Se abren catedrales de hielo en los lagos congelados de Wisconsin

Aunque las personas en esta fotografías parezcan atrapadas bajo una explosión de hielo, están a salvo en uno de los paisajes más fortuitos de la naturaleza, cortesía del calentamiento global.

No todos los efectos del desastre ecológico que vive el planeta son sólo monstruosos. La ruina también tiene su belleza, la decadencia tiene su música; la naturaleza tiene formas de hacer que sus derretimientos, incendios, inundaciones y climas excepcionales tengan una estética (con su carga de terror, por supuesto) insólita y deslumbrante. Como ejemplo, estos lagos de las Islas apóstoles, cerca de Wisconsin, moldearon majestuosas catedrales de hielo debido al clima helado que azotó a Estados Unidos este año.

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Las formaciones en forma de fuegos artificiales son estalactitas formadas por olas enormes que tundieron las cuevas marinas de las islas. Normalmente son inaccesibles para los humanos, pero este año abrieron sus puertas para que algunas personas aventureras se adentraran y admiraran el dramático fenómeno.

Un estimado de 10 mil personas visitó este paisaje, decretado seguro por el Servicio Nacional de Parques de E.U. El acceso permanecerá abierto hasta marzo.

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¿Por qué hace tanto frío si el planeta se está calentando?

Interesantemente, el frío no es único fenómeno inusual que está sucediendo en algunas partes del planeta, también hay temperaturas históricas de calor en Alaska y Rusia, y sequías en gran parte del oeste de E.U. Esta es la ciencia detrás de ello.

Muchas personas parecen concluir que la Tierra no se está calentando porque este invierno hace un frío muy por encima de lo normal. El Dr. Jeff Masters de Weather Underground responde a esta pregunta con un poco de ciencia. Extrañamente, y de lo que no nos enteramos todos, es que el frío no es el único patrón anormal para el Norte de América. También hay temperaturas históricas de calor en Alaska, y la sequía más grande en décadas a lo largo del Oeste.

La idea general de lo que está pasando, que algunos llaman el Vórtice Polar, es que algunas veces la corriente en chorro (fuerte corriente de aire concentrado) disminuye su velocidad y gira hacia el Sur, permitiendo que un aire ártico muy frío baje sobre la mayor parte de Canadá y E.U. Este es un fenómeno regional que más que nada lleva el aire caliente del planeta a lugares inusuales, en lugar de, en efecto, enfriarlo.

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Evidencia de esto es que mientras muchas partes de Norteamérica están más frías de lo usual, el aire caliente que está siendo empujado a los lados está cambiando el clima en direcciones opuestas en lugares como Alaska y el Estado de Washington, al igual que Rusia y algunas partes de Europa.

Observar las gráficas de la corriente en chorro ayuda mucho para entender el fenómeno que estamos viviendo en 2014. El frío inusitado, entonces, sí es parte del calentamiento global, y parte destacada de este.

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Radiografía del encanto de la roca caliza

La caliza tiene mucho más encanto y mucho más poesía de lo que a primera vista parece. Es, entre otras cosas, un cementerio de millones de esqueletos de criaturas marinas y tema de uno de los poemas más bellos de la lengua inglesa.

“Si constituye ese paisaje que nosotros, los inconstantes,
nunca dejamos de añorar, es sobre todo
porque se disuelve en agua”.
 

-Fragmento de “En homenaje a la piedra caliza” de W.H. Auden

La caliza es una roca que se forma en los mares cálidos y poco profundos, y todos la hemos visto, al menos en fotografía. De ella está formado el “Banco de las Bahamas”, sobre el cual se esculpen las deslumbrantes dunas ultramarinas o gran parte de la cavernosa península de Yucatán, en México. Es gracias a la caliza que existen estalactitas y estalagmitas, cuevas y túneles por donde discurren las corrientes secretas submarinas. A primera vista su composición geológica quizá no es un tema atractivo para quien no se dedique a su estudio. Pero para cualquier persona que le guste la poesía, los paisajes marinos o la inspección imaginaria de las cosas, la caliza es una joya.

p-12377-gnsDos procesos contribuyen a su formación: el de origen químico, que es cuando el carbonato de calcio se disuelve en aguas cargadas de CO2 ; y el de origen biológico, que es cuando se acumulan esqueletos de criaturas marinas diminutas en cantidades tales que llegan a constituir sedimentos que son el origen de la gran mayoría de las calizas existentes. El segundo proceso es el que nos incumbe.

Imaginemos que Atenas, por ejemplo, la ciudad blanca de los dioses, está edificada sobre un cementerio de 270 metros de altura de puros esqueletos de crustáceos, corales y foraminíferos que se fueron acumulando con las eras para surgir del océano. Pocas ciudades tienen la suerte, o más bien el encanto, de estar levantadas sobre una roca de reliquias y microfósiles que almacenan la historia de las criaturas de los mares. Cuando se calcina, la caliza se vuelve cal. Cuando se cristaliza con calor y presión, se vuelve mármol. Atenas, entonces, no sólo descansa sobre ella, sino que también está habitada por estatuas de deidades y héroes hechas de ella.

Después de entender la microscopía de la caliza, pensar en ella es al mismo escuchar el crujir de cientos de esqueletos diminutos apelmazándose unos con otros en un sedimento blanco y poroso. Quizá eso es suficiente para dedicarle varias ocasiones de la tarde, o incluso sueños. Pero también está es poema de W.H. Auden, “In Praise of Limestone” [“En homenaje a la piedra Caliza”].

La naturaleza quebradiza y disolvente de esta roca, que permite que el agua se encharque o se convierta en una cascada que fluye a través de los resquebrajamientos es motivo de metáfora. Auden extendió esta metáfora para representar las formas de las personalidades, éticas e imaginaciones de niños y hombres que, como él, crecieron en un paisaje compuesto de ésta. La caliza, para Auden, es una formación erótica y un pozo, digámoslo así, para la alegoría. En su poema, la continuidad de estas formas naturales cavadas por el tiempo y por el agua se vuelven íconos de salvación y laberintos por los que el lector tiene que encontrar su propio camino. Todo esto es la caliza.

“Cuando intento imaginar un amor perfecto
o la vida que vendrá, lo que oigo es el murmullo
de corrientes subterráneas; lo que veo, un paisaje de piedra caliza”.

Autor: Lucía Ortiz Monasterio