Microgranja inspirada en origami para que crezcas germinados en casa

Microgarden es uno de los inventos más estéticos y funcionales para crecer germinados en casa.

“Somos los nuevos granjeros, y la ciudad es nuestra granja”.

 

Si vives en un departamento sin acceso a un patio exterior, crecer alimentos puede ser dificultoso. Sin embargo, cada vez hay más maneras de hacerlo (en este blog hemos planteado bastantes). El nuevo Microgarden, un diminuto invernadero de origami que ahora está recaudando fondos en Indiegogo, podría ser la forma más sencilla y estética de tener un huerto de germinados en casa.

Los germinados, además de ser hermosos y fáciles de crecer, tienen alrededor de 40 veces más nutrientes que las verduras maduras. Microgarden es un kit que te facilita este proceso y además es transparente para que puedas ver todas las etapas de crecimiento.

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“Queríamos hacer algo que fuera muy fácil de usar”, apunta Anna Glansén, diseñadora en Tomorrow Machine, el estudio de diseño que desarrolló el Microgarden para INFARM, basada en Berlín. “No necesitas ser un experto en plantar, y ni siquiera tienes que regar tus plantas ya que el invernadero esta contenido en sí mismo”.

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El pequeño jardín usa una sola hoja se plástico que se dobla como origami para proteger los germinados. Los diseñadores piensan que usar el kit ayudará a cambiar la manera en que los citadinos ven el alimento de su vida diaria. “Creemos que crecer tu propia comida cambia la manera en que te relacionas con ella y le da un mayor valor”, dice Glansén. “Serás menos propenso a desperdiciar el alimento que creces tú mismo”.

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En este video (en inglés) puedes ver cómo funciona Microgarden.

 

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¿Quieres inculcar el amor por la lectura? Háblale a los niños de tus libros favoritos (y otros 4 consejos)

Además de libros interesantes, los niños necesitan un ambiente libre de distracciones, además de involucrarse activamente en el proceso.

A menudo decimos que los niños y niñas “tienen integrado el chip digital“, o frases similares. Intentamos explicarnos el hecho de que, por primera vez en la historia, la educación de toda una nueva generación ocurriese en un mundo transformado por la revolución digital.

Pero el libro de papel, ese dispositivo analógico de lectura utilizado durante cientos de años, no desapareción con esa revolución: incluso parece que su importancia se ha fortalecido.

La frase “nativo digital” fue acuñada por Marc Prensky en el año 2001. Prensky, un educador reconocido, sugirió esa etiqueta para caracterizar a los individuos con alta eficiencia en la práctica de una serie nueva de habilidades, inéditas hasta entonces, que involucraban el uso de pantallas y dispositivos electrónicos.

Por extensión, poco a poco se asumió que los niños eran “nativos digitales”, mientras que Prensky se refería más bien a un proceso de aprendizaje que podía darse también en adultos.

El error se volvió vox populi, a pesar de que no existen estudios que respalden esa creencia. 

Sin embargo, sí existen estudios que sugieren maneras de acercar a los niños a la lectura.

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Buscar lugares donde los niños se sientan cómodos y no se distraigan es tan importante como encontrar libros adecuados.

 

La investigadora Margaret Merga ha notado que los niños en edad escolar responden muy bien a programas de lectura guiada. Su trabajo de los últimos años ha sido preguntarle a miles de estudiantes qué es lo que necesitan para leer con más frecuencia. Asombrosamente, no se trata de más tablets. Estas son sus sugerencias para hacer que los niños y jóvenes lean con más frecuencia.

1. Encontrar libros que los atrapen 

Probablemente puedes encontrar cientos de páginas web y bibliotecas digitales con libros para niños y jóvenes, ¿pero por dónde empezar? Una forma de evitar que la tecnología nos ponga el pie, es visitar directamente los lugares donde están los libros. Muchas librerías tienen áreas infantiles, y las bibliotecas públicas suelen ofrecer programas dirigidos a esta población, por lo que encontrar orientación será más sencillo.

2. Buscar libros de la misma serie/personaje/saga

La lectura “serializada” potencia que los niños sepan qué buscar cuando se encuentran en una biblioteca o librería. Por un lado, esto crea un mercado de lectores; por otro, fomenta en los niños la habilidad de buscar información por sí mismos.

3. Sensación de reto 

Si una actividad es muy sencilla, nos aburre; si es muy difícil, nos frustra. Con los libros ocurre igual. Cada lector necesita su propia motivación: ¿es curiosidad, necesidad de aprender, placer? Pero sea cual sea, recordemos que Borges recomendaba jamás leer un libro por obligación.

