Documentan desde el aire espectacular estampida de delfines (VIDEO)

La costa sur de California fue el escenario de esta imponente estampida de delfines surcando las olas.

Tan épica como la música que acompaña las imágenes, aunque mucho más fina, así podríamos calificar esta masiva desbandada de delfines. Cada vez que un delfín avanza deja a su paso un espectro blanco –producto de la espuma que brota al remover el agua–, y el resultado es una especie de infinito campo azul con flores blancas que nacen para disolverse gradualmente.

El espectáculo se registró cerca de Dana Point, al sur de California, y fue captado utilizando un drone –pequeño ‘robot’ volador manejado con control remoto–, lo cual permite una movilidad increíble, perfecta para documentar una extasiante estampida marina. Durante la misma sesión, el Capitán Dave Anderson, quien se dedica a organizar safaris en la costa de California, aprovechó para grabar tres ballenas grises migrando conjuntamente cerca de San Clemente. Finalmente, el video cierra con una escena en la que se observa a una ballena jorobada junto a su cría recién nacida.

De acuerdo con la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), la costa sur de California es la región del mundo con mayor densidad de delfines, y pueden observarse grupos de hasta diez mil ejemplares.



Espontáneos retratos de animales salvajes en la oscuridad

George Shiras revela lo desconocido y da fe de la belleza de un mundo en el corazón de la noche.

Para retratar la naturaleza salvaje hace falta una fotografía salvaje, una imagen que tenga una relativa falta de control en la composición y que se arriesgue en el proceso experimental.

Así es la fotografía de George Shiras, el padre de la fotografía de la vida silvestre nocturna. Shiras fue el primero en utilizar el flash para retratar a los animales salvajes en la oscuridad, revelando lo desconocido y dando fe de la belleza de un mundo en peligro de extinción.

animales salvajes en la oscuridad
George Shiras y su asistente John Hammer a bordo de su canoa equipada en el Lago Whitefish, región del Lago Superior, Michigan, 1893

En la colección George Shiras: In the Heart of the Dark Night, los animales quedan paralizados por la luz  que emite la cámara. Las imágenes fueron recolectadas en las aguas del Lago Superior de Michigan, EE.UU., durante la noche, cuando los sonidos, las formas y los movimientos parecían más misteriosos y dramáticos.

Poco a poco Shiras fue retratando ciervos de cola blanca, un búho nevado, un alce en la niebla y un mapache, entre otros animales silvestres.

En cada imagen lograba cazar a estos animales en sus rutinas nocturnas donde se detenían a observar, darse la vuelta o correr.

animales salvajes en la oscuridad 9
George Shiras

Las imágenes documentan una especie de intervención y registran la interacción humana y animal. Para fotografiar de noche, Shiras imitaba una técnica de caza que aprendió de la tribu ojibwa llamada jacklighting, cuando el fuego se coloca en una bandeja en la parte delantera de una canoa, y el cazador se sienta en la proa del bote.

Así como a Shiras, la noche ha inspirado a grandes artistas e intelectuales, como Charles Baudelaire, que encontraba inspiración en los búhos y los gatos, animales salvajes en la oscuridad y emblemas de su encanto.

animales salvajes en la oscuridad 2
George Shiras
animales en la oscuridad 3
George Shiras
animales en la oscuridad 4
George Shiras
animales en la oscuridad 6
George Shiras
animales en la oscuridad 5
George Shiras
animales en la oscuridad 8
George Shiras



Delfines en cautiverio: la ilusión de una sonrisa

La desesperación de los delfines en cautiverio es tanta, que incluso algunos deciden brincar hacia las rocas, lo que termina en una muerte segura.

En algún lugar del mundo, es un día soleado y una familia visita un parque acuático para aprovechar el buen clima. Allí, se ofrece un espectáculo. Delfines de varias especies están actuando para el gusto de los visitantes. Desde las gradas, muchos ríen y aplauden al ver a esas magníficas criaturas sonreír mientras realizan acrobacias impresionantes. Pero la sonrisa del delfín es sólo una ilusión. Una ilusión de que todo está bien, de que no tiene nada de malo disfrutar de un espectáculo y de que la naturaleza está para servir al ser humano. Todavía tenemos la esperanza de que, si las personas entienden todo el sufrimiento que hay detrás de estos circos acuáticos, estos espectáculos terminen para siempre.

En las bahías de Taiji, Japón, acaba de iniciar la temporada anual de captura y matanza de delfines. Desde temprano, varios botes acarrean a grupos completos de delfines y otros cetáceos. Utilizan fuertes ruidos para obligar a los animales a entrar a las bahías, y una vez adentro son acorralados con redes. Por supuesto que los animales entienden que algo está mal, muy mal. Los delfines empiezan a comunicarse con chillidos y a entrar en pánico. La desesperación es tanta, que incluso algunos deciden brincar hacia las rocas, lo que termina en una muerte segura. Los botes continúan acorralando a los delfines hacía la zona más baja de la bahía. Una vez ahí, el acto es tan impactante que los pescadores cubren con lonas la zona para evitar ser fotografiados.

Bajo el cobijo del anonimato, los pescadores empiezan a seleccionar a los individuos más aptos para su venta. Aquellos que son jóvenes y visualmente más atractivos son los preferidos por los compradores (representantes de parques y acuarios), pues es más fácil someterlos a la voluntad de los entrenadores.

– “Estos dos son una madre y su bebé ¿Cuál quieres? ¿Quieres a los dos?”

– “Me llevo al bebé.”

delfines-cautiverio

Tras esas palabras, la cría es arrebatada de su madre. Son tales los chillidos y aleteos, que resulta imposible describirlo. Estos animales crean fuertes vínculos familiares, que al romperlos se crea un trauma tan profundo como lo sería para cualquiera de nosotros. Cada delfín alcanza un precio aproximado de 150,000 dólares. La demanda es tal, que antes de que empezara esta temporada, 150 delfines ya estaban vendidos. Hasta la fecha, 42 ya han sido capturados.

Aquellos animales que no son comprados sufren el peor y más violento destino. La forma en la que los asesinan es perturbadora. Los pescadores insertan una estaca metálica en la espina dorsal del animal. Los delfines no mueren de manera inmediata sino que agonizan durante varios minutos antes de morir. Las lonas y redes no evitan que la bahía se tiña de rojo con la sangre de estos indefensos animales.

La carne de estos animales se vende en los mercados y restaurantes. Sin embargo, la carne de delfín, además de contener altos niveles de mercurio, es considerada de baja calidad por los consumidores. Por ello, esta carne se etiqueta y se introduce al mercado como si fuera carne de ballena. Pero la venta de carne no es el objetivo principal de esta actividad, pues sólo representa un ingreso extra a las altas ganancias del comercio de animales vivos. Al final del día, sólo algunos cuantos son liberados y vuelven al mar.

Esta industria produce miles de millones de dólares en ganancias alrededor del mundo. Como en muchos otros casos, en donde hay dinero y falta de ética, están los problemas. ¿Cómo se puede detener esto? Para detener la oferta se necesita erradicar la demanda. Es importante que entendamos que estos animales no pertenecen al cautiverio, que no merecen estar confinados en tanques artificiales, que no nacieron para entretener a las personas por un par de minutos, que la única solución es nunca asistir a estos espectáculos y que la naturaleza no está para servir a los humanos.

– Si quieres conocer más sobre el tema, te recomendamos visitar Dolphin Project y ver el documental The Cove.

– Autores: Daniel Manzur (@DanManzT) y Fernando Córdova Tapia (@FerCordovaTapia)

Autor: Fernando Córdova Tapia