El estrés como factor desencadenante de la obesidad

El estrés incrementa nuestro apetito, provocando un aumento de peso e interfiriendo con nuestra motivación de tener un estilo de vida saludable.

Muchos de nosotros hemos llegado a ser víctimas del estrés, el cual es una reacción biológica y psicológica ante un estímulo perturbador en nuestras vidas. Lo hemos sentido por cuestiones profesionales, enfermedades, peleas entre compañeros (del trabajo o de la escuela) o  pareja,  algún evento traumático como un asalto o algún pensamiento catastrófico. En su momento, experimentamos esa necesidad de huir o de pelear (Cannon, 1927; Bard, 1938), que se deriva por el golpe de adrenalina y cortisona que recorrieron en nuestra sangre durante el evento. Sin embargo, después, cuando la estimulación se reduce, nos sentimos agotados y hasta hambrientos.

El estrés incrementa nuestro apetito, provocando un aumento de peso e interfiriendo con nuestra motivación de tener un estilo de vida saludable. Esto sucede, en general, por cinco factores importantes:

Primero, cuando nos sentimos en peligro, el cuerpo libera una alta dosis de hormonas y neurotransmisores para poder reaccionar ante el estímulo de riesgo, y así incrementar la probabilidad de supervivencia. Entre ellos está la adrenalina, norepinefrina, cortisol y CRH; las cuales prepararán a tu cuerpo para huir o enfrentar la situación incómoda. En el momento de la intensidad, la adrenalina anula la sensación de hambre ya que la sangre de tu cuerpo está fluyendo por todo tu cuerpo; sin embargo, después del efecto estimulante, el cortisol (hormona del estrés) demanda alimentos para reponer la sobredemanda de energía. Por lo que, cuando decidimos abastecer a nuestro cuerpo, optamos por comida “chatarra” y poco saludable.

Segundo, mientras que nuestros antepasados se adaptaron a mantener ciertas grasas provisionales cuando luchaban contra animales salvajes y la hambruna, nosotros intentamos sobrevivir ante el estado de estrés crónico. Es decir, mantenemos esos suministros grasosos en nuestro cuerpo para tratar de sobrevivir a nuestro estilo de vida. Esta grasa provoca inflamación, la cual aumenta la probabilidad de alguna enfermedad cardíaca. Y debido a que estamos en un estado de estrés casi eterno, el cortisol está presente en nuestro cuerpo de manera omnipresente; en consecuencia, esta hormona disminuye el ritmo del metabolismo para mantener un suplemento de glucosa adecuado para el trabajo físico y mental que produjo el riesgo.

Tercero, la ansiedad que genera estar bajo presión puede desencadenar “ganas de comer”. Al comer demasiado o consumir alimentos no saludables como reacción al estrés, puede perjudicar a tu cuerpo. De acuerdo con la American Psychological Association, las personas reaccionan a este fenómeno de diversas maneras; por ejemplo, el 42% de los estadounidenses trata de controlar la presión emocional viendo televisión durante dos horas. Esto implica cierta inactividad que no se deshace de las grasas negativas que el estrés ya generó durante el día.

Cuarto, cuando el cortisol es omnipresente en nuestro cerebro, esto puede aumentar el deseo por más grasa y azúcar. Estudios recientes de la Universidad de Pensilvania, explican cierta asociación entre la comida altamente azucarada y la sensación de bienestar y comodidad.

Quinto, de acuerdo con el APA (American Psychological Association), el 40% de los individuos bajo estrés se mantienen despiertos durante la noche. Es decir, la preocupación es la causa principal del insomnio: nuestras mentes están al doble de activas, y no nos dejan descansar. En consecuencia, hay un deceso del azúcar en la sangre, generando cansancio y fatiga. Por el otro lado, el sueño también es un factor influyente en la pérdida o aumento de peso; así que, al no dormir las horas necesarias, se altera el funcionamiento de los químicos reguladores del apetito (grelina y leptina).

¿Qué hacer?