4. Un cuarto propio (o al menos un buen rincón de lectura)

Más importante que el soporte de lectura (sea digital o analógico) parece ser un espacio adecuado, ya sea en casa o en la escuela. Una habitación con demasiadas distracciones o una iluminación inadecuada puede ser suficiente para inhibir una sesión de lectura. Proveer estos espacios para los chicos, involucrándolos en su conservación, es tan importante como acercarlos a los libros. 

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Si la lectura estrecha vínculos es porque se le otorga tiempo y espacio.

 

5. Hablar de libros

Tal vez esto sea lo más difícil de lograr, pero también el primer paso lógico: si queremos que los niños y adolescentes lean, debemos ser lectores nosotros. Según esta hipótesis (que parece de sentido común), si los niños ven a los adultos leer, ellos desarrollarán interés en un rango más amplio de libros conforme crezcan.

No se trata solamente de los padres o los maestros: todos tenemos sobrinos, primos o niños a nuestro alrededor, ávidos de escuchar historias. 

Cabe señalar que los estudios se centran únicamente en los dispositivos como soporte de lectura, sin tomar en consideración otro tipo de usos (educativos o de entretenimiento). Es decir, no toman en cuenta que, en la práctica, los niños (especialmente los de familias de ingresos bajos y medios) pasan entre 4 y 8 horas conectados.

Si en este artículo insistimos en los libros de papel como soporte de lectura no es por nostalgia del formato ni mucho menos: existen buenas razones para creer que los dispositivos digitales ofrecen demasiadas oportunidades para distraerse de la lectura. Esto no quiere decir que los chicos no necesiten aprender a buscar archivos o bibliotecas enteras en Internet, sino de entender que la lectura es una forma de utilizar nuestra atención que, en estos días, es de por sí escasa. La lectura en formatos electrónicos y analógicos no debe ser excluyente.

Pero incluso cuando los niños y adolescentes ya pueden leer por sí solos, cuando necesitan leer para realizar tareas escolares o por gusto, la mayoría elige libros de papel. Algunas investigaciones indican que leer de esta forma incrementa la retención y la comprensión de lectura. 



Cada semana comes el equivalente de plástico a una tarjeta de crédito

¿Cómo sucede esto?

Si algo nos distingue como sociedad en la actualidad es la cultura del “usa y tira”. Y el material que más ha incentivado dicho estilo de vida consumista quizá sea el plástico, del cual nos hemos vuelto dependientes crónicos. Esto lo ha vuelto un material omnipresente, al grado de que se encuentra incluso en nuestras heces.

Te preguntarás, ¿cómo es que llega ahí? Bueno, eso es porque estamos comiendo plástico. Literalmente.

En todo el mundo, la persona promedio está ingiriendo aproximadamente 5 gramos de plástico cada semana, lo que equivale al peso de una tarjeta de crédito, según investigadores australianos de la University of Newcastle, comisionados por el World Wildlife Fund para estudiar las repercusiones actuales del plástico en el organismo humano.

El plástico está contaminando el aire que respiramos, el agua que bebemos y la comida que comemos.

Según el estudio Assessing Plastic Ingestion from Nature to People, cada semana comemos todo ese plástico a causa de los llamados “microplásticos”, los cuáles, se ha demostrado, contaminan el agua que bebemos, pues se desprenden de las botellas desechables. Pero en general, los microplásticos se encuentran ya en todo el ambiente –incluso llega a las montañas–. Esto quiere decir que también lo estamos ingiriendo por vía de la respiración.

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Bernd Wüstneck

Cada semana, una persona puede consumir
hasta 1769 partículas de plástico…
sólo del agua que bebe.

Aunque el estudio no es concluyente, abre una veta de investigación importante. Lo que es un hecho es que estamos ingiriendo plástico. ¿Cuánto? Esto, como el estudio sugiere, depende de cada estilo de vida, del lugar que habitamos y del tipo de actividades que realizamos, entre otras cosas. No obstante, cualquier cantidad ingerida de plástico ya es alarmante, pues este material es tóxico y puede llegar a interferir con procesos del organismo tales como la respiración o la digestión.

El verdadero problema es que ni siquiera el reciclaje nos salva de las consecuencias de los microplásticos ya que, como se ha comprobado, todos los procesos para reciclar los plásticos –incluso aquellos biodegradables– dejan una estela de microplásticos a su paso. Por eso, lo más importante es dejar nuestra adicción a los plásticos y cambiar nuestro chip del “usa y tira” por uno de “usar y reutilizar”. Eso, por supuesto, si queremos evitar todos los males que provoca el plástico, tanto a los organismos más grandes –como la Tierra– como a los más pequeños –nuestros cuerpos–.