejante a un gobierno.

Muchos insectos son capaces de hacer cosas que nosotros, en nuestra vanidad, creemos ser los únicos capaces de hacer. Las abejas, por ejemplo, parecen ser capaces de comprender el concepto del 0, mientras que las termitas son arquitectas de complejos túneles subterráneos.

Pero quizá uno de los insectos más asombrosos sean las hormigas: no sólo son grandes arquitectas también, sino que inventaron la agricultura antes que nosotros y saben utilizar antibióticos naturales, algo que los humanos aprendimos a hacer hace menos de 1 siglo. Y por si fuera poco, las colonias de hormigas son un ejemplo de que otras formas de civilización son posibles.

 

Lecciones de democracia directa, cortesía de las hormigas

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Una colonia de hormigas opera sin un control central: son más como un cerebro que como una sociedad humana. Cada hormiga es como una neurona y juntas, intercambiando información entre sí, forman una suerte de memoria colectiva que es de suma importancia para la supervivencia de la colonia entera.

Este mecanismo varía de especie a especie. La colonia de hormigas de madera roja, por ejemplo, recuerda el sistema de senderos que la lleva a los mismos árboles a los que cada año debe ir para conseguir alimento. Pero las hormigas por separado no son capaces de llegar hasta los árboles.

La bióloga Deborah Gordon es quien ha llegado a estas conclusiones. Entre otras cosas, Gordon realizó una serie de experimentos en los cuales perturbó el orden habitual de un grupo específico de hormigas trabajadoras al interior de una colonia. Al hacerlo, la actividad del grupo perturbado se vio modificada, mientras que la actividad de otros grupos no paró, pero se modificó a partir de la interrupción en otro espacio de la colonia. Esto demuestra el grado de organización en las colonias de hormigas, y cuán específico es el rol de cada hormiga al interior de éstas.

Además, Gordon repitió el experimento varias veces, lo que generó una memoria colectiva sobre las perturbaciones que hizo que las hormigas cambiaran sus tareas de la manera más óptima cada vez que la perturbación volvía a ocurrir.

Individualmente, las hormigas no generaban la memoria de lo sucedido, pero colectivamente sí.

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Otro hallazgo de Gordon fue que las hormigas más viejas reaccionaban a las perturbaciones de manera más estable, concentrándose en su trabajo más que en responder a las perturbaciones directamente. En cambio, las hormigas jóvenes reaccionaban de manera más visceral y no siempre precisa, lo que demuestra que siempre es necesaria la sabiduría de los que han estado más tiempo en este mundo.

De esta manera, algunos de los insólitos comportamientos de las hormigas nos demuestran que una sociedad puede ser más horizontal, con un mecanismo que no vaya de arriba hacia abajo, sino que se base en el apoyo mutuo y que se sustente en la memoria colectiva. Algo así deben ser las bases de una democracia directa, lo que nuestra civilización debe poner en práctica cada vez más si es que queremos sobrevivir y, más aún, si queremos evolucionar colectivamente.