Es verdad que los factores estresantes (los problemas del trabajo, de una pelea con una persona querida, entre otros) no desaparecerán del planeta, pero al menos puedes cambiar tu reacción ante éstos mismos. Así que te compartimos algunas opciones para sobrellevar de una mejor manera el estrés:

  1. Hacer ejercicio. Esto no sólo disminuye el cortisol en tu cuerpo, sino también libera hormonas y neurotransmisores que mejoran el estado de ánimo. Además, la actividad física te ayuda acelerar el funcionamiento del metabolismo, y así quemar la grasa de tu cuerpo.
  2. Discriminar los alimentos saludables durante el estrés. Se trata de alimentarse mejor durante el estrés: estar consciente de aquella comida que perjudica al funcionamiento biológico, y buscar otra que pueda ayudar a sobrellevar la presión (y mejor, que reduzca la sensación de ansiedad).
  3. Encuentra actividades independientes a comer en estado de estrés. Ya sea salir a caminar, tomarte diez minutos de descanso, leer un libro, recibir masajes en la espalda, ir a clases de yoga, pasear al perro, pasar tiempo con amigos o familia. Todo es útil si puede ayudarte a desestresarte (sin hacerle daño a terceros).
  4. Escribir en una libreta tus sensaciones y experiencias. Muchas personas se sienten motivadas cuando, después de plantearse una meta a alcanzar, narran sus vivencias a lo largo del proceso. Incluso, este ejercicio puede también funcionar como un factor desestresante.

Ahora sí, ¿listos para, al menos, comer más sano durante la sensación estresante?



Este hábito de 2 minutos te empoderará y eliminará todo rastro de estrés

Tu cerebro manda señales a tu cuerpo. Pero tu cuerpo también puede mandar señales a tu cerebro (y fomentar tu bienestar).

Es normal que cuando nos sentimos tristes caminemos con la cabeza gacha, o incluso con la espalda un poco encorvada. Son reacciones corporales que expresan –a nosotros y a quienes nos rodean– nuestras emociones.

Pero si bien una emoción puede detonar una postura, también es cierto que una postura puede influir en la psique.

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Si vamos siempre encorvados o con la cabeza gacha, estaremos alentando un estado psíquico de pesar. Porque esta postura es la que adoptamos cuando cargamos algo de verdad, y la mente interpreta esto de maneras específicas. De hecho, una postura es capaz de mandar distintas señales al cerebro y de generar distintas hormonas y neuronas.

E un estudio de 2010 se comprobó que modificar nuestra postura durante 180 segundos altera las cantidades de testosterona y cortisol en el cuerpo. La hipótesis de esta investigación partió de las posturas en humanos y otros animales para expresar poder, las cuales siempre son expansivas y erguidas. Más allá de que asociemos dichas posturas a una demostración de fuerza, realmente juegan un papel fisiológico y causan poder.

Una de las autoras del estudio es Amy Cuddy, psicóloga de Harvard que ha sido una entusiasta de dar a conocer esta vital información para el bienestar colectivo. Según Cuddy, ciertas posiciones de poder aumentan los niveles de testosterona en un 20%, mientras que reducen los niveles de cortisol en un 25%.

La testosterona ayuda a combatir la depresión y la falta de concentración. Además contribuye a incrementar la autoestima, pues es un vigorizante natural. El cortisol ocasiona estrés, y en altas dosis produce fatiga, irritabilidad y ansiedad.

Así que la recomendación de la doctora Cuddy es que adoptemos una de las posturas de poder durante 2 minutos cada día.

Sobre todo, podemos hacerlo antes de enfrentar alguna situación que exija de nosotros confianza y seguridad, como puede ser un examen, hablar en público o una entrevista de trabajo. Pero en general podemos hacerlo todos los días, al despertar o como excusa para dejar el trabajo por unos minutos.

Lo interesante también es que esto comprueba, científicamente, que el yoga promueve una radical transformación en nuestro organismo. Esta práctica se fundamenta en las llamadas asanas, o posturas, las cuales se basan en la expansión y estiramiento de los músculos. Así que puedes complementar el hábito de las posturas de poder con un poco de yoga diario, pues además las asanasy algunas en especial– ayudan a corregir las malas posturas de manera permanente.

