¿Vives en un departamento? Mira estas 11 formas en que puedes cuidar al medio ambiente desde tu hogar

Si vives en la ciudad también puedes ayudar a proteger el medio ambiente y, de paso, ahorrarte algunos gastos domésticos.

Si bien, históricamente, la vida urbana se construyó a partir de cierta oposición tácita o abierta a la naturaleza o la vida rural (“la vida en los bosques”, como la llamó Thoreau), actualmente esa dicotomía resulta insostenible. De hecho puede decirse que es la naturaleza y el medio ambientes quienes reciben la factura de los hábitos y las demandas de las grandes metrópolis, signados por el consumo desmedido e irreflexivo, por las necesidades creadas y por otras prácticas derivadas de la industrialización de la cotidianidad.

Por fortuna, así como cada uno de nosotros es parcialmente responsable de dichos efectos adversos, así también tenemos la posibilidad de revertirlos, incluso viviendo en un pequeño apartamento adonde, podría pensarse, no llegan los problemas ambientales.

Hace un par de días el sitio treehugger publicó 11 sencillas recomendaciones para contribuir en el cuidado del entorno desde nuestras acciones diarias, ese margen que sin importar el tamaño o el impacto potencial que tenga, es útil desde el momento mismo en que se aprovecha a favor de esta causa. Un beneficio añadido es que estos pequeños cambios también podrían ahorrarte algún dinero de tus gastos domésticos.

Sin más, compartimos el listado, pidiéndote que, si es posible, también lo hagas circular para que más personas se den cuenta de que todos podemos hacer algo para cuidar ese hogar compartido que llamamos planeta.

1. Apaga y desconecta

A veces, sin razón aparente, un foco se queda encendido en una habitación donde no hay nadie. Más común es que aparatos como impresoras, estéreos, cafeteras eléctricas o computadoras permanezcan conectada a la corriente aunque no se utilicen, gastando lo que se conoce como “energía fantasma”, pues aun apagados estos aparatos consumen electricidad. ¿Cómo evitar este desperdicio? Simple: solo apaga y desconecta.

unplug_yourself.jpg.492x0_q85_crop-smart

2. Regula tu temperatura, no la de todo tu apartamento

Los sistemas de calefacción se encuentran entre los dispositivos que más energía consumen y, por lo tanto, más afectan al medio ambiente. En casa, si tenemos frío o calor, nos puede parecer sencillo solo levantarnos y encender alguno de estos aparatos, sin considerar que cuesta más regular la temperatura de toda una habitación que la de nuestro propio cuerpo. Quizá baste con ponerte un suéter (o con quitártelo), con usar pantaloncillo cortos y abrir las ventanas (o cerrarlas), con beber un vaso de agua fría o una taza de café caliente, o con emplear alguna de estas 8 maneras de mantener el calor en tu casa en un día helado.

3. Cambia a bombillas LED

Actualmente, la tecnología LED permite que un foco tenga una duración mucho más extensa que otras bombillas del mercado (hasta 25 veces más que una de tipo incandescente). Su popularidad también ha provocado que sean más baratos, por lo que son una excelente alternativa de iluminación para el hogar.

fruta

4. Consume alimentos de temporada y locales

A diferencia de los productos de importación, los alimentos de temporada y locales carecen de los altos costos ecológicos de transportación que sí tienen aquellos. Además, habitualmente su precio es menor y su consumo implica el apoyo a las economías locales. En general recuerda siempre tomar conciencia de tu consumo, un ámbito que si bien ha provocado mucho daño, también es clave para propiciar beneficios.

5. Come menos carne

Si comes carne más 4 o5 veces por semana, podrías probar a cambiar una de esas ocasiones por un platillo hecho con lentejas, habas, frijoles o soya, leguminosas con alto contenido proteínico que fácilmente puede sustituir lo que se obtiene de un bistec o una pieza de pollo. Como sabemos, la cría intensiva de ganado afecta de manera notable el medio ambiente y, en términos domésticos, un plato de lentejas es notablemente más barato que un filete.

6. Deja de comprar agua embotellada

Consumir agua embotellada es uno de los hábitos más lesivos para el medio ambiente. Además de que alienta a que voraces empresas como Nestlé continúen saqueando los recursos naturales del mundo, la basura generada inunda los depósitos de las grandes ciudades, mina tu bolsillo (pues en promedio cuesta 200% más de su valor inicial) e incluso te puede enfermar por el plástico en que se envasa. A cambio puedes invertir en un buen filtro o probar alguna una alternativa natural de purificación, además de utilizar un recipiente reutilizable para tu consumo diario (por ejemplo, una botella de acero inoxidable).

