Aprende a cultivar a un hongo shiitake

Dado que el shiitake es fácil de tratar durante su cultivo, puede ser la planta ideal para empezar en la práctica de la jardinería.

El hongo shiitake, originario de Asia, es una planta comestible que goza de propiedades medicinales. El primer registro del shiitake, también llamado Lentinus edodes, data del año 199, durante la imperio Chuai, en Japón.

Aunque por muchos años era engorroso encontrar esta planta, actualmente es posible cultivarla en la comodidad del hogar. Lo único que se necesita es tronco, un área sombreada y mucha paciencia. De acuerdo con Tom Oder, redactor de Mother Nature Network, mantener un hongo en madera nunca es buena idea a menos que se esté seguro que la planta podrá adquirir los nutrientes necesarios para sobrevivir.

Dado que el shiitake es fácil de tratar durante su cultivo, puede ser la planta ideal para empezar en la práctica de la jardinería. Lo único que necesitas es la guía para lograrlo:

Herramientas necesarias:

  • Para fomentar el crecimiento del hongo, es importante que tome en consideración un apoyo que convertirá el micelio (talo nutritivo de los hongos, comúnmente formado por filamentos ramificados) en un sustrato fresco; puede tratarse de granos, aserrín, virutas de madera, clavijas o una cuerda. Este apoyo, también llamado spawn, funge como un método de propagación, que involucra la expansión de tejidos, con el fin de producir clones genéticos del espécimen original. Se pueden conseguir en internet o en una tienda de autoservicio.
  • Madera recién cortada. Dado que los shiitakes crecen en robles, trata de conseguir un tronco de esa especie.
  • Cera de abeja o de queso.
  • Un martillo.
  • Un punzón, para introducer el spawn dentro de la madera.
  • Una doble parrilla o una olla de cocción a presión lenta, para derretir la cera.
  • Shiitake_log sizes

Proceso:

Antes de trabajar con el pedazo de madera, primero derrite la cera al colocarla en la parrilla o en la olla de cocción. Después, agujera la madera cada 5cm, cuyos hoyos tengan una profundidad de entre 2.5 y 4cm; procura que los hoyos formen una figura de diamante, en vez de hacerlas linealmente alrededor de la madera.

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Para lograrlo, marca primero las áreas donde deberás mantener el taladro contra la madera, con el fin de completar una columna. Al terminar una columna de hoyos, mete el spawn en los hoyos; y entonces repite el proceso de agujerar y rellenar para cada columna con un martillo. El spawn debe acomodarse dentro la madera, sin que salga a la superficie. Ojo, mientras más hoyos tengas, será mejor.

A continuación, añade la cera sobre los hoyos con un dauber (una varilla con una esponja en su punta), siendo cuidadoso con no quemar tus dedos; también agrega la cera sobre los extremos cortados de la madera, de ese modo evitarás que haya futuras rupturas. Al sellar los hoyos, estás evitando que alguna bacteria o bichos entre a esas áreas.

Shiitake_dauber

Coloca la madera en un lugar con sombras, donde pueda recibir agua de lluvias. Asegúrate que sea un sitio con el 80 por cierto de sombras. No es una buena idea que coloques la madera en el suelo, donde puede estar susceptible a insectos; pero puedes colocar un ladrillo o piedra en un extremo, y del otro lado, apoyándolo contra un árbol.

Recuerda que el micelio tarda entre seis y doce meses en colonizar la madera; y una vez que lo haya hecho en condiciones favorables, los hongos brotarán de los hoyos.



Sembrar nuevos hábitos es como el arte de la jardinería

Pareciera imposible lograr que un nuevo hábito florezca y perdure, pero con o sin inspiración, no te rindas; puedes utilizar la metáfora de la jardinería para empezar por sembrarlos.

Despiertas una mañana radiante con una motivación apasionada para empezar nuevas cosas, pero antes de que termine la semana decayó tu entusiasmo por completo. ¿Te ha pasado? A todos; por eso, no deberías rendirte. Inculcarnos nuevos hábitos es como el arte de la jardinería. No basta con tener la semilla: si no estás fijando un propósito en la colocación, perderás muchas semillas buenas; si sólo arrojas semillas en una pila aleatoria de tierra, estás dejando que la suerte te dé sólo un par de plantas decentes.

 

La motivación es voluble

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Fotografía: Sanja Marusic

A veces parece imposible lograr que un nuevo hábito perdure. Desanimarse puede ser una manera de justificarse; mantener la motivación propia es la verdadera “maña”, el arte que requiere este asunto.

Quieres evolucionar, ponerte aprueba, actualizarte, aprender… desaprender vicios o arrancarte malos hábitos; es decir, te mueve el propósito de crecer. Para ello te has inscrito en clases de idiomas nórdicos, un curso de cocina toscana, un taller de dibujo, un curso sobre historia del arte, un club de bici de montaña, o de plano, comenzar una nueva carrera en una universidad extranjera.

 

Momentos rutinarios de un hombre heroico o una mujer épica

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El día 1, en tu nuevo plan te sientes un hombre heroico, una mujer épica. A veces, antes de la segunda sesión, de la semana 3 de tu plan maestro de nuevos alcances, ya eres un náufrago a la deriva. ¿Qué se hace? ¿Cómo mantener el barco a flote? Bueno, lo primero: con o sin inspiración atiende a tu cita, tu clase, la pista para correr, vuelve al libro de 800 páginas que comenzaste.

Fácil de decir, difícil de llevar a cabo. Especialmente si no se acepta que, mal que bien, la mayoría de los días son algo rutinarios, incluso aburridos.

