Conoce al científico mexicano que descubrió el agujero de la capa de ozono

Mario Molina estudió, desde los años setenta, el himen que permite la proliferación de la vida: la capa de ozono posibilita la fotosíntesis, el origen de la diversidad.

Hoy, el consenso sobre el calentamiento climático es un hecho. Lo que pareciera una obviedad, tomó décadas para que fuese considerado seriamente. En el descubrimiento de este dramático hecho, un mexicano jugó un esencial eslabón: Mario Molina, ganador del Premio Nobel por sus estudios sobre la capa de ozono.

Antes de Molina se desconocía que la atmósfera tuviera una capa de gases que nos protegía de los rayos ultravioleta, mucho menos se sabía de la formación de un agujero que nos expondría a los rayos del sol. Molina desde 1975, realizó una serie de estudios sobre la capa de ozono, que hoy son imprescindibles para dimensionar la importancia de este fenómeno en el aumento de enfermedades como cáncer de piel.

La capa de ozono es el filtro entre las radiaciones nocivas y las benéficas. La fotosíntesis y por lo tanto la vida en el planeta es consecuencia de la radiación ultravioleta que llega a la superficie terrestre en dimensiones justas gracias a la capa de ozono.

El calentamiento global está relacionado estrechamente con la capa de ozono. El mejor llamado cambio climático es provocado por los gases de efecto invernadero que se quedan en la atmósfera (metano, dióxido de carbono, óxido nitroso y gases fluorados) que son los responsables de la apertura en la capa de ozono. La retención de estos gases impide que los rayos ultravioletas, que de por sí entran con mayor intensidad por el agujero de la capa de ozono, no salgan de vuelta al espacio. De esta manera se está promoviendo un aumento en la temperatura mundial: se prevé que este siglo la temperatura aumente de 3 a 4 grados.

Gracias a Mario Molina se atendió un problema que será cada vez más ineludible. Mientras el mundo juzgaba de fanatismo el cambio climático, el cosmos científico ha reconocido la inminente necesidad de disminuir los gases que llegan a la atmósfera, en gran parte, gracias a los descubrimientos de este mexicano y su persistencia ante un escepticismo generalizado.



De lo emocional a lo político: cómo afecta el cambio climático a la humanidad (Cortometraje 📽️)

Una niebla silenciosa y densa… Este cautivador documental intenta comprender exactamente qué está en juego cuando hablamos de cambio climático.

El cambio climático es una niebla densa; un cúmulo invisible de gas que nos recubre, pero que percibimos como lejano e invisible. Tendemos a relacionarlo con capas de hielo que se derriten a miles de kilómetros y escenarios posapocalípticos que no llegaremos a ver, pero su amenaza difusa persiste.

¿Cómo medir la magnitud de esta niebla? Y, más importante, ¿cómo detenerla? En The Measure of a Fog (La medida de la niebla), un cautivador documental sobre el cambio climático, Ian Cheney nos habla justamente de cercanía. Para entender la magnitud del calentamiento global, hay que dejar de pensarlo como un lejano mal augurio y fijar la mirada en terrenos reales, pero insospechados.

Sabemos que la ciencia lleva la batuta en este tema: sus estadísticas y predicciones dirigen este conflicto de la especulación a los hechos. Lo imprevisible es que, detrás de las gráficas, se oculta también un conflicto moral. Pero los efectos verdaderamente devastadores del cambio climático no se verán hasta las próximas generaciones, y en un mundo que gira en torno a ciclos cada vez más breves, es difícil que nuestra compasión se extienda más allá de algunos años.

¿Cómo pensar en las personas que heredarán una Tierra extraña que aún no logramos separar de la ficción?

El rostro emocional del cambio climático también entra en cuestiones económicas. Los países en vías de desarrollo llevan, desde este calificativo, la pesada carga del progreso. Esta idea de crecimiento desenfrenado depende, en gran parte, del uso excesivo de combustibles fósiles.

Para cambiar esta estructura económica habría que modificar la estructura mental que dibuja el progreso como una línea recta hacia el infinito.

No será fácil abrirse paso entre esta niebla, pero para Cheney, es posible arrojar luz sobre esa incertidumbre contando historias como la suya. Si nos ponemos a pensar en qué nos queda de las generaciones pasadas, si las reducimos a su expresión más pura, encontraremos dos cosas: arte y pensamiento.

Para las futuras generaciones, pero sobre todo para las de este presente, las historias que contemos y reproduzcamos sobre el calentamiento global nos ayudarán a esparcir la urgencia del cambio.

Las soluciones para este complejo conflicto no serán inmediatas. La obra de Cheney no tiene la pretensión de resolverlo, sino de encontrar patrones que nos permitan discernir esta niebla y dar sentido a sus contornos.

Acá los links para encontrar la serie de cortos completa:

Distance”, “Carbon”, “Energy”, “Geoengineering”,  “Politics” y “Ethics”.

Si quieres saber cuáles de tus hábitos contribuyen al cambio climático, visita también este enlace.



El oasis convertido en desierto: imágenes de un mundo post calentamiento global (📸)

En “Forgotten Dried Land”, el fotógrafo Mohammad Baghal Asghari documenta la sequía que ha devastado los campos de Irán durante los últimos 30 años.

Los últimos 30 años han sido terribles para los pobladores de la provincia de Kermán, en Irán. Una región que alguna vez fue rica gracias al cultivo de palma y donde el agua no había escaseado, se convirtió poco a poco en un desierto debido a la escasez de agua y malas prácticas de cultivo.

 

El fotógrafo Mohammad Baghal Asghari realizó esta serie titulada Forgotten Dried Land (La tierra seca olvidada) para documentar la vida de los pobladores de Kermán, la cual puede leerse como una escalofriante profecía de un mundo cada vez más caliente.

Varias son las razones de la ruina de Kermán: la sequía fue provocada por una falta de lluvia extrema, lo que secó los pozos y acabó con los cultivos de palma y pistache; los granjeros utilizaron químicos en los cultivos, lo cual agravó la erosión de la tierra y no se logró recuperar la producción ni las exportaciones del pasado, además de que la ganadería se hizo insostenible. Desde entonces, más de 20,000 hectáreas de cultivo se han convertido en desierto.

El calentamiento global solamente aceleró las duras condiciones de sus pobladores, muchos de los cuales han intentado hacer tomas de agua ilegales, lo que está penado por el gobierno iraní. Ante esto, la ONU ha declarado a Irán como una zona de “escasez de agua”.