¿Cuál es la forma ideal de defecar y qué beneficios puede traerte?

La cultura moderna occidental hizo todo mal al diseñar retretes para sentarse como si nos sentáramos en una silla. ¿La manera ideal de ir al baño? Las cuclillas. Aquí te damos algunos consejos para modificar tu posición.

Ponte en cuclillas:

La revista Slate sacó un artículo hace un par de años acerca de cómo nuestra postura del baño está afectando nuestra salud. De hecho, cuando al presidente estadounidense Jimmy Carter le dio un severo caso de hemorroides, el proctólogo Michael Freilich explicó el problema del presidente: “No estamos hechos para sentarnos en retretes”.

Y muy probablemente esté en lo cierto. En los sesentas y setentas, esta idea era relativamente un lugar común. En su libro The Bathroom, de 1966, el arquitecto Alexander Kira argumentó que la psicología humana está más adecuada a las cuclillas. Esta posición, además de ser ideal para el cólon, es increiblemente más limpia que la usamos normalmente, sentados como en una silla. Tiene decenas de beneficios para la salud, y podrías evitarte algunas enfermedades como la que sufrió el presidente Carter, o incluso un cáncer de colon.

Una de las posibilidades para cambiar a las cuclillas sería simplemente usar las letrinas que se usan en muchos lugares subdesarrollados de la Tierra: un hoyo en el suelo. Pero si quieres algo más higiénico y discreto, hay muchísimos productos que te ayudan a defecar en la posición correcta.

La primera en poner un pequeño banco frente a ti y subir ambos pies mientras te sientas. De acuerdo a expertos, “esto ayuda en la prevención de problemas de colon, constipación, hemorroides, problemas del suelo pélvico y similares”. La posición tiene un diseño perfecto que ayuda a alinear el colon de manera óptima para el trabajo. Además, después de probarla verás lo cómoda que es, y difícilmente regresarás a ir al baño sin banquito. Otra de las cualidades del banco es que lo puedes guardar discretamente. Este es un video educacional en el tema:

Otra opción es la Plataforma Natural. Esta es bastante menos discreta, pero es la manera natural en que el humano debería defecar siempre. Con las rodillas cerca del pecho. Ellos apuntan que “dos tercios de la humanidad las cuclillas para responder al llamado de la naturaleza. En esas culturas, la apendicitis, diverticulosis, hemorroides, colitis y problemas de próstata son prácticamente desconocidos”.2views_4_5_2013

Una más es el Retrete-en-cuclillas, que inventaron los ingleses. Mucho más caro y sofisticado, pero vale la pena verlo para entender la importancia de una posición correcta al momento de hacer lo que todos, absolutamente todos, hacemos una o más veces al día.



Podríamos tener un sexto sentido magnético (nuestro cuerpo como una especie de brújula)

Ya existe la primera prueba neurocientífica de que podemos sentir los campos magnéticos.

Mucho antes de que se inventaran las brújulas, es probable que los primeros humanos se orientaran a partir de una especie de sexto sentido magnético. Por lo menos a eso apuntan algunas investigaciones; la más reciente de ellas con evidencia neurocientífica. Más aún: es probable que aún tengamos vestigios de un sentido que antes quizá estuvo más desarrollado, como también lo estuvieron otros primigenios sentidos ligados a la intuición que aún poseemos. 

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Podría sonar a ciencia ficción, pero este poder podría no ser sino parte de nuestra evolución como seres vivos. Ello no nos haría únicos: más de 50 animales, desde abejas hasta perros, tienen este “súper poder” llamado magnetorrecepción. De hecho, las aves no sólo tienen esta capacidad alojada en el cuerpo, sino en sus ojos, ya que, al parecer, una proteína en su retina les permite detectar campos magnéticos con la mirada.

¿Por qué y cómo nosotros tendríamos este poder?

El primer experimento que se realizó para saber si los seres humanos también somos una brújula andante lo hizo el geofísico Joe Kirschvink. Éste hizo pasar campos magnéticos rotativos a través de algunos voluntarios mientras medía su actividad cerebral. Para sorpresa de Kirschvink, cuando el campo magnético giraba en sentido contrario a las agujas del reloj, ciertas neuronas actuaban de manera irregular, generando un aumento en la actividad eléctrica del cerebro.

No obstante, aún no se sabía si esta actividad era nada más que una reacción. Para que nuestro cuerpo fuese una brújula, tendría que procesarse cierta información que sirviera para la navegación, aunque fuese de manera intuitiva. Además necesitaríamos de células que funcionaran como magnetorreceptores, como en el caso de la proteína Cry4 que se aloja en la retina de las aves.

La cuestión es, ¿tenemos magnetorreceptores?

Las hipótesis de Kirschvink han sido lo suficientemente sólidas como para atribuírseles un campo de estudio propio. Y es que, de encontrarse que tenemos un sentido magnético, podríamos saber más sobre cómo la superficie de la Tierra influenció nuestra evolución. Asimismo, podríamos hacer más y mejores hipótesis sobre las condiciones geológicas de hace millones de años.

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Muestra 3D de la cámara de pruebas de magnetorrecepción el Caltech

Por eso, Kirschvink formó un grupo de investigación conformado por él mismo, así como un neurocientífico y un neuroingeniero. Este equipo colocó a más de 30 voluntario al interior de una cámara especial en la cual pueden manipular los campos magnéticos a voluntad. Ahí llevaron a cabo diversas pruebas para registrar la actividad del cerebro a través de electroenefalografía. Los investigadores encontraron que los campos magnéticos en cierto ángulo promovían una respuesta fuerte en el mismo ángulo del cerebro, lo que sugiere un mecanismo biológico estimulable, según escribió el propio Kirschvink para The Conversation.

Esto es ni más ni menos que la primera evidencia neurocientífica de que tenemos un sentido magnético. Si éste no se encuentra alojado en una zona en específico, sino que varía según las condiciones, quiere decir que tiene una función, y que de alguna forma debe traducirse en información orgánica útil para la navegación. 

Quizá este sexto sentido magnético fue más fuerte en el pasado, pero quizá lo podamos estimular e incluso evolucionar. Las preguntas –y las posibilidades– siguen abiertas.

 

*Imágenes: 1 y 2) Public Domain Review