7. Planifica tus comidas

Desperdiciar comida no solo implica que una parte de tu dinero se va directamente al cesto de la basura, sino también que todos los recursos empleados en esas zanahorias que se pudrieron en tu refrigerador, el agua y el trabajo de los campesinos, los abonos y el combustible de las máquinas que las hicieron llegar hasta tu casa, también se invirtieron en vano. Haz un plan real de lo que vas a comer durante la semana. Sé responsable en tus compras. Al respecto te recomendamos el artículo “Inicia tu propia revolución contra el desperdicio de comida”.

clothes_line.jpg.492x0_q85_crop-smart8. Seca tu ropa al aire libre

¿Por qué usar una secadora automática de ropa si ahí están el sol y el viento? Cuelga tu ropa en el exterior y ahórrate la electricidad o la cuenta de la lavandería.

9. Camina o usa la bicicleta, o recurre al transporte público

Hay trayectos que puedes recorrer por ti mismo, sea caminando o a bordo de una bicicleta. Ir al trabajo, al súper, a visitar a un amigo. Otros más largos los podrías hacer en transporte público. Piénsalo. No gastarás en gasolina o en estacionamiento, mejorarás tu salud e incluso tu ánimo.

10. Compra productos de segunda mano

Algunas de las cosas que de pronto necesitas en casa no necesariamente tienes que comprarlas nuevas. Quizá en una venta de garaje encuentres una mesa como la que estabas buscando, o en un mercado de pulgas se venda el cuadro de una bicicleta en perfecto estado con el que puedes empezar a armar la tuya. De esta manera evitas que algo todavía útil se deseche. Mira esta lista de 5 cosas que debes pensar dos veces antes de comprarlas nuevas.

11. O consíguelos gratis

Con cierta frecuencia amigos y familiares tienen cosas que no utilizan e incluso permanecen olvidadas en un clóset de su casa, juntando polvo sin que nadie les saque provecho. Pregúntales y quizá estarán encantados de obsequiártelos o prestártelos por un tiempo. O quizá eres tú quien puede realizar este gesto de cooperación. Mira a tu alrededor y piensa en el amigo que recién se mudó a una nueva casa. Quizá él o ella necesiten ese librero que en la tuya está vacío.



¿La naturaleza tiene precio o valor?

¿Se puede valuar económicamente a la naturaleza?

* por: Francisco José Flores Ramos

 

¿Se puede valuar económicamente la naturaleza? La respuesta es sí/no, dependiendo desde qué línea base contestemos, y según la definición que demos a la palabra valor.

Existen definiciones académicas sobre qué es el costo, precio y valor. Tenemos las dadas por la sociedad hipotecaria federal, las normas internacionales de valuación. Otras definiciones que han trascendido generaciones como las de Karl Marx. En este caso usaremos una definición que ha trascendido milenios, me refiero a los conceptos planteados por Aristóteles (Aznar, 2012):

  • Valor de producción = coste de producción. Costo.
  • Valor de cambio = precio, relación cuantitativa. Precio.
  • Valor de uso = satisfacción que le brinda al consumidor. Valor.

Resumiendo, el costo es la cantidad necesaria para producirlo, el precio la cantidad que se intercambia de dinero por el bien y/o servicio, el valor es la cantidad de bienestar que le brinda al usuario final; esa es la parte más subjetiva.

Habiendo revisado estos conceptos, podemos decir que la naturaleza no tiene precio, pero sí valor. Es decir, no hay una cantidad de dinero por la cual podemos ir y comprar medioambiente, únicamente usamos el dinero como indicador de bienestar que representa para la sociedad la existencia de la naturaleza.

Diego Azqueta (1994) lo resume de la siguiente manera: “La valoración económica del medioambiente, significa poder contar con un indicador del bienestar de la sociedad que permita compararlo con otros componentes del mismo” y “sin embargo, el hecho de que exista un valor no necesariamente significa que exista un precio”.

Replanteamos la pregunta: ¿Se puede valuar económicamente la naturaleza? Sí, siempre y cuando entendamos que el dinero que se expresa es únicamente un indicador de bienestar.

