Isla de Escocia se convierte en el primer lugar en ser 100% autosustentable

La isla Eigg no sólo es un atractivo cultural e histórico, sino también ecológico ya que consigue el 90 por ciento de su energía a través de fuentes renovables.

¿Te imaginas un lugar rodeado de montañas, valles verdes y energía limpia? La isla Eigg, en Escocia, se convirtió en el primer lugar sobre la tierra que goza de paisajes de ensueño y de una amplia gama de estrategias sustentables.

Con una de las vistas más asombrosas de toda Europa, la isla Eigg no sólo es un atractivo cultural e histórico, sino también ecológico ya que consigue el 90 por ciento de su energía a través de fuentes renovables.

Sus habitantes, quienes compraron la isla en 1997, administran cada aspecto del lugar. Inclusive, quien viva más de seis meses en la isla se convierte en miembro del comité de residentes, la cual toma decisiones para el beneficio de todos. De ese modo, los escoceses se han convertido en el epítome de una buena calidad de vida, sin la necesidad de combustibles fósiles ni degeneración ambiental.

Con paneles solares, turbinas eólicas y programas hidroeléctricos, cada hogar de la isla satisface sus necesidades energéticas. Su método, con base en economizar la electricidad, mantiene el consumo de energía entre 5 y 10 kilowatts. Gracias a la ubicación geográfica de la isla, se disfruta de abundantes rayos solares y viento que benefician a la producción energética; y es así que los espacios públicos ofrecen calefacción gratis.

Les compartimos este video que ofrece una perspectiva más amplia de la isla Eigg, en Escocia. 

 



El mirador invisible de los lagos de Escocia

Los estudiantes de arquitectura Angus Ritchie y Daniel Tyler diseñaron un mirador cubierto de espejos que multiplican el bellísimo paisaje del Parque Nacional Lago Lomond.

Usando madera dura y láminas de abedul, los estudiantes de arquitectura Angus Ritchie y Daniel Tyler diseñaron y construyeron en 2014 un mirador cúbico reflejante en el Parque Nacional Lago Lomond y los Trossachs. Su diseño es simplemente precioso.

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En lugar de interrumpir el exquisito paisaje del panorama escocés, los jóvenes hacen más evidente su belleza. Te invitan a sentarte en el mirador que, además de reflejar la naturaleza y por lo tanto multiplicarla, te recuerdan que el simple hecho de observar un paisaje es un acto importante.

Dentro de la caja cúbica hay dos bancas, una con un solo asiento y la otra con un asiento doble que los visitantes pueden usar como un refugio energetizante. Su cualidad “invisible” lo convierte en ese refugio… Si estás allí dentro eres el paisaje pero estás dedicado a él.

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Este jardín embotellado es tan autónomo que no se ha regado en más de 40 años

La vida encuentra su camino: un joven de 27 años plantó una semilla al interior de esta botella y aunque la última vez que regó el pequeño jardín fue hace más de 40 años, las plantas desarrollaron su propio equilibrio.

Una de las características que más nos sorprenden de la naturaleza es su equilibrio. Desde que el ser humano la estudia y la analiza, de inmediato resaltó el delicado balance de sus procesos, tanto de manera individual como en relación con el entorno. Sea porque de verdad es así o porque se trata de un concepto que le imputamos, los procesos naturales son en cierto modo perfectos, parte de un gran mecanismo que funciona como debe para asegurar su supervivencia.

Una modesta prueba de esto se encuentra en este singular jardín embotellado, el cual comenzó a germinar el Domingo de Pascua de 1960, cuando David Latimer, entonces con 27 años, plantó una semilla al interior del curioso recipiente. Ahora David es un anciano de 80 que hasta la fecha sigue sorprendido de que esa pequeña semilla se haya convertido en una especie de selva miniatura, exuberante y frondosa.

La perfección autosustentable

Pero lo más sorprendente de todo esto es que el hombre no riega la botella desde hace más de 40 años, siendo la última vez en 1972. A partir de entonces, el frasco se convirtió en un ecosistema autosustentable: la luz del sol alimenta a las plantas y del oxígeno resultante en la fontosíntesis, en combinación con los elementos del aire, se genera el agua que complementa sus requerimientos de vida. Por otro lado, las hojas que caducan y se marchitan caen al suelo y al acumularse mantienen el sustrato.

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En cierto modo se trata de una versión miniaturizada de la Tierra, de su equilibrio y el sentido de vida y existencia que le es inherente. Una lección que la naturaleza nos ofrece a cada momento.

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