La motivación es voluble, temporal; si sólo te atienes a ella, tus metas quedan a merced del viento o un cambio de humor. Incluso en un mismo día los niveles de motivación se ganan, se pierden… El número de horas que dormimos, si comimos algo irritante o si bloquearon una avenida, entre miles de posibilidades o situaciones que a veces ni siquiera podemos controlar, afectarán la potencia de la motivación.

 

Honestidad = comienzo sólido

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Conviene preguntarse lo siguiente: ¿en qué momento de tu rutina diaria estás tratando de plantar un nuevo hábito? Si te descuidas sobre este punto, puedes desperdiciar muchas semillas y volver a quedar atrapado en el círculo vicioso de los “nuevos propósitos que nunca se cumplen”. Las semillas germinan en una tierra robusta, nutrida; igualmente influye lo que haces antes y después de ese nuevo aprendizaje que has comenzado. Si puedes reconocer y administrar los momentos del día en que tienes más energía y en los que sientes fatiga, vas por buen camino; si quieres un nuevo comienzo sólido, sé honesto y algo intuitivo para encontrar cuál es el mejor momento para que ese hábito prospere.

Una vez definido el dónde y cuándo, pasemos a las recompensas. Completar una tarea requiere celebrarse. Sé creativo con el tipo de recompensa; esto no va ligado a hacer gastos. Ve tu serie favorita hasta que regreses del gimnasio, o invierte en una app donde puedas practicar con alguien, en tiempo real, el nuevo idioma que estás aprendiendo. La recompensa tiene que ser planeada, descrita, específica, no improvises cada día alguna ocurrencia.

Los ciclos motivacionales requieren un disparador, o más de uno. Recompensarte por cumplir tu nuevo esquema y atender al nuevo horario es estratégico. Entonces, escoge un hábito bien arraigado; por ejemplo, si disfrutas muchísimo tomar una taza de café al despertar y te has propuesto escribir y empezar un blog, proponte no dar un trago al café hasta no tener un primer renglón de algo escrito. Este sistema parece algo mínimo, pero te sorprenderá lo bien que funciona. Crear asociaciones positivas es simple, pero hay que empezar por algún lado.

 

Los cambios tienen un propósito: endulzarte el alma

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Algo que ya haces de forma habitual y disfrutas será un recordatorio garantizado. Afianza tu propósito a un disparador, a un estímulo… a partir de ahí, que tu nuevo hábito forme parte de tu rutina no estará demasiado lejos.

Haz un plan y síguelo, pero si no lo sigues al pie de la letra no te recrimines. Haz un pacto: si no pudiste ir a la clase de yoga, haz al menos 10 minutos de algunas posturas en tu casa; si vas a romper la dieta come sólo un poco de helado, no 1 litro entero. Esto entrena, aunque no lo creas; te hace ser más consecuente y realista con tus metas, en vez de permanecer en el tren mental de “Todo o nada… Blanco o negro”.

Para plantar un nuevo hábito necesitas las condiciones y el ecosistema correctos. Encuentra el rinconcito ideal donde verlo crecer, las horas óptimas, el “punto de turrón” de un logro que no sólo te discipline, sino que te endulce el alma.



Rebeldía orgánica: evolución a través de la jardinería

Ron Finley propone la jardinería como el acto más sexy y desafiante de los tiempos; como una herramienta filosófica y “ecolutiva”

Quizá en este momento nos estemos dando cuenta, a un nivel pequeño pero fecundo, de que si el gobierno no hace cosas por mejorar nuestra calidad de vida, si no tiene creatividad o interés en transformar nuestra condición actual, lo podemos hacer nosotros. A esto se aboca el emergente crowdfunding y crowsourcing: a la colaboración abierta y distribuida con fines benéficos para todos.

Por otro lado, resulta interesante observar el “regreso a la naturaleza” que estamos experimentando como comunidad global. Cada vez hay más postulados que apelan a la idea de marginar al gobierno en temas de salud, alimentación, infraestructura, etc., y tomar las riendas del futuro haciendo lo que se tiene que hacer. Algunas veces, lo único que se necesita es un individuo con valor y propuestas para hacer girar la rueda. Un gran ejemplo de esto es el “jardinero gángster” Ron Finley, quien propone la jardinería urbana como herramienta de transformación de individuos y, más aún, de vecindarios y ciudades.

“La jardinería es mi grafiti. Te sorprenderías de ver lo hermoso que es un girasol, y cómo afecta a la gente”, apunta Finley. Lo que él propone, en resumidas cuentas, es retomar los espacios públicos del sur de Los Ángeles –lugar que está especialmente lleno de lotes baldíos, camellones olvidados, pedazos de terreno entre construcciones– para plantar flores, frutas y verduras entre todos, para todos. Es decir, y como decía Walter Benjamin, salir a hacer botánica al asfalto.

Hay dos características que diferencian a Finley de una persona con buenas ideas y buenas intenciones: es un hacedor (no un idealista) y tiene la suficiente claridad como para cristalizar su misión en un manifiesto (por cierto, muy inclusivo y elegante). “Lo curioso de la sustentabilidad”, dice, “es que uno tiene que sustentarla. […] Se trata de cambiar el guión y escribirlo nosotros mismos. Algo así como: si no eres jardinero no eres gánster; si quieres entrar al grupo tienes que producir. Y que la pala sea el arma de tu preferencia”.

Como si la jardinería fuera el acto más desafiante (y lo es), Finley propone un nuevo cool botánico como el único acto de protesta y de desobediencia civil basado en el amor, no en la violencia. “Quiero hacerlo sexy”, concluye, “quiero que todos nos volvamos… revolucionarios”.