Estas son las posturas de poder que puedes hacer cuando necesites un boost de confianza:



¿Sufres estrés por ver noticias? Evítalo sin desinformarte en el camino

Las noticias pueden ser un factor que añade estrés a nuestra vida. ¿Cómo lidiar con ello sin vivir desinformados?

Si eres una persona empática, es muy probable que sufras de estrés por ver noticias. ¿Lo habías pensado? En realidad, es muy difícil percibir que cada cambio de página o scrolleo en periódicos y portales de noticias podría estar perjudicándonos, pero lo que vemos en las noticias no es sólo un puñado de historias ajenas a nosotros, sino cosas que nos involucran como parte de una colectividad.

Según un estudio en línea llevado a cabo por la American Psychological Association, el 57% de los americanos dijeron sentirse afectados por el clima político del que se enteraban en las noticias. Lamentablemente, no existen encuestas hechas en otros países, que relacionen ver noticias con el estrés. Pero el tema de la lectura, las noticias y el cerebro ha sido ampliamente estudiado, y esto puede darnos algunas pistas sobre dicha problemática a nivel mundial.

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Según Raymond Mar, doctor en psicología de la Universidad de Nueva York, leer una historia de ficción es casi igual a vivirla, según demuestra la actividad cerebral. En ese caso, ¿qué no podría ocasionarnos leer historias que no son ficción? Y más aún: ¿qué puede ocasionarnos ver y escuchar esas historias?

Por eso no es descabellado que estudios como el arriba citado, o los realizados por la Universidad de Harvard, lleguen a la conclusión de que podemos sufrir estrés por ver noticias. Porque además, como menciona Graham Davey, profesor emérito de psicología de la Universidad de Sussex, en una entrevista para la revista TIME:

La forma en la que las noticias son presentadas y la manera como accesamos a ellas ha cambiado significativamente en los últimos 15 o 20 años.

 

Sin embargo, ¿debemos atenernos a no ver noticias? Contrario a lo que propone el escritor Rolf Dobelli en un artículo para The Guardian, las noticias no son irrelevantes ni una perdida de tiempo.

Estar informado no es sólo un imperativo ciudadano, sino una forma de seguir conectados con la aldea global; de otra manera estaríamos renunciando al hecho de que formamos parte de una colectividad con la cual debemos permanecer conectados. Pero entonces…

 

¿Cómo combatir el estrés por ver noticias?

En lo que Dobelli tiene mucha razón es en que las noticias pueden ser tóxicas: una larga exposición a ellas no sólo nos estresa, sino que puede matar nuestra creatividad. Precisamente por eso, lo primero que debemos saber es qué tanto nos pueden afectar las noticias, pues esto varía de persona a persona.

Sólo tú puedes regular la interacción que tengas con las noticias. Porque éstas no son una infección que impacta en los seres humanos de una manera predecible, sino que pueden causar efectos distintos en cada individuo. Por ello, Davey propone:

Tratar de estar atentos a cómo las noticias cambian tu humor o hacen a tus pensamientos más negativos.

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No hay mejor manera de saberlo que reflexionar sobre el efecto que las noticias tienen en ti. Ve noticias y realiza un análisis introspectivo sobre cómo te afectan, y sobre todo, si te estresán o te producen ansiedad. Dependiendo de tus resultados, puedes reducir la exposición a noticias o mediar con actividades que contrarresten el efecto negativo de éstas. Por ejemplo, ejercicios de relajación, meditación o yoga; escuchar música (la hay ideal para combatir el estrés) o interactuar con otras narrativas en el caso de la lectura, son acciones inmediatas que puedes tomar contra el estrés por ver noticias.

Por último, no olvides evitar a toda costa las noticas antes de dormir; son doblemente perjudiciales, pues al estimular tu cerebro de noche es probable que tengas un descanso irregular, lo que puede desencadenar muchos desórdenes.

Así, de maneras creativas y activas, podemos seguir informados sin que se vea perjudicada nuestra salud.