La azotea verde más grande de Latinoamérica crece en la Ciudad de México

Cuenta con 2 mil metros cuadrados de vegetación de tres distintos ecosistemas, tiene andadores, y hasta una pista semiolímpica para correr.

Las azoteas verdes se están apropiando de los techos en las ciudades. Esta afortunada tendencia y casi palpable moda es bienvenida por multi factores, como el hecho de que cualquier contacto con la naturaleza nos hace más felices, ¡incluso ver una imagen de ella!, hasta razones de mejoramiento del clima y la purificación del aire.

Se calcula que para el año 2050 el 70% de las personas en el planeta vivirán en las ciudades, y los citadinos hemos perdido, por obvias razones, nuestro lazo orgánico con la naturaleza. Practicar jardinería, por ejemplo, te familiariza con los ritmos y procesos naturales, y te recuerda que el tiempo es una invención cultural. Las granjas urbanas y las azoteas verdes son cada vez más populares, quizá porque en el fondo todos queremos responder a ese llamado que late  inconscientemente.

En la Ciudad de México se vive también la incipiente tendencia de las azoteas verdes. En el edificio del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda de los Trabajadores (INFONAVIT ) se ha creado el techo verde más grande todo Latinoamérica. En 2008 nació la idea, y para el 2011 ya se había convertido en la tercer más grande de esta región. La azotea verde tiene 5 mil 265 metros cuadrados, 2 mil metros cuadrados de vegetación, andadores, y hasta una pista semiolímpica para correr.

En este techo verde crecen tres tipos de ecosistemas que se dan simultáneamente en la Ciudad de México: bosques altos, zona desértica y trópico, se fijó un  espejo de agua con peces, y se cultivan hasta 80 especies de plantas. Para mantener las condiciones óptimas de humedad se construyó un cárcamo que alberga agua, y tiene además un sistema de riego con asperción y goteo, lo que humedece las plantas en temporadas secas.

La azotea ha disminuido entre 10 y 15% la temperatura del edificio, deviniendo en el ahorro de energía de aire acondicionado. Hoy este huerto se ha tornado en un novedoso espacio turístico, y recibe excursiones de estudiantes en un intento por expandir esta inminente cultura de la agricultura urbana, cuyos beneficios son innumerables, y proporcionales a su afortunada proliferación.

 



El primer bosque de comida está por abrir en Seattle

Esta inspiradora fuente de alimentos fue posible gracias al financiamiento colectivo, y voluntario, de la comunidad local.

Foto: foodurbanism.org

Hoy en día el hecho de tomar una fruta de un árbol y comerla nos parece una delicia digna del paraíso. En un mundo donde la mayoría de los alimentos que consumimos provienen de lugares remotos, y llegan a nosotros tras distantes procesos de producción, tener un bosque de alimentos en una ciudad es un enorme privilegio.

La ciudad de Seattle ha abierto al público el primer ‘bosque alimenticio urbano’: un bosque que contará con decenas de plantas y frutas comestibles (nueces, zarzamoras, guayabas, piñas, diferentes cítricos, ciruelas, manzanas, etc.). Este jardín de las delicias ya cuenta con 35 árboles plantados y tiene un presupuesto inicial de 100 mil dólares.

El proyecto, Beacon Food Forest, ha surgido de una plataforma de crowdsourcing, en la que los ciudadanos han participado decidiendo qué tipo de árboles se plantarán, qué hacer con las plagas y anticipándose a problemas cómo: ¿qué pasaría si alguien se lleva todas las frambuesas? A lo que, con una actitud siempre positiva, el comité organizador ha respondido “Bueno, si al final de la temporada de frambuesas no tenemos más, eso significará que ha sido un éxito”. En este sentido, el proceso de creación de este espacio alimenticio es un ejemplo de democracia participativa y colaboración ciudadana con beneficios compartidos.

Según Falling Fruit, organización que monitorea alimentos públicamente disponibles, existen más de 554 comestibles comúnmente distribuidos en más de 570 mil localidades en el mundo –la mayoría de los cuales se echa a perder, aplastados en el concreto. El bosque de comida de Seattle además de proveer un delicioso servicio a la comunidad, es un poderoso ejemplo de concientización. Resulta difícil de detener la tendencia global al urbanismo, pero con conciencia estratégica bien podrían aflorar en las ciudades, algunos de los mayores beneficios de la naturaleza.