La dieta alta en proteínas vinculada con enfermedades como el cáncer

Aparece un estudio que muestra un vínculo tremendo entre enfermedades mortales y el consumo de carnes, huevos, leche y queso.

Según un estudio, las personas de mediana edad que llevan una dieta alta en proteínas son cuatro veces más proclives a morir de cáncer que las que llevan una dieta baja en proteínas. Los investigadores incluso decretaron que demasiadas proteínas es lo mismo que fumar 20 cigarros al día. Una dieta alta en proteínas fue definida como una en la cual el 20 por ciento de las calorías vienen de la proteína. Recomendaron comer al día 0.8g de proteína por kilogramo de masa corporal durante la mediana edad.

milkSin embargo, los investigadores también dijeron que la proteína tiene beneficios durante la tercera edad. La dr. Eileen Crimmins, coautora del estudio, apuntó: “También proponemos que en edades mayores podría ser importante evitar una dieta baja en proteínas para mantener la fragilidad entre un peso adecuado y protección”. El vínculo (exagerado) que hicieron con el cigarro causó que otros científicos se enfadaran. El Dr. Gunter Kuhnle, un científico de nutrición alimenticia de la Universidad de Reding, criticó al estudio por hacer tal aseveración.

“Mientras este estudio aborda perspectivas interesantes sobre el vínculo entre la toma de proteínas y la mortalidad… Pero está mal, y potencialmente incluso peligroso, comparar los efectos de fumar con el efecto de la carne y el queso”.

Este tipo de vínculos sensacionalistas son y siempre han sido una manera de resaltar algún estudio y ganar más lectores, pero, mientras puede ser verdadero que demasiadas proteínas sean pésimas para la salud en la mediana edad, fumar es otra historia. Lo que este estudio aporta es que –a diferencia quizá de décadas pasadas– la carne y los productos lácteos de nuestros tiempos están llenos de modificaciones genéticas y demás intervenciones que se usan para mejorar y ampliar su producción. Eso es lo que casi seguramente impulsa a los distintos tipos de cánceres a aparecer en el consumidor. Pero un pedazo de queso, un vaso de leche o un corte de carne de vez en cuando no te va a matar.

Recomendamos, no obstante, las nueces, los vegetales, los granos y las leguminosas (orgánicos) como una buena fuente de proteínas que no está vinculada con el maltrato animal ni con sospechosas prácticas de producción.



Por qué comer menos carne verdaderamente salva especies y ecosistemas

Comer menos carne puede ser la acción más certera contra la crisis ecológica, según la WWF.

Las especies animales están tan amenazadas actualmente (por cuestiones como la producción y consumo de carne), que por primera vez una era geólogica ha sido conceptualizada por el impacto específico de una especie, y no por el desarrollo natural de la biósfera en su conjunto.

Se trata de la era del Antropoceno, la era del hombre, que aunque aún no es oficialmente admitida por la comunidad científica, pareciera bastante certera. Sobre todo cuando pensamos en los daños mayores que ha implicado el desarrollo del sistema capitalista, el cual ha transformado nuestras formas de habitar el mundo de tal manera que incluso ha modificado nuestra dieta.

La dieta proteica y la extinción de especies

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(Foto: Institute for Critical Animal Studies)

No es casual que desde hace varias décadas la industria de la carne haya repuntado, volviéndose enorme y colocando las proteínas como el alimento indispensable en las dietas de muchísimos países. Según el Instituto Heinrich Böll:

Las clases medias en el mundo consumen demasiada carne. No solo en Estados Unidos y Europa, sino que cada vez más en China, India y otras naciones emergentes.

Por eso, varias organizaciones y académicos alrededor del mundo están alertando sobre esta cuestión, no sólo por sus impáctos en la salud, sino por sus radicales consecuencias en el medio ambiente. En un nuevo informe publicado el mes de octubre de 2017 por el WWF del Reino Unido, se asegura que los cultivos para alimentar al ganado dañan el ecosistema y esto ha ocasionado la extinción de más de 30 especies en el mundo (por lo cual algunos hablan que en la era del Antropoceno habrá una probable extinción masiva).

Esto porque la producción de carne es la más demandante de las industrias alimentarias. En torno a ella gira la agricultura e incluso la pesca, pues los cultivos (cereales y semillas), así como el pescado, son usados para la engorda del ganado, lo que amenaza la biodiversidad y los ecosistemas.

La carne, mucho más que un alimento

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Sin embargo, según la WWF, si la gente redujera el consumo de proteínas a las cantidades recomendadas, los granjeros necesitarían un trece por ciento menos de tierra para producir alimento para el ganado y las piscifactorías, área equivalente a 1.5 veces el tamaño de la Unión Europea. Esa es la principal razón por la cual se promueven campañas para reducir el consumo de este alimento, pues en la decisión de comer carne están implicadas cuestiones de interés global

No obstante, también debe tomarse en cuenta que alimentarse de carne es algo incluso tradicional, como puede verse en cientos de festividades que giran alrededor de cocinar este alimento (por ejemplo, en las “pampas” del Cono Sur). Así que la discusión es mucho más amplia, pero requiere de acciones y pensamientos colectivos, y no de herméticas posturas en torno al problema o de unilaterales soluciones al mismo.

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Sobre el cómo consumir carne disminuyó el tamaño de la mandíbula humana

Para nuestros antecesores comer carne devino en un menor esfuerzo muscular.

Foto: SLP

Entre los muchos cambios que experimentó el homo erectus (que apareció hace unos 2 millones de años) hasta su transformación en el homo sapiens, la disminución en el tamaño de mandíbula fue uno de los más notables.

Los científicos durante años habían asociado este cambio a la cocción de los alimentos, que habría de volver más blandas las semillas, vegetales, y la carne. Sin embargo nuevas investigaciones de la Universidad de Harvard, lideradas por  los profesores Daniel Lieberman y Katherine Zink, sugiere que la cocción de los alimentos (hace unos 500 mil años) llegó mucho después que el notable cambio de la mandíbula.

Según los resultados, lo que había generado esta importante modificación fue el consumo de carne:

Pero en algún punto de la evolución humana se produjo un cambio, comenzamos a comer menos. Y solo fue posible por dos factores: alimentos con mayor contenido de energía, pero también que eran más difíciles de digerir.

Los investigadores encontraron también que el consumo de carne demandaba un menor esfuerzo muscular en la mandíbula, pues es más blanda que algunos vegetales y semillas.

La carne requiere menor esfuerzo para ser masticada que otro tipo de plantas y semillas de las que se alimentaban los primeros humanos, pero su incapacidad de los molares para que masticar la carne cruda podría ser una de las razones por las que no se consumía hasta que no se inventaron las primeras herramientas de piedra, hace 3 millones de años, concluye el estudio.