Pero, antes de cerrar este artículo, pongamos sobre la mesa la idea opuesta, aplicando la dialéctica. Si hay una corriente económica que defiende la monetización del medioambiente, debe haber alguien que diga lo opuesto. ¿Quién dice lo opuesto? La respuesta la tenemos en el catedrático mexicano Enrique Leff (1980):

No existe un instrumento económico, ecológico o tecnológico de evaluación con el cual pueda calcularse el “valor real” de la naturaleza en la economía. Contra la pretensión de reducir los valores diversos del ambiente a una unidad homogénea de medida, William Kapp (1983) advirtió ya desde 1970 que en la evaluación comparativa de la racionalidad económica, energética y ambiental intervienen procesos heterogéneos, para los cuales no puede haber un denominador común. Más allá de la imposibilidad de unificar esos procesos materiales heterogéneos, la economía misma se ha quedado sin una teoría objetiva del valor.

Conclusión: se puede valorar económicamente la naturaleza si entendemos que no hay ninguna aproximación a la totalidad del valor, son sólo modelos parciales. Por otro lado, resulta absurdo pensar que se puede valorar la naturaleza o la vida. La frase publicada en un semanario inglés de más de 100 años de antigüedad lo refleja a la perfección: “Asignar valor monetario a los servicios ambientales sigue siendo una especia de magia negra” (The Economist, 18 de abril de 1998).

             

Fuentes:

Aznar J. (2012). Valoración de Activos Ambientales. Universitat Politécnica de Valencia.

Azqueta, D. (1994). Valoración Económica del Medioambiente. Mc Graw Hill, 2da edición.

Loza M. (2017). Valuación del impacto ambiental por cambio de uso del suelo: Cerro de Patamban, Tangancícuaro, Michoacán. Universidad Autónoma de Querétaro.

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.


Alimentos al desnudo: Nueva Zelanda planea eliminar las envolturas plásticas de los alimentos 👏

La tendencia ahora será un supermercado sin plástico (y ya era hora).

Nuestros padres y abuelos sabían vivir sin plástico. Casi todos los alimentos y bebidas se vendían a granel o en envases reutilizables. Pero en algún momento perdimos lo que pudo haber sido una herencia de vida sustentable, y la sustituimos con el uso desmedido de millones de bolsas, envases y recubrimientos plásticos de todo tipo.

Ahora Nueva Zelanda busca regresar a un modelo de vida más simple y mucho más sustentable a través de la campaña Food in the nude o “Alimentos al desnudo”, con la cual se busca crear una nueva conciencia contemporánea en toda la cadena de consumo de alimentos, esto es, desde la manufactura hasta el traslado y la venta en el supermercado.

Bajo esta campaña, el gobierno de Nueva Zelanda espera que se ponga fin al uso de plástico en alimentos frescos, los cuáles se venderán “al desnudo”, mientras que también se operarán estrategias para hacer que todo el envasado y etiquetado sea 100% reutilizable para 2025.

Según confirmó el New Zealand Herald:

La venta de hortalizas se ha disparado en 300%
desde que se implementó la medida en algunos supermercados.

Podría pensarse que los alimentos frescos a la intemperie corren el riesgo de oxidarse, marchitarse o madurar demasiado rápido, pero el sistema para mantenerlos frescos es muy sencillo. Sólo se usan rociadores de agua –que es previamente purificada con ósmosis inversa–, mismos que se activan algunas veces a día. Adicionalmente, esto hace ver a los alimentos frescos más atractivos para los consumidores, lo que explicaría el aumento en ventas de hortalizas.

De esta forma, la campaña “Alimentos al desnudo” traerá mejor salud a los neozelandeses, y vendrá acompañada de prácticas más sustentables. Y es que, como es sabido, las verduras, frutas y verduras son alimentos mucho más sustentables que los de origen animal o los industriales. Así que, si hay un aumento en la venta de alimentos frescos, es de esperarse que haya un descenso en el consumo de los alimentos con mayor huella ecológica.

No obstante, podría haber una última objeción a esta medida: ¿cómo hacer nuestras compras sin bolsas y envases de plástico? La verdad es que es muy sencillo, y sólo requiere de sustituir algunos materiales y cambiar algunos hábitos. Por ejemplo, acostumbrarse a llevar al supermercado bolsas de tela de todos tamaños, bolsas herméticas de silicón para la carne, o incluso hojas de plátano.

La imaginación es el límite de nuestra sustentabilidad. Y como Nueva Zelanda lo comprueba, todo depende de la voluntad colectiva.